País Poema - Autores

enrique molina

adiós
Un día más, sólo un minuto más, para estar vivo / y despedirme de cuanto amé. / Para decir adiós a las cosas que vi y toqué mientras moría / desde el instante mis
algún vestigio de tu paso
La dulzura de recordar el sol en la espiral del sueño / y el vano poder de haber ido tan lejos. / Es tan extraño perdurar, oír aún / la grave letanía de los hueso
alta marea
Cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan / se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del orgullo / la errónea maravilla de sus noches de
amantes antípodas
Tu cuerpo y el lazo de seda rústica que conduce a las plantaciones / de la costa / al sudor de tu cabellera quemada por las nubes / a los instantes inolvidables / -
despedida
¡Adiós pájaro definitivo! / Continuarás tu vuelo en mi alma / sin entenderme, pero conmigo. / Es tan bello este día invernal, / hay tanta distancia en tus alas: / lo
el erotismo y las gaviotas
Ahora pido evidencias, certidumbres. / En mi extraño escenario, pasiones y las aves remotas, / surgen paraderos, lugares troncos, idilios, / el sol está partido e
el lugar del principio
La casa está perdida en un jardín / o un jardín esconde en su garganta el hogar que / vivimos, / lenguaje elemental, / laberinto de piedra, / las ramas de los árboles
elegía
Esos cuerpos que alguna vez latieron en mis brazos / cuando el sol era un lento reverbero en su piel, / cuando sus cabelleras se volcaban como oleadas de fiebre
ellos, los muertos
Son los que nunca dan la mano / Pero abren la boca del lobo / Los que esparcen la espuma amarga / Que rezuma de las iglesias / Los que de pronto se bifurcan / Entre e
joven desierto
Cuando llega la noche y solitario torno / a mi grisáceo lecho, como a una madriguera / donde, cual una amante fiel, la desesperanza contra mi pecho sube / con gui
juego de espejos
Una mujer tan secreta y lenta, pero insisto / en descubrir el sol que la nutre y el león que olfatea / su nuca / en la sombra, / cuando duerme de bruces, / de modo qu
la prisionera
Perro / no toques esos senos donde las más delicadas violetas orgánicas serán un hervidero de escorpiones un ladrido baldío en la ribera caliente de esa sirvi
la vida prenatal
Era el corazón de mi madre / Aquel tam tam de las tinieblas / Aquel temblor sobre mi cráneo / En las membranas de la tierra / (La lenta piragua materna / Un ritmo de
las cosas y el delirio mientras corren los grandes días
Arde en las cosas un terror antiguo, un profundo y secreto soplo, / un ácido orgulloso y sombrío que llena las piedras de grandes / agujeros, / y torna crueles la
las nubes no retornan
La memoria de la ola / flota dispersa en la costa baldía. / escucha ahora, vagabundo acechante, entre el vino / descolorido y la noche. / ¿Y quién puede dormir? / El
los hoteles secretos
El brillo nómade del mundo / como un ascua en el alma una joya del tiempo / se abre tan sólo al paso de ciertos hechos tormentosos / arrastrados por la corriente /
mensaje secreto
Hacia abajo en la oscura humedad de los helechos que tal vez / sean yo mismo o divinidades monótonas / desciendo / al antro de mi sexo / con la investidura de un cu
nada de nostalgia
El que pueda llegar que llegue / Esta es la sal de las partidas / Una perla de amor insomne / Entre manos desconocidas / Lechos de plumas en el viento / Sólo dormimos
pasiones terrestres
Negra Vahíne, / tu oscura trenza hacia tus pechos tibios / baja con su perfume de amapolas, / con su tallo que nutre la luz fosforescente, / y miras melancólica cóm
poema cinco
La lluvia / se desliza por las plumas del día, / siempre inconclusa / como una muchacha / llena de astucias y caricias / libre para conjurar / lo más hondo y furtivo de
poema cuatro
La luna que tan dulcemente se dora en el campo / es mi madre cuando tocaba el violín / entre las lagunas y el pasto dormido, / en un campo tan dilatado, / rodeada d
poema diez
Las estatuas de sal que tanto hemos amado / tras el gemido de Sodoma y Gomorra, / sus cuerpos se deshacen si las ciñen tus brazos. / Amantes desoladas como un pai
poema siete
Sobre el viejo recolector de pedruscos / se posa un pájaro, / sobre el hombre de los tatuajes / cristalizan las aguas de tantas travesías, / rudas orgías, ceremonia
poema trece
Bien sé cómo es ella, secreta y perversa / como un ángel del bosque, se hunde / en mi sangre, canta en la noche / como un río que corre debajo de las piedras. / Per
poema tres
La mujer de los pechos oscilantes / deja posar sobre ellos / a las mariposas, / al temblor de las hojas en la brisa, / al aullido del gato nocturno. / Sus dientes des
sólo una etapa
Piedras llevadas por el viento, / con la misteriosa canción de los muertos / retumban / contra mi corazón, y la antigua / pasión del furor de partir sopla de nuevo,
un oscuro mensaje
Criatura enigmática, / con el anillo verde del reino vegetal / y su respiración de silenciosa sombra, / sin pasiones, / una divinidad indescifrable. / Con su lenta ex