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charles baudelaire

a la que es demasiado alegre
Tu cabeza, tu gesto, tu aire / Como un bello paisaje, son bellos; / Juguetea en tu cara la risa / Cual fresco viento en claro cielo. / El triste paseante al que rozas / Se deslumbra por la lozanía / Que brota
a la que pasa
La avenida estridente en torno de mí aullaba. / Alta, esbelta, de luto, en pena majestuosa, / pasó aquella muchacha. Con su mano fastuosa / Casi apartó las puntas del velo que llevaba. / Ágil y ennoblecid
a la una de la mañana
¡Solo por fin! Ya no se oye más que el rodar de algunos coches rezagados y derrengados. Por unas horas hemos de poseer el silencio, si no el reposo. ¡Por fin desapareció la tiranía del rostro huma
a theodore de banville
De la Diosa empuñasteis la espesa cabellera, / Con vigor tal, que todos os hubieran tomado, / Al ver ese aire altivo y ese hermoso abandono / Por un joven rufián que golpease a su amante. / La mirada ince
a una transeúnte
La calle atronadora aullaba en torno mío. / Alta, esbelta, enlutada, con un dolor de reina / Una dama pasó, que con gesto fastuoso / Recogía, oscilantes, las vueltas de sus velos, / Agilísima y noble, con
abel y cain
I / Raza de Abel, traga y dormita; / Dios te sonríe complacido / Raza de Caín, en el fango / Cae y miserablemente muere. / Raza de Abel, tu sacrificio / ¡Le huele bien al Serafín! / Raza de Caín, tu suplicio / ¿T
al lector
La necedad, el error, el pecado, la tacañería, / Ocupan nuestros espíritus y trabajan nuestros cuerpos, / Y alimentamos nuestros amables remordimientos, / Como los mendigos nutren su miseria. / Nuestros p
alegoría
Ésta es una mujer de rotunda cadera / que permite en el vino mojar su cabellera. / Las garras del amor , las mismas del granito. / Se ríe de la muerte y la depravación, / y, a pesar de su fuerte poder de
alquimia del dolor
El Uno te ilumina con su ardor, / El otro deposita en ti su duelo, ¡Natura! / El que dice a uno: ¡Sepultura! / Y dice al otro: ¡Vida y esplendor! / Hermes desconocido que me asistes / Y que siempre me intim
bendición
Cuando, por un decreto de las potencias supremas, / El Poeta aparece en este mundo hastiado, / Su madre espantada y llena de blasfemias / Crispa sus puños hacia Dios, que de ella se apiada: / -“¡Ah! ¡no h
bribes
Nota del traductor: Migajas / Los fragmentos siguientes, fueron publicados por primera vez por Yves-Gerard le Dantec, en «Le Figaro» del 28-2- 31, a partir de una copia defectuosa obtenida por Féli
cada cual, con su quimera
Bajo un amplio cielo gris, en una vasta llanura polvorienta, sin sendas, ni césped, sin un cardo, sin una ortiga, tropecé con muchos hombres que caminaban encorvados. / Llevaba cada cual, a cuestas,
cielo neblinoso
Se diría cubierta de vapor tu mirada; / Tu mirar misterioso (¿es azul, gris o verde?) / Alternativamente tierno, cruel, soñador, / Refleja la indolencia y palidez del cielo. / Recuerdas los días blancos,
condenación
El banco inextricable y duro, / El arduo pasadizo, el voraz maëlstrom, / Menos arena arrastran y menos broza impura / Que nuestros corazones, donde se mira el cielo; / Son como promontorios en el air
confesión
Una vez, una sola, mujer dulce y amable, / En mi brazo el vuestro pulido / Se apoyó ( sobre del denso fondo de mi alma / Ese recuerdo no ha palidecido); / Era tarde; al igual que una medalla nueva, / La Lun
conversación
¡Eres un bello cielo de otoño, claro y rosa! / Pero en mí, la tristeza asciende como el mar, / Y en su reflujo deja en mis cansados labios, / El punzante recuerdo de sus limos amargos. / -Se desliza tu ma
correspondencias
