jorge luis borges
a un gatoNo son más silenciosos los espejos / ni más furtiva el alba aventurera; / eres, bajo la luna, esa pantera / que nos es dado divisar de lejos. / Por obra indescifrab
a un poeta menor de la antología¿Dónde está la memoria de los días / que fueron tuyos en la tierra, y tejieron / dicha y dolor y fueron para ti el universo? / El río numerable de los años / los ha
a un poeta sajónTú cuya carne, hoy dispersión y polvo, / pesó como la nuestra sobre la tierra, / tú cuyos ojos vieron el sol, esa famosa estrella, / tú que viniste no en el rígid
ajedrezI / En su grave rincón, los jugadores / rigen las lentas piezas. El tablero / los demora hasta el alba en su severo / ámbito en que se odian dos colores. / Adentro ir
al tristeAhí está lo que fue: la terca espada / del sajón y su métrica de hierro, / los mares y las islas del destierro / del hijo de Laertes, la dorada / luna del persa y l
alguienUn hombre trabajado por el tiempo, / un hombre que ni siquiera espera la muerte / (las pruebas de la muerte son estadísticas / y nadie hay que no corra el albur / d
alhambraGrata la voz del agua / a quien abrumaron negras arenas, / grato a la mano cóncava / el mármol circular de la columna, / gratos los finos laberintos del agua / entre
amorosa anticipaciónNi la intimidad de tu frente clara como una fiesta / ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña, / ni la sucesión de tu vida asumiendo pala
arte poéticaMirar el río hecho de tiempo y agua / y recordar que el tiempo es otro río, / saber que nos perdemos como el río / y que los rostros pasan como el agua. / Sentir qu
ausenciaHabré de levantar la vasta vida / que aún ahora es tu espejo: / cada mañana habré de reconstruirla. / Desde que te alejaste, / cuántos lugares se han tornado vanos /
baltasar graciánLaberintos, retruécanos, emblemas, / helada y laboriosa nadería, / fue para este jesuita la poesía, / reducida por él a estratagemas. / No hubo música en su alma; s
barrio recuperadoNadie vio la hermosura de las calles / hasta que pavoroso en clamor / se derrumbó el cielo verdoso / en abatimiento de agua y de sombra. / El temporal fue unánime / y
brunanburh, 937 a. d.Nadie a tu lado. / Anoche maté a un hombre en la batalla. / Era animoso y alto, de la clara estirpe de Anlaf. / La espada entró en el pecho, un poco a la izquierd
coronel suárezAlta en el alba se alza la severa / faz de metal y melancolía. / Un perro se desliza por la acera. / Ya no es de noche y no es aún de día. / Suárez mira su pueblo y
cristo en la cruzCristo en la cruz. Los pies tocan la tierra. / Los tres maderos son de igual altura. / Cristo no está en el medio. Es el tercero. / La negra barba pende sobre el
dakarDakar está en la encrucijada del sol, del desierto y del mar. / El sol nos tapa el firmamento, el arenal acecha en los caminos, / el mar es un encono. / He visto
desde el primer adán que vio la noche…Desde el primer Adán que vio la noche / Y el día y la figura de su mano, / Fabularon los hombres y fijaron / En piedra o en metal o en pergamino / Cuanto ciñe la ti
despedidaEntre mi amor y yo han de levantarse / trescientas noches como trescientas paredes / y el mar será una magia entre nosotros. / No habrá sino recuerdos. / Oh tardes
despertarEntra la luz y asciendo torpemente / de los sueños al sueño compartido / y las cosas recobran su debido / y esperado lugar y en el presente / converge abrumador y v
edipo y el enigmaCuadrúpedo en la aurora, alto en el día / y con tres pies errando por en vano / ámbito de la tarde, así veía / la eterna esfinge a su inconstante hermano, / el homb
el amenazadoEs el amor. Tendré que cultarme o que huir. / Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. / La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la ú
el bisonteMontañoso, abrumado, indescifrable, / rojo como la brasa que se apaga, / anda fornido y lento por la vaga / soledad de su páramo incansable. / El armado testuz leva
el cómpliceMe crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos. / Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta. / Me engañan y yo debo ser la mentira. / Me incendian y yo debo se
el enamoradoLunas, marfiles, instrumentos, rosas, / lámparas y la línea de Durero, / las nueve cifras y el cambiante cero, / debo fingir que existen esas cosas. / Debo fingir q
