cintio vitier
a la poesía¿Vienes menos cada vez, / huyes de mí, / o es que estamos entrando en tu silencio / -el pedregal, la luz- / y ya tenemos poco que decirnos? / Pero ese poco, / ¿lo diremos nunca? / pero ese poco, ¿qué es? / ¿Será
ahora que empieza a caer, del cieloAhora que empieza a caer, del cielo / de nuestra vida, que sólo nosotros podemos ver, / profundo, estrellado, carne y alma nuestra, / ese polvillo sagaz en tu nocturno pelo, / ahora que el lápiz finísimo,
algo le falta a la tardeAlgo le falta a la tarde, / no están completos los pinos, / y yo mirando a las nubes / siento lo que no he sentido. / A cada instante pregunto / por el tesoro perdido / cuya sombra se desplaza / con melancólico
amorSi vieras en qué playa te he querido / y en qué estrella te ocultas invencible, / qué acentos de mi voz has escogido, / hasta dónde te hunde lo imposible / desde mi sueño al tuyo melodioso / como una clara
ausenciaQué oculta esta palabra o reverencia / irónica al desdén que la provoca, / gusto que niega todo lo que toca, / negación de sí misma, viva ausencia. / Cómo para vivir tiene licencia / si no nació, ni muere,
calendarioentra dice la ene de la nieve / que sólo existe para el calendario / si entre eros y héroe no se atreve / a prescindir del año imaginario / sigue la fe que nos sopló el primero / al segundo del canto gregor
canción¡Oh dulcísimo callar / del ángel de mi sigilo! / ¡Oh dulcísimo callar / del mundo en mi corazón! / ¡Oh dulcísima miseria / de mis ojos en la flor, / de mi soñar en el río, / de mi tacto por el cielo!
cántico nuevoEste libro no es tanto de poesía / como de conciencia. / Sus versos resultan duros y desabridos / pero dicen la verdad de mi corazón / cambiante y una / como profunda luz de agosto. / Ya no vale la pena escri
colaDetrás de él va un niño / que lleva un suéter rojo / que va detrás de un viejo / que tiene un sombrerito, / detrás de una señora / con una saya azul, / que va detrás de un perro / que va detrás de un coro / de ma
de mi provinciaVuelve la tarde / cuando el niño polvoriento se echa al río / y suena su peso en las nubes / como un fresco morado distinto / que abre suavemente los ojos de la mujerzuela / sentada huesuda y eterna en el p
demoliciónAl fin se consumó, después / de tantas perfecciones tan equívocas, / de tanta precaución y cálculo, probando / que nada fuera inútil, ni lo nimio, / ni los más delicados pulimentos: / al fin se consumó lo i
doble heridaEste ir de la vida a la escritura / y volver de la letra a tanta vida, / ha sido larga, redoblada herida / que se ha tragado el tiempo en su abertura. / Abierto como res por la lectura, / le entregué las en
donde la brisaPorque tal es el rostro del fracaso / que el espejo devuelve ciegamente / aun antes de llegar, dulce y demente, / el último rescoldo del ocaso: / frente de la obsesión y del rechazo, / ojos que sólo vieron
el aireEstoy despierto, sí, estoy mirando / fríamente algunas cosas / que van dejando ya de ser secretas. / Están ahí, como los árboles / en el desnudo aire. Sí, estoy despierto. / Hasta la casa de mi infancia es
el convalecienteLa noche extiende su dominio puro / de estrella por mi sanagre aparecida / como un árbol oscuro: / ya no es la muerte ni la vida / lo que alegre despierta con mi sueño / a mi ceniza en flor y luz madura, / si
el desposeídoNo son mías las palabras ni las cosas. / Ellas tienen sus fiestas, sus asuntos / que a mí no me conciernen, / espero sus señales como el fuego / que está en mis ojos con oscura indiferencia. / No son míos e
