félix maría de samaniego
batalla de las comadrejas y de los ratonesVencidos los ratones, / Huían con presteza / De una atroz enemiga / Tropa de Comadrejas; / Marchaban con desorden, / Que cuando el miedo reina, / Es la confusión sola / El jefe que gobierna. / Llegaron presurosos
congreso de los ratonesDesde el gran Zapirón, el blanco y rubio, / Que después de las aguas del diluvio / Fue padre universal de todo gato, / Ha sido Miauragato / Quien más sangrientamente / Persiguió a la infeliz ratona gente. / L
demetrio y menandroSi te falta el buen nombre, / Fabio, en vano presumes / Que en el mundo te tengan por grande hombre, / Sin más que por tus galas y perfumes. / Demetrio el Faleriano se apodera / De Atenas, y aunque fue con
el águila y el cuervoEn mis versos, Iriarte, / Ya no quiero más arte / Que poner a los tuyos por modelo. / A competir anhelo / Con tu numen, que el sabio mundo admira, / Si me prestas tu lira, / Aquélla en que tocaron dulcemente /
el águila y el escarabajo«Que me matan; favor»: así clamaba / una liebre infeliz, que se miraba / en las garras de una Águila sangrienta. / A las voces, según Esopo cuenta, / acudió un compasivo Escarabajo; / y viendo a la cuitada
el águila y la asamblea de los animalesTodos los animales cada instante / Se quejaban a Júpiter tonante / De la misma manera / Que si fuese un alcalde de montera. / El Dios, y con razón, amostazado / Viéndose importunado, / Por dar fin de una vez
el amo y el perro«Callen todos los perros de este mundo / Donde está mi Palomo; / Es fiel, decía el Amo, sin segundo, / Y me guarda la casa… Pero ¿cómo? / Con la despensa abierta / Le dejé cierto día: / En medio de la puerta,
el amor y la locuraHabiendo la Locura / Con el Amor reñido, / Dejó ciego de un golpe / Al miserable niño. / Venganza pide al cielo / Venus, mas ¡con qué gritos! / Era madre y esposa: / Con esto queda dicho. / Queréllase a los diose
el asno cargado de reliquiasDe reliquias cargado, / Un Asno recibía adoraciones, / Como si a él se hubiesen consagrado / Reverencias, inciensos y oraciones. / En lo vano, lo grave y lo severo / Que se manifestaba, / Hubo quien conoció q
el asno infelizYo conocí un Jumento / Que murió muy contento / Por creer, y no iba fuera de camino, / Que así cesaba su fatal destino. / Pero la adversa suerte / Aun después de su muerte / Le persiguió: dispuso que al difun
el asno sesudoCierto Burro pacía / En la fresca y hermosa pradería / Con tanta paz como si aquella tierra / No fuese entonces teatro de la guerra. / Su dueño, que con miedo lo guardaba, / De centinela en la ribera estaba
el asno vestido de leónUn Asno disfrazado / Con una grande piel de León andaba; / Por su temible aspecto casi estaba / Desierto el bosque, solitario el prado. / Pero quiso el destino / Que le llegase a ver desde el molino / La punt
el asno y el caballoIban, mas no sé adonde ciertamente, / Un Caballo y un Asno juntamente; / Este cargado, pero aquel sin carga. / El grave peso, la carrera larga / Causaron al Borrico tal fatiga, / Que la necesidad misma le o
el asno y el caballo (quién fuese caballo)«¡Ah! ¡quién fuese Caballo! / Un Asno melancólico decía; / Entonces sí que nadie me vería / Flaco, triste y fatal como me hallo. / Tal vez un caballero / Me mantendría ocioso y bien comido, / Dándose su merce
el asno y el cochinoOh jóvenes amables, / que en vuestros tiernos años / al templo de Minerva / dirigís vuestros pasos, / seguid, seguid la senda / en que marcháis, guiados, / a la luz de las ciencias, / por profesores sabios. / aun
el asno y el loboUn Burro cojo vio que le seguía / Un Lobo cazador, y no pudiendo / Huir de su enemigo, le decía: / «Amigo Lobo, yo me estoy muriendo; / Me acaban por instantes los dolores / De este maldito pie de que cojeo
el asno y el perroUn Perro y un Borrico caminaban, / Sirviendo a un mismo dueño; / Rendido éste del sueño, / Se tendió sobre el prado que pasaban. / El Borrico entretanto aprovechado / Descansa y pace; mas el Perro, hambrien
el asno y júpiter«No sé cómo hay jumento / Que, teniendo un adarme de talento, / Quiera meterse a burro de hortelano. / Llevo a la plaza desde muy temprano / Cada día cien cargas de verdura, / Vuelvo con otras tantas de bas
