jaime labastida
afrodita en el polvoEl sol, colérico de sales, / contra el agua arremete. / Hermano con hermana se acarician. / Y un cielo azul está (cubriéndola), / encima de la tierra: hijos nosotros / de esa feroz contradicción, las bestia
aguja en el pajarDesde la pluma brotas, súbita / llama tensa que se prende aun a la madera / húmeda y la quema y la guarda. / Entonces tu jadeo (reiterado, / sonámbulo sonido que atraviesa / las destruidas, de amor, paredes
amaneceHablo en plurales giros / porque plural o universal me siento. / Y luego reparto mi alegría, / tal vez sin alma, / lo cierto es que sin cuerpo, / pero conmigo adentro. / Es la crisis total de mi sistema. / Desa
apoyada en mi sangreApoyada en mi sangre, / observas el vuelo regular de los insectos / y quiero desgajarte; / repetir este gesto que descubre / tu ya mil veces vista desnuda piel / de abedul tambaleante. / No duermas. Una vez m
bajo la pesada losa del mundoSobre la Tierra, estamos enterrados. / Todo su peso cárdeno / se vuelca sobre mis pies antiguos. / Toda la tierra me avienta sobre el cielo, / me sujeta en mi raíz / y me hunde entre sus manos. / Despedazado
ciudad bajo la lluviaMira cómo, desde este exilio de cemento, / se extiende la ciudad, a nuestras plantas. / De aquí partían los mercaderes rumbo a España. / Mira el humo en aquellas azoteas, / el resplandor del sol en los ti
ciudad y pájarosEstruendo de humo y trenes. / Edificios que giran en su exacto equilibrio. / Pequeño sol agónico, apenas un recuerdo. / Máquinas que danzan / a una velocidad domesticada por la mano. / Trópico que la altura
como dura puertaAprieto mis espuelas / en el ijar de consonantes, / me simplifico de este modo longitudes. / Sé lo que digo. / Me brotan letras unidas en un signo: / el de tu nombre. / Y estoy como mareado / de tanta resonanci
diálogo y migracionesFue entonces cuando aprendiste a dialogar, / quizá de noche, con voz de migración y cataclismo. / Entonces aprendiste a hablar con un rumor de pozo. / Volcada, salías de ti y en ti permanecías. / Descubri
el crecimientoCon la palabra inauguramos, damos vida. / Yo te nombro la playa de mi cuerpo, / la bahía de mi boca, / el abra de mis brazos. / Yo te nombro callada, / yo te nombro vibrante. / Te digo aves, te digo remolinos
el júbilo se enciendeLa memoria es una piel que tu recuerdo llaga, / una herida de torpe geometría, / es una carne, un nervio vivos. / Lacera memoria donde el fuego / es la violenta agua apaciguada. / Miro así tu jadeo, / en ese
en el centro del añoEl sol es nuevo cada día. / Heráclito / Hoy he tocado tu corazón, sombra desnuda / o vorágine o sola nota de dolor obstinado. / Hoy he tocado tu corazón en las yemas / de los dedos y he oído el mismo agudo
estoy desamparado, interiormente destruidoEstoy desamparado, interiormente destruido, / como si sólo azufre hubieran en mi pecho / encontrado mis dedos, / como si sólo úlceras, desnudez y vacío. / Una orfandad sin límite me descubre y denuncia. / ¿
hieloLos frescos de Botticelli / arrancados a la Villa de Lemmi, / la Victoria de Samotracia, / con las alas unidas por alambres / y una estaca de acero entre las nalgas: / trofeos de guerra, pasto / para la codic
horas11:30 P.M. / Durísima la luna. Igual que tú, tan lejos. / Suéñame, te digo, como te sueño aquí, / hasta que los dos sueños se conviertan en fuego, / hasta que mi aliento sea el tuyo, / hasta que respiremos
invocación a una alta imagenMujer de viento, / permite que la playa de tu oído / recoja el mar de mis palabras. / He de enseñarte a amar lo que yo amo / y has de aprender a amarte toda tú: / He de romper lo unido a la costumbre / para q
