césar vallejo
a mi hermano miguelHermano, hoy estoy en el poyo de la casa, / donde nos haces una falta sin fondo! / Me acuerdo que jugábamos esta hora, y que mamá / nos acariciaba: «Pero, hijos…»
absolutaColor de ropa antigua. Un julio a sombra, / y un agosto recién segado. Y una / mano de agua que injertó en el pino / resinoso de un tedio malas frutas. / Ahora que
ágapeHoy no ha venido nadie a preguntar; / ni me han pedido en esta tarde nada. / No he visto ni una flor de cementerio / en tan alegre procesión de luces. / Perdóname,
altura y pelos¿Quién no tiene su vestido azul? / ¿Quién no almuerza y no toma el tranvía, / con su cigarrillo contratado y su dolor de bolsillo? / ¡Yo que tan sólo he nacido! / ¡
amor prohibidoSubes centelleante de labios y de ojeras! / Por tus venas subo, como un can herido / que busca el refugio de blandas aceras. / Amor, en el mundo tú eres un pecado
aquí, ramón collarAquí, / Ramón Collar, / prosigue tu familia soga a soga, / se sucede, / en tanto que visitas, tú, allá, a las siete espadas, en Madrid, / en el frente de Madrid. / ¡Ram
ausenteAusente! La mañana en que me vaya / más lejos de lo lejos, al Misterio, / como siguiendo inevitable raya, / tus pies resbalarán al cementerio. / Ausente! La mañana
avestruzMelancolía, saca tu dulce pico ya; / no cebes tus ayunos en mis trigos de luz. / Melancolía, basta! Cuál beben tus puñales / la sangre que extrajera mi sanguijuel
batallasHombre de Extremadura, / oigo bajo tu pie el humo del lobo, / el humo de la especie, / el humo del niño, / el humo solitario de dos trigos, / el humo de Ginebra, el h
bordas de hieloVengo a verte pasar todos los días, / vaporcito encantado siempre lejos… / Tus ojos son dos rubios capitanes; / tu labio es un brevísimo pañuelo / rojo que ondea en
capitulaciónAnoche, unos abriles granas capitularon / ante mis mayos desarmados de juventud; / los marfiles histéricos de su beso me hallaron / muerto; y en un suspiro de amo
comuniónLinda Regia! Tus venas son fermentos / de mi no ser antiguo y del champaña / negro de mi vivir! / tu cabello es la ignota raicilla / del árbol de mi vid. / tu cabello
considerando en frío, imparcialmenteConsiderando en frío, imparcialmente, / que el hombre es triste, tose y, sin embargo, / se complace en su pecho colorado; / que lo único que hace es componerse / de
cortejo tras la toma de bilbaoHerido y muerto, hermano, / criatura veraz, republicana, están andando en su trono, / desde que tu espinazo cayó famosamente; / están andando, pálido, en tu edad
deshojación sagradaLuna! Corona de una testa inmensa, / que te vas deshojando en sombras gualdas! / Roja corona de un Jesús que piensa / trágicamente dulce de esmeraldas! / Luna! Aloc
deshoraPureza amada, que mis ojos nunca / llegaron a gozar. ¡Pureza absurda! / Yo sé que estabas en la carne un día, / cuando yo hilaba aún mi embrión de vida. / Pureza en
desnudo en barroComo horribles batracios a la atmósfera, / suben visajes lúgubres al labio. / Por el Sahara azul de la Sustancia / camina un verso gris, un dromedario. / Fosforece
donde nunca llegaremosDonde, aún sin nuestro pie / llegase a dar por un instante / será, en verdad, como no estarse. / Es ese un sitio que se ve / a cada rato en esta vida, / andando, anda
el pan nuestroSe bebe el desayuno… Húmeda tierra / de cementerio huele a sangre amada. / Ciudad de invierno… La mordaz cruzada / de una carreta que arrastrar parece / una emoción
el poeta a su amadaAmada, en esta noche tú te has crucificado / sobre los dos maderos curvados de mi beso; / y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado, / y que hay un viernes santo
en el rincón aquelEn el rincón aquel, donde dormimos juntos / tantas noches, ahora me he sentado / a caminar. La cuja de los novios difuntos / fue sacada, o talvez que habrá pasado
