francisco de aldana
al cieloClara fuente de luz, nuevo y hermoso, / rico de luminarias, patrio Cielo, / casa de la verdad sin sombra o velo, / de inteligencias ledo, almo reposo: / ¡oh cómo allá te estás, cuerpo glorioso, / tan lejos
el impetu cruel de mi destinoEl ímpetu cruel de mi destino / ¡cómo me arroja miserablemente / de tierra en tierra, de una en otra gente, / cerrando a mi quietud siempre el camino! / ¡Oh, si tras tanto mal grave y contino, / roto su vel
mil veces calloMil veces callo, que romper deseo / el cielo a gritos, y otras tantas tiento / dar a mi lengua voz y movimiento, / que en silencio mortal yacer la veo. / Anda cual velocísimo correo / por dentro el alma el
otro aquiOtro aquí no se ve que frente a frente / animoso escuadrón moverse guerra, / sangriento humor teñir la verde tierra / y tras honroso fin correr la gente. / Este es el dulce son que acá se siente: / «¡España
pocos tercetos escritos a un amigoMientras estáis allá con tierno celo, / de oro, de seda y púrpura cubriendo / el de vuestra alma vil terrestre velo, / sayo de hierro acá yo estoy vistiendo, / cota de acero, arnés, yelmo luciente, / que un
reconocimiento de la vanidad del mundoEn fin, en fin, tras tanto andar muriendo, / tras tanto varïar vida y destino, / tras tanto de uno en otro desatino, / pensar todo apretar, nada cogiendo; / tras tanto acá y allá, yendo y viniendo / cu