jorge teillier
andenesTe gusta llegar a la estación / cuando el reloj de pared tictaquea, / tictaquea en la oficina del jefe-estación. / Cuando la tarde cierra sus párpados / de viajera
botella al marY tú quieres oír, tú quieres entender. / Y yo te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes. / Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni para los iniciados. / E
carta a mariana¿Qué película te gustaría ver? / ¿Qué canción te gustaría oír? / Esta noche no tengo a nadie / a quien hacerle estas preguntas. / Me escribes desde una ciudad que o
carta de lluviaSi atraviesas las estaciones / conservando en tus manos hechas cántaro / la lluvia de la infancia que debíamos compartir, / nos reuniremos en el lugar / en donde lo
cosas vistas7 / Sentado en el fondo del patio / trato de pensar qué haré en el futuro, / pero sigo el vuelo del moscardón / cuyo oro es el único que podría atrapar, / y pierdo el
crónica del forastero (06)Las campanadas escapan del pecho del reloj de péndulo. / Huyen del pozo / y resuenan en la memoria. / La memoria, / esa lechuza ciega huyendo a refugiarse en un árb
crónica del forastero (22)«EL viento sabe que vuelvo a casa, / ha detenido el ruido de las goteras de lluvia en el alero.» / Así escribía un poeta hace diez siglos. / Pero ahora el viento
crónica del forastero (23)Lo que importa / es estar vivo / y entrar a la casa / en el desolado mediodía de la vida. / El río pasa recogiendo la calle polvorienta. / Los satélites artificiales
cuando todos se vayanCuando todos se vayan a otros planetas / yo quedaré en la ciudad abandonada / bebiendo un último vaso de cerveza, / y luego volveré al pueblo donde siempre regres
despedidaMe despido de mi mano / que pudo mostrar el paso del rayo / o la quietud de las piedras / bajo las nieves de antaño. / Para que vuelvan a ser bosques y arenas / me de
el abandono silba llamando a sus amigosEl abandono silba llamando a sus amigos. / La noche y el sueño / amarran sus caballos frente a las ventanas. / El dueño de casa baja a la bodega / a buscar sidra gu
ella estuvo entre nosotrosElla estuvo entre nosotros / lo que el sol atrapado por un niño en un espejo. / Pero sus manos alejan los malos sueños / como las manos de la lluvia / las pesadilla
en la secreta casa de la nocheCuando ella y yo nos ocultamos / en la secreta casa de la noche / a la hora en que los pescadores furtivos / reparan sus redes tras los matorrales, / aunque todas l
estas palabras quieren serEstas palabras quieren ser / un puñado de cerezas- / un susurro -¿para quién?- / entre una y otra oscuridad. / Sí, un puñado de cerezas, / un susurro -¿para quién?- / e
la portadoraY si te amo, es porque veo en ti la Portadora, / la que, sin saberlo, trae la blanca estrella de la mañana, / el anuncio del viaje / a través de días y días trenz
la tierra de la nocheNo hablemos. / Es mejor abrir las ventanas mudas / desde la muerte de la hermana mayor. / La voz de la hierba hace callar la noche: / «Hace un mes no llueve». / Nidos
la última islaDe nuevo vida y muerte se confunden / como en el patio de la casa / la entrada de las carretas / con el ruido del balde en el pozo. / De nuevo el cielo recuerda con
los dominios perdidosEstrellas rojas y blancas nacían de tus manos. / Era en 189… en la Chapelle d’Anguillon, / eran las estrellas eternas / del cielo de la adolescencia. / En la noche
los trenes de la noche1 / El puente en medio de la noche / blanquea como la osamenta de un buey. / Entre la niebla desgarrada de los sauces / debían aparecer fantasmas, / pero sólo pudimos
melusinaInfiel como el ala de los pájaros infieles / tú siempre serás mía: / los eucaliptus sangraban, / un caballo ciego fue a agonizar entre los rieles / porque no quería
puente en el surAyer he recordado un día de claro invierno. He recordado / un puente sobre el río, un río robándole azul al cielo. / Mi amor era menos que nada en ese puente. U
qué historia es ésta y cuál es su final?¿Qué historia es ésta y cuál es su final? / Ya no quiero ser más vendedor de palabras. / Ya mi cabeza está demasiado aturdida / y mi canción es sólo un montón de
sentados frente al fuegoSentados frente al fuego que envejece / miro su rostro sin decir palabra. / Miro el jarro de greda donde aún queda vino, / miro nuestras sombras movidas por las l
si pudiera regresarSi pudiera regresar, / recobrar la oscuridad / que sucedió al griterío de los invitados / cuando alguien apagó de un soplo / las velas de la torta de cumpleaños. / Sa
siempre vuelve un rostro, siempreSiempre vuelve un rostro, siempre / en el chubasco que cae repentino, en las / islas de las nubes. / Silencioso se asoma un obscuro sol / en las ventanas. Tu herman