PAIS POEMA

Libros de eugenio montale

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eugenio montale

carta a bobi
A fuerza de exclusiones / te quedaba cuanto tú podías / apretar en las manos: y era / de quien lo comprendía. Te he seguido / varias veces sin que lo supieras. Varias veces / he andado la calle Cecilia Ritt
casi una fantasía
Amanece de nuevo, lo presiento / por el albor de vieja / plata en las paredes: / las ventanas cerradas se vetean de un tenue resplandor. / Vuelve el advenimiento del sol / pero sin las difusas voces, / los ac
corno inglés
En la tarde, sinfónicos los vientos / tocando están, con un fragor de olas, / su instrumental de árboles espesos. / Y el horizonte bruñen donde asoman / lampos como aquilones gigantescos: / muda borrasca de
delta
La vida que se gasta en los trasiegos / secretos he ligado a ti: / ésa que se debate en sí y parece / casi que no te sabe, presencia sofocada. / Cuando el tiempo se atasca en sus rompeolas / tu acaso al suy
día y noche
Hasta una pluma que vuela puede dibujar / tu figura, o el rayo que juega al escondite / entre los muebles, o el guiño del espejo / de un niño, desde los tejados. Sobre las murallas / jirones de vapor prol
dolor de vivir
Frecuentemente hallé el dolor: vivir / era el riochuelo estertoroso, agónico; / la llama retorciéndose en la pira; / el cabello en la ruta, inútil, roto. / Placer no conocí. Sólo el milagro / que obra la di
dos en el crepúsculo
Fluye entre tú y yo en el mirador / un claror submarino que deforma / perfiles de colinas y tu rostro. / Está en un fondo huidizo, cada gesto / tuyo es ajeno a ti; entra sin huella / y se esfuma, en el medi
el lago de annecy
No sé por qué mi recuerdo te vincula / al lago de Annecy / que visité algunos años antes de tu muerte. / Mas entonces no te recordé, era joven / y me creía dueño de mi suerte. / Por qué puede irrumpir una m
el olor de la herejía
¿Fue Miss Petrus, secretaria y hagiógrafa / de Tyrrell, su amante? Sí, fue la respuesta / del barnabita, y un movimiento gélido de horror / serpenteó entre los familiares, los amigos y otros / ocasionales
encuentro
No me abandones tú, tristeza mía, / sobre el camino / que azota el viento extraño / con su cálido soplo, y cede; cara / tristeza al viento que se extingue: y empujada / por éste hacia la rada, / donde la últi
felicidad lograda
Felicidad lograda, caminamos / por ti sobre un filo de espada. / Para los ojos eres resplandor que vacila; / para el pie, tenso hierro que se raja; / que no te toque, pues, quien más te ama. / Si llegas a l
la anguila
La anguila, la sirena / de los mares fríos que deja el Báltico / para llegar a nuestros mares, / a nuestros estuarios, a los ríos / que remonta por el fondo, bajo la crecida adversa, / de cauce a cauce, y d
la casa de los aduaneros
Tú no recuerdas la casa de los aduaneros / sobre el barranco profundo de la escollera: / desolada te espera desde la noche / en que entró allí el enjambre de tus pensamientos / y se detuvo inquieto. / El su
la forma del mundo
Si tiene el mundo la forma del lenguaje / y el lenguaje la forma de la mente, / la mente son sus plenos y vacíos / no es nada o casi y no puede salvarnos. / Así habló Papirio. Ya era noche / y llovía. Pongá
mediterráneo
Antiguo, estoy embriagado por la voz / que brota de tus bocas cuando se abren / como verdes campanas y se repelen / hacia atrás, disolviéndose. / La casa de mis veranos juveniles / -lo sabes- estaba a tu la
para anastasia cima
Tu edad me asusta, / te defiende y me acusa; es el saberte igual / en un tiempo distinto lo que tal vez me entristece… / Un espacio de años nos separa, / mas un gesto tuyo anula la distancia. / En la puerta
poema 5
Del brazo tuyo he bajado por lo menos / un millón de escaleras / y ahora que no estás, cada escalón es un vacío. / También así de breve fue nuestro largo viaje. / El mío aún continúa, mas ya no necesito / l
rememoro tu sonrisa, y es para mí como el agua límpida
Rememoro tu sonrisa, y es para mí como el agua límpida / hallada al azar en la pedrera de un arenal, / exiguo espejo en el que mira una hiedra sus corimbos; / y encima el abrazo de un tranquilo cielo bl
salto e inmersión
El que se arroja al agua tomado al ralentí / diseña un arabesco filiforme / y en tal cifra quizá se identifica / su vida. Quien está en el trampolín / aún está muerto, muerto quien vuelve / a nado hasta la
sestear pálido y absorto
Sestear pálido y absorto / junto a la ardiente tapia de un huerto. / Escuchar entre endrinos y zarzas / chasquidos de mirlos, rumores de ofidio. / En las grietas del suelo o la algarroba / acechar las hiler
siria
Decían en la Antigüedad que la poesía / es una escalera a Dios. Tal vez no lo sea / cuando me lees ahora. Pero lo supe el día / que por ti volví a encontrar mi voz, disuelto / en un rebaño de nubes y
tal vez una mañana caminando bajo un aire de vidrio
Tal vez una mañana caminando bajo un aire de vidrio / árido, volviéndome, veré hacerse el milagro: / la nada a mis espaldas, el vacío detrás / de mí, con terror de borracho. / Luego, como en una pantalla,
viento sobre la media luna
El gran puente no llevaba hacia ti. / Te habría alcanzado hasta navegando / en las cloacas, a una orden tuya. / Pero ya las fuerzas, con el sol en los cristales / de los miradores, se iban agotando. / El ho