el niñoDespués del aromático aguacero / ya no iremos por dulce a la bodega, / ni saldremos corriendo hasta la sombra / morada del caimito cariñoso… / Ya nunca volveremos confundidos / en el áureo sofoco de la risa
el niño inmóvil (campesina)Y así calladamente contra el humo / del arroz en el cuarto que el sinsonte tornasola, / miré tus grandes manos, campesina / férrea de piel, forrada súbita de chispa honda / como la flor de oro; y tú secab
estamosEstás / haciendo / cosas: / música, / chirimbolos de repuesto, / libros, / hospitales, / pan, / días llenos de propósitos, / flotas, / vida, / con tan pocos materiales. / A veces / se diría / que no puedes llegar hasta mañan
examen del maniqueoCuántas veces ha sido humillada tu soberbia: / la soberbia del maniqueo. / Cuántas veces has tenido que beberte las lágrimas de hiel / de no ser puro como un ángel. / ¿De qué vale sutilizar los argumentos
faltabas tú, poetaPara Antonio Guerrero / Faltabas tú, poeta. La injusticia / no podía omitirte en su venganza: / ella sabe con lúcida impudicia / lo que el amor a la belleza alcanza. / Mas no le importa. Su misión inicia / cr
la casaAh de mi casa, este navío a tumbos / siempre en el mismo sitio navegando / quién sabe hacia qué luces y qué rumbos, / anocheciendo, madre, navegando: / yo que te vi agrietada en los retumbos / de la torment
la hojaQuedará / lo que ella afirma no lo dice / su decir es no decir y no decir y no decir / no infinitamente sino / Tres Veces / tres infinitas veces / En su rostro escribo y es un rostro sin más rasgos / que mi esc
la jerigonzaQueríamos vivir ocultos, / ser harapientos héroes, / usar el idioma como un trapo tenebroso / que esconde la joya más ardiente. / Queríamos arroparnos en la nada / de nuestra creación y calentarnos / con un o
la luz del cayoUna luz arrasada de ciclón, / aquella misma luz que vi de niño / en las mañanas nupciales del miedo, / estaba esperándome aquí, pero aún más pobre, / más secreta y huraña todavía, / como si no hubiera lámpa
la mesaEsta mesa que construyó mi abuelo / para mi padre joven, guarda cosas / dispersas de mi alma, versos, prosas, / fragmentos de ilusión y desconsuelo. / Toco sus pobres tablas, el abuelo / ahora soy yo para o
la obraMientras más guardo en mis despensas, soy más menesteroso, / siempre ante el mismo muro, de nada me han servido / las lámparas que encendí. Es de noche. Estoy solo. / Las estancias aun tibias del festej
la profesoraCuando tocábamos el tiembre / al fondo del corredor inerte, / se oían sus tacones por el cuarto / como en una angustiosa novela. / Estaba sin duda arreglándole el lazo al perrito, / dándole el último toque
la sala del pobreLa sala del pobre gigantesca, nocturna y decorada / por manos tan seniles que ya tocan el brocado persa del / serafín / dilucida mi pecho minuciosamente, abre su diálogo / como tristes fauces. / Allí los me
la voz arrasadoraEsta es la voz de un contemplativo, no de un hombre de acción. / Ambas razas, las únicas que realmente existen, se miran con / recelo. / Es verdad que ha habido gloriosas excepciones, aunque bien / mirarl
lejosLejos, lejos nací, / lejos de mi alma: / separada la vida / de la mirada. / Lejanía que fue / toda la patria, / como una cicatriz / que no cerrara. / No pude atravesar / la tarde rara: / lejos, lejos de mí, / no me aba
los límites futurosHe tocado estos límites, los he masticado, / los he digerido (mal, desde luego), / los he trasmutado en días enormes y pequeños, / los he mandado a la luna de ida y vuelta, / los he dejado en Venus una ta
más rápido que el tiburón lejanoLejos están las chozas de los pescadores con las mujeres grandes y pálidas / oyendo el chasquido de las olas como un ángel enmascarado. / Sus conversaciones se mezclan a los alimentos de cocción clara
