enrique gracia trinidad
ahora en este encuentroCuando la fiesta del señor se acaba / y empieza la del siervo… / -quizá tan solo un niño sueña con el mar- / cuando ya desoladas las botellas ofrecen lo que no pudo / entrar en las frágiles copas… / Ahora e
como el olvidoComo el olvido, / como las lágrimas y el sueño / que ya no se recuerda. / Así de amargo / el libro y cuanto en él se escribe / con la sangre. / Igual de amargo que este tiempo / que pasa como un trueno sobre el
de 'sin noticias de gato de ursaria'Proemio / Sobre el incierto origen de Gato de Ursaria. / Gato de Ursaria, como indica su nombre, nació en la casi legendaria / ciudad de Ursaria; antigua «tierra de osos» en la que ya no quedan osos. / Pu
dificultadesLo más difícil es que el corazón / recorra su distancia sin heridas, / que el tiempo tenga besos suficientes / entre las páginas del libro que hace piedra la Historia. / Lo más difícil es / que las fotograf
el silencio ha crecido y está soloBuscaremos la risa de los niños / y no la encontraremos, / ese leve chasquido de las hojas / pisadas en los parques, / un susurro del sol en nuestro rostro, / el perfecto latido / que hace dormir la mano sobr
el tiempo es una ciega locura de campanas«…Pues el tiempo está próximo.» (1.3) / El tiempo es una ciega locura de campanas / que da vueltas detrás de una sonrisa, / mientras se ciñe al suelo inerte / la última paloma. / Vinimos desde el cobre fecu
freihafenEn la tarima va creciendo un musgo / insoportable, / hiede a promesas rotas, a muertos prematuros, / hiede la muerte del cobarde / y la del héroe, / la muerte de los pobres / y los ricos, / del intruso, / la muer
igual, igualComo el insecto que ignora que lo es y se esfuerza por cumplir la tarea con su estirpe. / Como las puertas que no saben si fueron colocadas para entrar o salir. “Perded toda esperanza” “prohibido el
mercado de las ventasNada como las bolsas de plástico y de mimbre / flotando a media altura en el mercado, / bajo las manos de mujeres fuertes, / sobre pequeños carros donde un mundo cabe, / siempre dejando ver algún tallo de
razón de escribirEscribir para un tiempo / en el que no estaremos para nadie, / y en el más favorable de los casos / seremos una máscara de polvo / maquillando los libros de alguna estantería. / Escribir para un siglo, si e
restos de almanaqueLa mitad de los días es resto de almanaque, / y el tiempo está cansado / de jugar con nosotros, con tu pelo de alcázar / que mis manos asedian, / con tus ojos de alquimia, / con el fuego robado / que se agita
te quieroCuando alguien pronuncia esas palabras / todo se paraliza. / Los asuntos más graves adelgazan, las noticias se duermen / en los ordenadores, / las solemnes estatuas / bajan del pedestal, juegan al mus / y pie
tercera crónica del guardiánEl hechicero acaba su tarea, / acaricia su barba satisfecho / y sus labios se curvan en lánguida sonrisa / -la que debe tener todo alquimista que aprecie su trabajo-. / La luna se despide como un guiño / de
tratado de los gestosA Soledad Serrano / que creyó en este poema antes que yo. / Algunos gestos son arrojadizos, están llenos de furia, listos para que el aire se ilumine y sepa la distancia, / la infinita distancia miserab
una niña de azul con un plumier de pinoHa muerto en Conde Duque / una niña de azul con un plumier de pino. / Es una vieja estúpida la noche de Madrid, una mueca sin dientes que recuesta su rictus de sonrisa en las aceras. / A lo lejos, / detrá
ven, amigoVen, amigo, / voy a darte un lugar. / Acércate, / dentro de este cajón están tus huesos, / semilla de un mañana que no te corresponde. / No serán ni tu flor, / ni tu árbol nuevo, / ni siquiera el vacío de tu no
viajeros al trenDesesperada y gris, un poco loca, / se dispuso a viajar conmigo al fin del mundo. / -Eso está lejos -dije-, / mejor nos vamos hasta el parque, / patatas fritas y cerveza, sol, / para qué más. / Pero ella sigu
¿qué diablos escribo yo en la agenda?Me levanté por la mañana, / la fecha es lo de menos, / dispuesto a ser vulgar, como se debe, / pero no funcionaba la rutina. / Alguien debió quitar los plomos de la mediocridad / o a Dios se le olvidó que e