País Poema - Autores

francisco hernández

a estas palabras menudas
-A estas palabras menudas se las va a llevar / la trampa, me aseguras. / Y añades en voz baja: / -Ojo con el hoyo hirviente / de las bellas bailarinas tramposas.
ahora, rojo es el lenguaje
Ahora, rojo es el lenguaje, / rojo como mi lengua cuando pasa / sobre la flor labiodental del flamboyán. / Ahora, tu cara es roja, / roja como cuando se enfrenta / a
antojo de trampa
1 / Suena el color dorado en las orillas del ojo, / del mar del ojo, del mal de ojo. / Sueña una imagen color naranja / con ser, eternamente, / una perseguidora quint
de cómo robert schumann fue vencido por los demonios (i)
Podría ser que la música y la poesía fueran una misma cosa, o / tal vez dos cosas que se necesitan mutuamente como la boca y / el oído, pues la boca no es más q
de cómo robert schumann fue vencido por los demonios (iii)
Cuando naciste surgió en el bosque / una inquietud extraña. / Criaturas belcebúes vertieron en un claro / el azogue de Los Gemelos / y una quemazón de unicornios / ci
de cómo robert schumann fue vencido por los demonios (vii)
En la primavera conociste a la niña Clara. / Ella jugaba dentro de una jaula / con los címbalos y el armonio / que la escoltaban desde su nacimiento. / De los címba
de cómo robert schumann fue vencido por los demonios (xxix)
Dos años después de tu zambullida en el Rin, la niña Clara / llegó a visitarte por última vez al manicomio de Endenich. / El atardecer rodeaba de angustia su ca
desnuda eres como una calle
Desnuda eres como una calle / subes, te abres, serpeas, te angostas, / doblas, sigues mis pasos y desembocas.
el amor, rodeado casi siempre por un antojo
El amor, rodeado casi siempre por un antojo / de olvido, avanza resuelto hacia las trampas / creadas para cazar osos con piel de leopardo / y serpientes con pluma
el cazador
Ibas a la montaña en busca de jaguares, / tapires o faisanes. / Siempre te acompañaba la mujer de otro. / En mis sueños te veía raudo por la playa, / eludiendo tena
en las trampas de los ojos
En las trampas de los ojos / el paisaje y su escritura verde, / la tierra y su amor calizo, / la luz y sus remolinos amarillos. / El tránsito hacia los escalofríos,
extraño tu sexo. piso flores al caminar y extraño tu sexo
Extraño tu sexo. Piso flores rosadas al caminar y extraño / tu sexo. / En mis labios tu sexo se abre como fruta viva, como voraz / molusco agonizante. / Piso flores
fantasma
Amo las líneas nebulosas de tu cara, / tu voz que no recuerdo, / tu racimo de aromas olvidados. / Amo tus pasos que a nadie te conducen / y el sótano que pueblas co
gota
Una gota de anís / resbala por tus muslos / con la indiferencia / de un barco que se aleja. / Suena el color dorado en las orillas del ojo, / del mar del ojo, del mal
habla scardanelli
I / Cómo cantarte, Diótima, sin vino / y con el piano mudo que a señas me congela. / Cómo describir, en su cadencia, tus lentas ceremonias / si no puedo beberte de
hasta que el verso quede
Quitar la carne, toda, / hasta que el verso quede / con la sonora oscuridad del hueso. / Y al hueso desbastarlo, pulirlo, aguzarlo / hasta que se convierta en aguja
hecho de memoria
Para Jorge Esquinca / El poeta no duerme: / viaja por la cuerda del tiempo. / El poeta está hecho de memoria: / por eso lo deshace el olvido. / El poeta no descansa: /
la primera mujer que recorrió mi cuerpo
La primera mujer que recorrió mi cuerpo / tenía labios de maga: labios verdes y azules, / con sabor a fruto silvestre, / con señales indescifrables como la miel o
las gastadas palabras de siempre
Déjame recordarte las gastadas palabras de siempre, / los armarios que encierran la humedad de los puertos / y el sabor a betel que dejas en mis labios / cuando d
mar de fondo (2)
Cierro los ojos. Me arrastra el sopor hacia los territorios de la fiebre y, mecánicamente, limpio mis dedos pegajosos de semen en la trama del mosquitero. / O
mar de fondo (viii)
La primera mujer que recorrió mi cuerpo tenía labios de maga: labios verdes y azules, con sabor a fruto silvestre, con señales indescifrables como la miel o
mar de fondo (x)
Paura no tiene cono: tiene un molusco arroz entre las piernas, un coral palpitante, un fruto que perfuma mis vísceras y el aliento de los tiburones. / Cuentan
mar de fondo (xi)
A una mujer que va de viaje al mar es inútil llenarla de palabras. / El mar le chupa los vertederos de la sinovia, le abrillanta la voz, dibuja su abdomen en
mar de fondo (xiv)
Antes de que llegara el tiempo de la fiebre, un tacuazín devoró a la guacamaya que alegraba lo sórdido del patio. / Mi padre, conmovido por mi desesperación,
mar de fondo (xviii)
A partir de septiembre el río no ha hecho más que crecer. / Se lleva lo que a su paso encuentra: casas, puentes, arrumbadas berlinas y muros de contención. La
mar de fondo (xx)
Sentado al borde de la cama, es decir, al borde del abismo, miro el suelo distante que me espera. Lo toco con la punta del pie como se toca el agua de un es
mariposa
Tu sexo, / una mariposa negra. / Y no hay metáfora: / entró por la ventana / y fue a posarse / entre tus piernas.
mayo se hizo presente y las nubes entraron
Mayo se hizo presente y las nubes entraron / a la casa tomando posesión de los floreros. / Te imagino con la cara lavada en una mecedora, puliendo / monedas de or
mis manos en tu espalda
Mis manos en tu espalda / desconocen la artritis / y las sombras de la deformación. / Mis manos, en tus muslos, / no piensan en un río / ni en la inconsciencia de la
muero por deslizar, verticalmente
Muero por deslizar, verticalmente, / mi lengua entre tus labios. / Por humedecer, horizontalmente, / el imposible rencor de tus encías. / Se me antojan tus ojos cua
nubes a lo lejos
Nubes a lo lejos, / sobre el hilo tenso de la carretera. / Frente a nosotros, / manos azules desanudando / el hilo tenso de la carretera. / Puestos a secar, / tus deseo
otro día sin verte, sin poner mis pupilas
Otro día sin verte, sin poner mis pupilas / encima de tus trampas. / Quiero decir: encima de tus rodillas sin cicatrices, / de tus labios amameyados, de tus afila
palabras de la griega
No me guardes en tu imaginación. / No me pienses. / Tus ojos están llenos de espléndida ponzoña. / No me mires. / Que mi saliva te inunde la garganta. / No me asfixie