nada serán mis palabrasNada serán mis palabras / si no encuentran otra boca / que las cante y las olvide / y las devuelva a la sombra. / Allí quizás amanezcan, / vagas ciudades ruinosas, / y a otros solos lleve el aire / la nostalgia
no me pidasNo me pidas falsas / colaboraciones, juegos / del equívoco y la confusión: / pídeme que a mi ser / lo lleve hasta su sol sangrando. / No me pidas firmas, / fotos, créditos para un abominable / desarrollo de la
noche de rosarioIntentemos / lo inaudito, la derrota, / la arrebatadora, serenísima / catástrofe / de lo que no puede ser. / El ser de aquella noche / más allá de las imágenes, / en la carne viva de si misma, / añora equivalenci
ocultoOculto he sido y acunado por el mar / cual si estuviera mi madre en otro iris, / alhaja inmóvil de tristeza para el sol, que anocheciendo / los fríos tulipanes del traspatio, me rodeaba / de amargo alero
otroNunca estoy conmigo. Otro. / El otro, por dentro, afuera, / entre, despertando olvido. / Voy y vengo, descompuesto, / juguete de imán profundo, niño. / Otro. Nunca estamos juntos.
palabras a la aridezNo hay deseos ni dones / que puedan aplacarte. / Acaso tú no pidas (como la sed / o el amor) ser aplacada. La compañía / no es tu reverso arrebatador, donde tus rayos, / que se alargan asimétricos y ávidos /
palabras de nicodemoÉl me dijo que era preciso / renacer, y yo le dije: ¿cómo? / ¿a mis años puede un hombre / volver a entrar en el vientre de su madre? / Yo sentía mi rostro como una página escrita / en el viento y en la som
pienso en la santidad de los lugaresPienso en la santidad de los lugares / que nos han recibido y que dejamos / quién sabe a qué parejas o a cuáles solitarios / tan distantes de nosotros como astros / y que sin saberlo continuarán los gesto
preludios1 / Al despertar el primer gesto es para ti, / oh voluptuosidad perdida, / sacando de la luna y de los muros que se unen / como la flauta silenciosa del bastardo, / en las hojas lejanas una sílaba intacta. /
respuesta al examen del maniqueoSi tú mismo te examinas, el examen no es válido. / Las reglas no son ésas, ni siquiera el asunto. / Al medirte con la vara de tu fanatismo / te conviertes en una víctima, no en un penitente. / Pero el asu
sedienta citaCito textualmente las estrellas / y el hogar complejo de la naranja herida. / Diminuta es la luz en que el buey se esconde / lejos del ave, asoleando eternamente / las estuidosas manos del guajiro, / sus di
sellada vigiliaI / En aquella ciudad morada y mustia / los mulos del carbón, los níveos pescadores / escanciaban la forma serena de mi angustia, / iniciaron el fúnebre ajedrez de sus rumores. / Era mi vida un sueño confus
trabajoEsto hicieron otros / mejores que tú / durante siglos. / De ellos dependía / tu sensación de libertad, / tu camisa limpia / y el ocio de tus lecturas y escrituras. / De ellos depende / todo / lo que te parecía natu
ultimo epitalamioPero si al cabo vienes, despojada / de tus flores nupciales, a la hora / en que el mundo hasta el fondo se desdora / y la ceniza cubre a la mirada; / pero si entonces, con la boca helada / del ocaso postrer
un extraño honorEl árbol sabe, con sus raíces y sus ramas, / todo aquello que puede ser un árbol: / ¿o acaso también falta / a su mitad visible otro esplendor / que es lo que está sufriendo y anhelando? / No lo sabemos. Pe
un golpe de recuerdos te modelaUn golpe de recuerdos te modela / como a la nube el soplo imprevisible. / ¡La música y la enamorada tela / que cruza por tus ojos! Suprimible / y oscuro lo demás, aquí te espera, / frente a mi vida absorta