País Poema - Autores

jaime garcía terrés

amor, el animoso hermano
Amor, el animoso hermano / menor de las virtudes, al nacer ha trocado / mi corazón en una madre; / que así pasa la noche calculando / los años de sus hijos, y pregu
arquitecturas íntimas
Hay poemas edificados / en una sola tarde / sin mayor problema / porque rotundos brotan a la luz vespertina / como microcosmos totales, / hechos / y derechos, / don ágil
balada
Esta manera de soñar que tengo. / tan a lo vivo, tan sin ley, / a mis labios imparte contradicciones y desvíos. / El grito se confunde con la más honda tristeza; /
cantar de valparaíso
¿Recuerdas que querías ser un poeta telúrico? / Con fervor aducías los admirables ritos del paisaje, / paladeabas / nombres de volcanes, ríos, bosques, llanuras, /
conjuro
De tu mirada llena las bienaventuranzas / aguardamos, rotundo sol de mayo: / Aquellos cuerpos en la calle / solos están. Huye la pena misma / de su lado. Catástrofe
el pórtico
Todos vamos al centro de la pira, / pero no con iguales andaduras: / unos van más aprisa porque saben / el atajo seguro y no lo dicen; / muchos describen círculos h
el retrato
Me hiere tu silencio / brevemente cubierto / de laureles. Todavía / te miro como a una sombra / que se divide, a veces, / en fragmentos milenarios: / aquí la nube, allá
esta desmemoria mía
Yo no tengo memoria para las cosas que pergeño. / Las olvido con una / torpe facilidad. Y se despeña / mi prosa por abismos fascinantes, / y los versos esfuman su t
éxodo
Calla, viento. Que no te escuche nadie. / Ni las humildes torres / apenas esbozadas, / ni las fieras murallas / de cálidos colores. / Calla tu fiel silencio generoso,
idilio
Adolezco de fútiles cariños / unos con otros ayuntados. / Bebo no sin ternura mi taza de café. Conservo / retratos azarosos y animales domésticos. / Me absorben los
jarcia
Acomodo mis penas como puedo, porque voy de prisa. / Las pongo en mis bolsillos o las escondo tontamente / debajo de la piel y adentro de los huesos; / algunas, u
la bahía de las ballenas
Aunque no las conozco / sino como rumores / engarzados en vértigos de espuma, / lo confieso, señores: / me acontece pensar en las ballenas / -azules, negras, blancas,
la fuente oscura
¡Qué gran curiosidad tengo de verte / sin ropajes ambiguos, oh mi sombra! / Imagino tu piel acribillada / por la nostalgia; de rubor hnhábil / erizadas las fugas de
letanías profanas
En oleaje caviloso digo / los nombres de la grey, los nombres pardos / y los candentes. Digo Santiago, Pedro, Juan; / el signo de la madre plácida / entre nublados
rincón del extranjero
Esconde la plegaria salvaje de tus ojos, / tentaciones en flor. Mas di, muchacha, / ¿dónde puedo morar en esta tierra? / De blandas latitudes vengo; mi país desco
toque del alba
Otro mundo. (No retazos armados, remendados / de lo mismo de siempre.) / Donde la vida con la vida comulgue; donde el vértigo / nazca de la salvaje plenitud; orbe
umbral del hijo
Viva sospecha de carne no mirada, / voz ya, promesa / de más cautelas y solicitudes, / palabra todavía, / que figura tinieblas aledañas. / Allí se mueve, sólido, / cuer
usted, invierno
Imitación de Charles d′Orleans / Usted, Invierno, poca cosa es: / un viejo gris, mal encarado. / ¡Cuánto mejor transita por el prado / la Primavera, / que vendr
versos a un poeta griego
Nota de 1971: La reciente desaparición de Giórgos Seféris ha vuelto / más expresivos estos versos, que le di a conocer hace un año, y a / los cuales me respondi