dámaso alonso
a los que van a nacer¡Cuán cerca todavía / de las manos de Dios! ¿Sentís su aliento / rugir entre los cedros del Levante? / ¿Hay en vuestras pupilas rabos de oro, / vedijitas, aún, incandescentes, / de la gran lumbrarada creado
a un río le llaman carlosYo me senté en la orilla; / quería preguntarte, preguntarme tu secreto; / convencerme de que los ríos resbalan / hacia un anhelo y viven; / y que cada uno nace y muere distinto / (lo mismo que a ti te llama
ah, yo quiero vivirAh, yo quiero vivir / dentro del orden general / de tu mundo. / Necesito vivir entre los hombres. / Veo un árbol: sus brazos ya en angustia / o ya en delicia lánguida / proclaman su verdad: / su alma de árbol s
amor¡Primavera feroz! Va mi ternura / por las más hondas venas derramada, / fresco hontanar, y furia desvelada, / que a extenuante pasmo se apresura. / ¡Oh qué acezar, qué hervir, oh, qué premura / de hallar, e
burlaPor las praderas hondas, / avizor y azoradas / -oh ciervas en huída- / las ideas se escapan / con tan ligeros pies, / que si se abate el rayo, / raptor del alto cielo, / no encuentra más que campo: / paréntesis d
calle del arrabalSe me quedó en lo hondo / una visión tan clara, / que tengo que entornar los ojos cuando / intento recordarla. / A un lado, hay un calvero de solares / en frente, están las casas alineadas / porque esperan qu
cancioncillaOtros querrán mausoleos / donde cuelguen los trofeos, / donde nadie ha de llorar, / y yo no los quiero, no / (que lo digo en un cantar) / porque yo / morir quisiera en el viento, / como la gente de mar / en el ma
ciencia de amorNo sé. Sólo me llega, en el venero / de tus ojos, la lóbrega noticia / de dios; sólo en tus labios, la caricia / de un mundo en mies, de un celestial granero. / ¿Eres limpio cristal, o ventisquero / destruc
de profundisSi vais por la carrera del arrabal, apartaos, no os inficione mi pestilencia. / El dedo de mi Dios me ha señalado: odre de putrefacción quiso que fuera este mi cuerpo, / y una ramera de solicitaciones
desnudas han caído…Desnudas han caído / las once campanadas. / Picotean la sombra de los árboles / las gallinas pintadas / y un enjambre de abejas / va rezongando encima. / La mañana / ha roto su collar desde la torre. / En los tro
destrucción inminente¿Te quebraré, varita de avellano, / te quebraré quizás? ¡Oh tierna vida, / ciega pasión en verde hervor nacida, / tú, frágil ser que oprimo con mi mano! / Un chispazo fugaz, sólo un liviano / crujir en dulc
dolorHacia la madrugada / me despertó de un sueño dulce / un súbito dolor, / un estilete / en el tercer espacio intercostal derecho. / Fino, fino, / iba creciendo y en largos arcos se irradiaba. / Proyectaba raíces,
el indiferenteBatientes en sus goznes, / de tierra aún, los sueños, / en tanto desamparo, / los ojos dan, abiertos, / a esquilas amorosas, / resabios de ganado, / que aun tiemblan si es que gime / al cobijo del álamo. / Del ál
en la sombraSí: tú me buscas. / A veces en la noche yo te siento a mi lado, / que me acechas, / que me quieres palpar, / y el alma se me agita con el terror y el sueño, / como una cabritilla, amarrada a una estaca, / que
gota pequeña, mi dolor.Gota pequeña, mi dolor. / La tiré al mar. / Al hondo mar. / Luego me dije: ¡A tu sabor / ya puedes navegar! / Más me perdió la poca fe… / La poca fe / de mi cantar. / Entre onda y cielo naufragué. / Y era un dolor
gozo del tactoEstoy vivo y toco / Toco, toco, toco. / Y no, no estoy loco. / Hombre, toca, toca / lo que te provoca: / seno, pluma, roca, / pues mañana es cierto / que ya estarás muerto, / tieso, hinchado, yerto. / Toca, toca, t
hombre y diosHombre es amor. Hombre es un haz, un centro / donde se anuda el mundo. Si Hombre falla / otra vez el vacío y la batalla / del primer caos y el Dios que grita «¡Entro!» / Hombre es amor, y Dios habita dent
insomnioMadrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas). / A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro, / y paso
la puerta, franca…La puerta, franca. / Vino queda y suave. / Ni materia ni espíritu. Traía / una ligera inclinación de nave / y una luz matinal de claro día. / No era de ritmo, no era de armonía / ni de color. El corazón lo sa
libertadQué hermosa eres, libertad. No hay nada / que te contraste. ¿Qué? Dadme tormento. / Más brilla y en más puro firmamento / libertad en tormento acrisolada. / ¿Que no grite? ¿Mordaza hay preparada? / Venid: a
lucíaLucía es rubia y pálida. Sus quietas / pupilas de princesa vagamente / miran hacia el ocaso, y en su frente / se muere una ilusión. Las violetas / de sus grandes ojeras melancólicas / parece que presienten
madrigal de las onceDesnudas han caído / las once campanadas. / Picotean la sombra de los árboles / las gallinas pintadas / y un enjambre de abejas / va rezumbando encima. / La mañana / ha roto su collar desde la torre. / En los tro
