PAIS POEMA

Libros de jordi doce

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jordi doce

amanecer con tejo
En sombra, este ramaje / dispone celdas, redecillas, / calladas oquedades / de una penumbra / que la escarcha humedece apenas / con lengua terca y desprendida. / A espaldas de la luz / principiante, / mientras la
árbol
Abro la puerta, y el olor del agua / al horadar la tierra entra en la sala: / lento vapor que liga el aire y deja / una semilla de alegría / en la piel: / pasan las horas, / la lluvia no remite, / la semilla se
blue hotel
Al hilo de la siesta las callejas se adensan / en un silencio impenetrable; es entonces / cuando, en este verano solícito, la luz / ensaya su apariencia más palpable / y gravita tenaz sobre el asfalto, / co
canción de tormenta
Escucha el ulular del viento contra el muro; / la hiedra, las acacias baten la piedra sin descanso / y dividen el tiempo como tiernas cuchillas. / Yo te he visto en los intervalos: la luz / a rachas alumb
celebración
Quisiera otro lenguaje para hablar de estos días, otra voz / cuyo acento imitara el embate del mar contra tu cuerpo, / el reguero de gotas como una pupila multiplicada / sobre la sal inscrita de tu piel
cerro de santa catalina
¿Cómo ignorar, al fin, / los avisos del día, / el genio especular del día / al trazar nuestro fiel retrato / de nada o nadie, / si el frío de esta mar al juntar noche / tiene lugar para nosotros, viene / como m
contacto
Escuché tu canción / en el silencio de la noche. / De dónde venía o por qué / pareció atravesarme el corazón / como brusco zarpazo impredecible / son razones que supe sin saber. / Y tú no estabas, tú no debía
desierto de los monegros
El coche en sombra bajo el tendejón / y flecos de maleza parda junto a las ruedas. / El sol de mediodía percute en el asfalto / y siembra el arenal de transparencias. / Dos muros desdentados, / una señal de
despojos
La luz de media tarde entre la hiedra, / la lumbre inextinguible de algún sueño, / el niño que se ahoga de risa en su columpio, / el temblor repentino de tus muslos, / el calor que insinúan tus mejillas / a
después de la lluvia
Variedad de la vida, / en los nudos del aire, en el bullicio / febril de los insectos / que un vencejo devora / bajo el pálido azul de la mañana, / en los setos y frondas / que humedecen, abajo, / el taller de
después de la tormenta
Cuelgan las nubes sobre el día / como una sucia piel curtida / o la panza de un animal / dispuesto para turbios sacrificios / ante los filos de la luz y el frío. / Aún tiemblan los vidrios / con el impacto de
díptico
No hay luz sino estupor de luz / en este jardín abrasado / de frío y lenta escarcha donde / alguien cuya sombra te evoca / remueve sin prisa la tierra / y deja en los surcos un hilo / de luz fría donde mis oj
el esperado
El tiempo ayuda al mito de lo que no sucede. / Él vendrá o ha venido, no se sabe a fe cierta, / abundan los rumores mas no hay pruebas, / pudo ser aquel viejo de la capa raída / o el callado extranjero qu
el paseo
Arrecia en mí la vida con las primeras sombras. / Al término del día, concluida la tarea, / cuando la luz se inflama, anaranjada, / en muros y parterres, / cuando el limpio negror de la pizarra / finge la t
el sueño
En aquel sueño eras / un fanal vacilante / en el mar de la noche. / Vine a ti desde el fondo: / rostro abierto en la espuma, / yo también alumbraba. / Luz con luz engendramos. / Blancas fosforescencias / sobre el
en el cerro
Se enturbia la mirada, y el aire de la tarde / humea como brasa contra un fondo / de velas sopladas y espuma rota. / El mar es la respiración, la espera. / Tomadas por el grueso sol de agosto, / las rocas s
en grandpoint
Alto día, en el flujo / despacioso del aire, / en el claro erigido / por el baile de aceros / de la luz, en la rama / cuya huraña negrura / fija la piel del agua, / fija la red del tiempo. / El puente nos afinca /
en kelmscott manor
Sobre el musgo peinado, / sobre la losa negra / que confirma tus pasos, / mira el tendón del agua, / el relieve fluyente / que tira de la orilla y de los juncos / palidecidos, donde el agua / huye de sí, en el
en la ducha
Ya el agua se despliega por tu cuerpo / con sus redes de espuma y su tenue perfume, / que es el perfume de tu piel desnuda, / de tu piel que revive con el agua / más acá de este día. Desde el vano, / a la c
en la terraza
Suspenso en el polvillo de la luz, / madura el escenario de la tarde, / su armoniosa maraña / (tejados y jardines, el curso del canal / con árboles al fondo, / el parque abandonado) / que implica al que lo mi
herida
