PAIS POEMA

Libros de john keats

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john keats

a la soledad
¡Oh, Soledad! Si contigo debo vivir, / Que no sea en el desordenado sufrir / De turbias y sombrías moradas, / Subamos juntos la escalera empinada; / Observatorio de la naturaleza, / Contemplando del valle s
a quien en la ciudad estuvo largo tiempo
A quien en la ciudad estuvo largo tiempo / confinado, le es dulce contemplar la serena / y abierta faz del cielo, exhalar su plegaria / hacia la gran sonrisa del azul. / ¿Quién más feliz, entonces, si, co
a reynolds
¿DÓNDE hallar al poeta? Nueve Musas, / mostrádmelo, que Pueda conocerlo. / Es aquel hombre que ante cualquier hombre / como un igual se siente, aunque fuere el monarca / o el más pobre de toda la tropa de
a reynolds 2
«Me inspiró estos pensamientos, mi Querido Reynolds, la belleza matinal, Que incitaba al ocio. / No había leido ningún libro, y la mañana me daba razón. En nada pensaba sino en la mafiana, / y el Tord
a un amigo que me envió unas rosas
Cuando ya tarde paseaba por los campos felices, / A la hora en que la alondra sacude el trémulo rocío / De su exuberante escondite de trébol; -cuando de nuevo / Los bravos caballeros cogen sus abollados
a una urna griega
Tú, todavía virgen esposa de la calma, / criatura nutrida de silencio y de tiempo, / narradora del bosque que nos cuentas / una florida historia más suave que estos versos. / En el foliado friso ¿qué leye
al sueño
Suave embalsamador de la rígida medianoche, / que cierras con cuidadosos dedos / nuestros ojos que ansían ocultarse de la luz, / envueltos en la penumbra de un olvido celestial; / oh dulcísimo sueño, si a
al ver los mármoles de elgin
Mi alma es demasiado débil; sobre ella pesa, / como un sueño inconcluso, la espera de la muerte / y cada circunstancia u objeto es una suerte / de decreto divino que anuncia que soy presa / de mi fin, com
bien venida alegría, bienvenido pesar
Bien venida alegría, bien venido pesar, / la hierba del Leteo y de Hermes la pluma: / vengan hoy y mañana, / que los quiero lo mismo. / Me gusta ver semblantes tristes en tiempo claro / y alguna alegre risa
canción de folly
¡Oh! Me asaltan los más terribles pensamientos. / Cual la de un ruiseñor su voz no sea, acaso, / y no sean sus dientes la perla más preciosa; / sus pestañas, tal vez, que yo sepa, no sean / más largas que
canción de la margarita
Con su gran ojo, el sol / no ve lo que yo veo. / La luna, toda plata, orgullosa, pudiera / ocultarse igualmente en una nube. / Y al llegar primavera -¡oh, primavera!- / es la de un rey mi vida. / Echada entre
cuando tengo miedo de dejar de existir
Cuando tengo miedo de dejar de existir / antes de que mi pluma haya vaciado mi cerebro entero, / antes de que libros apilados, en orden perfecto, / preserven como cosechas el grano ya maduro; / cuando con
de puntillas anduve por un pequeño monte
(fragmento) / De puntillas anduve por un pequeño monte. / daba frescor el aire y corría tan leve, / que los dulces capullos, con orgullo modesto / y languidez, doblando, en una breve curva, / sus tallos, co
endymion
Una cosa bella es un goce eterno: / Su hermosura va creciendo / Y jamás caerá en la nada; / Antes conservará para nosotros / Un plácido retiro, / Un sueño lleno de dulces sueños, / La salud, un relajado alent
escrito antes de releer «el rey lear»
¡Romance de dorada lengua y laúd suave! / ¡Oh sirena de bellas plumas, lejana Reina! / Tus melodías deja en este día crudo, / cierra tu libro añoso y quédate callada. / ¡Adiós! Pues que, de nuevo, ya la e
escrito en rechazo a las supersticiones vulgares
Las campanas tañen melancólicamente / reuniendo a los devotos a nuevas oraciones, / a nuevas lobregueces, a espantosas angustias, / a escuchar el horrible sonido del sermón. / Sin duda la mente del hombre
esta mano viviente
Esta mano viviente, ahora tibia y capaz / De agarrar firmemente, si estuviera fría / Y en el silencio helado de la tumba, / De tal modo hechizaría tus días y congelaría tus sueños / Que desearías tu propi
feliz es inglaterra! ya me contentaría
¡Feliz es Inglaterra! Ya me contentaría / no viendo más verdores que los suyos, / no sintiendo más brisas que las que soplan entre / sus frondas confundidas con las leyendas grandes; / pero nostalgia sien
historia en versos
Lo hermoso es alegría para siempre: / su encanto se acrecienta y nunca vuelve / a la nada, nos guarda un silencioso / refugio inexpugnable y un reposo / lleno de alientos, sueños, apetitos. / Por eso cada d
