evaristo carriego
aquella vez que vino tu recuerdoLa mesa estaba alegre como nunca. / Bebíamos el té: mamá reía / recordando, entre otros, / no sé qué antiguo chisme de familia; / una de nuestras primas comentaba / -
como aquella otraSí, vecina: te puedes dar la mano, / esa mano que un día fuera hermosa, / con aquella otra eterna silenciosa / «que se cansara de aguardar en vano». / Tú también, c
conversandoEl libro sin abrir y el vaso lleno. / -Con esto, para mí, nada hay ausente-. / Podemos conversar tranquilamente: / la excelencia del vino me hace bueno. / Hermano,
cuando llega el viejoTodos están callados ahora. El desaliento / que repentinamente siguiera al comentario / de esa duda, persiste como un presentimiento. / El hermano recorre las not
después del olvidoPorque hoy has venido, lo mismo que antes, / con tus adorables gracias exquisitas, / alguien ha llenado de rosas mi cuarto / como en los instantes de pasadas cita
detrás del mostradorAyer la vi, al pasar, en la taberna, / detrás del mostrador, como una estatua… / Vaso de carne juvenil que atrae / a los borrachos con su hermosa cara. / Azucena re
el camino de nuestra casaNos eres familiar como una cosa / que fuera nuestra, solamente nuestra; / familiar en las calles, en los árboles / que bordean ]a acera, / en la alegría bulliciosa
el clavelFue al surgir de una duda insinuativa / hirió tu severa aristocracia, / como un símbolo rojo de mi audacia, / un clavel que tu mano no cultiva. / Quizás hubo una fr
en el barrioYa los de la casa se van acercando / al rincón del patio que adorna la parra, / y el cantor del barrio se sienta, templando, / con mano nerviosa la dulce guitarra
en el patioMe gusta verte así, bajo la parra, / resguardada del sol del mediodía, / risueñamente audaz, gentil, bizarra, / como una evocación de Andalucía. / Con olor a salud
en silencioQue este verso, que has pedido, / vaya hacia ti, como enviado / de algún recuerdo volcado / en una tierra de olvido… / para insinuarte al oído / su agonía más secreta
envíosA Doña Sylla Silva De Mas y Pi / En su álbum / Si de estas cuerdas mías, de tonos más que rudos, / te resultasen ásperos sus rendidos saludos, / y quieres blandos r
filtro rojoPorque hasta mí llegaste silenciosa, / la ardiente exaltación de mi elocuencia / derrotó la glacial indiferencia / que mostrabas, altiva y desdeñosa. / Volviste a s
has vueltoHas vuelto, organillo. En la acera / hay risas. Has vuelto llorón y cansado / como antes. / El ciego te espera / las más de las noches sentado / a la puerta. Calla y
invitaciónAmada, estoy alegre: ya no siento / la angustiosa opresión de la tristeza: / el pájaro fatal del desaliento / graznando se alejó de mi cabeza. / Amada, amada: ya, d
la dulce voz que oímos todos los días¡Tienes una voz tan dulce!… / Yo no sé por qué será, / te oímos y nos dan muchas / ganas de quererte más. / Tienes una voz tan dulce / y una manera de hablar, / que aun
la muerte del cisneEn un largo alarido de tristeza / los heraldos, sombríos, la anunciaron, / y las faunas errantes se aprontaron / a dejar el amor de la aspereza. / Con el Genio del
la música lejana que nos llegaAccede, te lo ruego así… Dejemos / -mientras se enfría el té que has preparado- / de leer el capítulo empezado: / amada, cierra el libro y escuchemos… / Y calla, po
la que hoy pasó muy agitada¡Qué tarde regresas!… ¿Serán las benditas / locuaces amigas que te han detenido? / Vas tan agitada!… ¿Te habrán sorprendido / dejando, hace un rato, las casas de
la silla que ahora nadie ocupaCon la vista clavada sobre la copa / se halla abstraído el padre desde hace rato, / pocos momentos hace rechazó el plato / del cual apenas quiso probar la sopa. / D
la vuelta de «caperucita»Entra sin miedo, hermana: no te diremos nada. / ¡Qué cambiado está todo, qué cambiado! ¿No es cierto? / ¡Si supieras la vida que llevamos pasada! / Mamá ha caído
las manosA todas las evoco. Pensativas, / cual si tuvieran alma, yo las veo / pasar, como teorías que viniesen / en las estancias líricas de un verso. / Las buenas, las cord
palmera brasileñaPalmera brasileña, que al caminante herido / ofrendaras tus dátiles de pasión y de olvido, / en el desierto único: tu eres la apoteosis / que, nimbando de incendi
ratos buenosEstá lloviendo paz. ¡Qué temas viejos / reviven en las noches de verano!… / Se queja una guitarra allá a lo lejos / y mi vecina hace reír al piano. / Escucho, fumo
revelaciónLujosamente bella y exquisita, / con aires de gitana tentadora, / llegaste, adelantándote a la hora, / rodeada de misterios a la cita. / El salón reservado oyó la c
sarmientoUna luz familiar; una sencilla / bondadosa verdad en el sendero; / un estoico fervor de misionero / que traía por biblia una cartilla. / Cuando en la hora aciaga, e
te vasYa lo sabemos. No nos digas nada. / Lo sabemos: ahórrate la pena / de contarnos sonriendo lo que sufres / desde que estás enferma. / ¡Ah!, te vas sin remedio, / te va
tu secreto¡De todo te olvidas! Anoche dejaste / aquí, sobre el piano, que ya jamás tocas, / un poco de tu alma de muchacha enferma: / un libro vedado, de tiernas memorias. /
tus manosMe obsedan tus manos exangües y finas, / ¡tus manos! puñales de heridas ajenas, / cuando en el teclado predicen, en notas, / las inapelables deseadas condena
una sorpresaHoy recibí tu carta. La he leído / con asombro, pues dices que regresas, / y aún de la sorpresa no he salido… / ¡Hace tanto que vivo sin sorpresas! / «Que por fin v
y pasas, y no sola, presintiendo doradosY pasas, y no sola, presintiendo dorados / orientes, los propicios a los enamorados, / como una novia enferma que evoca espirituales / promesas en las largas noch
ya sobre los hastíos de tus meditacionesYa sobre los hastíos de tus meditaciones, / como en fugas radiantes escucharás canciones / de músicas heráldicas, de las músicas locas / que enardecen las ansias
«caperucita roja» que se nos fue¡Ah, si volvieras!… ¡Cómo te extrañan mis hermanos! / La casa es un desquicio: ya no está la hacendosa / muchacha de otros tiempos. ¡Eras la habilidosa / que todo
¿no te veremos más?…¿Conque estás decidida? ¿No te detiene nada? / ¿Ni siquiera el anuncio de este presentimiento? / ¡No puedes negar que eres una desamorada: / te vas así, tranquil