el asno y las ranasMuy cargado de leña un burro viejo, / Triste armazón de huesos y pellejo, / Pensativo, según lo cabizbajo, / Caminaba llevando con trabajo / Su débil fuerza la pesada carga. / El paso tardo, la carrera larg
el búho y el hombreVivía en un granero retirado / Un reverendo Búho, dedicado / A sus meditaciones, / Sin olvidar la caza de ratones. / Se dejaba ver poco, mas con arte: / Al Gran Turco imitaba en esta parte. / El dueño del gra
el caballo y el ciervoPerseguía un Caballo vengativo / A un Ciervo que le hizo leve ofensa; / Mas hallaba segura la defensa / En veloz carrera el fugitivo. / El vengador, perdida la esperanza / De alcanzarlo, y lograr así su int
el calvo y la moscaPicaba impertinente / En la espaciosa calva de un Anciano / Una Mosca insolente. / Quiso matarla, levantó la mano, / Tiró un cachete, pero fuese salva, / Hiriendo el golpe la redonda calva. / Con risa desmedi
el camello y la pulgaAl que ostenta valimiento / Cuando su poder es tal, / Que ni influye en bien ni en mal, / Le quiero contar un cuento. / En una larga jornada / Un Camello muy cargado / Exclamó, ya fatigado: / «¡Oh qué carga tan
el carretero y hérculesEn un atolladero / El carro se atascó de Juan Regaña; / Él a nada se mueve ni se amaña, / Pero jura muy bien: gran Carretero. / A Hércules invocó; y el dios le dice: / «Aligera la carga; ceja un tanto; / Quit
el cazador y el perroMustafá, perro viejo, / Lebrel en montería ejercitado, / Y de antiguas heridas señalado / A colmillo y a cuerno su pellejo, / Seguía a un jabalí sin esperanza / De poderle alcanzar; pero, no obstante, / Aguzá
el cazador y la perdizUna Perdiz en celo reclamada / Vino a ser en la red aprisionada. / Al Cazador la mísera decía: / «Si me das libertad, en este día / Te he de proporcionar un gran consuelo. / Por ese campo extenderé mi vuelo
el cazador y los conejosPoco antes que esparciese / Sus cabellos en hebras / El rubicundo Apolo / Por la faz de la tierra, / De cazador armado, / Al soto Fabio llega. / Por el nudoso tronco / De cierta encina vieja / Sube para ocultarse
el cerdo, el carnero y la cabraPoco antes de morir el corderillo / Lame alegre la mano y el cuchillo / Que han de ser de su muerte el instrumento, / Y es feliz hasta el último momento. / Así, cuando es el mal inevitable, / Es quien menos
el charlatán«Si cualquiera de ustedes / Se da por las paredes / O arroja de un tejado, / Y queda, a buen librar, descostillado, / Yo me reiré muy bien: importa un pito, / Como tenga mi bálsamo exquisito.» / Con esta rela
el charlatán y el rústico«Lo que jamás se ha visto ni se ha oído / Verán ustedes. atención les pido.» / Así decía un Charlatán famoso, / Cercado de un concurso numeroso. / En efecto, quedando todo el mundo / En silencio profundo, / R
el chivo afeitado«Vaya una quisicosa. / Si aciertas, Juana hermosa, / Cuál es el animal más presumido, / Que rabia por hacerse distinguido / Entre sus semejantes, / Te he de regalar un par de guantes. / No es el pavón, ni el
el ciervo en la fuenteUn Ciervo se miraba / En una hermosa cristalina Fuente; / Placentero admiraba / Los enramados cuernos de su frente, / Pero al ver sus delgadas, largas piernas, / Al alto cielo daba quejas tiernas. / «¡Oh dios
el ciervo y los bueyesCon inminente riesgo de la vida / un ciervo se escapó de una batida, / Y en la quinta cercana de repente / Se metió en el establo incautamente. / Dícele un buey: «¿Ignoras, desdichado, / Que aquí viven los
el ciudadano pastorCierto joven leía / En versos excelentes / Las dulces pastorelas / Con el mayor deleite. / Tenía la cabeza / Llena de prados, fuentes, / Pastores y zagalas, / Zampoñas y rabeles. / Al fin, cierta mañana / Prorrumpe
el cordero y el loboUno de los corderos mamantones, / Que para los glotones / Se crían, sin salir jamás al prado, / Estando en la cabaña muy cerrado, / Vio por una rendija de la puerta / Que el caballero Lobo estaba alerta, / En
el cuervo y el zorroEn la rama de un árbol, / bien ufano y contento, / con un queso en el pico, / estaba el señor Cuervo. / Del olor atraído / un Zorro muy maestro, / le dijo estas palabras, / a poco más o menos: / «Tenga usted buen
el cuervo y la serpientePilló el Cuervo dormida a la Serpiente, / Y al quererse cebar en ella hambriento, / Le mordió venenosa. Sepa el cuento / Quien sigue a su apetito incautamente.