El tacto y llama de aquel / instante, hoja de nieve / entre mis dedos, / corte y quemadura sobre / la piel. Transcurren los días / y esta herida no cierra. A menudo / vuelve el frío o imagino que vuelve, / y un
imán
En el cuarto en penumbra, el cerco de la lámpara / arde sobre la página, en los dedos / que aferran el cuaderno, recogidos, / y trazan nuevos signos con serena mudez. / La calle es la moldura de otro sile
interior con figura
Cae sobre ti la mirada / de las cosas, te busca, te señala, / espía cada uno de tus gestos / con nítida pupila agazapada, / tapiz de ojos / tras el follaje de las sombras, / noche ocelada en cada esquina / con
julio
Hay algas en la orilla, y un sol crudo, tenaz, / lame las avenidas, abre los descampados, / o se enrosca en los buenos días y los quetales / que puntean, ligeros, como insectos al vuelo / la llegada puntu
la calma
Vienes a mí de tarde, con las primeras sombras, / tras la espesura líquida del sauce, / cuando el aire se aquieta como el ansia, / cuando el cuerpo se entrega a su latir cansado. / Apenas si conozco tu or
lectura de marguerite yourcenar
La tranquila insistencia del agua en mi ventana / es también, esta noche, la calma del lector, / la intriga del que ha entrado en el secreto. / Cartas a sus amigos: el arco de una vida / y su diana invisi
llamada
¿Quién llama en el silencio de la tarde? / ¿Son las horas, tal vez, al deslizarse / sobre tu cuerpo como el agua, / como el agua que anhelas y te anhela / bajo el oscuro nudo de la luz? / ¿O es acaso esa lu
lluvia
sobre un poema de Nishiwaki Junzaburo / Con el viento del sur / descendió una diosa benigna. / Mojó el bronce y mojó la fuente, / mojó el vientre de la gaviota / y sus plumas tendidas. / Abrazó la marea, / lami
lugar del amor
Di mejor un ascenso, como de peregrino, / ladera arriba, monte que no es monte / porque comulga del azul del cielo / y no siente ya el pedregal / que confirma sus pasos, terco ascenso en volandas / sobre la
marea baja
La lentitud del mar es un deseo / de ser mar sin más, agua reposada / que naufraga en sus limos y se empapa / de perfumes adivinados, algas / para anunciar el fin del día, sal / para curar la herida de la l
noche de agosto
Bajo la tela de la noche / y sus linternas diminutas. / La puerta abierta. / La remetida claridad del cuarto / tras las ventanas. / La humedad en reposo de la tierra. / Y el ruido de unos pasos en la grava / qu
otros inviernos
Huraña luz de enero, aún recuerdo / tu resplandor sin nadie, / el frío del azul en la garganta, / el aliento helador con que el silencio / salía a recibirnos, / la equívoca extensión del alba / camino de la e
palomas
Cruzan el patio las palomas. / Se cuelgan del alféizar, gorgotean, / van y vienen por la penumbra / con sus plumas raídas y su insolencia terca. / Palomas de ciudad, / vestidas del hollín que respiran, / sirv
para vivir
La mano escribe para no morir. / O cuenta el mundo en sílabas contadas / para decir: aquí termina el mundo, / fuera impera la noche / y el frío de la noche, / el lento gotear de las estrellas / y su terco sil
principio del páramo
Donde no había nada / alguien dispuso un lago amedrentado / Donde no había nada / hombros de piedra / se abrieron para sostenerlo / De las estrellas vino un viento / descendió al agua olió el temblor / Con ojos
reencuentro
Ojalá que la noche sea esto únicamente: / la pesada respiración del mar / como un animal torpe y hechizado, / un pañuelo de cuentas negras bajo tu frente, / la dulce sensación de estar a la deriva / contigo
revés del asombro
No hay tiempo en el instante del asombro, / sino el cruce tal vez de muchos tiempos, / baraja ensimismada en un abismo / con fondo en el imán de lo indecible. / Hacia esa lumbre miran tus palabras. / Hacia
segundo diálogo en la sombra
En la noche, tu mirada abolida / espía entre juncales de negrura: / no acepta de las sombras / su indiferencia, su aparente / estar ajeno a quien / las mira. Piensa / -como piensa el mirar, absorto / bajo los p
viejo poeta
Quien extravió la vida al recrearla / con secreta pasión, al hilo de palabras / que forjaron, tal vez, su limpio emblema, / vuelve a mirarte desde su cansancio, / donde la luz evita esas pupilas / que un an
visita del grajo
El grajo que reposa en esta página / -el mismo que ha graznado en tantas otras, / profetizando noches, carencias, desengaños- / no tiene constancia de su rango: / el frío del norte enciende su instinto / al
vuelo antiguo
El vuelo de esta avispa / en el azul del aire, contra un fondo / de cipreses y falsas / columnas medievales, mientras Paula / desanuda con paso / azorado el jardín / y advierte fugazmente cada tronco, / la tram