jorge gaitán durán
amantesSomos como son los que se aman. / Al desnudarnos descubrimos dos monstruosos / desconocidos que se estrechan a tientas, / cicatrices con que el rencoroso deseo / se
amantes iiDesnudos afrentamos el cuerpo / como dos ángeles equivocados, / como dos soles rojos en un bosque oscuro, / como dos vampiros al alzarse el día, / labios que buscan
canículaEl sol abrasa toda / vida. No mueve el viento / un árbol. Fuera del tiempo / está el fasto del día. / La canícula absorbe / las horas, los colores, / el silencio. / De re
canto xiiiLa dulce tolvanera del silencioso otoño / va anegando tu imagen en su vaga humareda, / encendiendo en el tiempo la hoguera del olvido / para borrar la última ceni
de repente la músicaLa pura luz que pasa / por la calle desierta. / Nada humano / bajo el cielo abolido. / La blancura absoluta / de la ciudad confunde / la muerte y el sigilo. / De repente
el instanteArdió el día como una rosa. / Y el pájaro de la luna huyó / cantando. Nos miramos desnudos. / Y el sol levantó su árbol rojo / en el valle. Junto al río, / dos cuerpo
el regresoEl regreso para morir es grande. / (Lo dijo con su aventura el rey de Itaca.) / Mas amo el sol de mi patria, / el venado rojo que corre por los cerro, / y las noble
envíoNo he podido olvidarte. He conseguido / que este inútil desorden de mis días / solitarios, concluya en las porfías / de un corazón que da cada latido / a tu memoria
hecha polvoTanto te amé ese día que la muerte / voló por la ciudad como mil soles, / abeja de mi duelo / en el definitivo verano que te llama. / Fui descubriendo un astro en t
la tierra que era míaÚnicamente por reunirse con Sofía Kühn, / amante de trece años, Novalis creyó en el otro mundo; / mas yo creo en soles, nives, árboles, / en la mariposa blan
momentos nocturnosMiré el tiempo y conocí la noche. / Mi mente puso incendios en la nada. / Fueron soles, miríadas, que llenaban / el cielo. Todo era cielo. / Tuve todo, menos dioses
no pudo la muerte vencermeNo pudo la muerte vencerme. / Batallé y viví. El cuerpo / infatigable contra el alma, / al blanco vuelo del día. / En las ruinas de Troya escribí: / «Todo es muerte o
quieroQuiero vivir los nombres / Que el incendio del mundo ha dado / Al cuerpo que los mortales se disputan: / Roca, joya del ser, memoria, fasto. / Quiero tocar las pala
quiero apenasPresto cesó la nieve, como música. / Pájaros y verdes cruzan por el frío. / Vas a morir, me dicen. Tu enfermedad / es incurable. Sólo puede salvarte / el milagro qu
se juntan desnudosDos cuerpos que se juntan desnudos / solos en la ciudad donde habitan los astros / inventan sin reposo el deseo. / No se ven cuando se aman, bellos / o atroces arde
sé que estoy vivo en este bello díaSé que estoy vivo en este bello día / acostado contigo. Es el verano. / Acaloradas frutas en tu mano / vierten su espeso olor al mediodía. / Antes de aquí tendernos
si mañana despiertoDe súbito respira uno mejor y el aire de la primavera / llega al fondo. Mas sólo ha sido un plazo / que el sufrimiento concede para que digamos la palabra. / He g
siestaEs la siesta feliz entre los árboles, / traspasa el sol las hojas, todo arde, / el tiempo corre entre la luz y el cielo / como un furtivo dios deja las cosas. / El
verano, uvas, ríoEl tiempo pasa por el río / tan dulcemente como fluye / el agua. Lleva al nadador / adolescente, enjuto, rojo, / que bajo el sol de los venados / come uvas. Las más d
veré esa caraVoy a vivir contigo y contra ti. / Roma en llamas, la casa de los dos / tiene un cuarto vacío. Nuestro Dios / ha partido. Todo cuanto le di / me comenzó a pesar: mi
¡vengan cumplidas moscas!Cuántas veces de niño te vi / cruzar por mi alcoba de puntillas. / Enhebrabas tu aguja con manos / más ligeras que los días. / Luego te olvidé. No es poca cosa / vivi