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Libros de francisco de la torre

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francisco de la torre

bella es mi ninfa, si los lazos de oro
Bella es mi ninfa, si los lazos de oro / al apacible viento desordena; / bella, si de sus ojos enajena / el altivo desdén que siempre lloro. / Bella, si con la luz que sola adoro / la tempestad del viento y
ésta es, tirsis, la fuente do solía
Ésta es, Tirsis, la fuente do solía / contemplar tu beldad mi Filis bella; / este el prado gentil, Tirsis, donde ella / su hermosa frente de su flor ceñía. / Aquí, Tirsis, la vi cuando salía / dando la luz
este real de amor desbaratado
Este Real de amor desbaratado, / de rotas armas y despojos lleno, / aguda roca y mal seguro seno / de mi doliente espíritu cansado, / al enemigo vencedor amado / rendido francamente como bueno, / de mí le sie
la blanca nieve y la purpúrea rosa
La blanca nieve y la purpúrea rosa, / que no acaba su ser calor ni invierno, / el sol de aquellos ojos, puro, eterno, / donde el amor como en su ser reposa; / la belleza y la gracia milagrosa / que descubre
la cierva
Doliente cierva, que el herido lado / de ponzoñosa y cruda yerba lleno, / buscas el agua de la fuente pura, / con el cansado aliento que en el seno / bello de la corriente sangre hinchado, / débil y decaída
ninfas, de los arabios y sabeos
Ninfas, de los Arabios y Sabeos / olores de jazmín, acanto y nardos, / quaxad los aires y cubrid los cardos / destos lugares de sepulcros feos. / Después que derribaron mis trofeos / las prestas Parcas y lo
noche, que en tu amoroso y dulce olvido
¡Noche, que en tu amoroso y dulce olvido / escondes y entretienes los cuidados / del enemigo día y los pasados / trabajos recompensas al sentido! / Tú, que de mi dolor me has conducido / a contemplarte, y c
sigo silencio
Sigo, silencio, tu estrellado manto, / de transparentes lumbres guarnecido, / enemiga del sol esclarecido, / ave noturna de agorero canto. / El falso mago Amor, con el encanto / de palabras quebradas por ol
soneto xx
¡Cuántas veces te me has engalanado, / clara y amiga Noche! ¡Cuántas, llena / de escuridad y espanto, la serena / mansedumbre del cielo me has turbado! / Estrellas hay que saben mi cuidado, / y que se han r
soneto xxv
Con toda la cabeza de Medusa / tiranamente trata mi firmeza; / muéstrame su rigor, y su belleza, / por quien de mil tramas armas usa. / Miro de transformados la confusa / pesadumbre que infaman su dureza; / q