La Natura es un templo donde vividos pilares / Dejan, a veces, brotar confusas palabras; / El hombre pasa a través de bosques de símbolos / que lo observan con miradas familiares. / Como prolongados ecos
cuando en el fondo duermas, mi bella tenebrosa
Cuando en el fondo duermas, mi bella tenebrosa, / de una bóveda en mármol oscuro trabajado, / y ya no tengas más por alcoba y morada / que una llovida cu
de 'cuadros parisienses'
103. Paisaje / Deseo, para escribir castamente mis églogas, / Dormir cerca del cielo, cual suelen los astrólogos, / Y escuchar entre sueños, vecino a las campanas, / Sus cánticos solemnes que propalan los
de 'el vino'
123. El alma del vino / Cantó una noche el alma del vino en las botellas: / «¡Hombre, elevo hacia ti, caro desesperado, / Desde mi vítrea cárcel y mis lacres bermejos, / Un cántico fraterno y colmado de l
de 'flores del mal'
128. La destrucción / A mi lado sin tregua el Demonio se agita; / En torno de mi flota como un aire impalpable; / Lo trago y noto cómo abrasa mis pulmones / De un deseo llenándolos culpable e infinito. / To
de 'la muerte'
144. La muerte de los amantes / Poseeremos lechos colmados de aromas / Y, como sepulcros, divanes hondísimos / E insólitas flores sobre las consolas / Que estallaron, nuestras, en cielos más cálidos. / Aviv
de 'las flores del mal'
Versiones de Ignacio Caparrós / (Ed. Alhulia. Colección «Crisálida», nº 20. Granada, 2001) / II- El albatros / Por divertirse a veces suelen los marineros / cazar a los albatros, aves de envergadura,
don juan en los infiernos
Cuando Don Juan descendió hacia la onda subterránea / Y su óbolo hubo dado a Caronte, / Un sombrío mendigo, la mirada fiera como Antístenes, / Con brazo vengativo y fuerte empuñó cada remo. / Mostrando su
el albatros
Por distraerse, a veces, suelen los marineros / Dar caza a los albatros, grandes aves del mar, / Que siguen, indolentes compañeros de viaje, / Al navío surcando los amargos abismos. / Apenas los arrojan s
el alma del vino
Cantó una noche el alma del vino en las botellas: / «¡Hombre, elevo hacia ti, caro desesperado, / Desde mi vítrea cárcel y mis lacres bermejos, / Un cántico fraterno y colmado de luz!» / Sé cómo es necesa
el amor engañoso
Cuando te veo cruzar, oh mi amada indolente, / Paseando el hastío de tu mirar profundo, / Suspendiendo tu paso tan armonioso y lento / Mientras suena la música que se pierde en los techos. / Cuando veo, a
el amor y el cráneo
Se sienta el Amor en el cráneo / De la Humanidad, / Y sobre tal solio el profano, / Con risa procaz, / Sopla alegremente redondas burbujas, / Que en el aire suben, / Como para juntarse a los mundos / Al fondo d
el balcón
¡Madre de los recuerdos! ¡Reina de los amantes! / Eres todo mi gozo, ¡todo mi yugo eres! / En ti revivirán los íntimos instantes / y el sabor del hogar en los atardeceres, / Madre de los recuerdos, ¡Reina
el bello navío
Yo te quiero contar, ¡oh lánguida hechicera! / Los distintos encantos que ornan tu juventud; / Trazar deseo tu belleza / Donde, a la par, se alían infancia y madurez. / Cuando pasas, barriendo el aire con
el crepúsculo de la noche
Va cayendo el día. Una gran paz llena las pobres mentes, cansadas del trabajo diario, y sus pensamientos toman ya los colores tiernos o indecisos del crepúsculo. / Sin embargo, desde la cima de la m
el crepúsculo matutino
La diana resonaba en todos los cuarteles / Y apagaba las lámparas el viento matutino. / Era la hora en que enjambres de maléficos sueños / Ahogan en sus almohadas a los adolescentes; / Cuando tal palpitan
el enemigo
