georg heym
ah, tus largas pestañasAh, tus largas pestañas, / el agua oscura de tus ojos. / Déjame hundirme en ellos, / descender hasta el fondo. / Como baja el minero a la profundidad / y oscila una lámpara muy tenue / sobre la puerta de la m
después de la batallaEn los sembrados yacen apretados cadáveres, / en el verde lindero, sobre flores, sus lechos. / Armas perdidas, ruedas sin varillas / y armazones de acero vueltos del revés. / Muchos charcos humean con vap
duermevelaLa tiniebla cruje como un vestido, / los árboles vacilan en el horizonte. / Refúgiate en el corazón de la noche, / excava dentro de la oscuridad un escondrijo / como la abeja en el panal. Hazte pequeño, / b
ofeliaI / Ratas de agua anidan en su pelo, / y anillos en sus manos, que como aletas son / sobre las olas; nada en la sombría / selva grande que en el agua reposa. / El sol postrero que va errante y a oscuras / se
última vigiliaQué oscuras son tus sienes, / tus manos, qué pesadas. / ¿Tan lejos ya de mí / que no me escuchas? / Bajo las llamaradas de la luz / estás tan triste y tan envejecida. / Tus labios cruelmente / crispados en eter
umbra vitaeAdelante se inclinan los hombres por las calles, / contemplando los signos de los cielos, / en donde los cometas, con narices de fuego, / amenazantes se deslizan en torno de las torres. / Los astrólogos l