PAIS POEMA

Libros de eduardo garcía

Autores

eduardo garcía

al otro lado
Te digo que esta vez lo digo en serio. / No consigo dormir, me asusta el tiempo / que tengo que pasar sin ver tu risa / liviana apoderarse de la casa. / Noche tras noche vienes y me dejas / más sólo que la
casa en el árbol
En la copa de un árbol construiré nuestra casa, / con tablones y clavos e ilusión y un martillo / alzaré entre las ramas suelos, techos, paredes, / cuartos en espiral, secretos pasadizos / donde obra el a
debiera ser verdad
Debiera ser verdad, debiera el día / inundarse de luz como hoy lo veo, / con su gesto de sábado y ventanas / abiertas al rumor del oleaje: / caminas junto a mí, tu voz me alcanza / con su aliento de fruta y
despertar
Ese hombre que camina / con las manos sujetas a la espalda, / nos saluda al pasar, comprueba su reloj, / acude a su quehacer sin preguntarse / si va en su dirección y en su sentido. / No sabe que a su espal
fábula del violín en la escalera
Como eco de una voz en la escalera / un distante violín viene brotando, / viene rasgando el aire, resonando / por las frías estancias. Mira afuera / del círculo perfecto en que se encierra / tu vida ese vio
la isla
Tus caricias. El mar. Los cocoteros. / La sábana enredada entre tus piernas. / El maitre del hotel, su voz de frío: / «Veinticuatro horas, ¡ya sabe!». / Supe que un día era un plazo inconcebible, / que tan
la mirada
Hay un dolor más hondo. / Hay una más profunda mordedura. / Un peor desenlace de tinieblas. / Una bala que acecha tus latidos. / Más allá del vaivén de los deseos. / Más allá de palabras sin orillas. / Más al
las pasarelas del deseo
Llamamos vida / a un desfile de dígitos cansados / zumban coléricas las moscas atrapadas en cárcel de cristal / el viento de la sangre remueve las cortinas / la luz por un instante parece herir la tapia f
las puertas
Al fondo de mí mismo hay cuatro puertas. / Desciendo por el pozo hacia los hondos / canales que me surcan. Pecho adentro / cruzo la oscuridad a ciegas. Voy / palpando las paredes. Ahora el aire / es más pur
pero tu llanto
Es inútil que llores, mujer, ven / a mis brazos, olvida / la fría hostilidad de los pasillos, / la asepsia de las gasas, el goteo / mecánico del suero. Ven. No traigas / las sombras a esta casa donde fuimos
tierra de nadie
Y entre todos los días y sus noches, / y entre todas las vidas que aquí arrojan, / en esta habitación que no es de nadie, / sus sombras paralelas, / tu cuerpo de gacela apresurada: / Piel arriba la sangre r
vuelta a casa
Hay un hombre que grita en el vagón del metro. / Yo he visto allá en sus ojos la lenta caravana / de imágenes heridas, de minuciosas sombras / que acuden a su encuentro con el gesto de siempre, / con el g