Mi juventud no fue sino oscura tormenta / que rara vez el Sol cortó con luz brillante, / trueno y lluvia ejercieron tan repetida afrenta / que en mi jardín no existen los frutos incitantes. / Yo que toqué
el extranjero
-¿A quién quieres más, hombre enigmático, dime, a tu padre, a tu madre, / a tu hermana o a tu hermano? / -Ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano tengo. / -¿A tus amigos? / -Empleáis una palabra cuyo s
el fin de la jornada
Bajo una pálida luz / Corre, danza y se retuerce / La Vida, impura y gritona. / Tan pronto como a los cielos / La gozosa noche asciende / Y todo, hasta el hambre calma, / Ocultando la vergüenza / Se dice e
el gato
Ven, bello gato, a mi amoroso pecho; / Retén las uñas de tu pata, / Y deja que me hunda en tus ojos hermosos / Mezcla de ágata y metal. / Mientras mis dedos peinan suavemente / Tu cabeza y tu lomo elástico,
el glotón
Rumiando, yo me burlo de la gente famélica. / Como un obús reventaría, / Si no absorbiese como un chancro, / Su mirada no era tímida ni indolente, / Exhalaba, más bien, alguna ávida cosa, / Y, como su nariz
el gusto de la nada
¡Triste espíritu, antaño amante de la lucha, / la Esperanza, cuya espuela excitaba tu ardor, / no quiere ya montarte! Échate sin pudor, / viejo caballo cuyas patas tropiezan en todos los obstáculos. / Res
el hermoso navío
Yo deseo relatarte, ¡oh, voluptuosa hechicera! / Los diversos atractivos que engalanan tu juventud; / Pintar quiero tu belleza, / Donde la infancia se alía con la madurez. / Cuando barres el aire con tus
el juguete del pobre
Quiero dar idea de una diversión inocente. ¡Hay tan pocos entretenimientos que no sean culpables! / Cuando salgáis por la mañana con decidida intención de vagar por la carretera, llenaos los bolsill
el leteo
Ven a mi pecho, alma sorda y cruel, / Tigre adorado, monstruo de aire indolente; / Quiero enterrar mis temblorosos dedos / En la espesura de tu abundosa crin; / Sepultar mi cabeza dolorida / En tu falda col
el loco y la venus
¡Qué admirable día! El vasto parque desmaya ante la mirada abrasadora del Sol, como la juventud bajo el dominio del Amor. / El éxtasis universal de las cosas no se expresa por ruido ninguno; las mis
el mal monje
Los claustros antiguos sobre sus amplios muros / Despliegan en cuadros la santa Verdad, / Cuyo efecto, caldeando las piadosas entrañas. / Atempera la frialdad de su austeridad. / En días que de Cristo flo
el mal vidriero
Hay naturalezas puramente contemplativas, impropias totalmente para la acción, que, sin embargo, merced a un impulso misterioso y desconocido, actúan en ocasiones con rapidez de que se hubieran cr
el muerto alegre
En una tierra arcillosa, infestada de caracoles, / cavaré con mis manos una fosa profunda / donde pueda tender mis huesos, / y dormir en el olvido, como el tiburón en el mar. / Odio los testamentos, odio
el pastel
Viajaba. El paisaje en medio del cual me había colocado tenía grandeza y nobleza irresistibles. Algo de ellas se comunicó sin duda en aquel momento a mi alma. Revoloteaban mis pensamientos con lig
el perfume
Lector: -¿Alguna vez, por suerte has respirado / con morosa embriaguez, con avidez golosa / el incienso que invade la nave silenciosa, / o el pomo que de ámbar un tiempo fue colmado? / ¡Oh mágico, profund
el perro y el frasco
-Lindo perro mío, buen perro, chucho querido, acércate y ven a respirar un excelente perfume, comprado en la mejor perfumería de la ciudad. / Y el perro, meneando la cola, signo, según creo, que en
el poseso
El sol yace bajo un lúgubre manto. / Como él, ¡oh Luna de mi vida!, arrópate con sombras; / duerme o humea a tu gusto; sé muda, sé sombría, / y húndete por entero en el abismo del Tedio. / ¡Te amo así! Si
