italo lópez vallecillos
ars vivendiI / Hay que destruirse. Incendiarse. Romper con los recuerdos. / Asaltar el crepúsculo. Robar la rosa extraña del jardín. / Vivir en la violencia y no en el gris. Convertir / el tiempo en pasión, hiedra s
cancioncillaQué clara paz interior / qué dulce y grata / la sombra del naranjo, / sus amarillos y sus pájaros, / todo tiene un aire provinciano. / Recuerdo la infancia, / el rezo, / el ángelus / de mi alma. Estoy así, tan ín
ciego afánI / Adiós digo al vecino, / al hermano, / al dios que me empuja, / al aire, a la tormenta. / Adiós a la muchacha que se quedó / perdida en mis poemas y nadie pudo / borrar, ni el tiempo, ni los viajes, / ni las l
corazón, te pareces a las grandes ciudadesCorazón, / te pareces a las grandes ciudades. / En ti viven hombres soberbios y terribles. / Sobre tus altas torres de silencio / dejan su protesta. / Nada les detiene. A veces huyen a sus habitaciones / y se
mientras me llevan esposadoI / Vino un hombre / y me llevó del brazo, / a la fuerza, / esposado. / Me enseñó una tarjeta, / un revólver / y su alma. / Me enseñó sus ojos / y me pidió disculpas. / Dijo que cumplía órdenes. / Me habló de su muje
puro asombroLas mariposas rondan el espejo. / Tiembla el corazón, tan solitario. / En el jardín cercano / el perfume rompe distraídamente sus veleros. / El aire tiene perfiles raros. La sombra es casi aroma. / Y en tod
tiempo de recorrer caminosI / Vamos, amor, a recorrer caminos, / el tiempo rompe afuera sus relojes. / Todo es propicio para iniciar el viaje. / Ven, no temas. / Tuyo es el día y mía es la noche. / Tenemos junto a nosotros a los hijos
y voy y vengo inciertoMe pregunto si nada ha cambiado, / si no hubo antes pájaros, / estrellas, / vientos y lluvias, nieves que fueran / blanco preludio de la infancia. / Me pregunto si las estaciones y los hombres / han sido siem