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Libros de dolors alberola

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dolors alberola

cementerio de nadas
I / Ya hemos vuelto de nuevo al invierno de la lluvia. / Tocamos la gran piedra y su alquimia / nos redujo a cenizas. / De nada sirve, pues, la espesa tundra / de pensamientos firmes que tuvimos. / Hemos baja
descendimiento
También tú estabas muerto. / No fuera yo la virgen, / la hembra que tuviera recostada / tu cabeza en mi pecho, / ni fuera el solo brazo esas colinas / puntiagudas irguiéndose. / No fuera a tu derecha / esa túni
el mito de bronwyn
Eran las eras grises mensajeras, / eran las mensajeras de las eras, / eran las mensajeras de las horas, / eran ya sin mensaje las auroras. / J.E. Cirlot / ¿No veis esa mujer que vuelve de las aguas, / que reb
el poema
Primero fue el agua. / Mi madre me lavó entre esas cosas, / esos perfiles dulces de las cosas: / la margarita triste, / el perro adormecido que quería lamer, / el pensamiento de algo, ignoto todavía. / No sab
el último tren
Escucho cada noche cómo una voz purísima, / el muchacho tristísimo que cada tarde muere, / me invita a huir, señalando / con la mirada el mar, el mar, el mar. / Domingo F. Faílde / Cojo el tren. / Cojo el tre
en el principio fue el número
Creárase la soledad, / el doble de ella misma, / e incluso el triple y llegárase al siete de la nota, / al lugar del descanso, al punto geométrico, / al triángulo exacto de la transmigración perenne / -el a
genealogía de la hembra
Yo, que fuera tu Agar, la esclava, / y fuera Jezabel, / arrojada a los perros de la noche / y, así, fuera María -tan delicada y pura ante tus ojos- / y Ruth, con una espiga de fuego entre sus manos / y, aún
mar de nadas
1 / El mar. ¿Pero es que el mar existe? / Encima me diréis que en su zona abisal / almacena reveses de las cosas. / Puede tener un perro ahogado en la sombra, / un barco que fue árbol, / hombres a pensamiento
memoria de quevedo
Ahora (que, renacida, miro todo / y espero de tu cuerpo la esperanza / -la mano que se abisma en la labranza / de renacer del agua tanto lodo-. / Y ahora que el labio, en luz, yo desenlodo / y en furor y re
no hubiera amor más grande
Ese de cuya sangre emerge la condena, / el que veis, ahí, muriendo, casi deshecho y frágil, / es mi padre. / Me niego a confesaros que lo fue / porque su carne vieja, / su mirada podrida, es la de un hombre
oda de despedida temporal a manuel francisco reina
«Tus nobles piernas, bajo los volantes que cazan, / tormentan los deseos oscuros y los excitan, / como dos brujas que hacen / girar un filtro negro en un vaso profundo.» / Charles Baudelaire / El gato era e
ofertorio
Rota y muerta, Señor, tan astillada / y pertrecha y fugaz y arrepentida / y segura y dudosa oscurecida, / triunfadora y vivaz, muy humillada, / blanca y limpia, Señor, y arrodillada, / pendenciera, Señor, y
temporal
(Ray, llévanos con tu vara ciega por la Zona Peligrosa / de la Mente y sorpréndenos otra vez) / (Armando Romero) / En este espejo tétrico se desvanece el día. / En este vidrio solo en cuyo azogue roto / veo