jesús munárriz
aquel fulgorSoy una prostituta japonesa / del siglo diecisiete, / joven, bella / Hago el amor a un comerciante / para quien quemo áloe, templo sake / y samicén, y desciño mi faja
cuando el viento abalanza sus mastinesCuando el viento abalanza sus mastines / por las encrucijadas del olvido / y levanta las hojas del recuerdo / que cubrían las huellas del camino, / se ve un paisaje
de poeta a poetaSabes -y sueles- hacer el amor / como el poeta construye sus versos: / con acordada mezcla / de pasión y sistema / (y no digo artificio), / de música, entusiasmo, / int
el carroLos que tiran del carro / -larga recua / los que guían el carro / -como pueden / los que trepan al carro / -tontos listos / loS que van tras el carro / -no lo alcanzan / lo
el deseoSi algo ha marcado el rumbo de mi vida / es, sin duda, el deseo, / esa imposible búsqueda de todo / lo que está más allá / a la que debo cuanto de valioso, / hermoso
el que nunca traspasa ciertos límitesEl que nunca traspasa ciertos límites / ni incurre / ni comete / ni transgrede / ni encubre / ni viola / ni vulnera / ni delinque / ni incumple / El que nunca traspasa cierto
en un arranque de moralen un arranque de moral, / se suprimieron por decreto / los prostíbulos del país. / y desde entonces no tenemos putas.
fugaz retornoVolver a la ciudad lejana de la infancia, / par entre pares otra vez, / recobrar aquel puesto hace tiempo perdido, / ámbito acogedor en días fríos, / tejido de cost
gritoVive la corrupción; lo intacto, nunca. / Perdura lo perenne, pero no es. Aguanta / su pesado vado sin sustancia / los siglos, no el instante. / Lo efímero sí existe
haz lo que quieras, peroHaz lo que quieras, pinta como quieras, / el impoluto lienzo / pasivamente aceptará tus huellas. / Hiéndelo libremente, sin prejuicios. / Pero no te abandones a las
hemos viajado juntosHemos viajado juntos / a toda vela, / hemos andado siempre / las mismas sendas. / Caminos del cerebro / y los sentidos, / rutas de tus ensueños / y de los míos. / Mano a ma
la verdad se escondíala verdad se escondía / diariamente entre las líneas del periódico / y la esperanza hurgaba / inútilmente por los vertederos. / todo era gris, de un gris tirando a
las luces del amanecerLas luces del amanecer / abren caminos que cruzan la noche, / se acerca un nuevo día y tú / vas a tener que abandonarme. / Ahora descansas junto a mí, / sueñas que te
manifiestoEn defensa del cardo y de la ortiga, / en defensa del burro y su rebuzno / y de su condición intrascendente, / a favor de los bosques y su antiguo / modo de ser, a
me has dado tu dulzura a borbotonesMe has dado tu dulzura a borbotones / en días desolados, / me has regalado el beso y el saber / secreto de tus labios, / has sabido calmar entre tus dedos / mi guerra
monólogo de zimmerNo es un huésped molesto, pese a todo. / Sólo es un niño grande. Los niños, ya se sabe, / dan a veces disgustos, tabarras; también él. / Pero si está tranquilo es
pero, la ley de la especiepero, ley de la especie, / inevitable, / los que vivimos en aquellos años / hemos de recordarlos / con nostalgia. / con nostalgia y con rabia.
perspectivaHay días que parecen bodegones cubistas: / todo tiene joroba / o se parte en mitades / desiguales, / todo está lleno de ángulos, / todo cae revuelto como torre de nai
por eso estoy en las palabrasPor eso estoy en las palabras. / Porque el silencio vive si la palabra calla / y el olvido se extiende donde el amor deserta, / y de las mordeduras gozosas o crue
qué va a quedar de estos días¿Qué va a quedar de estos días / borrachos de tu presencia / cuando tú seas ausencia / y yo mi melancolía? / ¿Qué va a quedar de estos días? / ¿Qué apetencia tuya y m
quedarQuedar, quedar, quedar, como enterrados / vivos a los que va faltando el aire, / esta única obsesión: sobrevivir / cuando la nada acabe con nosotros. / Quedar, qued
será mejor asíSerá mejor así. / Tu rostro eternamente trenzará entre mi pecho / inéditos cordajes, / se mantendrán tus manos taumaturgas, / y en tu ritmo no habrá jamás monotonía
surgió del llanto tu presenciaSurgió del llanto tu presencia y trastrocó el pretil del sufrimiento sin ambages. Volaron desde entonces albos designios / por la mañana de mi soledad. Amanec