epístola a los transeúntesReanudo mi día de conejo / mi noche de elefante en descanso. / Y, entre mi, digo: / ésta es mi inmensidad en bruto, a cántaros / éste es mi grato peso, / que me busca
españa, aparta de mí este cálizNiños del mundo, / si cae España ?digo, es un decir? / si cae / del cielo abajo su antebrazo que asen, / en cabestro, dos láminas terrestres; / niños, ¡qué edad la de
espergesiaYo nací un día / que Dios estuvo enfermo. / Todos saben que vivo, / que soy malo; y no saben / del diciembre de ese enero. / Pues yo nací un día / que Dios estuvo enfer
frescoLlegué a confundirme con ella, / tanto…! Por sus recodos / espirituales, yo me iba / jugando entre tiernos fresales, / entre sus griegas manos matinales. / Ella me ac
he encontrado a una niñaHe encontrado a una niña / en la calle, y me ha abrazado. / Equis, disertada, quien la halló y la halle, / no la va a recordar. / Esta niña es mi prima. Hoy, al toc
hecesEsta tarde llueve, como nunca; y no / tengo ganas de vivir, corazón. / Esta tarde es dulce. Por qué no ha de ser? / Viste de gracia y pena; viste de mujer. / Esta t
himno a los voluntarios de la repúblicaVoluntario de España, miliciano / de huesos fidedignos, cuando marcha a morir tu corazón, / cuando marcha a matar con su agonía / mundial, no sé verdaderamente / qu
hoy me gusta la vida mucho menosHoy me gusta la vida mucho menos, / pero siempre me gusta vivir: ya lo decía. / Casi toqué la parte de mi todo y me contuve / con un tiro en la lengua detrás de m
idilio muertoQué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita de junco y capulí; / ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita / la sangre, como flojo cognac, dentro de
imagen española de la muerte¡Ahí pasa! ¡Llamadla! ¡Es su costado! / ¡Ahí pasa la muerte por Irún: / sus pasos de acordeón, su palabrota, / su metro del tejido que te dije, / su gramo de aquel
intensidad y alturaQuiero escribir, pero me sale espuma, / Quiero decir muchísimo y me atollo; / No hay cifra hablada que no sea suma, / No hay pirámide escrita, sin cogollo. / Quiero
invierno en la batalla de teruel¡Cae agua de revólveres lavados! / Precisamente, / es la gracia metálica del agua, / en la tarde nocturna en Aragón, / no obstante las construídas yerbas, / las legum
la copa negraLa noche es una copa de mal. Un silbo agudo / del guardia la atraviesa, cual vibrante alfiler. / Oye, tú, mujerzuela, ¿cómo, si ya te fuiste, / la onda aún es neg
la rueda del hambrientoPor entre mis propios dientes salgo humeando, / dando voces, pujando, / bajándome los pantalones… / Váca mi estómago, váca mi yeyuno, / la miseria me saca por entre
líneasCada cinta de fuego / que, en busca del Amor, / arrojo y vibra en rosas lamentables, / me da a luz el sepelio de una víspera. / Yo no sé si el redoble en que lo bus
los dados eternosPara Manuel González Prada esta / emoción bravía y selecta, una de / las que, con más entusiasmo me / ha aplaudido el gran maestro. / Dios mío, estoy llorando el se
los heraldos negrosHay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! / Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, / la resaca de todo lo sufrido / se empozara en el alma… ¡Yo no
los mendigos pelean por españaLos mendigos pelean por España, / mendigando en París, en Roma, en Praga / y refrendando así, con mano gótica, rogante, / los pies de los Apóstoles, en Londres, e
los mineros salieron de la minaLos mineros salieron de la mina / remontando sus ruinas venideras, / fajaron su salud con estampidos / y, elaborando su función mental / cerraron con sus voces / el s
los nueve monstruosI, desgraciadamente, / el dolor crece en el mundo a cada rato, / crece a treinta minutos por segundo, paso a paso, / y la naturaleza del dolor, es el dolor dos ve
