eloy sánchez rosillo
a lo lejosUna niña -qué lejos- me sonríe. / Y, desde allí, me mira. / Infancia de mi madre. / Vieja fotografía.
alabanza de la nocheLa luz los separaba. No podían / acomodar sus ojos al dolor que la mañana / derramaba en su mundo, en el tierno desorden de sus cosas. / El día le dictaba a la indolencia normas de claridad, / difíciles c
all passion spentCuánto trabajo cuesta, cuando la dicha acaba, / admitir que acabó y aceptar dignamente / esa nada terrible que sigue a la hermosura. / Ha cesado el encanto y ya no somos dueños / de aquella llamarada: tan
alrededores de la luzCasi sin ver la realidad del día / ni la certeza de su claridad, / ando en busca de ti, de los vestigios / de unos años, de un mar, de unos lugares. / Porque la sombra avanza y los astros escriben / sus órd
apunte de una tardeQue otros canten las armas y a los héroes, / los abismos del ser / o la complejidad del universo. / Dejadme a mí que diga la gracia irrepetible / de esta tarde de abril, la efímera hermosura / de la luz, qu
camino del silencioY ahora cállate. No dejes que a tus labios / se asomen nunca más las palabras que hoy / has dicho por vez última. Guarda la voz / para tu soledad. Que tu trabajo / sea el silencio, el gozo o el dolor de c
cavidad permanenteEran tan sólo cuerpos asustados, / carne color de grito, fiebre alerta / en la savia lunar de los rumores. / Al llegar pronunciaron su oleaje, / su ocupación cansada de la noche. / Hincaron su raíz en la pe
cuerpo dormidoA veces recuerdo la tibieza de aquellos días, / la gracia de aquel cuerpo dormido, / la blancura del lecho en un rincón del cuarto, / el libro abandonado, entreabierto, / la lámpara sumisa, la ventana, / el
de la tristeza del regresoExtraña conjunción, pueblo de ríos / fluyendo hacia ese centro, bajo un astro / que derrama su luz sobre las rocas. / Eterno mar, quimera de otro tiempo, / sombra asustada, oscuridad que sufre. / Acercarse
dejadme aquí, sumido en la penumbraDejadme aquí, sumido en la penumbra / de esta habitación en la que tantas horas de mi vida / transcurrieron. / Es tarde ya. La noche se aproxima / y hoy -no sé por qué- más que otras veces necesito / quedar
después de la lluviaEn el atardecer, después de la lluvia, / el sol acariciaba las piedras de la antigua ciudad / de una especial manera, / con un profundo y triste y natural amor. / Y al mirarnos supimos que éramos conscien
el espejoMe instalo frente a ti, miro tus ojos / y vigilo el espacio donde tu voz me busca. / Me estremece el dolor del encuentro imprevisto, / la sed con que te acercas al borde de mi sombra, / el hueco que descu
el mar estaba lejosEl mar estaba lejos. / Pero en el aire húmedo de la mañana / se percibía un vago olor salado y rumoroso. / Fue entonces cuando el hombre despertó. / Guardó en su pecho las hermosas imágenes del sueño / y em
el poemaA veces me tropiezo con tu sonido. Escucho / un eco que golpea las paredes del sueño / y oigo en mi pulso un ritmo de aventura y suicidio. / La noche se hace entonces laberinto. Mis pasos / penetran en el
el veranoMejor tal vez sería no recordar de nuevo / los días que pasaron como caricias crueles / por tu piel y mis manos. / En la luz del deseo brillaron nuestros cuerpos / y juntos escuchamos la voz ancha del mar
el viajeroA veces me pregunto qué habría sido de mí / sin los recuerdos que tan celosamente guardo: / aquella callejuela que olía a madera y a fruta / en un húmedo barrio de París, / los árboles dormidos bajo el so
la casaYo sé que sigue allí. / Si la memoria / se acerca sin querer a las riberas / de aquel tiempo que grita en el silencio / de los días perdidos, se levanta / otra vez en mi pecho el antiguo dolor, / la profunda
la casa vacíaAbre la puerta y da la luz. / Es ya muy tarde, / y sabe que en su casa nadie lo espera. / Todo / sigue en su sitio y el silencio pesa / sobre las mudas cosas que le ignoran. / Va de aquí para allá, por el pas
la ciudad presentidaLa ciudad los ungió con las luces del alba / y extendió ante su asombro el viejo laberinto de sus calles. / Traspasaron el umbral de la mañana. Los ojos / se habituaron pronto a la belleza de este día. /
la costumbreEsa ciudad del sur donde tú cantas / se me acerca en la noche. / Apenas oigo / el rumor encendido de un labio que pronuncia / las letras del deseo, / la fórmula secreta de dos seres tendidos, / los anillos de
la luzNo se puede prever. Sucede siempre / cuando menos lo esperas. Puede pasar que vayas / por la calle, deprisa, porque se te hace tarde / para echar una carta en correos, o que / te encuentres en tu casa por
la muerte del silencioComo alguien que después de un vasto tiempo de oscuridad / descubre tras el rostro de la noche / la inesperada presencia del amanecer, / halló el adolescente en un repliegue de su vida / un tesoro nimbado
las sombras anterioresAquel brillo asustado de tus ojos, cuando la tarde / derramaba su cansancio sobre la ciudad. / Aquella impotencia del deseo, del amor amenazado, / oprimido por un peso ajeno / a nosotros, a nuestra fuerza
marMe entrego sin tristeza a ese rumor amargo / en el que el miedo agita con ira sus metales, / y, habitante de un mundo de muerte y transparencia, / obligo a mi mirada a vagar por un cuerpo. / Con urgencia
noche de lunaLuna llena que observas / desde fuera del tiempo mi vivir en el tiempo: / viste morir entonces al niño que habitaba, / confiado, en mi ser; luego, al adolescente / que se rindió al hechizo de tu luz miste
preludioYa no sé cuándo, pero una vez dijiste / algo sobre la noche, algo acerca / de los poderes de la oscuridad. / y tus palabras, tan extrañas a ti, tan diferentes / de tu esencial y conocida luz, / me hicieron
sonido de un cuerpoDejadme a solas una noche entera / con esta voz que tiembla decidida y mojada, / con este cuerpo frágil y agresivo que pronuncia las / letras de un incendio instantáneo, / de un dolor que derriba las pare
supón que aún es agosto y que no estás tan lejosSupón que aún es agosto y que no estás tan lejos / de esta ciudad que todavía guarda / los últimos vestigios de aquella altiva llama del verano / que lentamente fue, como todo, muriéndose; / imagina que a
tarde de junioAhora, juntos, vivimos la hermosura / de esta tarde de junio, / el fulgor de las horas en que nos entregamos / al conocimiento de la verdad del amor, / a la gran llamarada del encuentro. / Ahora sabemos que
tierra de la soledadCon el tiempo los cuerpos se acostumbran / a caminar completamente solos / sobre la tierra de la soledad. / Las vagas sensaciones, los recuerdos / de los lugares en los que encontramos / a alguien con quien