eugénio de castro
amor verdaderoTu frialdad agiganta mi deseo / cierro los ojos para no mirarte / y cuando más procuro el esquivarte / más en mis ansias férvidas te veo. / Sobre la huella de tus p
amor verdadero (otra versión)Tu indiferencia aumenta mi deseo; / cierro los ojos yo por olvidarte, / y cuando más procuro no mirarte / y más cierro los ojos, más te veo. / Humildemente en pos d
camino de parisDel sol a los fulgores matutinos, / rumbo a París, atravesando a España, / paró el convoy en aldehuela extraña / que borda un río con sus chopos finos. / Llena el a
crepúsculoPrimera voz / Oh peregrino que estás llorando, / di, ¿por qué lloras? / vente conmigo: reirán cantando / todas las horas. / ¡Vente, no tardes! Soy el Amor, / ¡quiero da
el peregrinoEn el poniente / el esplendor del sol se diluía. / Y un caballero, en un vetusto puente, / meditaba y decía: / -«Judith, Ana y Arminda, / y Lidia, de labios sensuales
epitafioEn la tumba de una doncella / Muchas tardes, detrás de mi ventana, / vi anochecer, con ánimo rendido, / en espera del novio presentido / que vi en mi sueño azul de
las hilanderasLa anciana y la doncella / hacen girar sus husos vibrátiles. La anciana, / ciñe una veste negra, / muy negra; la doncella ciñe una veste blanca. / La viejecita llor
liedBajo el milagro lírico de un cielo florecido / que rielaba en tus ojos su inefable fulgor, / una noche te dije, quedamente, al oído: / -¡Cuán pequeño es el mundo
naranjas y violetasLIDIA, la dulce novia de mi infancia, / por cuyo amor de mariposa aún gimo, / me envía de naranjas un racimo / con violetas de mística fragancia. / Unas y otras nac
nocturnoEn la viudez de la alameda / por el árido suelo / pasan hojas secas danzando. / Paisaje vago como el revés de una seda… / eriales que el crepúsculo mulle de terciop