gabriela mistral
adiósEn costa lejana / y en mar de Pasión, / dijimos adioses / sin decir adiós. / Y no fue verdad / la alucinación. / Ni tú la creíste / ni la creo yo, / «y es cierto y no es ci
aguaHay países que yo recuerdo / como recuerdo mis infancias. / Son países de mar o río, / de pastales, de vegas y aguas. / Aldea mía sobre el Ródano, / rendida en río y
amo amorAnda libre en el surco, bate el ala en el viento, / late vivo en el sol y se prende al pinar. / No te vale olvidarlo como al mal pensamiento: / ¡le tendrás que es
amo las cosas que nunca tuve…1 / Amo las cosas que nunca tuve / con las otras que ya no tengo. / Yo toco un agua silenciosa, / parada en pastos friolentos, / que sin un viento tiritaba / en el huer
apegado a míVelloncito de mi carne, / que en mis entrañas tejí, / velloncito friolento, / ¡duérmete apegado a mí! / La perdiz duerme en el trébol / escuchándole latir: / no te turb
atardecerSiento mi corazón en la dulzura / fundirse como ceras: / son un óleo tardo / y no un vino mis venas, / y siento que mi vida se va huyendo / callada y dulce como la ga
ausenciaSe va de ti mi cuerpo gota a gota. / Se va mi cara en un óleo sordo; / se van mis manos en azogue suelto; / se van mis pies en dos tiempos de polvo. / ¡Se te va tod
baladaÉl pasó con otra; / yo le vi pasar. / Siempre dulce el viento / y el camino en paz. / ¡Y estos ojos míseros / le vieron pasar! / Él va amando a otra / por la tierra en fl
balada de mi nombreEl nombre mío que he perdido, / ¿dónde vive, dónde prospera? / Nombre de infancia, gota de leche, / rama de mirto tan ligera. / De no llevarme iba dichoso / o de llev
besosHay besos que pronuncian por sí solos / la sentencia de amor condenatoria, / hay besos que se dan con la mirada / hay besos que se dan con la memoria. / Hay besos s
canción de las muchachas muertas¿Y las pobres muchachas muertas, / escamoteadas en abril, / las que asomáronse y hundiéronse / como en las olas el delfín? / ¿A dónde fueron y se hallan, / encuclilla
canción de pescadorasNiñita de pescadores / que con viento y olas puedes, / duerme pintada de conchas, / garabateada de redes. / Duerme encima de la duna / que te alza y que te crece, / oye
caperucita rojaCaperucita Roja visitará a la abuela / que en el poblado próximo sufre de extraño mal. / Caperucita Roja, la de los rizos rubios, / tiene el corazoncito tierno co
cariciaMadre, madre, tú me besas, / pero yo te beso más, / y el enjambre de mis besos / no te deja ni mirar… / Si la abeja se entra al lirio, / no se siente su aletear. / Cuan
como soy reina y fui mendiga, ahora…Como soy reina y fui mendiga, ahora / vivo en puro temblor de que me dejes, / y te pregunto, pálida, a cada hora: / «¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes!» / Quisi
con tal que te duermasLa rosa colorada / cogida ayer; / el fuego y la canela / que llaman clavel; / el pan horneado / de anís con miel, / y el pez de la redoma / que la hace arder: / todito tuyo
coplasTodo adquiere en mi boca / un sabor persistente de lágrimas; / el manjar cotidiano, la trova / y hasta la plegaria. / Yo no tengo otro oficio / después del callado de
corderitoCorderito mío, / suavidad callada: / mi pecho es tu gruta / de musgo afelpada. / Carnecita blanca, / tajada de luna: / lo he olvidado todo / por hacerme cuna. / Me olvidé d
cosasAmo las cosas que nunca tuve / con las otras que ya no tengo: / Yo toco un agua silenciosa, / parada en pastos friolentos, / que sin un viento tiritaba / en el huerto
creo en mi corazón, ramo de aromasCreo en mi corazón, ramo de aromas / que mi Señor como una fronda agita, / perfumando de amor toda la vida / y haciéndola bendita. / Creo en mi corazón, el que no p
dame la manoDame la mano y danzaremos; / dame la mano y me amarás. / Como una sola flor seremos, / como una flor, y nada más… / El mismo verso cantaremos, / al mismo paso bailará
decálogo del artistaI. Amarás la belleza, que es la sombra de Dios sobre el Universo. / II. No hay arte ateo. Aunque no ames al Creador, lo afirmarás creando a su semejanza. / III.