el reloj
Los chinos ven la hora en los ojos de los gatos. Cierto día, un misionero que se paseaba por un arrabal de Nankin advirtió que se le había olvidado el reloj, y le preguntó a un chiquillo qué hora
el sabor de la nada
Espíritu melancólico, en otra época enamorado de la lucha, / La Esperanza, cuya espuela agitaba tu ardor, / No quiere más montarte. Acuéstate sin pudor, / Viejo caballo cuyos cascos tropiezan en cada ob
el sol
Por la vieja barriada, donde, de las casuchas / Las persianas ocultan las lujurias secretas / Cuando el astro cruel furiosamente hiere / La ciudad y los campos, los techos y sembrados, / Quisiera ejercita
el sueño de un curioso
¿Conoces, como yo, la pena gozosa?, / Y de ti haces decir: "¡Oh, que hombre singular!" / Iba yo a morir. Era aquello en mi alma amorosa, / Deseo mezclado con horror, un mal particular; / Angustia y viva e
el surtidor
Se cansaron tus ojos, ¡pobre amante! / Que se queden cerrados largo rato, / En esa postura indolente / En que el placer te sorprendió. / El murmullo del surtidor, / Que día y noche permanece, / Prolonga dulce
el vampiro
Tú que, como una cuchillada; / Entraste en mi dolorido corazón. / Tú que, como un repugnante tropel / De demonios, viniste loca y adornada, / Para hacer de mi espíritu humillado / Tu lecho y tu dominio. / ¡In
el viaje
A Maxime du Camp / I / Para el niño, enamorado de mapas y estampas, / El universo es igual a su vasto apetito. / ¡Ah! ¡Cuan grande es el mundo a la claridad de las lámparas! / ¡Para las miradas del recuerdo
el viejo saltimbanqui
Por doquiera se ostentaba, se derramaba, se solazaba el pueblo en holgorio. Era una solemnidad de esas que, con mucha antelación, son esperanza de los saltimbanquis, de los prestidigitadores, de l
el vino de los amantes
¡Hoy es espléndido el espacio! / Sin freno, ni espuelas, ni brida, / Partamos a lomos del vino / Hacia un cielo divino y mágico. / Cual dos ángeles torturados / Por implacable calentura / En el cristal azul d
el vino del solitario
La singular mirada de una mujer galante / Que llega hasta nosotros como la blanca luz / Que enviara la luna al lago tembloroso / Cuando quiere bañar su indolente belleza; / Los últimos escudos que tiene u
el «yo pecador» del artista
¡Cuán penetrante es el final del día en otoño! ¡Ay! ¡Penetrante hasta el dolor! Pues hay en él ciertas sensaciones deliciosas, no por vagas menos intensas; y no hay punta más acerada que la de lo
elevación
Por encima de estanques, por encima de valles, / De montañas y bosques, de mares y de nubes, / Más allá de los soles, más allá de los éteres, / Más allá del confín de estrelladas esferas, / Te desplazas,
embriáganse
Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: ésta es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo que nos rompe las espaldas y nos hace inclinar hacia la tierra, hay que embri
epígrafe para un libro condenado
Lector apacible y bucólico, / Sobrio e ingenuo hombre de bien, / Tira este libro saturnal, / Orgiástico y melancólico. / Si no has estudiado retórica / Con Satán, el astuto decano, / ¡tíralo!, no entenderías
himno a la belleza
¿Vienes del cielo profundo o surges del abismo, / Oh, Belleza? Tu mirada infernal y divina, / Vuelca confusamente el beneficio y el crimen, / Y se puede, por eso, compararte con el vino. / Tú contienes en
íncubo
Como los ángeles, con ojo furtivo, / Yo volveré a tu habitación, / Deslizándome sin hacer ruido / Entre las sombras de la noche; / Y te daré, mi morena, / Besos fríos como la luna / Y caricias de serpiente / Al
invitación al viaje