los pasos lejanosMi padre duerme. Su semblante augusto / figura un apacible corazón; / está ahora tan dulce…; / si hay algo en él de amargo, seré yo. / Hay soledad en el hogar; se r
masaAl fin de la batalla, / y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre / y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!» / Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. / Se le ac
mayoVierte el humo doméstico en la aurora / su sabor a rastrojo; / y canta, haciendo leña, la pastora / un salvaje aleluya! / Sepia y rojo. / Humo de la cocina, aperitivo
me moriré en parís con aguacero…Me moriré en París con aguacero, / un día del cual tengo ya el recuerdo. / Me moriré en París -y no me corro- / tal vez un jueves, como es hoy, de otoño. / Jueves s
me viene, hay días, una gana ubérrimaMe viene, hay días, una gana ubérrima, política, / de querer, de besar al cariño en sus dos rostros, / y me viene de lejos un querer / demostrativo, otro querer a
medialuzHe soñado una fuga. Y he soñado / tus encajes dispersos en la alcoba. / A lo largo de un muelle, alguna madre; / y sus quince años dando el seno a una hora. / He so
mentiraMentira. Si lo hacía de engaños, / y nada más. Ya está. De otro modo, / también tú vas a ver / cuánto va a dolerme el haber sido así. / Mentira. Calla. / Ya está bien
miré el cadáverMiré el cadáver, su raudo orden visible / y el desorden lentísimo de su alma; / le vi sobrevivir; hubo en su boca / la edad entrecortada de dos bocas. / Le gritaron
nervazón de angustiaDulce hebrea, desclava mi tránsito de arcilla; / desclava mi tensión nerviosa y mi dolor… / Desclava, amada eterna, mi largo afán y los / dos clavos de mis alas y
nochebuenaAl callar la orquesta, pasean veladas / sombras femeninas bajo los ramajes, / por cuya hojarasca se filtran heladas / quimeras de luna, pálidos celajes. / Hay labio
nómina de huesosSe pedía a grandes voces: / -Que muestre las dos manos a la vez. / Y esto no fue posible. / -Que, mientras llora, le tomen la medida de sus pasos. / Y esto no fue p
para el alma imposible de mi amadaAmada: no has querido plasmarte jamás / como lo ha pensado mi divino amor. / Quédate en la hostia, / ciega e impalpable, / como existe Dios. / Si he cantado mucho, he
parís, octubre 1936De todo esto yo soy el único que parte. / De este banco me voy, de mis calzones, / de mi gran situación, de mis acciones, / de mi número hendido parte a parte, / de
piedra negra sobre una piedra blancaMe moriré en París con aguacero, / un día del cual tengo ya el recuerdo. / Me moriré en París ?y no me corro? / tal vez un jueves, como es hoy, de otoño. / Jueves s
piensan los viejos asnosAhora vestiríame / de músico por verle, / chocaría con su alma, sobándole el destino con mi mano, / le dejaría tranquilo, ya que es un alma a pausas, / en fin, le d
pienso en tu sexoPienso en tu sexo. / Simplificado el corazón, pienso en tu sexo, / ante el hijar maduro del día. / Palpo el botón de dicha, está en sazón. / Y muere un sentimiento
poema para ser leído y cantadoSé que hay una persona / que me busca en su mano, día y noche, / encontrándome, a cada minuto, en su calzado. / ¿Ignora que la noche está enterrada / con espuelas d
romeríaPasamos juntos. El sueño / lame nuestros pies qué dulce; / y todo se desplaza en pálidas / renunciaciones sin dulce. / Pasamos juntos. Las muertas / almas, las que, c
sauceLirismo de invierno, rumor de crespones, / cuando ya se acerca la pronta partida; / agoreras voces de tristes canciones / que en la tarde rezan una despedida. / Vis
setiembreAquella noche de setiembre, fuiste / tan buena para mí… hasta dolerme! / Yo no sé lo demás; y para eso, / no debiste ser buena, no debiste. / Aquella noche sollozas