la pielCreyente sólo de lo que toco, yo te toco, / mujer, hasta la entraña, el hueso, / aquello que otros llaman alma, tan unida, / tan cerca de la carne mortal y voluptuosa / o siempre ardiente o nunca maltrata
la realidad y el sueñoEspesa turbulencia preside mis palabras. / Para mí, tú eres aún una doncella. / Dentro de mí, habito un nido de fantasmas, / un lecho de cigarras, casi un cielo infantil. / Tomándote los pechos, jugamos a
límitePara saber hasta qué límite en mi sangre, / para que las manos reconozcan / el hueco azul que horadaste en el aire / y que se queja, a diario, por tu ausencia, / para que la memoria de hoy me diga dónde, /
luzCiego de nacimiento, me escandaliza / el tacto. Vivaldi suena en medio / de la bruma y la ciudad, bella / hasta su colmo, intolerable, extiende / dedos hacia el mar. El ancla de la vida / se estremece, el s
luz detenidaHoy baila mi mujer y taja / sonrientes cicatrices en su cielo. / Hoy ella baila, colibrí ante la flor, / espejo frente a espejos enemigo. / Y la flor se habita de las plumas / y el pájaro seis pétalos se vu
mentiraTodo cuanto hasta aquí fue escrito, / mentira sorda. No es verdad / que haya sido menos dura / la mandíbula airada de las horas. / Que un pañuelo piedad haya enjugado / el sudor de las víctimas. Falso / tambi
no hay sitio en el que puedaNo hay sitio en el que pueda / apoyar la sombra de mis pies / del que no brote sangre / coagulada en piedra, / esqueletos del aire abrazados al limo. / De muerte y barro antiguo mi alimento. / Y nosotros, cen
papel borradoCuando termino de escribir todo esto, / después que durante horas me imprimo / como un mecanismo de dulzura y de cólera / én las hojas, y el viento desordena los papeles / y entra un siblido extraño, y me
plenitud del tiempo1 / La destrucción del fuego, atroz, / y la del tiempo. El bosque que crepita, / a sal, torturas largas. La alegría, / por supuesto. El tiempo reconstruye / la tiniebla. ¿Qué va a ser, si no tiempo, / cada nu
relámpago de obsidianaSiento resorte ser, / siento agonía. / Siento mi cierta humanidad / junto a tus meses. / Y repito tu nombre o yo descolorido. / O yo me simbolizo entre metales. / O yo soy ese cuerpo que te embriaga. / Sucede q
rescoldoSe va hacia atrás el horizonte. / La estrella Sirio vuelve hasta su origen / (¿cuál, oh dioses, a dónde va / con esa prisa oscura?). / Otros planetas surcan, en órbitas, / mi sangre. El agua ya es tiniebla,
segunda aproximación a la muerte de mi padreA mi hijo Pablo / (palabras para un poema) / ¿Qué resta ahora de ti, padre dulcísimo? / A veces pienso que la carne, que la llagada, / la decisiva carne de tus hijos, / cayéndose a pedazos en la carne sever
sobre el inviernoBajo mi torso sonreías, / bajo mi abrazo. / Bajo mis ascendentes escaleras, / bajo las nupcias que a tu lecho llevan. / No es sombra ya mi corazón hecho badajo / que golpea la campana de mi tórax. / Mis hueso
sombra¿Podremos dar acaso lo que somos? / ¿Jamás? La carne, la mano misma / con la que yo me doy, se vuelve / dulcemente acero, y al durazno / del día -que mastico, goloso- / lo carcome la sombra. Un rastro / de eg
un largo, lento aprendizajeMe dañará, lo sé ya desde ahora, / la nostalgia. Se ha cerrado / el ciclo de toda destrucción y el amor / y el amor se combaten. Nos hemos desgarrado / como quien tercamente, hora tras hora, / regresa al mi
viajes en aviónA Joaquín Hernández Armas / 6 / Qué alegría decidir qué beber, / cómo morir, por qué, y en dónde. / Quisiera morir, así, / bajo un gran árbol. / Desearía ser quemado; / que mis cenizas irritaran, / polvo, los ojo
voces¿Dónde, en verdad, nace el idioma? / ¿En la garganta o en la piel? / ¿En el hoyo más denso, más / amargo y profundo de la historia? / Lengua y palabra somos, pregunta / acaso, el grito ya voraz, hambriento,