jorge rojas
acción de gracias por el besoGracias, amor, de nuevo tu criatura / se inclina al vasallaje de tu peso. / Encadenado estoy, me tienes preso / entre la red sin par de tu hermosura. / Gracias, amo
aire de entoncesEl aire de un abrazo de ríos sin deseo. / Los árboles, un aire vegetal de palomas. / La tarde era un ligero movimiento del párpado, / y la escarcha, la espuma fác
angustia del amoBajo mi piel, ¡qué viento enloquecido, / por valles de la sangre y sus colinas, / estremece un rosal, de más espinas / que de fragantes rosas florecido! / ¡Qué agre
confidenciaSomos el uno para el otro, ¡mujer! / Nuestros corazones se encuentran / en la misma palabra del libro que leemos, / va nuestra mano trémula, / en busca de una misma
crepúsculoIntuyo tu presencia. / Silencio de tu voz. / Vives en el paisaje. / Pura prolongación. / Nos llaman. Despertamos. / Van tus cabellos sueltos / -estandartes de sol- / coma
cuerpo en la oscuridadTe adivino tendida / bajo la leve túnica / de aroma que te cubre, / mientras el sueño mide / el espacio profundo / que hay del párpado al alma. / Respiración y nieve / ha
declaración de amor¡Oh! mi enemiga, / a medida que me cuentas tu vida / cómo hierve dentro de mí un veneno dulce, / un humor amargo, una uva terrible. / No he debido saber ni de dónde
el aguaBeso sin labio, novia en tu desvelo / esperando una boca que te beba; / y niña aún si un cántaro te lleva / arrullada en los brazos bajo el cielo. / Llueve, y el mu
el amorEstar nuestro querer / gozándose en sí mismo / al pasmo de un instante / no soñado. Vivido. / Sin pedir ni dar nada / ver mi fondo en tu fondo. / Ser objeto e imagen / co
ellaPoma en sazón. Y el tallo estremecido / de la vida se alza tan ileso / que parece tan sólo el claro peso / de la luz el volumen florecido. / Nada más dulcemente som
en su clara verdadPerdóneme el Amor haberlo amado / en el cuajado sol de los racimos; / en la pronta vendimia de los labios; / en el cristal en fuga de los días. / Perdóneme el Amor
epístola moral a mí mismoQue fácil es vivir: un ascenso continuo / sin que nos turbe el viento, la llovizna, las hojas / que mueven dulcemente los aires del camino, / e impasibles seguir
fragante soledadQué fragante soledad ha dejado tu cuerpo / en este anochecer. / Regusto el aire. / Olisqueo la almohada / donde se desató tu pelo / Busco tu olor de rosa estrujada, / m
la soledadSiempre la soledad está presente / donde estuvo la voz y fue la rosa, / en todo lo de ayer su pie se posa / y le ciñe su sombra dulcemente. / El recuerdo que está b
la última forma de su huidaEl humo de mi pipa ya no es humo / sino la fuga azul de mi cerebro / hacia la orilla última del mundo / y hacia el último mundo en que te pierdo. / Acabando en el m
las islas de tu imagen¿Vuelves a mí tal vez? / Dejemos el dolor, / vámonos a pasear por tus retratos. / ¡Cómo hay allí de azules! / Cielos de azules claros / que fueron con nosotros de la
lección del mundoEste es el cielo de azulada altura / y este el lucero y esta la mañana / y esta la rosa y ésta la manzana / y esta la madre para la ternura. / Y esta la abeja para
momentos de la doncella1. El sueño / Dormida así, desnuda, no estuviera / más pura bajo el lino. La guarece / ese mismo abandono que la ofrece / en la red de su sangre prisionera. / Y ese e
mujer cerradaPlena mujer. La siesta diluía, / en sus huesos de flauta melodiosa, / frutos y miel. La arteria rumorosa / bajo la piel sus cálices corría. / Un zumbido de abejas c
narcisoOjos de mar y senos como olas; / largos muslos de río, y cabellera / fluvial bajo la espalda, ella era / toda de agua y líquidas corolas. / buena para la sed; y ver
niñaNiña en el tacto de la luz te siento / diluida en palabras, gesto, risa, / levemente agitada por la brisa / que dan las alas de mi pensamiento. / Niña que pasas con
nocturno de adánEstoy desde hace siglos despierto sobre el mundo / mirándote, tendida a mi lado, extenuante / hoguera de perfumes, de sonrisas, de frutos, / y si busco tu sombra
preludio de soledadVagaré bajo la sombra y las estrellas / que conocen mi frente y sus desvelos, / contaré como pétalos sus rayos / sin pedir al azar su vaticinio. / Quiero con mis pi
razón de tiFuiste sol, fuiste llama, fuiste lumbre, / canto en la soledad, como un concierto / de cristales celestes que no puedo / fingir en los recuerdos del espacio. / Cerc
retozoEscucha, no importa que te lo diga / por teléfono, / de todos modos son palabras / a tu oído. / Te amo. / ¿Por qué somos así? / Mientras tú hueles una rosa / yo gusto un
salmo de la desposadaPor la dulzura que hallaste en mi soledad / te alzaré de los hombros con mi voz de colmena / abandonada. / Arrancaré de tus dedos todo lo que te encadena, / todo si
si quieres acercarte más a mi corazónSi quieres acercarte más a mi corazón / rodea tu casa de árboles. / Y sentirás el júbilo de la flor incipiente / mientras menos lograda más lejos de la muerte. / Es
sitio de sueño y vida¡Devuélveme la estrella / donde nos encontrábamos! / La de los dos, aquella / con mordisquillos tiernos / de cielo entre las puntas, / que una noche inventamos. / Donde
verdad de tiAquí quedó la forma de tu huida. / Como la flor tronchada, en el vacío / queda erguida en perfume, el canto mío / te levanta en el aire, florecida. / El tallo de mi
vidaVivir como una isla, / lleno por todas partes / de ti, que me rodeas / ya presente o distante / con un temblor de luz / primera, sin pulir, / sin arista de tarde, / ni so