el golemSi (como afirma el griego en el Cratilo) / el nombre es arquetipo de la cosa / en las letras de ‘rosa’ está la rosa / y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’. / Y, hech
el hacedorSomos el río que invocaste, Heráclito. / Somos el tiempo. Su intangible curso / acarrea leones y montañas, / llorado amor, ceniza del deleite, / insidiosa esperanza
el reloj de arenaEstá bien que se mida con la dura / Sombra que una columna en el estío / Arroja o con el agua de aquel río / En que Heráclito vio nuestra locura / El tiempo, ya que
el remordimientoHe cometido el peor de los pecados / que un hombre puede cometer. No he sido / feliz. Que los glaciares del olvido / me arrastren y me pierdan, despiadados. / Mis p
el sueñoSi el sueño fuera (como dicen) una / tregua, un puro reposo de la mente, / ¿por qué, si te despiertan bruscamente, / sientes que te han robado una fortuna? / ¿Por q
elegía de la patriaDe hierro, no de oro, fue la aurora. / La forjaron un puerto y un desierto, / unos cuantos señores y el abierto / ámbito elemental de ayer y ahora. / Vino después l
elogio de la sombraLa vejez (tal es el nombre que los otros le dan) / puede ser el tiempo de nuestra dicha. / El animal ha muerto o casi ha muerto. / Quedan el hombre y su alma. / Viv
españaMás allá de los símbolos, / más allá de la pompa y la ceniza de los aniversarios, / más allá de la aberración del gramático / que ve en la historia del hidalgo / qu
fundación mítica de buenos aires¿Y fue por este río de sueñera y de barro / que las proas vinieron a fundarme la patria? / Irían a los tumbos los barquitos pintados / entre los camalotes de la c
h.o.En cierta calle hay cierta firme puerta / con su timbre y su número preciso / y un sabor a perdido paraíso, / que en los atardeceres no está abierta / a mi paso. Cu
heráclitoHeráclito camina por la tarde / De Éfeso. La tarde lo ha dejado, / Sin que su voluntad lo decidiera, / En la margen de un río silencioso / Cuyo destino y cuyo nombr
inscripción en cualquier sepulcroNo arriesgue el mármol temerario / gárrulas transgresiones al todopoder del olvido, / enumerando con prolijidad / el nombre, la opinión, los acontecimientos, la p
instantesPoema atribuido a Borges, pero cuyo real autor sería Don Herold o Nadine Stair. / Si pudiera vivir nuevamente mi vida, / en la próxima trataría de cometer más e
invocación a joyceDispersos en dispersas capitales, / solitarios y muchos, / jugábamos a ser el primer Adán / que dio nombre a las cosas. / Por los vastos declives de la noche / que li
jactancia de quietudEscrituras de luz embisten la sombra, más prodigiosas que meteoros. / La alta ciudad inconocible arrecia sobre el campo. / Seguro de mi vida y de mi muerte, mir
james joyceEn un día del hombre están los días / del tiempo, desde aquel inconcebible / día inicial del tiempo, en que un terrible / Dios prefijó los días y agonías / hasta aq
la buscaAl término de tres generaciones / vuelvo a los campos de los Acevedo, / que fueron mis mayores. Vagamente / los he buscado en esta vieja casa / blanca y rectangular
la llave en salónicaAbarbanel, Farías o Pinedo, / arrojados de España por impía / persecución, conservan todavía / la llave de una casa de Toledo. / Libres ahora de esperanza y miedo, /
la lluviaBruscamente la tarde se ha aclarado / Porque ya cae la lluvia minuciosa. / Cae o cayó. La lluvia es una cosa / Que sin duda sucede en el pasado. / Quien la oye caer
la lunaA María Kodama / Hay tanta soledad en ese oro. / La luna de las noches no es la luna / que vio el primer Adán. Los largos siglos / de la vigilia humana la han colma
la moneda de hierroAquí está la moneda de hierro. Interroguemos / las dos contrarias caras que serán la respuesta / de la terca demanda que nadie no se ha hecho: / ¿Por qué precisa
la pruebaDel otro lado de la puerta un hombre / deja caer su corrupción. En vano / elevará esta noche una plegaria / a su curioso dios, que es tres, dos, uno, / y se dirá qu
las causasLos ponientes y las generaciones. / Los días y ninguno fue el primero. / La frescura del agua en la garganta / de Adán. El ordenado Paraíso. / El ojo descifrando la
las cosasEl bastón, las monedas, el llavero, / la dócil cerradura, las tardías / notas que no leerán los pocos días / que me quedan, los naipes y el tablero, / un libro y en
