jorge urrutia
descansoEste viejo colchón siempre vino del cielo, / abrazó con su frío / y construyó un hogar para que el tiempo / se muriese en su espejo y descansara. / Y se frotó las manos. / Este blanco colchón es la sirena, /
echando la vista atrásHa habido reposos en su vida, / lentos atardeceres, serenas tardes prietas / de amor y mansedumbre, / sonrisas y caricias, besos, manos cogidas / como se coge el agua, como se ahoga / el corazón nervioso, e
el espacio del tiempoEs un tiempo vacío el de este nuevo espacio. / Sabe que no estás tú y que no debe / llenarlo con tu sombra. / Busca la luz, en cambio. La alimenta / cuando llega la aurora. Habla con ella / porque conviene,
el humo de ítaca¿Hay un hogar? ¿Se parte de algún sitio? / Siempre de las ruinas, pero exigen / las ruinas hogar un día construido. / Se parte de algún sitio, del derrumbe / del manto, de la saya / caída, / de la camisa rota
entregaUn sonido muy tenue, un roce apenas, / un perfume que alcanza la costumbre, / incerteza, tal vez alguna duda, / punto difuminado, o finísima línea. / Una saliva es un gusto amargo y dulce, / una mano que, a
la inclemencia del verboComo un hilo, un ovillo, una madeja, / una débil corriente infructuosa / busca un final que el principio no sea. / Como una nube en nube convertida / que amenaza un diluvio y no concluye, / como un amor en
la mirada de ulisesSe levantó del lecho y abrió una cerveza. / Soñaba que dormía de nuevo con Penélope / pero se despertaba con la cara de Circe. / Dormir, soñar, vivir acaso / en un sueño imposible, una esperanza / condenada
muerte en veneciaSuave es el mar como una mano. Cuentan / que en el invierno entra por un guante / y cada dedo llena el hueco de sí mismo. / Lo ha aprendido ya todo en la humedad del tiempo / y, pacífico, avanza con la sa
noticias de la llegada. ecos de la partidaY se fue sin marchar. / Salió, pero se queda / una marca sin duda en el acantilado. / Escribía al llegar un telegrama, / la clave adolescente de los arcos maternos. / Llegué. Aquí estoy. Sonrío. París es ta
poema de calipsoBatallas son de amor, también de sueño. / O son sueños de amor o, sólo en sueños, / amor. Batallas son / que libra con su cuerpo y con el cuerpo / de ti. / Con tus manos sujetas / su sueño, construyes / su amor
recuerdo de penélopeTe despiertas y miras. La penumbra / es como un horizonte descompuesto. / Otros mundos pudieran ofrecerse / detrás de los espejos o al fondo del armario. / Vuelve el rostro pues sabes / que el mundo es sólo
saber es conocerPorque es tocar origen de los conocimientos. / Tocar las cosas simples, cotidianas: / mesas y platos, tazas, cucharillas, / el transparente cristal que nos separa / de las gentes, los árboles, los frutos.
ser es estarEstá de nuevo aquí, frente a la vida / que pasa y viene. Se contempla / en el rostro de cada sorprendido / individuo que cruza, que se mira y se marcha. / Está de nuevo aquí. El puente. / La salida del metr
testimonioDe nada le sirvió olvidar el olvido, / anular lo anulado, borrar lo que la goma / nunca borrara bien y ha quedado una mancha, / difuminada esencia de la cierta presencia. / Estuvo y fue. / Depositó su tacto
¿huida?¿Por qué se escribió huida? No se huye / cuando sólo una acción es la posible. / Es viajero obligado, que sabe cómo niega / su propia voluntad. / No hay dioses, / sin embargo / organizan la vida de los hombre