la bella dama sin piedad
¡Oh! ¿Qué pena te acosa, caballero en armas, vagabundo pálido y solitario? Las flores del lago están marchitas; y los pájaros callan. / ¡Oh! ¿Por qué sufres, caballero en armas, tan maliciento y dol
la caída de hiperión (sueño)
Tienen los locos sueños donde traman / elíseos de una secta. Y el salvaje / vislumbra desde el sueño más profundo / lo celestial. Es lástima que no hayan / transcrito en una hoja o en vitela / las sombras d
la paloma
Una paloma tuve muy dulce, pero un día / se murió. Y he pensado que murió de tristeza. / ¡Oh! ¿Qué le apenaría? Sus pies ataba un hilo / de seda, y con mis dedos lo entrelacé yo mismo. / ¿Por qué morías,
lamia
Hace tiempo, antes de que la estirpe de las hadas / Expulsara a Ninfas y Sátiros de los prósperos bosques, / Antes de que la resplandeciente diadema del rey Oberon, / Su cetro y su manto, tapizados de b
meg merrilies
La vieja Meg era gitana / y vivía en el monte: / era el brezo rojizo su lecho / y al aire libre tuvo su morada. / Negras moras de zarza por manzanas tenía, / por grosellas, simiente de retama; / su vino era e
oda a la melancolía
1 / No vayas al Leteo ni exprimas el morado / acónito buscando su vino embriagador; / no dejes que tu pálida frente sea besada / por la noche, violácea uva de Proserpina. / No hagas tu rosario con los fruto
oda a maia
¡Madre de Hermes! Y siempre joven Maia, / ¡Me será permitido cantarte como en aquellos días / En que te saludaban los himnos en las costas de Baia? / ¿O habré de convocarte en antiguo siciliano? / ¿O busc
oda a maya
¡Madre de Hermes! Y siempre joven Maya, / ¡Me será permitido cantarte como en aquellos días / En que te saludaban los himnos en las costas de Baia? / ¿O habré de convocarte en antiguo siciliano? / ¿O busc
oda a psique
¡Oh diosa! Escucha estos versos silentes arrancados / por la dulce coacción y la memoria amada, / y perdona que cante tus secretos / incluso en tus suaves oídos aconchados. / ¿Soñé hoy acaso, o es que he
oda a un ruiseñor
Me duele el corazón y aqueja un soñoliento / torpor a mis sentidos, cual si hubiera bebido / cicuta o apurado algún fuerte narcótico / ahora mismo, y me hundiese en el Leteo: / no porque sienta envidia de
oda a una urna griega
1 / Tú todavía inviolada novia del sosiego, / criatura nutrida de silencio y tiempo despacioso, / silvestre narradora que así puedes contar / una historia florida con dulzura mayor que nuestro canto. / ¿Qué
oda al otoño
Estación de las nieblas y fecundas sazones, / colaboradora íntima de un sol que ya madura, / conspirando con él cómo llenar de fruto / y bendecir las viñas que corren por las bardas, / encorvar con manzan
sobre el mar
No cesan sus eternos murmullos, rodeando / las desoladas playas, Y el brío de sus olas / diez mil cavernas llena dos veces, y el hechizo / de liécate les deja su antiguo son oscuro. / Pero a menudo tiene
sobre la cigarra y el grillo
Jamás la poesía de la tierra se extingue: / cuando a todos los pájaros abate el sol ardiente / y ocúltanse en fresdores de umbría, una voz corre / de seto en seto, por prados recién segados. / En la de la
sobre la muerte
I / ¿Puede la Muerte estar dormida, si la vida es solo un sueño, / Y las escenas de dicha pasan como un fantasma? / Los efímeros placeres a visiones se asemejan, / Y aun creemos que el dolor más grande es
sobre una urna griega
Tú, novia intacta aún de la quietud, / prohijada del silencio y de las lentas horas, / selvático rapsoda, que refieres un cuento / florido, con dulzura mayor que en nuestra rima: / ¿qué leyenda, ceñida de
ten compasión, piedad, amor
¡Ten compasión, piedad, amor! ¡Amor, piedad! / Piadoso amor que no nos hace sufrir sin fin, / amor de un solo pensamiento, que no divagas, / que eres puro, sin máscaras, sin una mancha. / Permíteme tenert
versos a fanny brawne
Esta mano viviente, ahora tibia / Y capaz de estrechar fervorosamente, / De tal modo, si estuviese ya fría / Y en el glacial silencio del sepulcro, / Obsesionaría tus días / Y helaría los sueños de tus noch
¡brillante estrella! si fuera tan constante
Estrella brillante, quien fuera tan constante como tu / no en solitario esplendor colgada arriba en la noche / y observando, con eternos párpados abiertos / como el eremita paciente e insomne de la natu
¿dónde está el poeta?
¿Dónde está el poeta? Nueve Musas, / reveládmelo, que Pueda conocerlo. / Es aquel hombre que ante cualquiera / como un igual se siente, aunque fuere el monarca / o el más pobre de toda la tropa de mendigo