el elefante, el toro, el asno y los demás animalesLos mansos y los fieros animales, / A que se remediasen ciertos males / Desde los bosques llegan, / Y en la rasa campaña se congregan. / Desde la más pelada y alta roca / Un Asno trompetero los convoca. / El
el enfermo y el médicoUn miserable Enfermo se moría, / Y el Médico importuno le decía: / «Usted se muere; yo se lo confieso; / Pero por la alta ciencia que profeso, / Conozco, y le aseguro firmemente, / Que ya estuviera sano, / Si
el enfermo y la visión«¡Conque de tus recetas exquisitas, / Un Enfermo exclamó, ninguna alcanza!…» / El médico se fue sin esperanza, / Contando por los dedos sus visitas. / Así desengañado, / Y creciendo por horas su dolencia, / D
el filósofo y el faisánLlevado de la dulce melodía / Del cántico variado y delicioso / Que en un bosque frondoso / Las aves forman, saludando al día, / Entró cierta mañana / Un sabio en los dominios de Diana. / Sus pasos esparciero
el filósofo y el rústicoLa del alba sería / La hora en que un Filósofo salía / A meditar al campo solitario, / En lo hermoso y lo vario, / Que a la luz de la aurora nos enseña / Naturaleza, entonces más risueña. / Distraído sin send
el filósofo y la pulgaMeditando a sus solas cierto día. / Un pensador Filósofo decía: / «El jardín adornado de mil flores, / Y diferentes árboles mayores, / Con su fruta sabrosa enriquecidos, / Tal vez entretejidos / Con la frondo
el gallo y el zorroUn Gallo muy maduro, / De edad provecta, duros espolones, / Pacífico y seguro, / Sobre un árbol oía las razones / De un Zorro muy cortés y muy atento, / Más elocuente cuanto más hambriento. / «Hermano, le dec
el gato y el cazadorCierto Gato, en poblado descontento, / Por mejorar sin duda su destino / (Que no sería Gato de convento), / Pasó de ciudadano a campesino. / Metióse santamente / Dentro de una covacha, mas no lejos / De un gr
el gato y las avesCharlatanes se ven por todos lados, / En plazas y en estrados, / Que ofrecen sus servicios ¡cosa rara! / A todo el mundo por su linda cara. / Éste, químico y médico excelente, / Cura a todo doliente; / Pero g
el gorrión y la liebreUn maldito Gorrión así decía / A una Liebre que una Águila oprimía: / «No eres tú tan ligera, / Que si el perro te sigue en la carrera, / Lo acarician y alaban como al cabo / Acerque sus narices a tu rabo? /
el grajo vanoCon las plumas de un pavo / Un Grajo se vistió; pomposo y bravo / En medio de los pavos se pasea; / La manada lo advierte, lo rodea: / Todos le pican, burlan y lo envían, / ¿Dónde, si ni los grajos le querí
el herrero y el perroUn Herrero tenía / Un Perro que no hacía / Sino comer, dormir y estarse echado; / De la casa jamás tuvo cuidado; / Levantábase sólo a mesa puesta; / Entonces con gran fiesta / Al dueño se acercaba, / Con perrun
el hombre y la comadrejaAsí decía cierta Comadreja / A un Hombre que la había aprisionado: / «¿Por qué no me dejáis? ¿Os he yo dado / Motivo de disgusto ni de queja? / ¿No soy la que desvanes y rincones, / Tu casa toda, cual si fu
el hombre y la culebraA una Culebra que, de frío yerta, / en el suelo yacía medio muerta / un labrador cogió; mas fue tan bueno, / que incautamente la abrigó en su seno. / Apenas revivió, cuando la ingrata / a su gran bienhechor
el hombre y la fantasmaUn joven licencioso / Se hallaba en un estado vergonzoso, / Con sus males secretos retirado; / En soledad, doliente, exasperado, / Cavila, llora, canta, jura, reza, / Como quien ha perdido la cabeza. / «¿Te f
el hombre y la pulga«Oye, Júpiter sumo, mis querellas, / Y haz, disparando rayos y centellas, / Que muera este animal vil y tirano, / Plaga fatal para el linaje humano; / Y si vos no lo hacéis, Hércules sea / Quien acabe con é
el jabalí y el carneroDe la rama de un árbol un Carnero / Degollado pendía; / En él a sangre fría / Cortaba el remangado Carnicero. / El rebaño inocente, / Que el trágico espectáculo miraba, / De miedo, ni pacía ni balaba. / Un jaba
el jabalí y la zorraSus horribles colmillos aguzaba / Un Jabalí en el tronco de una encina. / La Zorra, que vecina / Del animal cerdoso se miraba, / Le dice: «Extraño el verte, / Siendo tú en paz señor de la bellota, / Cuando ni
el labrador y la providenciaUn labrador cansado, / En el ardiente estío, / Debajo de una encina / Reposaba pacífico y tranquilo. / Desde su dulce estancia / Miraba agradecido / El bien con que la tierra / Premiaba sus penosos ejercicios. /
el ladrónPor catar una colmena / Cierto goloso Ladrón, / Del venenoso aguijón / Tuvo que sufrir la pena. / «La miel, dice, está muy buena: / Es un bocado exquisito; / Por el aguijón maldito / No volveré al colmenar.» / ¡L