desolaciónLa bruma espesa, eterna, para que olvide dónde / me ha arrojado la mar en su ola de salmuera. / La tierra a la que vine no tiene primavera: / tiene su noche larga
despertarDormimos, soñé la Tierra / del Sur, soñé el Valle entero, / el pastal, la viña crespa, / y la gloria de los huertos. / ¿Qué soñaste tú mi Niño / con cara tan placente
desveladaComo soy reina y fui mendiga, ahora / vivo en puro temblor de que me dejes, / y te pregunto, pálida, a cada hora: / «¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes!» / Quisi
devueltoA la cara de mi hijo / que duerme, bajan / arenas de las dunas, / flor de la caña / y la espuma que vuela / de la cascada… / Y es sueño nada más / cuanto le baja; / sueño c
díaDía, día del encontrarnos, / tiempo llamado Epifanía. / Día tan fuerte que llegó / color tuétano y ardentía / sin frenesí sobre los pulsos / que eran tumulto y agonía
dios lo quiereI / La tierra se hace madrastra / si tu alma vende a mi alma. / Llevan un escalofrío / de tribulación las aguas. / El mundo fue más hermoso / desde que me hiciste aliad
doña primaveraDoña Primavera / viste que es primor, / viste en limonero / y en naranjo en flor. / Lleva por sandalias / unas anchas hojas, / y por caravanas / unas fucsias rojas. / Salid
dos ángelesNo tengo sólo un Ángel / con ala estremecida: / me mecen como al mar / mecen las dos orillas / el Ángel que da el gozo / y el que da la agonía, / el de alas tremolantes
dulzuraMadrecita mía, / madrecita tierna, / déjame decirte / dulzuras extremas. / Es tuyo mi cuerpo / que juntaste en ramo; / deja revolverlo / sobre tu regazo. / Juega tú a ser h
el amor que callaSi yo te odiara, mi odio te daría / en las palabras, rotundo y seguro; / pero te amo y mi amor no se confía / a este hablar de los hombres, tan oscuro. / Tú lo quis
el ángel guardiánEs verdad, no es un cuento; / hay un Ángel Guardián / que te toma y te lleva como el viento / y con los niños va por donde van. / Tiene cabellos suaves / que van en l
el corro luminosoCorro de las niñas / corro de mil niñas / a mi alrededor: / ¡oh Dios, yo soy dueña / de este resplandor! / En la tierra yerma, / sobre aquel desierto / mordido de sol, / ¡m
el encuentroLe he encontrado en el sendero. / No turbó su ensueño el agua / ni se abrieron más las rosas; / abrió el asombro mi alma. / ¡Y una pobre mujer tiene / su cara llena d
el espinoEl espino prende a una roca / su enloquecida contorsión, / y es el espíritu del yermo, / retorcido de angustia y sol. / La encina es bella como Júpiter, / y es un Nar
el establoAl llegar la medianoche / y al romper en llanto el Niño, / las cien bestias despertaron / y el establo se hizo vivo. / Y se fueron acercando, / y alargaron hasta el N
el niño soloComo escuchase un llanto, me paré en el repecho / y me acerqué a la puerta del rancho del camino. / Un niño de ojos dulces me miró desde el lecho. / ¡Y una ternur
el papagayoEl papagayo verde y amarillo, / el papagayo verde y azafrán, / me dijo «fea» con su habla gangosa / y con su pico que es de Satanás. / Yo no soy fea, que si fuese f
el pavo realQue sopló el viento y se llevó las nubes / y que en las nubes iba un pavo real, / que el pavo real era para mi mano / y que la mano se me va a secar, / y que la man
escóndemeEscóndeme que el mundo no me adivine. / Escóndeme como el tronco su resina, y / que yo te perfume en la sombra, como / la gota de goma, y que te suavice con / ella,
escóndeme, que el mundo no me adivine…Escóndeme, que el mundo no me adivine. / Escóndeme como el tronco su resina, y / que yo te perfume en la sombra, como / la gota de goma, y que te suavice con / ella
este largo cansancioEste largo cansancio se hará mayor un día / y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir / arrastrando su masa por la rosada vía / por donde van los hombres, con
éxtasisAhora, Cristo, bájame los párpados, / pon en la boca escarcha, / que están de sobra ya todas las horas / y fueron dichas todas las palabras. / Me miró, nos miramos
