joan margarit
amada reginaEn todas las ciudades busco siempre / un hotel que llevara el nombre de ella. / El Regina de Roma y su fachada / severa y gris, fascista, de granito. / El Regina de
caligrafíaHa apoyado la frente en el cristal / frío, empañado, con trasluz de invierno. / Escribe el nombre de ella y, a través / de las líneas que traza con el dedo, / la ha
canción de cunaDuerme, Joana. / Y que este Loverman oscuro y trágico / del saxo de tu hermano en Montjuïc / te pueda acompañar / toda la eternidad por los caminos / que son bie
cosas en comúnHabernos conocido / un otoño en un tren que iba vacío; / La radiante, aunque cruel / promesa del deseo. / La cicatriz de la melancolía / y el viejo afecto con el que
cuadro con pájarosEl muro es, de este lado, oscuro y triste, / tal como sucedía en aquel cuento / que un día te expliqué. Si fuese cierto, hoy / todos los pájaros que tú pintaste / t
edad rojaTanto tiempo has tardado en aprender / que llegas tarde al gran amor: / Que nunca habrás vivido una edad de oro. / Las rosas de Ronsard / nunca serán perfume en tu
embraceable youEs triste poner Gershwin sin poder abrazarte. / Somos el blanco y negro de una vieja película: / las parejas bailando, y los barcos de guerra / que han de zarpar
en torno a la protagonista de un poemaConocía muy bien tu piel dorada, / la señal de peligro de tus ojos azules. / Sueños de profesor que comenzaba / a perder su futuro. Hace mucho surgiste / entre aque
faros en la nocheIntento seducirte en el pasado. / Las manos al volante y esta luz / de club nocturno del tablier me dejan / -fantasía invernal- bailar contigo. / Detrás de mí, igua
flores blancas en la nieblaSábanas grises de la escarcha / cubrían el bancal de los almendros; / pero llegaron lluvias como máscaras / y la hierba borró los espejos del frío. / En la invernal
historia en un áticoLa vida convirtiéndose -¿recuerdas?- / en viajes y trabajo. / La terraza, las vistas, y nosotros / mirando hacia otra parte: así acostumbra / a iniciarse el error:
horarios nocturnosAcostado a tu lado, oigo los trenes. / Cruzan mi frente sus fugaces luces / rasgando el horror tibio de esta noche. / La pausa de silencio me deja una luz roja, / u
iniciaciónCalles estrechas con esquinas tristes, / rótulos anunciando en los balcones / lavajes y la cura de venéreas. / Lances de amor, permanganato, el alba. / La primera m
interior perdidoEn el fondo del cuarto, un dorado de mujer / se va apagando igual que una bujía. / El oro de la piel / en la penumbra de alba donde nunca / llegaré a abrir los ojos
la cartaMirabas siempre hacia adelante / como si allí estuviese el mar. Creabas / de esta manera un movimiento de olas / ajeno y mítico en alguna playa. / Nos unía la fuerz
la combinaciónSola entre dos infiernos / -el de la libertad y el de la edad-, / ya no he podido abrir la caja fuerte. / La puerta con sus cifras giratorias, / es la ruleta en la
la esperaTe están echando en falta tantas cosas. / Así llenan los días / instantes hechos de esperar tus manos, / de echar de menos tus pequeñas manos, / que cogieron las mí
la muchacha del semáforoTienes la misma edad que yo tenía / cuando empezaba a soñar en encontrarte. / No sabía aún, igual que tú / no lo has aprendido aún, que algún día / el amor es esta
la profesora de alemánEn aquel Instituto de posguerra / debí haber aprendido algo de griego / y adquirido un barniz sobre los clásicos. / Pero, si aprender algo era difícil, / nada tenía
las mil y una nochesMe miras: el presente son tus ojos, / unos instantes que se desvanecen / y no puedo cambiar: Pero también / son un mañana que ya estaba escrito / en el fugaz espejo
mientras tú duermesA Joana / En la plaza humillada por la lluvia / miro la alta ventana iluminada / que no quiero perder: no he de rendirme / a la condena de la vida. / Este no es ni un
mujer de inviernoHoy que la soledad / es la última forma del amor, / esta triste ciudad ha hecho que pierda / lo que había perdido, ya, de ti. / ¿A qué has venido? / ¿Quién eres, si e
no te volveré a verEs esta piel violeta de una noche / que dejamos pendiente. / Y tu silencio suena como un saxo / de oro negro en el fondo / de los días sin ti. / En tu pecho jadea el
no tires las cartas de amorEllas no te abandonarán. / El tiempo pasará, se borrará el deseo / -esta flecha de sombra- / y los sensuales rostros, bellos e inteligentes, / se ocultarán en ti, a
noche de junioCuando salí del cine ya había oscurecido. / En aquel viejo parking, sin luz, iba subiendo / la rampa áspera y sucia / porque había aparcado en la terraza. / Dentro
oración para j. m. rMúsica del amor; que te escondías / en sitios negros, dulces, como rosas del jazz, / enciende el día azul, extiéndete debajo de los pinos / y haz que brillen las
paisaje cerca del aeropuertoGuarda un aire burgués de veraneo / y a la vez de escapadas clandestinas, / pero ya es un suburbio. La ciudad / surge en el horizonte de la playa. / Comienza a aman
pasajeraEn el gran ventanal del aeropuerto / un alba de luz blanca entre la niebla / se alza ante la muchacha con un libro / que nunca alcanzará a poder leer. / Mi juventud
primer verano sin tiI / Acantilados de un verdoso gris, / igual que grandes hachas prehistóricas, / se hunden en el agua. / Como quien pela fruta, / la carretera ciñe una curva, y otra, /
profesor bonaventura bassegodaLe recuerdo alto y grueso, / procaz, sentimental. Usted, entonces, / era una autoridad en Cimientos Profundos. / Inició siempre nuestra clase así: / «Señores, bueno
remolcadores entre la nieblaAmiga de la noche, reluciente, / lúcido disco de la luna: / avanzas junto a mí por la playa, iluminas / estancias con espejos para amantes / a los que aflije el pla
soneto en dos ciudadesHôtel de l’Avenir, la última noche: / Paris en los cristales del crepúsculo. / Qué suerte sonreír al acercarse / a los sesenta años, la Puerta de la
súplicaDe esta invernal mañana, amable y tibia, / por favor, no te vayas, / quédate sumergida en este patio / como si hubieses naufragado / dentro de nuestra vida. / Bajo el
un cuentoNo digas nada, Joana, / tan sólo escúchalo y no digas nada. / Íbamos caminando en la lluviosa / mañana por el pueblo adormecido, / entrábamos despacio / por una larga
una fotografía colgada en la pared(Xavier Miserachs) / El Paseo de Gracia en la nevada / de aquel invierno en que nos conocimos. / En primer plano, dándome la espalda, / se alejan transeúntes: / quizá
¿a quién ama gilbert grape?Un sábado en el cine, al declinar la tarde, / la película tierna, pero dura, / de un chico deficiente y de su hermano. / Cogidos de la mano en la penumbra, / lloram