el león con su ejércitoMientras que con la espada en mar y tierra / Los ilustres varones / Engrandecen su fama por la guerra, / Sojuzgando naciones, / Tú, Conde, con la pluma y el arado, / Ya enriqueces la patria, ya la instruyes
el león enamoradoAmaba un León a una zagala hermosa; / Pidióla por esposa / A su padre, pastor, urbanamente. / El hombre, temeroso mas prudente, / Le respondió: «Señor, en mi conciencia, / Que la muchacha logra conveniencia
el león envejecidosAl miserable estado / De una cercana muerte reducido / Estaba ya postrado / Un viejo León, del tiempo consumido, / Tanto más infeliz y lastimoso, / Cuanto había vivido más dichoso. / Los que cuando valiente / H
el león vencido por el hombreCierto artífice pintó / Una lucha, en que valiente / Un Hombre tan solamente / A un horrible León venció. / Otro león, que el cuadro vio, / Sin preguntar por su autor, / En tono despreciador / Dijo: «Bien se de
el león y el asno cazandoSu majestad leonesa en compañía / De un Borrico se sale a montería. / En la parte al intento acomodada, / Formando el mismo León una enramada, / Mandó al Asno que en ella se ocultase / Y que de tiempo en ti
el león y el ratónEstaba un ratoncillo aprisionado / en las garras de un león; el desdichado / en la tal ratonera no fue preso / por ladrón de tocino ni de queso, / sino porque con otros molestaba / al león, que en su retiro
el león y la cabraUn señor León andaba, como un perro, / Del valle al monte, de la selva al cerro, / A caza, sin hallar pelo ni lana, / Perdiendo la paciencia y la mañana. / Por un risco escarpado / Ve trepar una Cabra a lo
el león y la ranaUna lóbrega noche silenciosa / Iba un León horroroso / Con mesurado paso majestuoso / Por una selva; oyó una voz ruidosa, / Que con tono molesto y continuado / Llamaba la atención y aun el cuidado / Del reina
el león y la zorraUn León en otro tiempo poderoso, / Ya viejo y achacoso, / En vano perseguía, hambriento y fiero, / Al mamón Becerrillo y al Cordero, / Que trepando por la áspera montaña, / Huían libremente de su saña. / Afli
el león, el lobo y la zorraTrémulo y achacoso / A fuerza de años un León estaba; / Hizo venir los médicos, ansioso / De ver si alguno de ellos le curaba. / De todas las especies y regiones / Profesores llegaban a millones. / Todos cono
el león, el tigre y el caminanteEntre sus fieras garras oprimía / Un Tigre a un Caminante. / A los tristes quejidos al instante / Un León acudió: con bizarría / Lucha, vence a la fiera, y lleva al hombre / A su regia caverna. «Toma alient
el leopardo y las monasNo a pares, a docenas encontraba / Las Monas en Tetuán, cuando cazaba, / Un Leopardo; apenas lo veían, / A los árboles todas se subían, / Quedando del contrario tan seguras, / Que pudiera decir: No están ma
el lobo y el mastínTrampas, redes y perros / Los celosos pastores disponían / En lo oculto del bosque y de los cerros, / Porque matar querían / A un Lobo por el bárbaro delito / De no dejar a vida ni un cabrito. / Hallóse cara
el lobo y el perroEn busca de alimento / Iba un Lobo muy flaco y muy hambriento. / Encontró con un Perro tan relleno, / Tan lucio, sano y bueno, / Que le dijo: «Yo extraño / Que estés de tan buen año / Como se deja ver por tu
el lobo y el perro flacoDistante de la aldea, / Iba cazando un Perro / Flaco, que parecía / Un andante esqueleto. / Cuando menos lo piensa / Un Lobo le hizo preso. / Aquí de sus clamores, / De sus llantos y ruegos. / «Decidme, señor Lob
el lobo y la ovejaCruzando montes y trepando cerros, / Aquí mato, allí robo, / Andaba cierto Lobo, / Hasta que dio en las manos de los perros. / Mordido y arrastrado / Fue de sus enemigos cruelmente; / Quedó con vida milagrosa
el lobo, la zorra y el mono juezUn Lobo se quejó criminalmente / De que una Zorra astuta lo robase. / El Mono juez, como ella lo negase, / Dejólos alegar prolijamente / Enterado, pronuncia la sentencia: / «No consta que te falte nada, Lob
el milano enfermoUn Milano, después de haber vivido / Con la conciencia peor que un forajido, / Enfermó gravemente. / Supuesto que el paciente / Ni a Galeno ni a Hipócrates leía, / A bulto conoció que se moría. / A los dioses
el milano y las palomasA las tristes Palomas un Milano, / Sin poderlas pillar, seguía en vano; / Mas él a todas horas / Servía de lacayo a estas señoras. / Un día, en fin, hambriento e ingenioso, / Así las dice: «¿Amáis vuestro r