si te amara... qué sería¿ . . . / -Si te amara… qué sería? / -Una orgía! / -Y si él te amara? / Sería / todo rituario, pero menos dulce. / Y si tú me quisieras? / La sombra sufriría / justos fraca
tiempo, tiempoMediodía estancado entre relentes. / Bomba aburrida del cuartel achica / tiempo tiempo tiempo tiempo. / Era Era. / Gallos cancionan escarbando en vano. / Boca del cla
trilceHay un lugar que yo me sé / en este mundo, nada menos, / adonde nunca llegaremos. / Donde, aun si nuestro pie / llegase a dar por un instante / será, en verdad, como
trilce: poema ii – tiempo tiempoTiempo Tiempo. / Mediodía estancado entre relentes. / Bomba aburrida del cuartel achica / tiempo tiempo tiempo tiempo. / Era Era. / Gallos cancionan escarbando en van
trilce: poema iii – las personas mayoresLas personas mayores / ¿a qué hora volverán? / Da las seis el ciego Santiago, / y ya está muy oscuro. / Madre dijo que no demoraría. / Aguedita, Nativa, Miguel, / cuida
trilce: poema lxii – alfombraAlfombra / Cuando vayas al cuarto que tú sabes, / entra en él, pero entorna con tiento la mampara / que tánto se entreabre, / cása bien los cerrojos, para que ya no
trilce: poema lxxv – estáis muertosEstáis muertos. / Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría no lo / estáis. Pero, en verdad, estáis muertos, muertos. / Flotáis nadamente detrás de
trilce: poema xiii – pienso en tu sexoPienso en tu sexo. / Simplificado el corazón, pienso en tu sexo, / ante el hijar maduro del día. / Palpo el botón de dicha, está en sazón. / Y muere un sentimiento
trilce: poema xiv – cual mi explicaciónCual mi explicación. / Esto me lacera de tempranía. / Esa manera de caminar por los trapecios. / Esos corajosos brutos como postizos. / Esa goma que pega el azogue
trilce: poema xlv – me desvinculo del marMe desvinculo del mar / cuando vienen las aguas a mi. / Salgamos siempre. Saboreemos / la canción estupenda, la canción dicha / por los labios inferiores del deseo.
trilce: poema xxx – quemadura del segundoQuemadura del segundo / en toda la tierna cabecilla del deseo, / picadura de ají vagoroso, / a las dos de la tarde inmoral. / Guante de los bordes borde a borde. / Ol
trilce: poema xxxii – 999 calorías999 calorías / Rumbbb...Trrrapprrr rrach...chaz / Serpentínica u del dizcochero / engirafada al tímpano. / Quién como los hielos. Pero no. / Quién como lo que va ni m
un hombre está mirando a una mujerUn hombre está mirando a una mujer, / está mirándola inmediatamente, / con su mal de tierra suntuosa / y la mira a dos manos / y la tumba a dos pechos / y la mueve a
varios días el aire, compañerosVarios días el aire, compañeros, / muchos días el viento cambia de aire, / el terreno, de filo, / de nivel el fusil republicano. / Varios días España está española.
veranoVerano, ya me voy. Y me dan pena / las manitas sumisas de tus tardes. / Llegas devotamente; llegas viejo; / y ya no encontrarás en mi alma a nadie. / Verano! Y pasa
y si después de tantas palabras¡Y si después de tántas palabras, / no sobrevive la palabra! / ¡Si después de las alas de los pájaros, / no sobrevive el pájaro parado! / ¡Más valdría, en verdad, / q
yesoSilencio. Aquí se ha hecho ya de noche, / ya tras del cementerio se fue el sol; / aquí se está llorando a mil pupilas: / no vuelvas; ya murió mi corazón. / Silencio
¡cuídate, españa, de tu propia españa!¡Cuídate, España, de tu propia España! / ¡Cuídate de la hoz sin el martillo, / cuídate del martillo sin la hoz! / ¡Cuídate de la víctima a pesar suyo, / del verdugo
¿quién hace tanta bulla?I / Quién hace tanta bulla, y ni deja / testar las islas que van quedando. / Un poco más de consideración / en cuanto será tarde, temprano / y se aquilatará mejor / el