País Poema - Autores

giovanni quessep

alguien se salva por escuchar al ruiseñor
Digamos que una tarde / el ruiseñor cantó / sobre esta piedra / porque al tocarla / el tiempo no nos hiere / no todo es tuyo olvido / algo nos queda / Entre las ruinas pi
amara yo el olvido
Felicidad en ruinas / Lo que han visto mis ojos / Volver al tiempo amado / Ya fugitiva música del polvo / (Nada tendrá el amor / Si en jardines o nieve / La Quimera le
canción del que parte
Por la virtud del alba / quieres cambiar tu vida, / y aferrado a la jarcia / partes sin rumbo conocido. / Todo es propicio, los acantilados / y el arrecife duermen en
canción y elegía
Abandonas la música del bosque / Oh cuerpo amado si olvidé tu nombre / ¿Qué tiempo de castillo entre las ruinas / La clausurada torre? / Desde mi canto para qué ley
cántico de dos rosas
No digas nada, escucha a las estrellas. / Tal vez te digan algo / de la rosa que hay en tu jardín / y la rosa del tiempo, / -la que está viva o muerta- / en la arena
canto del extranjero
Penumbra de castillo por el sueño / Torre de Claudia aléjame la ausencia / Penumbra del amor en sombra de agua / Blancura lenta / Dime el secreto de tu voz oculta / L
cercanía de la muerte
El hombre solo habita / Una orilla lejana / Mira la tarde gris cayendo / Mira las hojas blancas / Rostro perdido del amor / Apenas canta y mueve / La rueda del azar / Que
diamante
Si pudiera yo darte / La luz que no se ve / En un azul profundo / De peces. Si pudiera / Darte una manzana / Sin el edén perdido, / Un girasol sin pétalos / Ni brújula de
duendes
La biblioteca a solas. Luna, duendes / en el umbral, y un canto que se anuncia / posible en el dorado de las hojas. / Toma el asombro de morir y el cielo / por la m
entre árboles
Si eres tú la que busco / ven en la noche de perdidos reflejos, / si eres el cuerpo amado / ven entre árboles, entre canciones. / Aquí te espera un tiempo / desposeíd
esfinge
Feliz tú que no miras / los ojos de la Esfinge, / y no ves que es azul el laberinto / de su arena; terrible / conocimiento de una vida amarga / el que nos dan los últ
insomnio
Canto de un grillo en el jardín / trae consigo la rama del insomnio, / como un pito de vidrio / que convoca las alas del invierno. / Nunca estuve tan cerca de la mu
joya abolida para el alma
No todo está perdido, piensas, / aguijoneado por el impulso de una redención, / aún es tiempo de que renazca / el árbol sacrificado por el verano. / Así pasas la vi
madrigal de la muerte
Muy cerca está tu corazón / De encontrar las hojas de otoño / Quizá un tiempo dorado reine / Por los abismos / Tal vez el olvido mortal / Sea el más puro encantamient
medianoche
Medianoche, no encuentro / los caminos que dan al patio, / ni al pozo de agua viva / donde bajan las nubes y el pasado. / Digo canciones a una sombra / para volver si
mediodía
Pájaros. Araucarias. No hay esencia / sin claridad en este mediodía. / Toma la fantasía / que me da la divina indiferencia. / Profundo en la memoria / va el girasol q
mientras cae el otoño
Nosotros esperamos / envueltos por las hojas doradas. / El mundo no acaba en el atardecer, / y solamente los sueños / tienen su límite en las cosas. / El tiempo nos c
no tenemos conjuros
Lo canta el adivino / Porque ha visto en los sueños / Naves purpúreas / O un jardín remoto / Todo habrá de llegarnos la celeste / Penumbra de un castillo el otro rein
nocturno
Enséñame quien eres tú / En las noches de amargo sueño / Si de aquél olvido cantable / Luna mortal o bella historia / Nada sabe mi corazón / De celestes apariciones / S
pájaro
En el aire / hay un pájaro / muerto; / quién sabe / adónde iba / ni de dónde ha venido. / ¿Qué bosques traía, / qué músicas deja, / qué dolores / envuelven / su cuerpo? / ¿En cuá
poema para recordar a alicia en el espejo
Aquí lo legendario y lo real / Nuestra historia resulta semejante / A la de esa muchacha maravillosa que penetró en el espejo / Estuvo siempre a punto de desapare
vigilia
Pasos en el jardín. El vigilante / golpea la corteza del manzano / y hay pájaros que huyen, quedan otros / enjaulados en tiempo y luz de plata. / Fábulas no me enca