el muchacho y la fortunaA la orilla de un pozo, / sobre la fresca yerba, / un incauto Mancebo / dormía a pierna suelta. / Gritóle la Fortuna: / «Insensato, despierta; / ¿no ves que ahogarte puedes, / a poco que te muevas? / Por ti y otr
el murciélago y la comadrejaCayó, sin saber cómo, / Un Murciélago a tierra; / Al instante le atrapa / La lista Comadreja. / Clamaba el desdichado, / Viendo su muerte cerca. / Ella le dice: «Muere; / Que por naturaleza / Soy mortal enemiga / D
el naufragio de simónidesEn tanto que tus vanas compañeras, / Cercadas de galanes seductores, / Escuchan placenteras / En la escuela de Venus los amores, / Elisa, retirada te contemplo / De la diosa Minerva al sacro templo. / Ni eres
el pájaro herido de una flechaUn Pájaro inocente, / Herido de una flecha / Guarnecida de acero / Y de plumas ligeras, / Decía en su lenguaje / Con amargas querellas: / «¡Oh crueles humanos! / Más crueles que fieras, / Con nuestras propias ala
el parto de los montesCon varios ademanes horrorosos / Los montes de parir dieron señales; / Consintieron los hombres temerosos / Ver nacer los abortos más fatales. / Después que con bramidos espantosos / Infundieron pavor a los
el pastorSalido usaba tañer / La zampoña todo el año, / Y por oírle el rebaño, / Se olvidaba de pacer. / Mejor sería romper / La zampoña al tal Salicio; / Porque si causa perjuicio, / En lugar de utilidad, / La mayor habi
el pastor y el filósofoDe los confusos pueblos apartado, / Un anciano Pastor vivió en su choza, / En el feliz estado en que se goza / Existir ni envidioso ni envidiado. / No turbó con cuidados la riqueza / A su tranquila vida, / Ni
el perro y el cocodriloBebiendo un perro en el Nilo / al mismo tiempo corría. / Bebe quietole decía / un taimado cocodrilo. / Díjole el perro prudente: / Dañoso es beber y andar, / ¿pero es sano el aguardar / a que me claves el dient
el pescador y el pezRecoge un Pescador su red tendida, / Y saca un pececillo. «Por tu vida, / Exclamó el inocente prisionero, / Dame la libertad: sólo la quiero, / Mira que no te engaño, / Porque ahora soy ruín; dentro de un a
el poeta y la rosaUna fresca mañana, / En el florido campo / Un Poeta buscaba / Las delicias de mayo. / Al peso de las flores / Se inclinaban los ramos, / Como para ofrecerse / Al huésped solitario. / Una Rosa lozana, / Movida al ai
el raposo enfermoEl tiempo, que consume de hora / en hora Los fuertes murallones elevados, / Y lo mismo devora / Montes agigantados, / A un Raposo quitó de día en día / Dientes, fuerza, valor, salud; de suerte / Que él mismo
el raposo y el loboUn triste Raposo / Por medio del llano / Marchaba sin piernas, / Cual otro soldado / Que perdió las suyas / Allá en Campo Santo. / Un Lobo le dijo: / «Hola, buen hermano, / Diga, ¿en qué refriega / Quedó tan lisiad
el raposo y el perroDe un modo muy afable y amistoso / El Mastín de un pastor con un Raposo / Se solía juntar algunos ratos, / Como tal vez los perros y los gatos / Con amistad se tratan. Cierto día / El Zorro a su compadre le
el raposo, la mujer y el galloCon la orejas gachas / Y la cola entre piernas, / Se llevaba un Raposo / Un Gallo de la aldea. / Muchas gracias al alba, / Que pudo ver la fiesta, / Al salir de su casa / Juana la madruguera. / Como una loca grit
el ratón de la corte y el del campoUn Ratón cortesano / Convidó con un modo muy urbano / A un Ratón campesino. / Diole gordo tocino, / Queso fresco de Holanda, / Y una despensa llena de vianda / Era su alojamiento, / Pues no pudiera haber un apo
el ruiseñor y el mochueloUna noche de Mayo, / Dentro de un bosque espeso, / Donde, según reinaba / La triste oscuridad con el silencio, / Parece que tenía / Su habitación Morfeo; / Cuando todo viviente / Disfrutaba de dulce y blando su
el tordo flautistaEra un gusto el oír, era un encanto, / A un Tordo gran flautista; pero tanto, / Que en la gaita gallega, / O la pasión me ciega, / O a Misón le llevaba mil ventajas. / Cuando todas las aves se hacen rajas / S
el torrente y el ríoDespeñado un Torrente / De un encumbrado cerro / Caía en una peña, / Y atronaba el recinto con su estruendo. / Seguido de ladrones / Un triste pasajero, / Despreciando el ruido, / Atravesó el raudal sin desalie
el viejo y el chalán«Fabio está, no lo niego, muy notado / De una cierta pasión, que le domina; / Mas ¿qué importa, señor? Si se examina, / Se verá que es un mozo muy honrado, / Generoso, cortés, hábil, activo, / Y que de todo
el viejo y la muerteEntre montes, por áspero camino, / Tropezando con una y otra peña, / Iba un Vejo cargado con su leña, / maldiciendo su mísero destino. / Al fin cayó, y viéndose de suerte / Que apenas levantarse ya podía, / L
