País Poema - Autores

hérib campos cervera

así
Dejo aquí, en tus umbrales, / mi corazón inaugurado; mi voz incompatible; / mi máscara y mi grito y mi desvelo; / todos los carozos desnudos, roídos de intemperie
balada para los árboles ausentes
Por el camino de plata / – confudido entre penumbras – / vinieron ocho asesinos / con hachas recién fundidas. / Sobre el filo sin herrumbres / pasa el viento de la no
elegiré una piedra…
Elegiré una Piedra. / Y un árbol. / Y una Nube. / Y gritaré tu nombre / hasta que el aire ciego que te lleva / me escuche. / (En voz baja). / Golpearé la pequeña ventana
en memoria de los hijos de la selva…
I / En memoria de los Hijos de la selva / que agonizan y mueren en silencio en / el vasto imperio del Quebracho. / Este es Benigno Rojas: hijo y nieto de hacheros / y
envío
Hermano: / te buscaré detrás de las esquinas. / Y no estarás. / Te buscaré en la nube de los pájaros. / Y no estarás. / Te buscaré en la mano de un mendigo. / Y no esta
es como yo: lo siento con mi angustia y mi sangre…
Es como yo: lo siento con mi angustia y mi sangre. / Hermoso de tristeza, va al encuentro del mar, / para que el Sol y el Viento le oreen la agonía. / Paz en la f
hombre frente al mar
Es como yo: lo siento con mi angustia y mi sangre, / Hermoso de tristeza, va al encuentro del mar, / para que el Sol y el Viento le oreen de agonía. / Paz en la f
hombre secreto
Hay un grito de muros hostiles y sin término; / hay un lamento ciego de músicas perdidas; / hay un cansado abismo de ventanas abiertas / hacia un cielo de pájaros
palabras para nombrar a los míos
Federico: / te he visto, aquí, sentado, sobre una piedra negra, / frente al mar que amansaba su furor en la playa, / mientras el sol pulía tu perfil de gitano / sob
pequeña letanía en voz baja
Elegiré una Piedra. / Y un Arbol. / Y una Nube. / Y gritaré tu nombre / hasta que el aire ciego que te lleva / me escuche. / (En voz baja.) / Golpearé la pequena ventana
poemas no incluidos en ceniza redimida
Desde Espartaco hasta hoy, / nuestros héroes se llamaron: / Stenka Razin, caudillo campesino, vengador de su clase; / comuneros de París, innumerables y anónimos,
regresarán un día
I / Por / los caídos por la libertad de mi / pueblo y para los que viven para / servirla, esta constancia. / ¿Veis esos marineros aún vestidos de pólvora; / y esos duro
simple ruego por el ausente esperado
Yo te esperé: / eras como un hermano cuya mano se busca, / para oprimir los labios calientes de una herida. / Y faltaste, hermano: te quedaste sin voz / cuando todo
testimonio
I / No sé: yo no podría nombrarlos de otro modo / que enterrando en las venas sedientas de la pólvora / sus simples iniciales de símbolos caídos. / Este que está a
tu nombre sobre el muro
I / ¿Cómo hacer para verte / acostado en la tierra, desde hoy y para siempre? / ¿Desde qué primavera de flores infinitas / nos estarás mirando con tus ojos de luz / y
un puñado de tierra
I / Un puñado de tierra / de tu profunda latitud; / de tu nivel de soledad perenne; / de tu frente de greda / cargada de sollozos germinales. / Un puñado de tierra, / con
y he estado nueve noches bajo el abierto cielo…
Y he estado nueve noches bajo el abierto cielo, / arañando la tierra, para calmar la sangre, / y adelgazando el grito de mi voz encerrada; / mientras el viento am