hallazgoMe encontré a este niño / cuando al campo iba: / dormido lo he hallado / en unas espigas… / O tal vez ha sido / cruzando la viña: / al buscar un pámpano / topé su mejilla
hay besos que pronuncian por sí solos…Hay besos que pronuncian por sí solos / la sentencia de amor condenatoria, / hay besos que se dan con la mirada / hay besos que se dan con la memoria. / Hay besos s
himno al árbolÁrbol hermano, que clavado / por garfios pardos en el suelo, / la clara frente has elevado / en una intensa sed de cielo; / hazme piadoso hacia la escoria / de cuyos
in memoriamAmado Nervo, suave perfil, labio sonriente; / Amado Nervo, estrofa y corazón en paz: / mientras te escribo, tienes losa sobre la frente, / baja en la nieve tu mor
interrogaciones¿Cómo quedan, Señor, durmiendo los suicidas? / ¿Un cuajo entre la boca, las dos sienes vaciadas, / las lunas de los ojos albas y engrandecidas, / hacia un ancla i
íntimaTú no oprimas mis manos. / Llegará el duradero / tiempo de reposar con mucho polvo / y sombra en los entretejidos dedos. / Y dirías: «No puedo / amarla, porque ya se
la abandonadaAhora voy a aprenderme / el país de la acedía, / y a desaprender tu amor / que era la sola lengua mía, / como río que olvidase / lecho, corriente y orillas. / ¿Por qué
la cajita de olinaláI / Cajita mía / de Olinalá, / palo-rosa, / jacarandá. / Cuando la abro / de golpe da / su olor de reina / de Sabá. / ¡Ay, bocanada / tropical: / clavo, caoba / y el copal! / La pong
la casaLa mesa, hijo, está tendida / en blancura quieta de nata, / y en cuatro muros azulea, / dando relumbres, la cerámica. / Ésta es la sal, éste el aceite / y al centro e
la cuenta-mundoNiño pequeño, aparecido, / que no viniste y que llegaste, / te contaré lo que tenemos / y tomarás de nuestra parte.
la encinaA la maestra Señorita Brígida Walker. / I / ESTA alma de mujer viril y delicada, / dulce en la gravedad, severa en el amor, / es una encina espléndida de sombra per
la extranjeraHabla con dejo de sus mares bárbaros, / con no sé qué algas y no sé qué arenas; / reza oración a dios sin bulto y peso, / envejecida como si muriera. / Ese huerto n
la flor del aireYo la encontré por mi destino, / de pie a mitad de la pradera, / gobernadora del que pase, / del que le hable y que la vea. / Y ella me dijo: «Sube al monte. / Yo nun
la fugaMadre mía, en el sueño / ando por paisajes cardenosos: / un monte negro que se contornea / siempre, para alcanzar el otro monte; / y en el que sigue estás tú vagame
la lluvia lentaEsta agua medrosa y triste, / como un niño que padece, / antes de tocar la tierra / desfallece. / Quieto el árbol, quieto el viento, / ¡y en el silencio estupendo, / es
la madre tristeDuerme, duerme, dueño mío, / sin zozobra, sin temor, / aunque no se duerma mi alma, / aunque no descanse yo. / Duerme, duerme y en la noche / seas tú menos rumor / que
la maestra ruralLa Maestra era pura. «Los suaves hortelanos», decía, / «de este predio, que es predio de Jesús, / han de conservar puros los ojos y las manos, / guardar claros su
la mancaQue mi dedito lo cogió una almeja, / y que la almeja se cayó en la arena, / y que la arena se la tragó el mar. / Y que del mar la pescó un ballenero / y el ballener
la medianocheFina, la medianoche. / Oigo los nudos del rosal: / la savia empuja subiendo a la rosa. / Oigo / las rayas quemadas del tigre / real: no le dejan dormir. / Oigo / la estro
la mesa, hijo, está tendida…La mesa, hijo, está tendida / en blancura quieta de nata, / y en cuatro muros azulea, / dando relumbres, la cerámica. / Ésta es la sal, éste el aceite / y al centro e
la mujer fuerteMe acuerdo de tu rostro que se fijó en mis días, / mujer de saya azul y de tostada frente, / que en mi niñez y sobre mi tierra de ambrosía / vi abrir el surco neg
la nochePor que duermas, hijo mío, / el ocaso no arde más: / no hay más brillo que el rocío, / más blancura que mi faz. / Por que duermas, hijo mío, / el camino enmudeció: / na
la oración de la maestra¡Señor! Tú que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve el nombre de maestra, que Tú llevaste por la Tierra. / Dame el amor único de mi escuela; que ni la