el zagal y las ovejasApacentando un Joven su ganado, / gritó desde la cima de un collado: / «¡Favor!, que viene el lobo, labradores». / Éstos, abandonando sus labores, / acuden prontamente, / y hallan que es una chanza solament
el zapatero médicoUn inhábil y hambriento Zapatero / En la corte por médico corría: / Con un contraveneno que fingía / Ganó fama y dinero. / Estaba el Rey postrado en una cama, / De una grave dolencia; / Para hacer experiencia
esopo y un atenienseCercado de muchachos / Y jugando a las nueces, / Estaba el viejo Esopo / Más que todos alegre. / «¡Ah pobre! ya chochea», / Le dijo un Ateniense. / En respuesta, el anciano / Coge un arco que tiene / La cuerda fl
júpiter y la tortugaA las bodas de Júpiter estaban / Todos los animales convidados: / Unos y otros llegaban / A la fiesta nupcial apresurados. / No faltaba a tan grande concurrencia / Ni aun la reptil y más lejana oruga, / Cuand
la águila, la corneja y la tortugaA una Tortuga una Águila arrebata; / La ladrona se apura y desbarata / Por hacerla pedazos, / Ya que no con la garra, a picotazos. / Viéndola una Corneja en tal,faena, / La dice: «En vano tomas tanta pena: /
la águila, la gata y la jabalinaUna Águila anidó sobre una encina. / Al pie criaba cierta Jabalina, / Y era un hueco del tronco corpulento / De una Gata y sus crías aposento. / Esta gran marrullera / Sube al nido del Águila altanera, / Y co
la alforjaEn una Alforja al hombro / Llevo los vicios: / Los ajenos delante, / Detrás los míos. / Esto hacen todos; / Así ven los ajenos, / Mas no los propios.
la cierva y el cervatoA una Cierva decía / Su tierno Cervatillo: «Madre mía, / ¡Es posible que un perro solamente / Al bosque te haga huir cobardemente, / Siendo él mucho menor, menos pujante! / ¿Por qué no has de ser tú más arr
la cierva y el leónMás ligera que el viento, / Precipitada huía / Una inocente Cierva, / De un cazador seguida. / En una oscura gruta, / Entre espesas encinas, / Atropelladamente / Entró la fugitiva. / Mas ¡ay! que un León sañudo, /
la cierva y la viñaHuyendo de enemigos cazadores / Una Cierva ligera; / Siente ya fatigada en la carrera / Más cercanos los perros y ojeadores. / No viendo la infeliz algún seguro / Y vecino paraje / De gruta o de ramaje, / Crece
la cigarra y la hormigaCantando la cigarra / pasó el verano entero / sin hacer provisiones / allá para el invierno; / los fríos la obligaron / a guardar el silencio / y a acogerse al abrigo / de su estrecho aposento. / Viose desproveíd
la codornizPresa en estrecho lazo / la Codorniz sencilla, / daba quejas al aire, / ya tarde arrepentida. / «¡Ay de mí miserable / infeliz avecilla, / que antes cantaba libre, / y ya lloro cautiva! / Perdí mi nido amado, / per
la comadreja y los ratonesDébil y flaca cierta Comadreja, / No pudiendo ya más, de puro vieja, / Ni cazaba ni hacía provisiones / De abundantes Ratones, / Como en tiempos pasados, / Que elegía los tiernos, regalados, / Para cubrir su
la danza pastorilA la sombra que ofrece / Un gran peñón tajado, / Por cuyo pie corría / Un arroyuelo manso, / Se formaba en estío / Un delicioso prado. / Los árboles silvestres / Aquí y allí plantados, / El suelo siempre verde, / D
la gallina de los huevos de oroÉrase una Gallina que ponía / un huevo de oro al dueño cada día. / Aun con tanta ganancia mal contento, / quiso el rico avariento / descubrir de una vez la mina de oro, / y hallar en menos tiempo más tesoro
la gata con cascabelesSalió cierta mañana / Zapaquilda al tejado / Con un collar de grana, / De pelo y cascabeles adornado. / Al ver tal maravilla, / Del alto corredor y la guardilla / Van saltando los gatos de uno en uno. / Congrég
la gata mujerZapaquilda la bella / Era gata doncella, / Muy recatada, no menos hermosa. / Queríala su dueño por esposa, / Si Venus consintiese, / Y en mujer a la Gata convirtiese. / De agradable manera / Vino en ello la dio
la hacha y el mangoUn hombre que en el bosque se miraba / Con una Hacha sin Mango, suplicaba / A los árboles diesen la madera / Que más sólida fuera / Para hacerle uno fuerte y muy durable. / Al punto la arboleda innumerable /
la hermosa y el espejoAnarda la bella / Tenía un amigo / Con quien consultaba / Todos sus caprichos: / Colores de moda, / Más o menos vivos, / Plumas, sombrerete, / Lunares y rizos / Jamás en su adorno / Fueron admitidos, / Si él no la de
la lecheraLlevaba en la cabeza / una Lechera el cántaro al mercado / con aquella presteza, / aquel aire sencillo, aquel agrado, / que va diciendo a todo el que lo advierte / «¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!»