Mi hermana, mi ser, / sueña en el placer / de juntar las vidas en tierra distante; / y en un lento amar, / amando expirar / en aquel país a Ti semejante. / Los húmedos soles / de sus arreboles / mi alma conturban
la beatriz
En cenicientas tierras, sin verdor, calcinadas, / Como yo me quejase a la Naturaleza, / Y el puñal de mi mente, caminando al azar, / Fuese afilando lento sobre mi corazón, / Una gran nube oscura, de un te
la belleza
Yo soy bella, ¡oh mortales! , como un sueño de piedra. / Mi seno -donde el hombre se desangra y expira- / Mudo, infinito amor al poeta le inspira, / Coronada de rosas lo mismo que de yedra. / Campea en el
la cabellera
¡Oh vellón, que rizándose baja hasta la cintura! / ¡Oh bucles! ¡Oh perfume cargado de indolencia! / ¡Éxtasis! Porque broten en esta oscura alcoba / Los recuerdos dormidos en esa cabellera, / La quiero hoy
la campana hendida
En las noches de invierno es amargo y es dulce / Escuchar, junto al fuego que palpita y humea, / Como se alzan muy lentos los recuerdos lejanos / Al son de carillones que suenan en la bruma. / ¡Feliz camp
la desesperación de la anciana
La viejecilla arrugada sentíase llena de regocijo al ver a la linda criatura festejada por todos, a quien todos querían agradar; aquel lindo ser tan frágil como ella, viejecita, y como ella tambié
la destrucción
El demonio a mi lado acecha en tentaciones; / como un aire impalpable lo siento en torno mío; / lo respiro, lo siento quemando mis pulmones / de un culpable deseo con que, en vano, porfío. / Toma a veces
la estéril
Con su veste ondulante, de visos nacarados / -aún cuando camina parece que danzara- / cual ágiles serpientes que en la mágica vara / y en cadencias concitan los juglares sagrados; / Como la arena fosca y
la fuente de sangre
Creo sentir, a veces que mi sangre en torrente / se me escapa en sollozos lo mismo que una fuente. / Oigo perfectamente su queja dolorida, / pero me palpo en vano para encontrar la herida. / Corre como si
la invitación al viaje
Hay un país soberbio, un país de Jauja -dicen-, que sueño visitar con una antigua amiga. País singular, anegado en las brumas de nuestro Norte, y al que se pudiera llamar el Oriente de Occidente,
la mala suerte
Para alzar un peso tan grande / ¡Tu coraje haría falta, Sísifo! / Aun empeñándose en la obra / El Arte es largo y breve el Tiempo. / Lejos de célebres túmulos / En un camposanto aislado / Mi corazón, tambor v
la máscara
Contempla ese tesoro de gracias florentinas; / En la forma ondulante del musculoso cuerpo, / Son hermanas divinas la Elegancia y la Fuerza. / Esta mujer, fragmento en verdad milagroso, / Noblement
la metamorfosis del vampiro
La dama, entre tanto, de su labios de fresa / estremeciéndose como una serpiente entre brasas / y amasando sus senos sobre el duro corsé, / Decía estas palabras impregnadas de almizcle: / Son húmedos mis
la muerte de los amantes
Poseeremos lechos colmados de aromas / Y, como sepulcros, divanes hondísimos / E insólitas flores sobre las consolas / Que estallaron, nuestras, en cielos más cálidos. / Avivando al límite postreros ardor
la muerte de los artistas
¿Cuánto mis cascabeles tendré que sacudir / Y besarte la frente, triste caricatura? / Para dar en el blanco, de mística virtud, / Mi carcaj, ¿cuántas flechas habrá de malgastar? / En fintas sutilísimas nu
la muerte de los pobres
Es la Muerte que consuela, ¡ah! y que hace vivir; / Es el objeto de la vida, y es la sola esperanza / Que, como un elixir, nos sostiene y nos embriaga, / y nos da ánimos para avanzar hasta el final; / A t
la mujer, entre tanto, de su boca de fresa
