PAIS POEMA

Libros de giacomo leopardi

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giacomo leopardi

a italia canto i
¡Italia mía! Miro muros, arcos, / columnas, simulacros, las caídas / torres de nuestros padres; / mas no encuentro la gloria, / ni el hierro y los laureles que abrumaban / a nuestros ascendientes. Hoy, iner
a la luna canto xiv
Oh tú, graciosa luna, bien recuerdo / que sobre esta colina, ahora hace un año, / angustiado venía a contemplarte: / y tú te alzabas sobre aquel boscaje / como ahora, que todo lo iluminas. / Mas trémulo y n
a sí mismo canto xxviii
Reposarás por siempre, / cansado corazón! Murió el engaño / que eterno imaginé. Murió. Y advierto / que en mí, de lisonjeras ilusiones / con la esperanza, aun el anhelo ha muerto. / Para siempre reposa; / bas
a silvia canto xxi
¿Todavía recuerdas / de tu vida mortal, Silvia, aquel tiempo, / en el que la beldad resplandecía / en tus ojos huidizos y rientes, / y alegre y pensativa, los umbrales / juveniles cruzabas? / Resonaban las ca
a su dama canto xviii
Cara beldad que, ausente, / amor me inspiras, o escondiendo el rostro / salvo que el alma ardiente / en el sueño tu sombra no sorprenda, / o en el campo en que esplenda / mas claro el día y la creación más
amor y muerte canto xxvii
Hermanos a la vez creó la suerte / al amor y a la muerte. / Otras cosas tan bellas / en el mundo no habrá ni en las estrellas. / Nacen de aquél los bienes, / los placeres mayores / que en el mar de la vida el
canto xli del griego de simonede
Que humana cosa dura poco tiempo / es máxima muy cierta, / dice el viejo de Quíos, / que la misma natura / tiene el hombre y las hojas. / Mas esta voz muy pocos / oyen. A la esperanza inquieta, hija / de juveni
canto xli: del griego de simonedes
Que humana cosa dura poco tiempo / es máxima muy cierta, / dice el viejo de Quíos, / que la misma natura / tienen el hombre y las hojas. / Mas esta voz muy pocos / oyen. A la esperanza inquieta, hija / de juven
canto xviii: a su dama
Cara beldad que, ausente, / amor me inspiras, o escondiendo el rostro / salvo que el alma ardiente / en el sueño tu sombra no sorprenda, / o en el campo en que esplenda / mas claro el día y la creación más
canto xx la resurrección
Yo imaginé que, íntegro, / en mis años floridos / el dulce afán faltaba / de la primera edad ; / el afán, el ternísimo / latir del hondo pecho, / todo lo que en el mundo / hace grato el vivir. / ¡Cuántas quejas y
canto xxii: los recuerdos
No pensé, bellas luces de la Osa, / aún volver, cual solía, a contemplaros / sobre el jardín paterno titilantes, / y a hablaros acodado en la ventana / de esta morada en que habité de niño, / y donde vi el
canto xxiv la calma después de la tormenta
Pasó ya la tormenta; / los pájaros gorjean; la gallina / ha tornado al camino / y vuelve a cacarear. Sereno el cielo / surge a Poniente, sobre la montaña; / despéjanse los campos / y aparece en el valle el cl
canto xxvi el pensamiento dominante
Poderoso, dulcísimo / dominador de mi profunda mente; / terrible, mas querido / don del cielo; consorte / de mis lúgubres días, / pensamiento que siempre ante mí tornas. / De tu natura arcana, / ¿quién no habla
canto xxx sobre un antiguo bajorrelieve sepulcral
Dónde vas? ¿Quién te llama / lejos de los que quieres, / bellísima doncella? / ¿Sola, peregrinando, el patrio techo / abandonas tan pronto? ¿A estos umbrales / regresarás? ¿Alegrarás un día / a estos que hoy
canto xxxi el retrato de una bella mujer esculpido en el monumento sepulcral de la misma
Tal fuiste: hoy bajo tierra / polvo, esqueleto eres. Sobre el fango, / inmóvilmente colocado en vano, / mudo, mirando de la edad el vuelo, / está, de la memoria / y del dolor custodio, el simulacro / de la mu
canto xxxiii el ocaso de la luna
Como en noche callada, / sobre el campo argentado y la laguna, / donde aletea el céfiro / y mil aspectos vagos / y objetos engañosos / fingen lejanas sombras / en las ondas tranquilas, / en setos, lomas, villas
canto xxxv imitación
Lejos del propio ramo, / pobre boja delicada, / ¿adónde vas? Del haya / allá donde nací, me arrancó el viento. / Él, retornando, al vuelo / del bosque a la campiña, / del valle a la montaña me conduce. / Con él
canto xxxvi pasatiempo