la otraUna en mí maté: / yo no la amaba. / Era la flor llameando / del cactus de montaña; / era aridez y fuego; / nunca se refrescaba. / Piedra y cielo tenía / a pies y a espada
la pajitaÉsta que era una niña de cera; / pero no era una niña de cera, / era una gavilla parada en la era. / Pero no era una gavilla / sino la flor tiesa de la maravilla. / T
la rataUna rata corrió a un venado / y los venados al jaguar, / y los jaguares a los búfalos, / y los búfalos a la mar… / ¡Pillen, pillen a los que se van! / ¡Pillen a la ra
la sombra inquietaFlor, flor de la raza mía, sombra inquieta, / ¡qué dulce y terrible tu evocación! / El perfil de éxtasis, llama la silueta, / las sienes de nardo, l’habla de canc
la tierraNiño indio, si estás cansado, / tú te acuestas sobre la Tierra, / y lo mismo si estás alegre, / hijo mío, juega con ella… / Se oyen cosas maravillosas / al tambor ind
la tierra y la mujerMientras tiene luz el mundo / y despierto está mi niño, / por encima de su cara, / todo es un hacerse guiños. / Guiños le hace la alameda / con sus dedos amarillos, / y
leñadorQuedó sobre las hierbas / el leñador cansado, / dormido en el aroma / del pino de su hachazo. / Tienen sus pies majadas / las hierbas que pisaron. / Le canta el dorso d
los que no danzanUna niña que es inválida / dijo: ?«¿Cómo danzo yo?» / Le dijimos que pusiera / a danzar su corazón… / Luego dijo la quebrada: / ?«¿Cómo cantaría yo?» / Le dijimos que p
los sonetos de la muerteI / Del nicho helado en que los hombres te pusieron, / te bajaré a la tierra humilde y soleada. / Que he de dormirme en ella los hombres no supieron, / y que hemos
malas manos tomaron tu vidaMalas manos tomaron tu vida desde el día / en que, a una señal de astros, dejara su plantel / nevado de azucenas. En gozo florecía. / Malas manos entraron trágica
malas manos tomaron tu vida desde el díaMalas manos tomaron tu vida desde el día / en que, a una señal de astros, dejara su plantel / nevado de azucenas. En gozo florecía. / Malas manos entraron trágica
manitasManitas de los niños, / manitas pedigüeñas, / de los valles del mundo / sois dueñas. / Manitas de los niños / que al granado se tienden, / por vosotros las frutas /
me tuvisteDuérmete, mi niño, / duérmete sonriendo, / que es la ronda de astros / quien te va meciendo. / Gozaste la luz / y fuiste feliz. / Todo bien tuviste / al tenerme a mí. / Dué
meciendoEl mar sus millares de olas / mece, divino. / Oyendo a los mares amantes, / mezo a mi niño. / El viento errabundo en la noche / mece los trigos. / Oyendo a los vientos
miedoYo no quiero que a mi niña / golondrina me la vuelvan; / se hunde volando en el Cielo / y no baja hasta mi estera; / en el alero hace el nido / y mis manos no la pein
mientras baja la nieveHa bajado la nieve, divina criatura, / el valle a conocer. / Ha bajado la nieve, mejor que las estrellas. / ¡Mirémosla caer! / Viene calla-callando, cae y cae a las
mientras tiene luz el mundo…Mientras tiene luz el mundo / y despierto está mi niño, / por encima de su cara, / todo es un hacerse guiños. / Guiños le hace la alameda / con sus dedos amarillos, / y
nocheLas montañas se deshacen, / el ganado se ha perdido; / el sol regresa a su fragua: / todo el mundo se va huido. / Se va borrando la huerta, / la granja se ha sumergid
nocturnoPadre Nuestro, que estás en los cielos, / ¡por qué te has olvidado de mí! / Te acordaste del fruto en febrero, / al llagarse su pulpa rubí. / ¡Llevo abierto también
obreritoMadre, cuando sea grande, / ¡ay…, qué mozo el que tendrás! / Te levantaré en mis brazos, / como el zonda al herbazal. / O te acostaré en las parvas / o te cargaré has
padre nuestro que estás en los cielos…Padre Nuestro que estás en los cielos, / ¿por qué te has olvidado de mí? / Te acordaste del fruto en febrero, / al llagarse su pulpa rubí. / ¡Llevo abierto también
país de la ausenciaPaís de la ausencia / extraño país, / más ligero que ángel / y seña sutil, / color de alga muerta, / color de neblí, / con edad de siempre, / sin edad feliz. / No echa gran
