enrique morón
canciónAyer me fui y ayer vine / pero me vuelvo a marchar. / Dichoso el hombre que tiene / casa donde pernoctar / y abrigo para sus hombros / y, para sus labios, pan. / Dichos
celindasEntre celindas estabas aquella tarde de estío. / Por el cielo de tus ojos volaban los ruiseñores. / Y era el amor en tu frente sereno como el rocío; / y era la ri
cementerio de narilaSubimos la ladera / ungidos por la calma del verano / de aquella tarde. Era / nuestra emoción paloma que en la mano / su corazón golpea / clamando libertad. Como una
despedidaTe vas y yo me quedo para siempre conmigo. / Una quietud de árbol nace por mi cintura. / Te vas como una sombra, reptando la llanura, / herida por las uñas larguí
oda a la circunferenciaSe quebraron los bordes del polígono / y se hicieron flexibles las aristas. / La mañana es redonda y en sus curvas / hay labios circulares y sonrisas. / ¡Oh, los gi
oda al número ceroRedonda negación, la nada existe / encerrada en tu círculo profundo / y ruedas derrotado por el mundo / que te dio la verdad que no quisiste. / Como una luna llena
oda al número dosSiempre infantil caminas por las cifras / enseñando tu cola puntiaguda, / y tu panza de niño adolescente / por donde se resbala la ternura. / Eres, al fin, el único
oda al signo menosPero llegó el silencio. Y el otoño / era una muerte horizontal y sola; / los árboles talados, las umbrías / enmohecidas de olvidos y de hojas. / Atardecer. Puñales
presenciaCerca de mí tus ojos, / tu cintura de mimbre, / tu valor de quererme / y tu frágil anhelo / de brisas venideras. / Rotunda estás y eres / para mis labios curvos. / Cerca
seco dolor en la nocheNo sé. Quiero llorar. Pero es a veces / cuando el llanto no acude. Y es preciso / llorar. Y es necesario llorar. No sé. / Pero me invade un dolor por el cuerpo. / U
soledadMe duele el corazón, rejas de acero. / y a lo lejos el mar y los marinos. / Los montes juegan a la rueda. Quiero / la libertad del mar y los caminos. / Desde la sol