eliseo diego
arqueologíaDirán entonces: aquí estuvo / la sala, y más allá, / donde encontramos los fragmentos / de levísimo barro, el sitio / del calor y la dicha. / Luego / vendrá una pausa,
artesanosPules y pules, ves, el duro verde / hasta que al fin brota. Le has querido / forma de pétalo. / (Más tarde / alguien, sagaz, dirá: el hacha / tiene forma de pétalo.) /
asombroMe asombran las hormigas que al ir vienen / tan seguras de sí que me dan miedo / porque están donde van sin más preguntas / y aunque asomos de vida son perfectas /
calmaEste silencio, / blanco, ilimitado, / este silencio / del mar tranquilo, inmóvil, / que de pronto / rompen los leves caracoles / por un impulso de la brisa, / Se extiende
canción para todas las que eresNo solo el hoy fragante de tus ojos amo / sino a la niña oculta que allá dentro / mira la vastedad del mundo con redondo azoro, / y amo a la extraña gris que me r
comienza un lunesLa eternidad por fin comienza un lunes / y el día siguiente apenas tiene nombre / y el otro es el oscuro, al abolido. / Y en él se apagan todos los murmullos / y aq
cuadernillo de bella1 / Cómo llevar a las palabras / la sensación, el roce de tu mano / por vez primera entre la mía. / Su forma frágil, delicada, / su ser, su estar en mí, su suave entr
el general a veces nos decíaEl general a veces nos decía / extendiendo sus manos transparentes: / «así fue que lo vimo aquel día / en la tranqula lluvia indiferente / sobre el negro caballo me
el oscuro esplendorJuega el niño con unas pocas piedras inocentes / en el cantero gastado y roto / como paño de vieja. / Yo pregunto: / qué irremediable catástrofe separa / sus manos de
el sitio en que tan bien se está1 / EL sitio donde gustamos las costumbres, / las distracciones y demoras de la suerte, / y el sabor breve por más que sea denso, / difícil de cruzarlo como fraganc
el viejo payaso a su hijo (4)Pero mañana, / cuando las viejas barran a conciencia / el poco de hoy que queda en las colillas / por todo el ancho espacio desolado / donde no hay nadie nunca: ¿im
elegía con un poco de amarguraÉsta es otra elegía, pero / dedicada a un hombre desagradable, / vecino mío, que nunca / quiso saludarme. / No sé, por tanto, cómo se llamaba. / Cara de limón, cara d
en la cocinaEnrosca el gato su delicia / de sí sobre sí mismo, duerme / de su principio a fin, secreto. / En tanto / esboza la penumbra disidencias / de cazuelas y potes, resiste
en lo altoUn pájaro en lo alto, / en lo más fino / del árbol alto, / un tomeguín / nervioso, breve, tan liviano / como un soplo de luz, / está cantando / su propia levedad, / la mara
entre la dicha y la tinieblaComo quien toca con un dedo / la punta fría del agua, / mareándose de sólo / su transparencia demasiada, / me he puesto yo a mirar / el no ser infinito que me aguarda
esta mujerEsta mujer que reclinada / junto a la borda inmóvil de su casa / soporta con las manos arrugadas / el peso dócil de su tedio, / sólo escuchando el tiempo que le pas
fracasoEl piano al mediodía, solo, / de álamo en álamo la música, / de resol en penumbra, / no se levanta, no remonta, / se cae del ala, pía, la música, / vuelve otra vez, a
juegos-¡Ahora nosotros somos buenos / y ustedes malos! / Y los niños, / desde la cima blanca / de la mañana, / todos, / buenos y malos, / se hunden en el fuego / purísimo / -ya esp
la barajaSalta el rey, y los bastos cerrados / lo acometen brutales. Los oros / van huyendo en la vasta llanura. / Y ha caído la sota funesta / junto al buen caballero. La p
la casa abandonadaHacia el final de la escalera / te has dado vuelta: en el vacío de abajo / el viento solitario hace / las veces de trajín, y la penumbra / está sucia de olvido. Per
la niña en el bosqueCaperuza del alma, está en lo oscuro / el lobo, donde nunca / sospecharías, / y te mira / desde su roca de miseria, / su soledad, su enorme hambre. / Tú le preguntas: ¿
muchacha de la madonaHiere el perfil de la Madona / su delicada perfección lastima / los ojos insaciables; ella / no tiene culpa: es ella, la muchacha, / la que borda la luz, la que son
mujer cosiendoAfuera está el escándalo / del sol, / y la garganta / de la cal desollada que responde / bramando de terror: / la zarabanda / maníaca de la luz / -la quema grande. / Y aden
no es máspor selva oscura… / Un poema no es más / que una conversación en la penumbra / del horno viejo, cuando ya / todos se han ido, y cruje / afuera el hondo bosque; un poe
nostalgia de por la tardea Bella / El que tenía costumbre de poner las manos / sobre la mesa blanca junto al pan y el agua, / traje rugoso de fervor y alpaca, / y aquella su esperanza filia
quietudCasi no roza la palabra / siquiera el borde de la luz / bajo la sombra de los mangos. / Todo / está inmóvil ahora, como a salvo / del tiempo que se va / -sesgado, a osc
testamentoHabiendo llegado al tiempo en que / la penumbra ya no me consuela más / y me apocan los presagios pequeños; / habiendo llegado a este tiempo; / y como las heces del
venid, amigos, a la fiesta míaVenid, amigos, a la fiesta mía, / a donde el campo grava el sol de rojo, / campo mi sangre en que mi vida acojo, / árbol mi sangre en que se encarna el día. / Pues
versionesLa muerte es esa pequeña jarra, con flores pintadas a mano, que hay en todas las casas y que uno jamás se detiene a ver. / La muerte es ese pequeño animal que
viajesUn patio de la Víbora / donde la sombra crece hasta el silencio / en árboles y hierbas y amarguras / y llagas del adobe, tiene / también palmeras de otro mundo / grab
voy a nombrar las cosasVoy a nombrar las cosas, los sonoros / altos que ven el festejar del viento, / los portales profundos, las mamparas / cerradas a la sombra y al silencio. / Y el int