La mujer, entre tanto, de su boca de fresa / Retorciéndose como una sierpe entre brasas / Y amasando sus senos sobre el duro corsé, / Decía estas palabras impregnadas de almizcle: / «Son húmedos mis labio
la musa enferma
Mi Pobre musa, !ay! ¿qué tienes este día? / Pueblan tus vacuos ojos las visiones nocturnas / Y alternándose veo reflejarse en tu tez / La locura y el pánico, fríos y taciturnos. / ¿El súcubo verdoso y el
la musa venal
Tú que amas los palacios, oh musa de mi vida, / ¿Tendrás, cuando el Bóreas, sea el dueño de Enero, / Mientras cae la nieve en tediosas veladas, / Para caldear tus pies violáceos, un tizón? / ¿Reanimarás a
la negación de san pedro
Por cierto, ¿qué hace Dios de ese mar de anatemas / Que asciende día a día hasta sus serafines? / Como un déspota ahíto de viandas y de vinos, / Al dulce son de nuestras blasfemias se adormece. / Las quej
la pipa
Soy la pipa de un escritor: / dice bien claro mi pergeño / de cafre, que tengo por dueño / un refinado fumador. / Al agobio de su labor / se agita mi flabel risueño / igual que el penacho hogareño / a la vuelta
la plegaria de un pagano
No dejes morir tus llamas; / Caldea mi sordo corazón, / ¡Voluptuosidad, cruel tormento! / Diva! supplicem exaudî! / Diosa en el aire difundida, / Llama de nuestro subterráneo, / Escucha a un alma consum
la serpiente que danza
¡Cuánto gozo al mirar, dulce indolente, / Tu corpóreo esplendor / Como si fueran seda iridiscente / Tu piel y su fulgor. / Y sobre tu profunda cabellera / De un ácido aromar / -Cual un mar errabundo, sin ribe
la voz
Se encontraba mi cuna junto a la biblioteca, / Babel sombría, donde novela, ciencia, fábula, / Todo, ya polvo griego, ya ceniza latina / Se confundía. Yo era alto como un infolio. / Y dos voces me hablaba
la «mujer salvaje» y la queridita
«En verdad, querida, me molestáis sin tasa y compasión; diríase, al oíros suspirar, que padecéis más que las espigadoras sexagenarias y las viejas pordioseras que van recogiendo mendrugos de pan a
las dos buenas hermanas
Libertinaje y Muerte, son dos buenas muchachas, / Pródigas de sus besos y ricas en salud / Cuyo virginal flanco, que los harapos cubren, / Bajo la eterna siembra jamás fructificó. / Al poeta siniestro, ta
las joyas
Ella estaba desnuda, y, sabiendo mis gustos, / Sólo había conservado las sonoras alhajas / Cuyas preseas le otorgan el aire vencedor / Que las esclavas moras tienen en días fastos. / Cuando en el aire lan
las muchedumbres
No a todos les es dado tomar un baño de multitud; gozar de la muchedumbre es un arte; y sólo puede darse a expensas del género humano un atracón de vitalidad aquel a quien un hada insufló en la cu
las promesas de un rostro
Yo amo, ¡oh, pálida beldad!, tus pestañas entornadas, / De las que parecen derramarse las tinieblas; / Tus ojos, bien que renegridos, me inspiran ideas / Que no son del todo fúnebres. / Tus ojos, que conc
las viudas
Dice Vauvenargues que en los jardines públicos hay paseos frecuentados principalmente por la ambición venida a menos, por los inventores desgraciados, por las glorias abortadas, por los corazones
letanías de satán
Oh tú, el Ángel más bello y asimismo el más sabio / Dios privado de suerte y ayuno de alabanzas, / ¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria! / Príncipe del exilio, a quien perjudicaron, / Y que, vencido,
lo irreparable
¿Podemos ahogar el viejo y prolongado Remordimiento, / que vive, se agita y se retuerce, / y se nutre de nosotros como el gusano de los muertos, / como de la encina la oruga? / ¿Podernos ahogar el implaca
los beneficios de la luna
La Luna, que por sí misma es capricho, se asomó por la ventana mientras dormías en la cuna, y dijo: Esa criatura me agrada. / Y bajó quedamente por su escalera de nubes y pasó sin ruido a través de
