PAIS POEMA

Libros de evaristo carriego

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evaristo carriego

aquella vez que vino tu recuerdo
La mesa estaba alegre como nunca. / Bebíamos el té: mamá reía / recordando, entre otros, / no sé qué antiguo chisme de familia; / una de nuestras primas comentaba / -recordando con gracia los modales, / de un
como aquella otra
Sí, vecina: te puedes dar la mano, / esa mano que un día fuera hermosa, / con aquella otra eterna silenciosa / «que se cansara de aguardar en vano». / Tú también, como ella, acaso fuiste / la bondadosa aman
como un deslumbramiento de rubias primaveras
Como un deslumbramiento de rubias primaveras / irradian y perfuman las dichas prisioneras / de todos tus encantos ¡Oh, poemas paganos! / Heroína y señora de rondeles galanos: / Para que siempre puedas orq
conversando
El libro sin abrir y el vaso lleno. / -Con esto, para mí, nada hay ausente-. / Podemos conversar tranquilamente: / la excelencia del vino me hace bueno. / Hermano, ya lo ves, ni una exigencia / me reprocha
cuando llega el viejo
Todos están callados ahora. El desaliento / que repentinamente siguiera al comentario / de esa duda, persiste como un presentimiento. / El hermano recorre las noticias del diario / que está sobre la mesa.
después del olvido
Porque hoy has venido, lo mismo que antes, / con tus adorables gracias exquisitas, / alguien ha llenado de rosas mi cuarto / como en los instantes de pasadas citas. / ¿Te acuerdas?… Recuerdo de noches lej
detrás del mostrador
Ayer la vi, al pasar, en la taberna, / detrás del mostrador, como una estatua… / Vaso de carne juvenil que atrae / a los borrachos con su hermosa cara. / Azucena regada con ajenjo, / surgida en el ambiente
el camino de nuestra casa
Nos eres familiar como una cosa / que fuera nuestra, solamente nuestra; / familiar en las calles, en los árboles / que bordean ]a acera, / en la alegría bulliciosa y loca / de los muchachos, en las caras / de
el clavel
Fue al surgir de una duda insinuativa / hirió tu severa aristocracia, / como un símbolo rojo de mi audacia, / un clavel que tu mano no cultiva. / Quizás hubo una frase sugestiva, / o viera una intención tu
en el barrio
Ya los de la casa se van acercando / al rincón del patio que adorna la parra, / y el cantor del barrio se sienta, templando, / con mano nerviosa la dulce guitarra. / La misma guitarra, que aún lleva en el
en el patio
Me gusta verte así, bajo la parra, / resguardada del sol del mediodía, / risueñamente audaz, gentil, bizarra, / como una evocación de Andalucía. / Con olor a salud en tu belleza, / que envuelves en exóticos
en silencio
Que este verso, que has pedido, / vaya hacia ti, como enviado / de algún recuerdo volcado / en una tierra de olvido… / para insinuarte al oído / su agonía más secreta, / cuando en tus noches, inquieta / por las
envíos
A Doña Sylla Silva De Mas y Pi / En su álbum / Si de estas cuerdas mías, de tonos más que rudos, / te resultasen ásperos sus rendidos saludos, / y quieres blandos ritmos de credos idealistas, / aguarda deli
filtro rojo
Porque hasta mí llegaste silenciosa, / la ardiente exaltación de mi elocuencia / derrotó la glacial indiferencia / que mostrabas, altiva y desdeñosa. / Volviste a ser la de antes. Misteriosa / como un rojo
has vuelto
Has vuelto, organillo. En la acera / hay risas. Has vuelto llorón y cansado / como antes. / El ciego te espera / las más de las noches sentado / a la puerta. Calla y escucha. Borrosas / memorias de cosas leja
invitación
Amada, estoy alegre: ya no siento / la angustiosa opresión de la tristeza: / el pájaro fatal del desaliento / graznando se alejó de mi cabeza. / Amada, amada: ya, de nuevo, el canto / vuelve a vibrar en mí,
la dulce voz que oímos todos los días
¡Tienes una voz tan dulce!… / Yo no sé por qué será, / te oímos y nos dan muchas / ganas de quererte más. / Tienes una voz tan dulce / y una manera de hablar, / que aunque a veces tú también / estés triste de v
la muerte del cisne
En un largo alarido de tristeza / los heraldos, sombríos, la anunciaron, / y las faunas errantes se aprontaron / a dejar el amor de la aspereza. / Con el Genio del bosque a la cabeza, / una noche y un día g
la música lejana que nos llega
