jorge valdés díaz-vélez
absentaNo es la sombra del aire lo que brilla / en los bordes pulidos de las copas, / ni luz iridiscente que trasvase / los ruedos de cristal. Son otras voces / de qué ayer, de cuál silencio sin huella / o cielos
algunos se despiden bajo un árbolHoy dejé la ciudad mientras dormía. / Sé que no he de volver, y ella lo sabe. / Tal vez, pasado el tiempo, todo acabe / por ser tan sólo el sueño en donde huía / la sombra vertical de un mediodía / cuya ima
aquel ahoraLas posibilidades de volverte a encontrar / eran remotas. Una entre un billón. Y habiendo / infinitos lugares dispersos por los números / de un cálculo improbable, quién imaginaría / que te iba a ver en e
canción de febreroLeve y triste la tarde se retira / contigo hacia el crepúsculo y las horas / empiezan a doler en los distantes / repliegues de la sábana. De pronto / la noche ha regresado y es difícil / no pensar en tu boc
cruz del surArden las hojas del otoño / en la humedad crepuscular / de Buenos Aires. Contra un parque / dividido por tres colinas, / la opacidad de su belleza / busca en follajes la mirada / que acompañó la luz. Las lámp
el cubistaAquel cuadro de Klimt que te gustaba / tocar en las facciones de Sofía, / o la Venus con brazos que era Helena; / Beatriz, con su blancura Modigliani / reclinada en un manto que ni Goya; / o Ángela, morena
el desastreEl ángel de pasión dejó tu casa / con un desorden tal que no sabías / por dónde comenzar: copas vacías, / ceniza por doquier. Y su amenaza / rotunda de carmín: “En la terraza / te aguardo. Un beso. Adiós”.
el fotógrafo y la modeloEl tiempo que fue siempre tu enemigo / se detuvo en tu imagen. Ya eres esa / chica de calendario, la princesa / sin fábulas, el ángel que consigo / colgar de cualquier nube. De oro y trigo / la luz ensortij
el olivarNo diré la oración que se pronuncia / en otras ocasiones como ésta. / Yo he venido a enterrarte. Y mi silencio / es el otro lugar a donde has ido. / Porque no hay más verdad que tu memoria / y nada por deci
ex-librisHe vuelto a releer aquellos versos / que hablaban del amor y que leímos / la noche que ardió Troya y nos perdimos / al fondo de sus negros universos. / He oído en cada página los tersos / acentos de tu piel
formas migratoriasAprendimos a amar a cuentagotas / esas pequeñas pausas que el chubasco / viste para inundar puertas afuera / la soledad, la rama entre violeta / y ocre de las tardes, el murmullo / semántico del cielo. En e
ishmarpara Martha Iga / La manera de peinarte desnuda / ante el espejo húmedo del baño, / de apresar en la palma tu cabello / para escurrir el agua y agacharte / en medio de palabras que no entiendo; / el acto de s
la invitadaTienes que detenerla / –dijo. Su voz temblaba / con pasión. Me gustaba / aquel temblor; el verla / actuar así, tenerla / cerca mientras mudaba / su gesto, confortaba. / Tienes que detenerla / –insistió. Ya es muy
la mesaMe contemplo en las caras ocultas de la noche / sin rasgos de mi acento del sur, sin evidencias / de ser el extranjero que alarga un punto móvil / sobre una servilleta doblada en dos. Estoy / en medio de
la otra rosaElla besó en la rosa / (su nombre fue una espina / brutal y femenina) / la imagen de otra rosa / grabada en una losa / de mármol, cristalina. / La luz era más fina / y al tacto, tan hermosa / como la flor que ard
la última vez de casanovaMientras beso tu boca, dulce / doncella en la conquista, muerdo / las comisuras de tu madre / y los labios que tus hermanas / ceden al peso del deseo; / beso a las próximas mujeres / lejanas y desconocidas / aú
