eloy sánchez rosillo
a lo lejosUna niña -qué lejos- me sonríe. / Y, desde allí, me mira. / Infancia de mi madre. / Vieja fotografía.
alabanza de la nocheLa luz los separaba. No podían / acomodar sus ojos al dolor que la mañana / derramaba en su mundo, en el tierno desorden de sus cosas. / El día le dictaba a la in
all passion spentCuánto trabajo cuesta, cuando la dicha acaba, / admitir que acabó y aceptar dignamente / esa nada terrible que sigue a la hermosura. / Ha cesado el encanto y ya n
alrededores de la luzCasi sin ver la realidad del día / ni la certeza de su claridad, / ando en busca de ti, de los vestigios / de unos años, de un mar, de unos lugares. / Porque la som
apunte de una tardeQue otros canten las armas y a los héroes, / los abismos del ser / o la complejidad del universo. / Dejadme a mí que diga la gracia irrepetible / de esta tarde de a
camino del silencioY ahora cállate. No dejes que a tus labios / se asomen nunca más las palabras que hoy / has dicho por vez última. Guarda la voz / para tu soledad. Que tu trabajo /
cavidad permanenteEran tan sólo cuerpos asustados, / carne color de grito, fiebre alerta / en la savia lunar de los rumores. / Al llegar pronunciaron su oleaje, / su ocupación cansad
cuerpo dormidoA veces recuerdo la tibieza de aquellos días, / la gracia de aquel cuerpo dormido, / la blancura del lecho en un rincón del cuarto, / el libro abandonado, entreab
de la tristeza del regresoExtraña conjunción, pueblo de ríos / fluyendo hacia ese centro, bajo un astro / que derrama su luz sobre las rocas. / Eterno mar, quimera de otro tiempo, / sombra a
dejadme aquí, sumido en la penumbraDejadme aquí, sumido en la penumbra / de esta habitación en la que tantas horas de mi vida / transcurrieron. / Es tarde ya. La noche se aproxima / y hoy -no sé por
después de la lluviaEn el atardecer, después de la lluvia, / el sol acariciaba las piedras de la antigua ciudad / de una especial manera, / con un profundo y triste y natural amor. / Y
el espejoMe instalo frente a ti, miro tus ojos / y vigilo el espacio donde tu voz me busca. / Me estremece el dolor del encuentro imprevisto, / la sed con que te acercas a
el mar estaba lejosEl mar estaba lejos. / Pero en el aire húmedo de la mañana / se percibía un vago olor salado y rumoroso. / Fue entonces cuando el hombre despertó. / Guardó en su pe
el poemaA veces me tropiezo con tu sonido. Escucho / un eco que golpea las paredes del sueño / y oigo en mi pulso un ritmo de aventura y suicidio. / La noche se hace ento
el veranoMejor tal vez sería no recordar de nuevo / los días que pasaron como caricias crueles / por tu piel y mis manos. / En la luz del deseo brillaron nuestros cuerpos /
el viajeroA veces me pregunto qué habría sido de mí / sin los recuerdos que tan celosamente guardo: / aquella callejuela que olía a madera y a fruta / en un húmedo barrio d
la casaYo sé que sigue allí. / Si la memoria / se acerca sin querer a las riberas / de aquel tiempo que grita en el silencio / de los días perdidos, se levanta / otra vez en
la casa vacíaAbre la puerta y da la luz. / Es ya muy tarde, / y sabe que en su casa nadie lo espera. / Todo / sigue en su sitio y el silencio pesa / sobre las mudas cosas que le i
la ciudad presentidaLa ciudad los ungió con las luces del alba / y extendió ante su asombro el viejo laberinto de sus calles. / Traspasaron el umbral de la mañana. Los ojos / se habi
la costumbreEsa ciudad del sur donde tú cantas / se me acerca en la noche. / Apenas oigo / el rumor encendido de un labio que pronuncia / las letras del deseo, / la fórmula secre
la luzNo se puede prever. Sucede siempre / cuando menos lo esperas. Puede pasar que vayas / por la calle, deprisa, porque se te hace tarde / para echar una carta en cor
la muerte del silencioComo alguien que después de un vasto tiempo de oscuridad / descubre tras el rostro de la noche / la inesperada presencia del amanecer, / halló el adolescente en u
las sombras anterioresAquel brillo asustado de tus ojos, cuando la tarde / derramaba su cansancio sobre la ciudad. / Aquella impotencia del deseo, del amor amenazado, / oprimido por un
marMe entrego sin tristeza a ese rumor amargo / en el que el miedo agita con ira sus metales, / y, habitante de un mundo de muerte y transparencia, / obligo a mi mir
noche de lunaLuna llena que observas / desde fuera del tiempo mi vivir en el tiempo: / viste morir entonces al niño que habitaba, / confiado, en mi ser; luego, al adolescente /
preludioYa no sé cuándo, pero una vez dijiste / algo sobre la noche, algo acerca / de los poderes de la oscuridad. / y tus palabras, tan extrañas a ti, tan diferentes / de
sonido de un cuerpoDejadme a solas una noche entera / con esta voz que tiembla decidida y mojada, / con este cuerpo frágil y agresivo que pronuncia las / letras de un incendio insta
tarde de junioAhora, juntos, vivimos la hermosura / de esta tarde de junio, / el fulgor de las horas en que nos entregamos / al conocimiento de la verdad del amor, / a la gran ll
tierra de la soledadCon el tiempo los cuerpos se acostumbran / a caminar completamente solos / sobre la tierra de la soledad. / Las vagas sensaciones, los recuerdos / de los lugares en