los dones de las hadas
Había gran asamblea de hadas para proceder al reparto de dones entre todos los recién nacidos llegados a la vida en las últimas veinticuatro horas. / Todas aquellas antiguas y caprichosas hermanas d
los faros
Rubens, río de olvido, jardín de la pereza, / Almohada de carne fresca donde no se puede amar, / Pero donde la vida afluye y se agita sin cesar, / Como el aire en el cielo y la mar en el mar; / Leonardo d
madrigal triste
¿Qué me importa que seas casta? Sé bella y triste. / Las lágrimas aumentan de tu faz el encanto. / Reverdece el paisaje de la fuente al quebranto; / la tormenta a las flores de frescura reviste. / Eres má
me gusta recordar esas desnudas épocas…
Me gusta recordar esas desnudas épocas / En que placía a Febo las estatuas dorar, / En tanto hombre y mujer, en su esplendor más alto, / Sin angustia gozaban y sin mentira alguna, / Y, el amoroso cielo en
mujeres condenadas
Como bestias inmóviles tumbadas en la arena, / Vuelven sus ojos hacia el marino horizonte, / Y sus pies que se buscan y sus manos unidas, / Tienen desmayos dulces y temblores amargos. / Las unas, corazone
mœsta et errabunda
¿No huye el corazón, Ágata, muchas veces de ti, / Lejos del negro océano de la ciudad inmunda, / Hacia otra donde estalla, súbito, el esplendor, / Azul, profundo, claro cual la virginidad? / ¿No huye el c
orgullo
Ángeles de oro vestidos, de púrpura y de jacinto. / El genio y el amor son fáciles deberes. / Amasé sólo barro y de él extraje oro / Llevaba en la mirada el brío del corazón. / En París, su desierto, vivi
paisaje
Deseo, para escribir castamente mis églogas, / Dormir cerca del cielo, cual suelen los astrólogos, / Y escuchar entre sueños, vecino a las campanas, / Sus cánticos solemnes que propalan los vientos. / El
perfume exótico
Cuando entorno los ojos bajo el sol otoñal / Y respiro el aroma de tu cálido seno, / Ante mí se perfilan felices litorales / Que deslumbran los fuegos de un implacable sol. / Una isla perezosa donde Natur
proyecto de epílogo
Tranquilo como un sabio, manso como un maldito, dije: / Te amo, oh mi beldad, oh encantadora mía… / Cuántas veces… / Tus orgías sin sed, tus amores sin alma, / Tu gusto de infinito / Que en todo, has
puesta de sol romántica
Qué hermoso el sol parece cuando fresco se eleva, / Dando los buenos días como en una explosión / -Feliz aquel que puede, por el amor transido, / Saludar al poniente, más glorioso que un sueño. / ¡Lo recu
recogimiento
Cálmate, dolor mío, y tu angustia serena. / Anhelabas la noche. Ya desciende. Aquí está. / Una atmósfera oscura cubre a París. Traerá / a unos cuantos la paz, a otros muchos la pena. / Mientras la muchedu
remordimiento póstumo
Cuando duermas por siempre, mi amada Tenebrosa, / tendida bajo el mármol de negro monumento / y por tibia morada y por solo aposento / tengas, no más, el antro húmedo de la fosa; / Cuando oprima la piedra
reversibilidad
Ángel lleno de gozo, ¿sabes lo que es la angustia, / La culpa, la vergüenza, el hastío, los sollozos / Y los vagos terrores de esas horribles noches / Que al corazón oprimen cual papel aplastado? / Á
sé bella y sé triste
¿Qué importancia tiene vuestra bondad? / Se bella y se triste, las lágrimas / agregan encanto a tu rostro / como la lluvia al paisaje, / La tormenta rejuvenece las flores. / Te amo más cuando la alegría / huy
sed non saciata
Deidad bizarra, oscura como las noches, / Con perfume mezclado de almizcle y habano, / Obra de algún hechicero, el Fausto de la sabana, / Bruja con ijares de ébano, engendro de nocturnidad, / Yo prefiero
