gaspar núñez de arce
a darwinI / ¡Gloria al genio inmortal! Gloria / al profundo / Darwin, que de este mundo / penetra el hondo y pavoroso arcano! / ¡Que, removiendo lo pasado incierto, / sagaz ha
a emilio castelar¡Ya triunfó la república! Has vencido. / Tras prolongada y mísera agonía / lanzó a tus plantas el postrer gemido / nuestra sacra y gloriosa monarquía. / No vino a t
a españaRoto el respeto, la obediencia rota, / de Dios y de la ley perdido el freno, / vas marchando entre lágrimas y cieno, / y aire de tempestad tu rostro azota. / Ni cau
a quintanaEn celebridad de su coronación / Allá en la edad florida / de mi niñez serena, / cuando las leves horas de mi vida / resbalaban en calma, / y no ahuyentaba la ambició
a un traidor afortunado / ¡Goza, goza en tu infamia! La serena / y osada faz levanta satisfecho: / insulta la virtud, huella el derecho, / y arrostra la opinión que te
a voltaireEres ariete formidable: nada / Resiste a tu satánica ironía. / Al través del sepulcro todavía / Resuena tu estridente carcajada. / Cayó bajo tu sátira acerada / Cuant
amor! (¡amor!)Oh, eterno amor, que en tu inmortal carrera / das a los seres vida y movimiento, / con qué entusiasta admiración te siento, / aunque invisible, palpitar doquiera!
crepúsculoEl Sol tocaba en su ocaso, / y la luz tibia y dudosa / del crepúsculo envolvía / la naturaleza toda. / Los dos estábamos solos, / mudos de amor y zozobra, / con las man
cuando el ánimo ciegoCuando el ánimo ciego y decaído / la luz persigue y la esperanza en vano; / cuando abate su vuelo soberano / como el cóndor en el espacio herido; / cuando busca ref
cuando el ánimo ciego y decaído…Cuando el ánimo ciego y decaído / la luz persigue y la esperanza en vano; / cuando abate su vuelo soberano / como el cóndor en el espacio herido; / cuando busca ref
dorando la alta cumbre…Dorando la alta cumbre / la ansiada aurora llega, / y ante la viva lumbre / que el ancho espacio anega, / cobarde se repliega / la densa obscuridad. / Ya baña el horizo
el reo de muerte¡Oh, vedle; vedle! ¡Turbia y ardiente la mirada, / en brazos de su culpa que le acrimina austera, / tan lejos y tan cerca de la insondable nada, / del mundo que l
el sol tocaba en su ocaso…El Sol tocaba en su ocaso, / y la luz tibia y dudosa / del crepúsculo envolvía / la naturaleza toda. / Los dos estábamos solos, / mudos de amor y zozobra, / con las man
el vértigoGuarneciendo de una ría / la entrada incierta y angosta, / sobre un peñón de la costa / que bate el mar noche y día, / se alza gigante y sombría / ancha torre secular
en el monasterio de piedra (aragón)Venga el ateo y fije sus miradas / En las raudas cascadas / Que caen con el estrépito del trueno / En ese bosque que oscurece el día, / De rústica armonía / Y de perf
estrofasI / La generosa musa de Quevedo / desbordose una vez como un torrente / y exclamó llena de viril denuedo: / «No he de callar, por más que con el dedo, / ya tocando lo
fotografías¡Pantoja, ten valor! Rompe la valla: / luce, luce en tarjeta y en membrete / y cabe el toro que enganchó a Pepete / date a luz en las tiendas de quincalla. / Eres u
introducción¡Los tiempos son de lucha! ¿Quién concibe / el ocio muelle en nuestra edad inquieta? / En medio de la lid canta el poeta, / el tribuno perora, el sabio escribe. / N
la dudaDesde esta soledad en donde vivo, / y en la cual de los hombres olvidado / ni cartas ni periódicos recibo; / donde reposo en apacible calma, / lejos, lejos del mund
la guerraPor razones que se calla / la historia prudentemente, / dos monarcas de Occidente / riñeron fiera batalla. / La causa del rompimiento / no está, en verdad, a mi alcan
la pesca– I – / ¡Cuántas veces sentado en tu ribera, / ¡oh mar! como si oyera / la abrumadora voz de lo infinito, / ha despertado en la conciencia mía / honda melancolía, / tu
la sombraDulces y amorosos sueños / de la virgen candorosa, / que tomáis en el espacio / blanca y delicada forma; / melancólicos suspiros / de la flor que se deshoja, / que os c
miserereEs de noche: el monasterio / que alzó Felipe Segundo / para admiración del mundo / y ostentación de su imperio, / yace envuelto en el misterio / y en las tinieblas su
nació una florNació una flor al pie de unas / ruinas donde no la vio nadie: / el sol no más, desde su eterna altura, / supo que aquella flor vivió una tarde. / Así fue mi destino
recuerdosI / Tantas esperanzas muertas / y tantos recuerdos vivos!… / en el corazón humano / jamás se forma el vacío. / Nace una ilusión y muere; / pero su cadáver mismo / queda i
tristezasCuando recuerdo la piedad sincera / con que en mi edad primera / entraba en nuestras viejas catedrales, / donde postrado ante la cruz de hinojos / alzaba a Dios mi
¡cayó como la piedra en la laguna!…¡Cayó como la piedra en la laguna / con recio golpe en la insondable fosa! / Ya no levantará tormenta alguna / su elocuencia, vibrando en la tribuna, / como el rayo
¡excélsior!Por qué los corazones miserables, / por qué las almas viles, / en los fieros combates de la vida / ni luchan ni resisten? / El espíritu humano es más constante / cuan
¡oh musa, que en el combate!… / ¡Oh Musa, que en el combate / de la vida, no has tenido, / a tu honor rindiendo culto, / lisonjas para el magnate / injurias para el vencido, / ni
¡treinta años!¡Treinta años! ¿Quién me diría / que tuviese al cabo de ellos, / si no blancos mis cabellos / el alma apagada y fría? / Un día tras otro día / mi existencia han consu