las flores del mallLas jóvenes diosas, nocturnas / apariciones (ropa oscura, / plata quemando sus ombligos) / en la cadencia de la pista, / comenzarán a despintarse / con la premura de los años, / los problemas, quizá los hijos
los argonautasHan venido a cantar «Las golondrinas». / Llegarán a Nogales en tres días. / A Chicago, tal vez, en dos semanas. / Tienen familia allá, del otro lado. / Son de Minatitlán o Villahermosa. / Otros, de El Salva
los proscritospara Amalia Bautista / Lo más original no fue el pecado / ni la ira de Dios, ni la serpiente, / sino aquella oración que se dijeron / al salir al exilio, temblorosos / con el sexo cubierto por vergüenz
los sonámbulosSe despertó al oír un ruido / a sus espaldas, un murmullo / de frondas embozado. Abrió / los ojos y rozó en silencio / sus brazos recogidos entre / la nervadura de la sábana. / Qué sucede, por qué no duermes /
materia del relámpagoCalculaste al detalle cada paso, / sutil, desde hace siglos. Finalmente / tu esposo está de viaje y tus pequeñas / se fueron a dormir con sus abuelos. / Así que ahora estás sola y con euforia / te has vuelt
matzheváEn un libro de mi padre, leo / la frase: ‘A ti, que me estás leyendo’. / Es el título de una elegía / escrita hace dos siglos, o un hálito / de la soledumbre que ha subido / al lector imaginario desde / fuera
nocheviejaMiras arder lo que ha quedado / en pie del último sendero: / la luna llena de otro enero / sobre la piel de tu pasado, / un mar que olvidas y ha olvidado / en su esplendor tu verdadero / rostro, la luz que fu
noxAlgo como un rumor que se despide / tiembla sobre el jardín, lleva las hojas / por la sombra del valle, nubes rojas / y pájaros arriba. Nada impide / su vuelo hacia el crepúsculo. Y el viento / trae junto a
poema sin tranvíaNunca supimos deletrear una palabra / que fuera de nosotros / tuviese menos valor que este silencio. / Era entonces la hierba terracota / y eran otras las manos que buscaban / levantar por sus puntas a la n
polaroidpara Eugenio Montejo / Son siete contra el muro, de pie, y uno sentado. / Apenas si conservan los rasgos desleídos / por los años. Las caras resisten su desgaste, / aunque ya no posean los nítidos colores
preludio y fugaLa casa ha recogido / sus ruidos cotidianos en sí misma. / Solamente los libros y los grillos / hablan las lenguas de la noche. / Nada interrumpe la calma insular / de este escritorio / para oír la pulsación
pro nobispara José Emilio Pacheco / De nuevo abrió sus fauces calientes el Averno. / Vienen las pesadillas y el terror a morir / si el sueño al invadirlo se vuelve flama negra, / si al dormir se lo llevan a él, al
sobre mojadoDame un poco de ti, llena mi copa / con la lluvia que ayer tocó tu pelo, / hilos de manantial, gotas de mayo / en la oscura pureza de su forma. / Deja que me acaricie la garganta / y esclarezca la voz para
tatuada en aireDestilada de caña, del agave / más azul, o de las uvas mazuelo / que pisaron descalzas una tarde / sumida en un lagar cerca del Tajo, / la mirada de aquella que se va / de pronto y que jamás conoceremos.
viernes 5 de abril, 1:45La muchacha del cuadro / mira a la visitante / del museo. Son jóvenes / las dos de frente, y bellas / mirándose a los ojos / a través de los siglos / que urdieron el encuentro. / La muchacha de afuera / sonríe al
xochiquetzal(Homenaje a Chuang Tzu) / Anoche te soñé. Llevabas una / gabardina de piel, y abajo nada. / Era otoño y estabas empapada / de lluvia; caminabas en alguna / estación de Madrid hacia ninguna / parte. Detenías t