PAIS POEMA

Libros de elizabeth barret browning

Autores

elizabeth barret browning

aléjate de mí
Aléjate de mí. Mas sé que, para siempre, / he de estar en tu sombra. Ya nunca, solitaria, / irguiéndome en los mismos umbrales de mi vida / recóndita, podré gobernar los impulsos / de mi alma, ni alzar la
almas de flores
Nos quedamos contigo, rezagadas, / las últimas de aquella muchedumbre, / como voz de quien canta / y sus propias canciones le enamoran. / Somos perfume y alma / de la flor y el capullo. / Tus pensamientos nos
catalina a camoens
Al morir mientras él se encuentra en el extranjero / y aludiendo a los versos en los que el poeta / se refería a su dulce mirar. / No entrarás por esta puerta / que contemplo sin cesar. / ¡Adiós! Se va la e
de mi cabello nunca di un rizo a un hombre
De mi cabello nunca di un rizo a ningún hombre, / amado mío, salvo el que te ofrezco ahora / y, pensativamente, en toda su largura / sombría, voy ciñendo en torno de mis dedos. / Tómalo. Ya mis días de ju
dilo, dilo otra vez
Dilo, dilo otra vez, y repite de nuevo / que me quieres, aunque esta palabra repetida, / en tus labios, el canto del cuclillo recuerde. / Y no olvides que nunca la fresca primavera / llegó al monte o al l
no me acuses, te ruego
No me acuses, te ruego, por la excesiva calma / o tristeza del rostro, cuando estoy a tu vera, / que hacia opuestos lugares miramos, y dorarnos / no puede un mismo sol la frente y el cabello. / Sin angust
oh, amor mío, amor mío
Oh, amor mío, amor mío, cuando pienso / que existías ya entonces, hace un año, / cuando yo estaba sola aquí en la nieve / y no vi tus pisadas ni escuché / tu voz en el silencio… Mi cadena, / eslabón a eslab
que ha cambiado, dijera, toda la faz del mundo
Que ha cambiado, dijera, toda la faz del mundo, / desde que oí los pasos de tu alma moverse / levemente, ¡oh, muy leves!, junto a mí, deslizándose / entre mí y aquel borde terrible de la muerte / tan clar
si has de amarme que sea solamente
Si has de amarme que sea solamente / por amor de mi amor. No digas nunca / que es por mi aspecto, mi sonrisa, el modo / de hablar o por un rasgo de carácter / que concuerda contigo o que aquel día / hizo qu
y no obstante el amor por ser amor
Y no obstante el amor por ser amor / es bello. Igual llamea reluciente / un gran templo y la hierba. El mismo fuego / arde quemando el cedro y la cizaña. / Y el amor es un fuego; y cuando digo / te quiero,
¡mis cartas!
¡Mis cartas! Papel muerto… mudo y blanco… / Y no obstante palpitan esta noche / en mis trémulas manos cuando aflojo / la cinta y caen sobre mis rodillas. / Ésta decía: Dame tu amistad… / Ésta fijaba un día
¿de qué modo te quiero?
¿De qué modo te quiero? Pues te quiero / hasta el abismo y la región más alta / a que puedo llegar cuando persigo / los límites del Ser y el Ideal. / Te quiero en el vivir más cotidiano, / con el sol y a la
¿es verdad que de estar muerta sintieras
¿Es verdad que de estar muerta sintieras / menos vida en ti mismo sin la mía? / ¿Que no brillara el sol lo mismo que antes / sabiéndome en la noche del sepulcro? / ¡Qué estupor, amor mío, cuando vi / en tu
¿es verdad que de estar muerta?
¿Es verdad que de estar muerta sentirías / menguar tu vida sin la mía? / ¿Qué el sol no brillaría igual que antes / sabiendo que mi noche es el sepulcro? / ¡Qué asombro, amor mío, cuando vi / en tu carta to