dionisio ridruejo
a la piedra del molinoEl recto andar del agua prisionera / se hizo círculo y copla en tus ardores, / pan de roca, en tu danza molinera, / alegres de tus albas mis rumores. / Sol de espig
a un pinoPino esbelto y tranquilo, / soledad de la tarde, / tan concreto en la libre / desolación del aire, / tan alto cuando todo / se confunde y abate / y huye el sol a tu cop
a una estatua de mujer desnudaDesnuda y vertical, pero ceñida, / la línea de la tierra a la pereza / de una carne que cede, cuando empieza / la perfección del sueño, su medida. / Materia sin amo
asaltoSuave y firme tu mano. / No tembló tu corazón; era un instante / de calma y superficie / en tu voz como plata con arena / y en la húmeda pizarra de tus ojos. / Ha sid
áurea caminanteComo ofrenda del trigo aventurada / para dar su pasión a la marina / avanzabas, esbelta y matutina, / de oro gentil vestida y coronada. / Mediodía del sol, tierra p
cómo mana tu savia ardienteNos junta el resplandor en esta hoguera / que tu alabastro transparenta y dora, / y en lenguas alegrísimas devora / una viña de muerta primavera. / Astros de velocí
de en marchaAnteayer dormí en el prado / sobre el olor de la hierba, / ayer entre los pinares, / hoy en la tranquila selva, / mañana, raso con raso, / solo entre el cielo y la ti
el amor desiertoQuien le dé un corazón a este minuto / yerto, a este fluir sin armonía, / a esta mi sangre dolorosa y fría, / a este seco dolor sin voz ni luto. / Quien pula arista
el burgo de osmaComo la nieve fluye y va sonora / de haber sido silencio, así mi olvido / de las cumbres del ser en que ha dormido / baja al tiempo natal y fluye ahora. / Ya es cel
el idilio que sólo fue miradaEs, si en olvidos dolorosos entro, / tu voz jamás oída la que grita. / Fuiste eterno después y eterna cita / que no cumplió el minuto del encuentro. / Como órbita t
el miedo americanoLa noche imaginada / es porosa y con bocas / de Colt y parpadeos / de ojos tácitos. Tiene / sus casas recogidas en madera / de desierto con perro. Y hay crujidos / de a
elegía a un retratoMuerta que mueve a amor, presente vida / con la sangre arrastrada por pinceles / y de nuevo en mis ojos concebida. / Muerta en muerte nublada por laureles, / con lo
españa toda aquí, lejana y míaEspaña toda aquí, lejana y mía, / habitando, soñada y verdadera, / la duda y fe del alma pasajera, / alba toda y también toda agonía. / Hermosa sí, bajo la luz sin
manos orantesComo tibia azucena adelantada / castamente, entre el alba y el rocío; / orante nieve, cúpula de frío, / ojiva pura, levedad trenzada. / Como ramo del alma, revelada
memoriaY resbaló el amor estremecido / por las mudas orillas de tu ausencia. / La noche se hizo cuerpo de tu esencia / y el campo abierto se plegó vencido. / Un ayer de tu
nostalgia del primer amorTu soledad de nieve reclinada, / virginal y sencilla, en mi memoria, / como agua fiel de fatigada noria / viene a regar mi voz enamorada. / ¡Cómo recrea el alma sos
serena tú mi sangre, clara fuenteMe está dejando casi sin entrañas / este tremendo amor enarbolado / -¡Oh, páramo de ardores dilatado!- / en que escucho mis voces como extrañas. / Serena tú mi sang
una cartaExisten estadísticas. Sabemos / cuántos corazones humanos se paran por minuto. / Y vivimos en paz. También al nuestro / le llegara su hora. / Pero estamos metidos e
ven a mis dulces campos de riberaVen a mis dulces campos de ribera / que suspiran en álamos por verte. / Hacia la brisa que tu aliento vierte / levantará sus hierbas la pradera. / Se cuajará de flo
ya solo en mi corazónYa solo en mi corazón / desiertamente he quedado; / el alma es como una nieve / extendida sobre el campo, / la tierra desaparece, / el cielo niega el espacio, / las cos