PAIS POEMA

Libros de eugen jebeleanu

Autores

eugen jebeleanu

como un niño
Estoy contento y sin embargo sufro / de que viví mi amor como he vivido / y siento no haber sido siempre tuyo, / pero cerca de ti me transfiguro. / Como un niño que aplasta su rostro contra el vidrio / y es
el sueño de un viejo pescador
Oh, los huesos… las piernas… y las manos / y los ojos… / y el sueño mismo… / dolores, nada más que dolores. / Engañador… te conozco. / dame peces nunca atrapados… / También soy un niño, / una criatura, / acunado
el sueño del poeta
Estas montañas son de sílex, / sus frentes desafían / por millones de años, terremotos, / áspera tiara indiferente / que despedaza las nubes. / Nadie puede / dar otro rostro / al sílex, a las rocas, al granito,
encuentro con hiroshima
a Kaoru Yasui / Tierra, tierra muda. / Muda, / con la piel quemada, con el cuerpo desnudo, / perdón, Hiroshima … / Perdón por cada paso / que golpea una herida, abre una cicatriz… / Perdón por cada mirada, / que
la voz de la ceniza
No sé quién soy; todo se ha transformado / en mí. No sé quién soy y, sin embargo, existo. / Leve soy y pesada como una maldición, / y piedra soy y vida inacabada. / No juguéis conmigo, asesinos. / me escurr
la voz de una mujer
Devolvedme mi niño / -nada quiero saber- / aunque tenga / la cara / de un monstruo, / no importa cómo sea, / devolvedme mi niño / no importa cómo, / y si no puede ser para toda la vida / (para esta vida miserable / y
las voces de los pájaros de hiroshima
-¿Dónde, dónde están? / -¿Quiénes? / -¿Dónde, dónde están? / -¿Quiénes? ¿Quiénes? / -¿Dónde están? / -¿Quiénes? ¿ Quiénes? / -Los hombres… / -No sé. Mira, copos de ceniza… / Han volado todos… / -¿Adónde, adónde? / -N
los sueños de la ciudad
Sueña en este instante la ciudad / sueños / nacidos del Dolor o / de la Alegría, / pues uno y / otra sueñan… / Serena, / la Alegría quisiera engendrar criaturas / que se le parezcan, / en tanto que el Dolor, / desfig
metamorfosis
Pude haber sido un árbol, bajo el cual / tú te habrías recostado cuando yo no te conocía, / habría hecho oscilar dulcemente una de mis ramas, casi al azar, / para besar tus ojos. / Habría sido quizás una
una voz
¡Dejádme llorar, que ha muerto la Esperanza… / asesinada en pleno día, ahora…! / ¡Traédme de las sombras el vestido más triste / y cubrid mi semblante con un inmenso velo de humo! / Quiso arropar a los pe