la leona y el osoDentro de un bosque oscuro y silencioso, / Con un rugir continuo y espantoso, / Que en medio de la noche resonaba, / Una Leona a las fieras inquietaba. / Dícela un Oso: «Escúchame una cosa: / ¿Qué tragedia
la mariposa y el caracolAunque te haya elevado la fortuna / Desde el polvo a los cuernos de la luna, / Si hablas, Fabio, al humilde con desprecio / Tanto como eres grande serás necio. / ¡Qué! ¿Te irritas? ¿Te ofende mi lenguaje?
la modaDespués de haber corrido / Cierto danzante mono / Por cantones y plazas, / De ciudad en ciudad, el mundo todo, / Logró, dice la historia, / Aunque no cuenta el cómo, / Volverse libremente / A los campos del Áfr
la monaSubió una Mona a un nogal. / Y cogiendo una nuez verde, / En la cáscara la muerde; / Con que la supo muy mal. / Arrojóla el animal, / Y se quedó sin comer. / Así suele suceder / A quien su empresa abandona. / Por
la mona corridaEl autor a sus versos / Fieras, aves y peces / Corren, vuelan y nadan, / Porque Júpiter sumo / A general congreso a todos llama. / Con sus hijos se acercan, / Y es que un premio señala / Para aquel cuya prole / E
la mona y la zorraEn visita una Mona / Con una Zorra estaba cierto día, / Y así, ni más ni menos, la decía: / «Por mi fe, que tenéis bella persona, / Gallardo talle, cara placentera, / Airosa en el andar, como vos sola, / Y a
la muertePensaba en elegir la reina Muerte / Un ministro de Estado: / Le quería de suerte / Que hiciese floreciente su reinado. / «El Tabardillo, Gota, Pulmonía / Y todas las demás enfermedades, / Yo conozco, decía, / Q
la onza y los pastoresEn una trampa una Onza inadvertida / Dio mísera caída. / Al verla sin defensa, / Corrieron a la ofensa / Los vecinos Pastores, / No valerosos, pero sí traidores. / Cada cual por su lado / La maltrataba airado, /
la oveja y el ciervoUn celemín de trigo / Pidió a la Oveja el Ciervo, y la decía: / «Si es que usted de mi paga desconfía, / A presentar me obligo / Un fiador desde luego, / Que no dará lugar a tener queja.» / «Y ¿quién es éste?
la palomaUn pozo pintado vio / Una Paloma sedienta: / Tiróse a él tan violenta, / Que contra la tabla dio. / Del golpe, al suelo cayó, / Y allí muere de contado. / De su apetito guiado, / Por no consultar al juicio, / Así
la pava y la hormigaAl salir con las yuntas / Los criados de Pedro, / El corral se dejaron / De par en par abierto. / Todos los pavipollos / Con su madre se fueron, / Aquí y allí picando, / Hasta el cercano otero. / Muy contenta la
la serpiente y la limaEn casa de un cerrajero / Entró la Serpiente un día, / Y la insensata mordía / En una Lima de acero. / Díjole la Lima: «El mal, / Necia, será para ti; / ¿Cómo has de hacer mella en mí, / Que hago polvos el meta
la tortuga y el águilaUna Tortuga a una Águila rogaba / La enseñase a volar; así la hablaba: / «Con sólo que me des cuatro lecciones, / Ligera volaré por las regiones; / Ya remontando el vuelo / Por medio de los aires hasta el c
la zorra y el bustoDijo la Zorra al Busto, / Después de olerlo: / «Tu cabeza es hermosa, / Pero sin seso» / Como éste hay muchos, / Que aunque parecen hombres, / Sólo son bustos.