lectoresDe aquel hidalgo de cetrina y seca / tez y de heroico afán se conjetura / que, en víspera perpetua de aventura, / no salió nunca de su biblioteca. / La crónica punt
lo perdido¿Dónde estará mi vida, la que pudo / haber sido y no fue, la venturosa / o la de triste horror, esa otra cosa / que pudo ser la espada o el escudo / y que no fue? ¿
los borgesNada o muy poco sé de mis mayores / portugueses, los Borges: vaga gente / que prosigue en mi carne, oscuramente, / sus hábitos, rigores y temores. / Tenues como si
los espejosYo que sentí el horror de los espejos / no sólo ante el cristal impenetrable / donde acaba y empieza, inhabitable, / un imposible espacio de reflejos / sino ante el
los justosUn hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire. / El que agradece que en la tierra haya música. / El que descubre con placer una etimología. / Dos empleado
más allá de los símbolos…Más allá de los símbolos, / más allá de la pompa y la ceniza de los aniversarios, / más allá de la aberración del gramático / que ve en la historia del hidalgo / qu
milonga de dos hermanosTraiga cuentos la guitarra / de cuando el fierro brillaba, / cuentos de truco y de taba, / de cuadreras y de copas, / cuentos de la Costa Brava / y el Camino de las T
milonga de manuel flórezManuel Flórez va a morir. / Eso es moneda corriente; / morir es una costumbre / que sabe tener la gente. / Y sin embargo me duele / decirle adiós a la vida, / esa cosa
montevideoResbalo por tu tarde como el cansancio por la piedad de un declive. / La noche nueva es como un ala sobre tus azoteas. / Eres el Buenos Aires que tuvimos, el qu
ni siquiera soy polvoNo quiero ser quien soy. La avara suerte / me ha deparado el siglo diecisiete, / el polvo y la rutina de Castilla, / las cosas repetidas, la mañana / que, prometien
otra versión de proteoHabitador de arenas recelosas, / mitad dios y mitad bestia marina, / ignoró la memoria, que se inclina / sobre el ayer y las perdidas cosas. / Otro tormento padeció
poema de la cantidadPienso en el parco cielo puritano / de solitarias y perdidas luces / que Emerson miraría tantas noches / desde la nieve y el rigor de Concord. / Aquí son demasiadas
poema de los donesNadie rebaje a lágrima o reproche / esta declaración de la maestría / de Dios, que con magnífica ironía / me dio a la vez los libros y la noche. / De esta ciudad de
quince monedasUn poeta oriental / Durante cien otoños he mirado / tu tenue disco. / Durante cien otoños he mirado / tu arco sobre las islas. / Durante cien otoños mis labios / no han
sábadosAfuera hay un ocaso, alhaja oscura / engastada en el tiempo, / y una honda ciudad ciega / de hombres que no te vieron. / La tarde calla o canta. / Alguien descrucific
son los ríosSomos el tiempo. Somos la famosa / parábola de Heráclito el Oscuro. / Somos el agua, no el diamante duro, / la que se pierde, no la que reposa. / Somos el río y som
soneto del vino¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa / conjunción de los astros, en qué secreto día / que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa / y singular ide
soySoy el que sabe que no es menos vano / que el vano observador que en el espejo / de silencio y cristal sigue el reflejo / o el cuerpo (da lo mismo) del hermano. / S
spinozaLas traslúcidas manos del judío / labran en la penumbra los cristales / y la tarde que muere es miedo y frío. / (Las tardes a las tardes son iguales.) / Las manos y
tarde que socavó nuestro adiós…Tarde que socavó nuestro adiós. / Tarde acerada y deleitosa y monstruosa como un ángel oscuro. / Tarde cuando vivieron nuestros labios en la desnuda intimidad d
tú cuya carne, hoy dispersión y polvo…Tú cuya carne, hoy dispersión y polvo, / pesó como la nuestra sobre la tierra, / tú cuyos ojos vieron el sol, esa famosa estrella, / tú que viviste no en el rígid
un ciegoNo sé cuál es la cara que me mira / cuando miro la cara del espejo; / no sé qué anciano acecha en su reflejo / con silenciosa y ya cansada ira. / Lento en mi sombra
un patioCon la tarde / se cansaron los dos o tres colores del patio. / Esta noche, la luna, el claro círculo, / no domina su espacio. / Patio, cielo encauzado. / El patio es
una rosa y miltonDe las generaciones de las rosas / que en el fondo del tiempo se han perdido / quiero que una se salve del olvido, / una sin marca o signo entre las cosas / que fue