hernando domínguez camargo
a la muerte de adonisEn desmayada beldad / De una rosa, sol de flores, / Con crepúsculos de sangre / Se trasmonta oriente joven. / Cortóla un dentoso arado / Que, a no ser de ayal torpe, / Por la púrpura que viste, / Le juzgara mar
a un salto por donde se despeña el arroyo de chilloCorre arrogante un arroyo / por entre peñas y riscos, / que, enjaezado de perlas, / es un potro cristalino. / Es el pelo de su cuerpo / de aljófar, tan claro y limpio, / que por cogerle los pelos, / le almohaza