palabras serenasYa en la mitad de mis días espigo / esta verdad con frescura de flor: / la vida es oro y dulzura de trigo, / es breve el odio e inmenso el amor. / Mudemos ya por el
panDejaron un pan en la mesa, / mitad quemado, mitad blanco, / pellizcado encima y abierto / en unos migajones de ampo. / Me parece nuevo o como no visto, / y otra cosa
piececitosPiececitos de niño, / azulosos de frío, / ¡cómo os ven y no os cubren, / Dios mío! / ¡Piececitos heridos / por los guijarros todos, / ultrajados de nieves / y lodos! / El h
poema del hijoI / ¡Un hijo, un hijo, un hijo! Yo quise un hijo tuyo / y mío, allá en los días del éxtasis ardiente, / en los que hasta mis huesos temblaron de tu arrullo / y un a
promesa a las estrellasOjitos de las estrellas / abiertos en un oscuro / terciopelo: de lo alto, / ¿me veis puro? / Ojitos de las estrellas, / prendidos en el sereno / cielo, decid: desde arr
puertasEntre los gestos del mundo / recibí el que me dan las puertas. / En la luz yo las he visto / o selladas o entreabiertas / y volviendo sus espaldas / del color de la v
riquezaTengo la dicha fiel / y la dicha perdida: / la una como rosa, / la otra como espina. / De lo que me robaron / no fui desposeída; / tengo la dicha fiel / y la dicha perdid
ronda de los coloresAzul loco y verde loco / del lino en rama y en flor. / Mareando de oleadas / baila el lindo azuleador. / Cuando el azul se deshoja, / sigue el verde danzador: / verde-t
ruthI / Ruth moabita a espigar va a las eras, / aunque no tiene ni un campo mezquino. / Piensa que es Dios dueño de las praderas / y que ella espiga en un predio divino
ruth moabita a espigar va a las eras…I / Ruth moabita a espigar va a las eras, / aunque no tiene ni un campo mezquino. / Piensa que es Dios dueño de las praderas / y que ella espiga en un predio divino
se va de ti mi cuerpo gota a gota…Se va de ti mi cuerpo gota a gota. / Se va mi cara en un óleo sordo; / se van mis manos en azogue suelto; / se van mis pies en dos tiempos de polvo. / ¡Se te va tod
si tú me miras, yo me vuelvo hermosa…Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa / como la hierba a que bajó el rocío, / y desconocerán mi faz gloriosa / las altas cañas cuando baje al río. / Tengo vergü
sonetos de la muerteDel nicho helado en que los hombres te pusieron, / te bajaré a la tierra humilde y soleada. / Que he de dormirme en ella los hombres no supieron, / y que hemos de
todas íbamos a ser reinasTodas íbamos a ser reinas, / de cuatro reinos sobre el mar: / Rosalía con Efigenia / y Lucila con Soledad. / En el valle de Elqui, ceñido / de cien montañas o de más,
todo es rondaLos astros son ronda de niños, / jugando la tierra a espiar… / Los trigos son talles de niñas / jugando a ondular…, a ondular… / Los ríos son rondas de niños / jugand
tres árbolesTres árboles caídos / quedaron a la orilla del sendero. / El leñador los olvidó, y conversan / apretados de amor, como tres ciegos. / El sol de ocaso pone / su sangre
volverlo a ver¿Y nunca, nunca más, ni en noches llenas / de temblor de astros, ni en las alboradas / vírgenes, ni en las tardes inmoladas? / ¿Al margen de ningún sendero pálido
yo canto lo que tú amabasYo canto lo que tú amabas, vida mía, / por si te acercas y escuchas, vida mía, / por si te acuerdas del mundo que viviste, / al atardecer yo canto, sombra mía. / Yo
yo la encontré por mi destino…Yo la encontré por mi destino, / de pie a mitad de la pradera, / gobernadora del que pase, / del que le hable y que la vea. / Y ella me dijo: “Sube al monte. / Yo nun
yo no tengo soledadEs la noche desamparo / de las sierras hasta el mar. / Pero yo, la que te mece, / ¡yo no tengo soledad! / Es el cielo desamparo / si la Luna cae al mar. / Pero yo, la q
¿de qué quiere usted la imagen?…¿De qué quiere Usted la imagen? / Preguntó el imaginero: / Tenemos santos de pino, / Hay imágenes de yeso, / Mire este Cristo yacente, / Madera de puro cedro, / Depende