Cuando muchacho vine / a entrar en disciplina con las Musas. / Una de ellas cogióme de la mano / y durante aquel día / en torno me condujo / para ver su oficina. / Me mostró uno por uno / los útiles del arte, / y
canto xxxvii fragmento
ALCETA / Oye, Meliso: he de contarte un sueño / de esta noche, que vuelve a mi memoria / al contemplar la luna. Yo me hallaba / en la ventana que da al prado, a lo alto / mirando, y he aquí que de improviso
canto xxxviii fragmento
Aquí, vagando del umbral en torno, / la lluvia y la tormenta invoco en vano, / para que la retenga en mi morada. / Bramaba el huracán en la floresta / y el trueno retumbaba entre las nubes, / antes que el a
cuando muchacho vine…
Cuando muchacho vine / a entrar en disciplina con las Musas. / Una de ellas cogiome de la mano / y durante aquel día / en torno me condujo / para ver su oficina. / Me mostró uno por uno / los útiles del arte, / y
el infinito canto xii
Amé siempre esta colina, / y el cerco que me impide ver / más allá del horizonte. / Mirando a lo lejos los espacios ilimitados, / los sobrehumanos silencios y su profunda quietud, / me encuentro con mis pen
el infinito canto xii (otra versión)
Siempre querido me fue este yermo cerro / y este cerco que tanta parte / a la mirada excluye del último horizonte. / Mas, sentado y mirando interminables / espacios de allá lejos, sobrehumanos / silencios y
el primer amor canto x
Vuelve a mi mente el día en que el combate / sentí de amor por vez primera, y dije: . / «¡Ay de mí, si es amor, cómo acongoja! » / Con los ojos clavados en la tierra, / yo contemplaba a aquella que, inoce
el sábado en la aldea canto xxv
A la puesta del sol, la alegre niña / torna de la campiña / con su haz de yerba y el florido ramo / en que lucen al par violeta y rosa, / y que, inocente, apresta / para adornar gozosa / pecho y cabellos al l
el sueño canto xv
Era el alba, y detrás de los postigos / por el balcón el sol insinuaba / la luz primera en mi cerrada alcoba; / cuando en el tiempo que es más leve el sueño / y más suave cubre las pupilas, / junto a mí vin
era el alba, y detrás de los postigos…
Era el alba, y detrás de los postigos / por el balcón el sol insinuaba / la luz primera en mi cerrada alcoba; / cuando en el tiempo que es más leve el sueño / y más suave cubre las pupilas, / junto a mí vin
la vida solitaria canto xvi
La lluvia matinal, cuando las alas / batiendo, salta alegre la gallina / en la cerrada estancia, y el labriego / sale al balcón, y la naciente aurora / vibra su rayo trémulo, esmaltando / las transparentes
los recuerdos canto xxii
No pensé, bellas luces de la Osa, / aún volver, cual solía, a contemplaros / sobre el jardín paterno titilantes, / y a hablaros acodado en la ventana / de esta morada en que habité de niño, / y donde vi el
oye, meliso: he de contarte un sueño…
ALCETA / Oye, Meliso: he de contarte un sueño / de esta noche, que vuelve a mi memoria / al contemplar la luna. Yo me hallaba / en la ventana que da al prado, a lo alto / mirando, y he aquí que de improviso
siempre caro me fue este yermo monte…
Siempre caro me fue este yermo monte / Y ese obstáculo, que de esta parte / Del último horizonte la vista excluye. / Mas sentado y mirando interminables / Espacios tras él, y sobrehumanos / Silencios, y pro
último canto de safo canto ix
Plácida noche y pudoroso rayo / de la luna que muere; y tú que naces / sobre la roca, entre la muda selva, / nuncio del día; ¡oh caras, deleitosas / apariencias, mientras desconocía / el hado y la pasión! ;
vuelve a mi mente el día en que el combate…
Vuelve a mi mente el día en que el combate / sentí de amor por vez primera, y dije: . / «¡Ay de mí, si es amor, cómo acongoja!» / Con los ojos clavados en la tierra, / yo contemplaba a aquella que, inocen
yo imaginé que, íntegro…
Yo imaginé que, íntegro, / en mis años floridos / el dulce afán faltaba / de la primera edad; / el afán, el ternísimo / latir del hondo pecho, / todo lo que en el mundo / hace grato el vivir. / ¡Cuántas quejas y
¿dónde vas? ¿quién te llama…
¿Dónde vas? ¿Quién te llama / lejos de los que quieres, / bellísima doncella? / ¿Sola, peregrinando, el patrio techo / abandonas tan pronto? ¿A estos umbrales / regresarás? ¿Alegrarás un día / a estos que hoy