la zorra y el chivoUna Zorra cazaba; / Y al seguir a un gazapo, / Entre aquí se escabulle, allí le atrapo, / En un pozo cayó que al paso estaba. / Cuando más la afligía su tristeza, / Por no hallar la infeliz salida alguna, / V
la zorra y la gallinaUna Zorra, cazando, / De corral en corral iba saltando; / A favor de la noche, en una aldea / Oye al gallo cantar: maldito sea. / Agachada y sin ruido, / A merced del olfato y del oído, / Marcha, llega, y oli
la zorra y las uvasEs voz común que a más del mediodía, / en ayunas la Zorra iba cazando; / halla una parra, quédase mirando / de la alta vid el fruto que pendía. / Causábala mil ansias y congojas / no alcanzar a las uvas con
las cabras y los chivosDesde antaño en el mundo / Reina el vano deseo / De parecer iguales / A los grandes señores los plebeyos. / Las Cabras alcanzaron / Que Júpiter excelso / Les diese barba larga / Para su autoridad y su respeto. /
las dos ranasTenían dos Ranas / Sus pastos vecinos, / Una en un estanque, / Otra en el camino. / Cierto día a ésta / Aquélla la dijo: / «¡Es creíble, amiga, / De tu mucho juicio, / Que vivas contenta / Entre los peligros, / Donde
las exequias de la leonaEn su regia caverna, inconsolable / El rey león yacía, / Porque en el mismo día / Murió ¡cruel dolor! su esposa amable. / A palacio la corte toda llega, / Y en fúnebre aparato se congrega. / En la cóncava gru
las hormigasLo que hoy las Hormigas son, / Eran los hombres antaño: / De lo propio y de lo extraño / Hacían su provisión. / Júpiter, que tal pasión / Notó de siglos atrás, / No pudiendo aguantar más, / En hormigas los tran
las liebres y las ranasAsustadas las fiebres de un estruendo, / Echaron a correr todas, diciendo: / «A quien la vida cuesta tanto susto, / La muerte causará menos disgusto» / Llegan a una laguna de esta suerte / A dar en lo profu
las moscasA un panal de rica miel / Dos mil Moscas acudieron, / Que por golosas murieron, / Presas de patas en él. / Otra dentro de un pastel / Enterró su golosina. / Así si bien se examina / Los humanos corazones / Perece
las penitencias calculadasFue a consultar a un padre jubilado / un fraile jovencito / y recién aprobado / de confesor. Llegóse muy cortito / diciendo: -Yo quisiera / que su paternidad norma me diera / de aplicar penitencias competente
las ranas pidiendo reySin Rey vivía, libre, independiente, / El pueblo de las Ranas felizmente. / La amable libertad sola reinaba / En la inmensa laguna que habitaba; / Mas las Ranas al fin un Rey quisieron, / A Júpiter excelso
las ranas sedientasDos ranas que vivían juntamente, / En un verano ardiente / Se quedaron en seco en su laguna. / Saltando aquí y allí, llegó la una / A la orilla de un pozo. / Llena entonces de gozo, / Gritó a su compañera: / «V
los animales con pesteEn los montes, los valles y collados, / de animales poblados, / se introdujo la peste de tal modo, / que en un momento lo inficiona todo. / Allí donde su corte el león tenía, / mirando cada día / las cacerías
los cangrejosLos más autorizados, los más viejos / De todos los Cangrejos / Una gran asamblea celebraron. / Entre los graves puntos que trataron, / A propuesta de un docto presidente, / Como resolución la más urgente / To
los dos amigos y el osoA dos Amigos se aparece un Oso: / El uno, muy medroso, / En las ramas de un árbol se asegura; / El otro, abandonado a la ventura, / Se finge muerto repentinamente. / El Oso se le acerca lentamente; / Mas como
los dos cazadoresQue en una marcial función, / O cuando el caso lo pida, / Arriesgue un hombre su vida, / Digo que es mucha razón. / Pero el que por diversión / Exponer su vida quiera / A juguete de una fiera / O peligros no me
los dos gallosHabiendo a su rival vencido un Gallo, / Quedó entre sus gallinas victorioso, / Más grave, más pomposo / Que el mismo gran Sultán en su serrallo. / Desde un alto pregona vocinglero / Su gran hazaña: el Gavil
los dos machosDos Machos caminaban: el primero, / Cargado de dinero, / Mostrando su penacho envanecido, / Iba marchando erguido / Al son de los redondos cascabeles. / El segundo, desnudo de oropeles, / Con un pobre aparejo
los dos perrosProcure ser en todo lo posible, / El que ha de reprender, irreprensible. / Sultán, perro goloso y atrevido, / En su casa robó, por un descuido, / Una pierna excelente de camero. / Pinto, gran tragador, su c
los dos titiriterosTodo el pueblo, admirado, / Estaba en una plaza amontonado, / Y en medio se empinaba un Titiritero, / Enseñando una bolsa sin dinero. / «Pase de mano en mano, les decía; / Señores, no hay engaño, está vacía
los gatos escrupulososA las once y aun más de la mañana / La cocinera Juana, / Con pretexto de hablar a la vecina, / Se sale, cierra, y deja en la cocina / A Micifuf y Zapirón hambrientos. / Al punto, pues no gastan cumplimiento
los navegantesLloraban unos tristes Pasajeros / Vendo su pobre nave combatida / De recias olas y de vientos fieros, / Ya casi sumergida; / Cuando súbitamente / El viento calma, el cielo se serena, / Y la afligida gente / Con
los ratones y el gatoMarramaquiz, gran gato, / De nariz roma, pero largo olfato, / Se metió en una casa de Ratones. / En uno de sus lóbregos rincones / Puso su alojamiento; / Por delante de sí, de ciento en ciento / Les dejaba po
un cojo y un picarónA un buen Cojo un descortés / Insultó atrevidamente; / Oyólo pacientemente, / Continuando su carrera, / Cuando al son de la cojera / Dijo el otro: «Una, dos, tres, / Cojo es.» / Oyólo el Cojo: aquí fue / Donde el