PAIS POEMA

Libros de eliseo diego

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eliseo diego

arqueología
Dirán entonces: aquí estuvo / la sala, y más allá, / donde encontramos los fragmentos / de levísimo barro, el sitio / del calor y la dicha. / Luego / vendrá una pausa, mientras / el viento alisa los hierbajos / i
artesanos
Pules y pules, ves, el duro verde / hasta que al fin brota. Le has querido / forma de pétalo. / (Más tarde / alguien, sagaz, dirá: el hacha / tiene forma de pétalo.) / A solas / pules y pules en la luz de octub
asombro
Me asombran las hormigas que al ir vienen / tan seguras de sí que me dan miedo / porque están donde van sin más preguntas / y aunque asomos de vida son perfectas / si minúsculas máquinas que saben / el dónd
calma
Este silencio, / blanco, ilimitado, / este silencio / del mar tranquilo, inmóvil, / que de pronto / rompen los leves caracoles / por un impulso de la brisa, / Se extiende acaso / de la tarde a la noche, se remans
canción para todas las que eres
No solo el hoy fragante de tus ojos amo / sino a la niña oculta que allá dentro / mira la vastedad del mundo con redondo azoro, / y amo a la extraña gris que me recuerda / en un rincón del tiempo que el i
comienza un lunes
La eternidad por fin comienza un lunes / y el día siguiente apenas tiene nombre / y el otro es el oscuro, al abolido. / Y en él se apagan todos los murmullos / y aquel rostro qua amábamos se esfuma / y en v
cuadernillo de bella
1 / Cómo llevar a las palabras / la sensación, el roce de tu mano / por vez primera entre la mía. / Su forma frágil, delicada, / su ser, su estar en mí, su suave entrega. / «Esta es la mano, en fin, de tu muc
el general a veces nos decía
El general a veces nos decía / extendiendo sus manos transparentes: / «así fue que lo vimo aquel día / en la tranqula lluvia indiferente / sobre el negro caballo memorable». / Suavizaba la sombra del alero /
el oscuro esplendor
Juega el niño con unas pocas piedras inocentes / en el cantero gastado y roto / como paño de vieja. / Yo pregunto: / qué irremediable catástrofe separa / sus manos de mi frente de arena, / su boca de mis ojos
el sitio en que tan bien se está
1 / EL sitio donde gustamos las costumbres, / las distracciones y demoras de la suerte, / y el sabor breve por más que sea denso, / difícil de cruzarlo como fragancia de madera, / el nocturno café, / bueno pa
el viejo payaso a su hijo (4)
Pero mañana, / cuando las viejas barran a conciencia / el poco de hoy que queda en las colillas / por todo el ancho espacio desolado / donde no hay nadie nunca: ¿importará / el trueno de la gloria o el sile
elegía con un poco de amargura
Ésta es otra elegía, pero / dedicada a un hombre desagradable, / vecino mío, que nunca / quiso saludarme. / No sé, por tanto, cómo se llamaba. / Cara de limón, cara de perro malo, / jamás se rebajó a mirarme /
en la cocina
Enrosca el gato su delicia / de sí sobre sí mismo, duerme / de su principio a fin, secreto. / En tanto / esboza la penumbra disidencias / de cazuelas y potes, resistentes / al imperio del sueño. / Cae el mundo /
en lo alto
Un pájaro en lo alto, / en lo más fino / del árbol alto, / un tomeguín / nervioso, breve, tan liviano / como un soplo de luz, / está cantando / su propia levedad, / la maravilla / de su increíble ser / su pura vida / m
entre la dicha y la tiniebla
Como quien toca con un dedo / la punta fría del agua, / mareándose de sólo / su transparencia demasiada, / me he puesto yo a mirar / el no ser infinito que me aguarda. / Los soldados de plomo / están apenas en
esta mujer
Esta mujer que reclinada / junto a la borda inmóvil de su casa / soporta con las manos arrugadas / el peso dócil de su tedio, / sólo escuchando el tiempo que le pasa / sin gracia ni remedio. / Esta mujer, des
fracaso
El piano al mediodía, solo, / de álamo en álamo la música, / de resol en penumbra, / no se levanta, no remonta, / se cae del ala, pía, la música, / vuelve otra vez, anhela, / sube, sube, de pronto / la dicha cr
juegos
-¡Ahora nosotros somos buenos / y ustedes malos! / Y los niños, / desde la cima blanca / de la mañana, / todos, / buenos y malos, / se hunden en el fuego / purísimo / -ya espléndidos / -gritando.
la baraja
Salta el rey, y los bastos cerrados / lo acometen brutales. Los oros / van huyendo en la vasta llanura. / Y ha caído la sota funesta / junto al buen caballero. La parda / extensión se ilumina, destella / con
la casa abandonada
Hacia el final de la escalera / te has dado vuelta: en el vacío de abajo / el viento solitario hace / las veces de trajín, y la penumbra / está sucia de olvido. Pero arriba, / en el piso de arriba, el cúmul
la niña en el bosque
Caperuza del alma, está en lo oscuro / el lobo, donde nunca / sospecharías, / y te mira / desde su roca de miseria, / su soledad, su enorme hambre. / Tú le preguntas: ¿por qué tienes / esos ojos redondos? / Y él
muchacha de la madona
Hiere el perfil de la Madona / su delicada perfección lastima / los ojos insaciables; ella / no tiene culpa: es ella, la muchacha, / la que borda la luz, la que sonríe / junto al pozo del año, frágil, / menud
mujer cosiendo
Afuera está el escándalo / del sol, / y la garganta / de la cal desollada que responde / bramando de terror: / la zarabanda / maníaca de la luz / -la quema grande. / Y adentro, fresca, la penumbra / como un baño de
no es más
por selva oscura… / Un poema no es más / que una conversación en la penumbra / del horno viejo, cuando ya / todos se han ido, y cruje / afuera el hondo bosque; un poema / no es más que unas palabras / que uno h
nostalgia de por la tarde
a Bella / El que tenía costumbre de poner las manos / sobre la mesa blanca junto al pan y el agua, / traje rugoso de fervor y alpaca, / y aquella su esperanza filial en los domingos, / ya no conmueve nunca
quietud
Casi no roza la palabra / siquiera el borde de la luz / bajo la sombra de los mangos. / Todo / está inmóvil ahora, como a salvo / del tiempo que se va / -sesgado, a oscuras- / por el secreto de tus venas.
testamento
Habiendo llegado al tiempo en que / la penumbra ya no me consuela más / y me apocan los presagios pequeños; / habiendo llegado a este tiempo; / y como las heces del café / abren de pronto ahora para mí / sus
venid, amigos, a la fiesta mía
Venid, amigos, a la fiesta mía, / a donde el campo grava el sol de rojo, / campo mi sangre en que mi vida acojo, / árbol mi sangre en que se encarna el día. / Pues mi casa renace en alegría / y el diario pa
versiones
La muerte es esa pequeña jarra, con flores pintadas a mano, que hay en todas las casas y que uno jamás se detiene a ver. / La muerte es ese pequeño animal que ha cruzado el patio, y del que nos cons
viajes
Un patio de la Víbora / donde la sombra crece hasta el silencio / en árboles y hierbas y amarguras / y llagas del adobe, tiene / también palmeras de otro mundo / grabadas en el aire quieto. / Salir al patio,
voy a nombrar las cosas
Voy a nombrar las cosas, los sonoros / altos que ven el festejar del viento, / los portales profundos, las mamparas / cerradas a la sombra y al silencio. / Y el interior sagrado, la penumbra / que surcan lo