Accede, te lo ruego así… Dejemos / -mientras se enfría el té que has preparado- / de leer el capítulo empezado: / amada, cierra el libro y escuchemos… / Y calla, por favor…Guarda tus finas / burlas: ten la
la que hoy pasó muy agitada
¡Qué tarde regresas!… ¿Serán las benditas / locuaces amigas que te han detenido? / Vas tan agitada!… ¿Te habrán sorprendido / dejando, hace un rato, las casas de citas? / ¡Adiós, morochita!… Ya verás, muc
la silla que ahora nadie ocupa
Con la vista clavada sobre la copa / se halla abstraído el padre desde hace rato, / pocos momentos hace rechazó el plato / del cual apenas quiso probar la sopa. / De tiempo en tiempo, casi furtivamente, / l
la vuelta de «caperucita»
Entra sin miedo, hermana: no te diremos nada. / ¡Qué cambiado está todo, qué cambiado! ¿No es cierto? / ¡Si supieras la vida que llevamos pasada! / Mamá ha caído enferma y el pobre viejo ha muerto… / Los
las manos
A todas las evoco. Pensativas, / cual si tuvieran alma, yo las veo / pasar, como teorías que viniesen / en las estancias líricas de un verso. / Las buenas, las cordiales, generosas / madrecitas de olvidos e
palmera brasileña
Palmera brasileña, que al caminante herido / ofrendaras tus dátiles de pasión y de olvido, / en el desierto único: tu eres la apoteosis / que, nimbando de incendios sus fecundas neurosis, / cruzas por los
quiero brindarte versos porque te finjo buena
Quiero brindarte versos porque te finjo buena, / con no sé que bondades, y porque eres morena / como la inspiradora de mis lejanos votos… / -perspectivas azules de paisajes remotos- . / Generosa que ampar
ratos buenos
Está lloviendo paz. ¡Qué temas viejos / reviven en las noches de verano!… / Se queja una guitarra allá a lo lejos / y mi vecina hace reír al piano. / Escucho, fumo y bebo en tanto el fino / teclado da otra
revelación
Lujosamente bella y exquisita, / con aires de gitana tentadora, / llegaste, adelantándote a la hora, / rodeada de misterios a la cita. / El salón reservado oyó la cuita / de una cálida noche pecadora, / y al
sarmiento
Una luz familiar; una sencilla / bondadosa verdad en el sendero; / un estoico fervor de misionero / que traía por biblia una cartilla. / Cuando en la hora aciaga, en el oscuro / ámbito de la sangre, su mira
si de estas cuerdas mías, de tonos más que rudos
A Doña Sylla da Silva / Si de estas cuerdas mías, de tonos más que rudos, / te resultan en ásperos sus rendidos saludos, / y quieres blandos ritmos de credos idealistas, / aguarda delicados poetas moderni
te vas
Ya lo sabemos. No nos digas nada. / Lo sabemos: ahórrate la pena / de contarnos sonriendo lo que sufres / desde que estás enferma. / ¡Ah!, te vas sin remedio, / te vas, y, sin embargo, no te quejas: / jamás t
tu secreto
¡De todo te olvidas! Anoche dejaste / aquí, sobre el piano, que ya jamás tocas, / un poco de tu alma de muchacha enferma: / un libro vedado, de tiernas memorias. / Íntimas memorias. Yo lo abrí, al descuid
tus manos
Me obsedan tus manos exangües y finas, / ¡tus manos! puñales de heridas ajenas, / cuando en el teclado predicen, en notas, / las inapelables deseadas condenas… / Tus manos, amores de nardos y rosas, /
una sorpresa
Hoy recibí tu carta. La he leído / con asombro, pues dices que regresas, / y aún de la sorpresa no he salido… / ¡Hace tanto que vivo sin sorpresas! / «Que por fin vas a verme…, que tan larga / fue la separa
y pasas, y no sola, presintiendo dorados
Y pasas, y no sola, presintiendo dorados / orientes, los propicios a los enamorados, / como una novia enferma que evoca espirituales / promesas en las largas noches sentimentales; / o esperas al amado, so
ya sobre los hastíos de tus meditaciones
Ya sobre los hastíos de tus meditaciones, / como en fugas radiantes escucharás canciones / de músicas heráldicas, de las músicas locas / que enardecen las ansias y enrojecen las bocas / en besos fecundant
«caperucita roja» que se nos fue
¡Ah, si volvieras!… ¡Cómo te extrañan mis hermanos! / La casa es un desquicio: ya no está la hacendosa / muchacha de otros tiempos. ¡Eras la habilidosa / que todo lo sabías hacer con esas manos…! / El men
¿no te veremos más?
…¿Conque estás decidida? ¿No te detiene nada? / ¿Ni siquiera el anuncio de este presentimiento? / ¡No puedes negar que eres una desamorada: / te vas así, tranquila, sin un remordimiento! / ¡Has sido tanto