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Libros de gutierre de cetina

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gutierre de cetina

a una dama que le pidió alguna cosa suya…
No es sabrosa la música ni es buena, / aunque se cante bien, señora mía, / si de la letra el punto se desvía, / antes causa disgusto, enfado y pena. / Mas si a lo que se canta, acaso suena / la música confo
a una dama que lloraba a un su servidor muerto
De Menalca, pastor, la ninfa Flora / lloraba el duro caso extraño y fuerte, / y del hermoso rostro, ¡ay, dura suerte! / las rosas escurece y descolora. / Ya se hace llorar, ya vuelve y llora / y en gruesas
al conde de feria
Mientra el franco furor fiero se muestra / en uno con el bárbaro tremiendo, / mientra el consorcio protestante, horrendo, / turbar piensa la fe y la patria nuestra, / Marte os arma, Señor, la mano diestra
al monte donde fue cartago
Excelso monte do el romano estrago / eterna mostrará vuestra memoria; / soberbios edificios do la gloria / aún resplandece de la gran Cartago; / desierta playa, que apacible lago / lleno fuiste de triunfos
al príncipe de ascoli
Pastor, ¿cuál ocasión, cuál cosa extraña, / qué infortunio cruel, cuál fiero hado, / te trujo a apacentar nuevo ganado / tan lejos de tu bien, a esta montaña? / La nueva novedad de tal hazaña / me ha tenido
amor m'impenna l'ale, e tanto in alto
Amor mueve mis alas, y tan alto / las lleva el amoroso pensamiento, / que de hora en hora así subiendo siento / quedar mi padescer más corto y falto. / Temo tal vez mientra mi vuelo exalto, / mas llega lueg
ay, sabrosa ilusión
¡Ay, sabrosa ilusión, sueño süave!, / ¿quién te ha enviado a mí? ¿Cómo veniste? / ¿Por dónde entraste el alma o qué le diste / a mi secreto por guardar la llave? / ¿Quién pudo a mi dolor fiero, tan g
como garza real, alta en el cielo
Como garza real, alta en el cielo, / entre halcones puesta y rodeada, / que siendo de los unos remontada, / de los otros seguirse deja el vuelo, / viendo su muerte acá bajo en el suelo / por oculta virtud m
cubrir los bellos ojos
Cubrir los bellos ojos / con la mano que ya me tiene muerto, / cautela fué por cierto, / que así doblar pensastes mis enojos. / Pero de tal cautela / harto mayor ha sido el bien que el daño; / que el respland
dichoso desear, dichosa pena
¡Dichoso desear, dichosa pena, / dichosa fe, dichoso pensamiento, / dichosa tal pasión y tal tormento, / dichosa sujeción de tal cadena; / dichosa fantasía, en gloria llena, / dichoso aquel que siente lo qu
entre armas, guerra, fuego, ira y furores
Entre armas, guerra, fuego, ira y furores, / que al soberbio francés tienen opreso, / cuando el aire es más turbio y más espeso, / allí me aprieta el fiero ardor de amores. / Miro el cielo, los árboles, l
esta guirnalda de silvestres flores
Esta guirnalda de silvestres flores, / de simple mano rústica compuesta / en los bosques de Arcadia, aquí fue puesta / en honra del cantar de los pastores, / a los cuales, si Amor en sus amores / quiera jam
horas alegres que pasáis volando
Horas alegres que pasáis volando / porque a vueltas del bien mayor mal sienta; / sabrosa noche que en tan dulce afrenta / el triste despedir me vas mostrando; / importuno reloj, que apresurando / tu curso,
madrigal
Ojos claros, serenos, / Si de un dulce mirar sois alabados, / ¿Por qué, si me miráis, miráis airados? / Si cuando más piadosos, / Más bellos parecéis a aquel que os mira, / No me miréis con ira, / Porque no p
ojos claros, serenos
Ojos claros, serenos, / si de un dulce mirar sois alabados, / ¿por qué, si me miráis, miráis airados? / Si cuanto más piadosos, / más bellos parecéis a aquel que os mira, / no me miréis con ira, / porque no p
pincel divino, venturosa mano
Pincel divino, venturosa mano, / perfecta habilidad única y rara; / concepto altivo do la envidia avara / si te piensa enmendar, presume en vano. / Delicado matiz que el ser humano / nos muestra cual el cie
ponzoña que se bebe por los ojos
Ponzoña que se bebe por los ojos, / dura prisión, sabrosa al pensamiento, / lazo de oro crüel, dulce tormento, / confusión de locuras y de antojos; / bellas flores mezcladas con abrojos, / manjar que a
qué aprovecha, señor, andar buscando
¿Qué aprovecha, señor, andar buscando / hora el puerco montés cerdoso y fiero?, / ¿qué aprovecha seguir ciervo ligero / ni con hierba crüel andar tirando?; / ¿qué aprovecha, señor, ir remontando / la g
soneto
Para ver si sus ojos eran cuales / la fama entre pastores extendía, / en una fuente los miraba un día / Dórida, y dice así, viéndolos tales: / «Ojos, cuya beldad entre mortales / hace inmortal la hermosura
soneto ii
Vos sois todo mi bien, vois lo habéis sido; / si he dicho alguna vez, señora mía, / que habéis sido mi mal, no lo entendía: / hablaba con pasión o sin sentido. / Yo soy todo mi mal, yo lo he querido; / de m
soneto iii
Entre armas, guerra, fuego, ira y furores / que al soberbio francés tienen opreso, / cuando el aire es más turbio y más espeso, / allí me aprieta el fiero ardor de amores. / Miro al cielo, los árboles, la
vete, falsa visión, no me atormentes
Vete, falsa visión, no me atormentes, / déjame estar, que no quiero creerte; / mi ventura consiste en que no acierte, / tú quieres que lo sepa yo y las gentes. / Vete, temor villano, y no me cuentes / cosa
yo diría de vos tan altamente
Yo diría de vos tan altamente / que el mundo viese en vos lo que yo veo, / si tal fuese el decir cual el deseo. / Mas si fuera del más hermoso cielo, / acá en la mortal gente, / entre las bellas y preciadas
¡ay, qué contraste fiero…
¡Ay, qué contraste fiero, / señora, hay entre el alma y los sentidos, / por decir que os doláis de los gemidos! / Ninguno dellos osa: / cada cual se acobarda y se le excusa / al alma deseosa, / que de su turb
¿en cuál región, en cuál parte del suelo?
¿En cuál región, en cuál parte del suelo, / en cuál bosque, en cuál monte, en cuál poblado, / en cuál lugar remoto y apartado, / puede ya mi dolor hallar consuelo? / Cuanto se puede ver debajo el cielo, / t