monstruosTodos los días rezo esta oración / al levantarme: / Oh Dios, / no me atormentes más. / Dime qué significan / estos espantos que me rodean. / Cercado estoy de monstruos / que mudamente me preguntan, / igual, igual
mujer con alcuzaA Leopoldo Panero / ¿Adónde va esa mujer, / arrastrándose por la acera, / ahora que ya es casi de noche, / con la alcuza en la mano? / Acercaos: no nos ve. / Yo no sé qué es más gris, / si el acero frío de sus
mujeresOh, blancura. ¿Quién puso en nuestras vidas / de frenéticas bestias abismales / este claror de luces siderales, / estas nieves, con sueño enardecidas? / Oh dulces bestezuelas perseguidas. / Oh terso roce. O
no sé. sólo me llega en el venero…No sé. Sólo me llega en el venero / de tus ojos, la lóbrega noticia / de Dios; sólo en tus labios, la caricia / de un mundo en mies, de un celestial granero. / ¿Eres limpio cristal, o ventisquero / destruct
oh, blancura. ¿quién puso en nuestras vidas…Oh, blancura. ¿Quién puso en nuestras vidas / de frenéticas bestias abismales / este claror de luces siderales / estas nieves, con sueño enardecidas? / Oh dulces bestezuelas perseguidas. / Oh terso roce. Oh
oración por la belleza de una muchachaTú le diste esa ardiente simetría / de los labios, con brasa de tu hondura, / y en dos enormes cauces de negrura, / simas de infinitud, luz de tu día; / esos bultos de nieve, que bullía / al soliviar del li
pausaPausa, espantosa pausa / de párpados de plomo, / tromba dormida al aire, / pompa de paños, polvo, / donde irrumpen frenéticas / cien mil cristalerías / de fábricas de viento, / que el huracán derriba, / y un mart
sobre la libertad humanaQué hermosa eres, libertad. No hay nada / que te contraste. ¿Qué? Dadme tormento. / Más brilla y en más puro firmamento / libertad en tormento acrisolada. / ¿Que no grite? ¿Mordaza hay preparada? / Venid: a
soloHiéreme. Sienta / mi carne tu caricia destructora. / Desde la entraña se eleva mi grito, / y no me respondías. Soledad / absoluta. Solo. Solo. / Sí, yo he visto estos canes errabundos, / allá en las cercas úl
sueño de las dos ciervas¡Oh terso claroscuro del durmiente! / Derribadas las lindes, fluyó el sueño. / Sólo el espacio. / Luz y sombra, dos ciervas velocísimas, / huyen hacia la hontana de aguas frescas, / centro de todo. / ¿Vivir n
torrente de la sangre¡Ceja, testuz fatal! ¡Cómo te siento, / furibundo, embestir contra mis sienes! / Ciega bestia en acoso, ¿por qué vienes / Contra el dique a romper de tu aposento? / ¿Qué frenesí te acucia? Ese lamento / mug
unos…Unos / se van quedando estupefactos, / mirando sin avidez, estúpidamente, más allá, cada vez más allá, / hacia la otra ladera / otros / voltean la cabeza a un lado y otro lado, / sí, la pobre cabeza, aún no v
vidaEntre mis manos cogí / un puñadito de tierra. / Soplaba el viento terrero. / La tierra volvió a la tierra. / Entre tus manos me tienes, / tierra soy. / El viento orea / tus dedos, largos de siglos. / Y el puñadit
viento de nocheEl viento es un can sin dueño, / que lame la noche inmensa. / La noche no tiene sueño. / Y el hombre, entre sueños, piensa. / Y el hombre sueña, dormido, / que el viento es un can sin dueño, / que aúlla a sus
yoMi portento inmediato, / mi frenética pasión de cada día, / mi flor, mi ángel de cada instante, / aun como el pan caliente con olor de tu hornada, / aun sumergido en las aguas de Dios, / y en los aires azul
yo estoy cansado…Yo estoy cansado. / Miro / esta ciudad / -una ciudad cualquiera- / donde ha veinte años vivo. / Todo está igual. / Un niño / inútilmente cuenta las estrellas / en el balcón vecino. / Yo me pongo también… / Pero él va
¡ay, terca niña!¡Ay, terca niña! / Le dices que no al viento, / a la niebla y al agua: / rajas al viento, / partes la niebla, / hiendes el agua. / Te niegas a la luz profundamente: / la rechazas, / ya teñida de ti: verde, amaril
¡oh terso claroscuro del durmiente!…1 / ¡Oh terso claroscuro del durmiente! / Derribadas las lindes, fluyó el sueño. / Sólo el espacio. / Luz y sombra, dos ciervas velocísimas, / huyen hacia la fontana de aguas frescas, / centro de todo. / ¿Vivir
¿adónde va esa mujer…¿Adónde va esa mujer, / arrastrándose por la acera, / ahora que ya es casi de noche, / con la alcuza en la mano? / Acercaos: no nos ve. / Yo no sé qué es más gris, / si el acero frío de sus ojos, / si el gris d
¿cómo era?La puerta, franca. / Vino queda y suave. / Ni materia ni espíritu. Traía / una ligera inclinación de nave / y una luz matinal de claro día. / No era de ritmo, no era de armonía / ni de color. El corazón la sa
¿existes? ¿no existes?I / ¿Estás? ¿No estás? Lo ignoro; sí, lo ignoro. / Que estés, yo lo deseo intensamente. / Yo lo pido, lo rezo. ¿A quién? No sé / ¿A quién? ¿a quién? Problema es infinito. / ¿A ti? ¿Pues cómo, si no sé si ex