semper eadem
"¿De dónde os viene, decís, esta tristeza extraña, / Trepando como el mar sobre el peñón negro y desnudo?" / —Cuando nuestro corazón ha hecho una vez su vendimia, / ¡Vivir es un mal! Es un secreto de to
sobre «el tasso en prisión»
En su celda, el poeta, harapiento y enfermo, / Teniendo un manuscrito bajo su pie convulso, / Contempla con mirada inundada de pánico / La escalera de vértigo donde su alma se abisma. / Las risas enervant
soneto de otoño
Me preguntan tus ojos, claros como el cristal, / para ti, extraño amante, ¿cuál es mi atractivo? / -¡Sé encantadora y cállate! Mi corazón, al que todo irrita / excepto el candor del animal primitivo, / no
spleen
Yo soy como ese rey de aquel país lluvioso, / rico, pero impotente, joven, aunque achacoso, / que, despreciando halagos de sus cien concejales, / con sus perros se aburre y demás animales. / Nada puede al
sueño de un curioso
Conoces, tal mi caso, ese dolor sabroso, / Y de ti haces que digan: «¡Qué ser tan singular!» / -Iba a morir. Y había en mi alma amorosa, / Deseo mezclado a horror, un raro sufrimiento; / Angustia y espera
sueño parisiense
I / De aquel terrible paisaje / Como nunca vio mortal, / Esta mañana, aún la imagen / Vaga y lejana perdura. / ¡Lleno está el sueño de magia! / Por un singular capricho / Desterré de ese espectáculo / Al barroco
te adoro igual que a la bóveda nocturna
Te adoro igual que a la bóveda nocturna, / ¡oh vaso de tristeza, gran taciturna! / Y te amo tanto más, bella, cuanto más me huyes; / y cuanto más me pareces encanto de mis noches, / irónicamente aumentar
tres poemas de 'los despojos'
156. Sobre «El Tasso en prisión» / En su celda, el poeta, harapiento y enfermo, / Teniendo un manuscrito bajo su pie convulso, / Contempla con mirada inundada de pánico / La escalera de vértigo donde su a
tristezas de la luna
Esta noche la luna sueña con más pereza, / Cual si fuera una bella hundida entre cojines / Que acaricia con mano discreta y ligerísima, / Antes de adormecerse, el contorno del seno. / Sobre el dorso de se
últimos suspiros de un parnasiano
Klop, klip, klop, klop, klip, klop. / Desgranando gota a gota su rítmico sollozo, / En los pilones de la fuente donde el agua duerme inmóvil, / Un surtidor es el único en turbar la plácida y tranquila n
un gracioso
Era la explosión del año nuevo: caos de barro y nieve, atravesado por mil carruajes, / centelleante de juguetes y de bombones, hormigueante de codicia y desesperación; / delirio oficial de una ciudad
un hemisferio en una cabellera
Déjame respirar mucho tiempo, mucho tiempo, el olor de tus cabellos; sumergir en ellos el rostro, como hombre sediento en agua de manantial, y agitarlos con mi mano, como pañuelo odorífero, para s
una carroña
Recuerdas el objeto que vimos, mi alma, / Aquella hermosa mañana de estío tan apacible; / A la vuelta de un sendero, una carroña infame / Sobre un lecho sembrado de guijarros, / Las piernas al aire, como
yo amo el recuerdo…
Yo amo el recuerdo de esas épocas desnudas, / En que Febo se complacía en dorar las estatuas, / Cuando el hombre y la mujer en su agilidad / Gozaban sin mentira y sin ansiedad, / Y, el cielo amoroso acari
¡embriáguense!
Siempre hay que estar ebrio. Todo se resume a eso: ésta es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo que nos quiebra las espaldas y nos hace doblar hacia la tierra, hay que emb
¿qué dirás esta noche, pobre alma solitaria…
¿Qué dirás esta noche pobre alma solitaria, / Qué dirás, corazón, marchito hace tan poco, / A la muy bella, a la muy buena, a la amadísima, / Bajo cuya mirada floreciste de nuevo? / -El orgullo emplearemo