PAIS POEMA

Libros de césar vallejo

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césar vallejo

a mi hermano miguel
Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa, / donde nos haces una falta sin fondo! / Me acuerdo que jugábamos esta hora, y que mamá / nos acariciaba: «Pero, hijos…» / Ahora yo me escondo, / como antes, todas
absoluta
Color de ropa antigua. Un julio a sombra, / y un agosto recién segado. Y una / mano de agua que injertó en el pino / resinoso de un tedio malas frutas. / Ahora que has anclado, oscura ropa, / tornas rociada
ágape
Hoy no ha venido nadie a preguntar; / ni me han pedido en esta tarde nada. / No he visto ni una flor de cementerio / en tan alegre procesión de luces. / Perdóname, Señor: qué poco he muerto! / En esta tarde
altura y pelos
¿Quién no tiene su vestido azul? / ¿Quién no almuerza y no toma el tranvía, / con su cigarrillo contratado y su dolor de bolsillo? / ¡Yo que tan sólo he nacido! / ¡Yo que tan sólo he nacido! / ¿Quién no esc
amada, en esta noche tú te has crucificado…
Amada, en esta noche tú te has crucificado / sobre los dos maderos curvados de mi beso; / y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado, / y que hay un viernes santo más dulce que ese beso. / En esta noche c
amor prohibido
Subes centelleante de labios y de ojeras! / Por tus venas subo, como un can herido / que busca el refugio de blandas aceras. / Amor, en el mundo tú eres un pecado! / Mi beso en la punta chispeante del cue
aquí, ramón collar
Aquí, / Ramón Collar, / prosigue tu familia soga a soga, / se sucede, / en tanto que visitas, tú, allá, a las siete espadas, en Madrid, / en el frente de Madrid. / ¡Ramón Collar, yuntero / y soldado hasta yerno
ausente
Ausente! La mañana en que me vaya / más lejos de lo lejos, al Misterio, / como siguiendo inevitable raya, / tus pies resbalarán al cementerio. / Ausente! La mañana en que a la playa / del mar de sombra y de
avestruz
Melancolía, saca tu dulce pico ya; / no cebes tus ayunos en mis trigos de luz. / Melancolía, basta! Cuál beben tus puñales / la sangre que extrajera mi sanguijuela azul! / No acabes el maná de mujer que h
batallas
Hombre de Extremadura, / oigo bajo tu pie el humo del lobo, / el humo de la especie, / el humo del niño, / el humo solitario de dos trigos, / el humo de Ginebra, el humo de Roma, el humo de Berlín / y el de P
bordas de hielo
Vengo a verte pasar todos los días, / vaporcito encantado siempre lejos… / Tus ojos son dos rubios capitanes; / tu labio es un brevísimo pañuelo / rojo que ondea en un adiós de sangre! / Vengo a verte pasar
capitulación
Anoche, unos abriles granas capitularon / ante mis mayos desarmados de juventud; / los marfiles histéricos de su beso me hallaron / muerto; y en un suspiro de amor los enjaulé. / Espiga extraña, dócil. Su
comunión
Linda Regia! Tus venas son fermentos / de mi no ser antiguo y del champaña / negro de mi vivir! / tu cabello es la ignota raicilla / del árbol de mi vid. / tu cabello es la hilacha de una mitra / de ensueño q
considerando en frío, imparcialmente
Considerando en frío, imparcialmente, / que el hombre es triste, tose y, sin embargo, / se complace en su pecho colorado; / que lo único que hace es componerse / de días; / que es lóbrego mamífero y se pein
cortejo tras la toma de bilbao
Herido y muerto, hermano, / criatura veraz, republicana, están andando en su trono, / desde que tu espinazo cayó famosamente; / están andando, pálido, en tu edad flaca y anual, / laboriosamente absorta an
deshojación sagrada
Luna! Corona de una testa inmensa, / que te vas deshojando en sombras gualdas! / Roja corona de un Jesús que piensa / trágicamente dulce de esmeraldas! / Luna! Alocado corazón celeste / ¿por qué bogas así,
deshora
Pureza amada, que mis ojos nunca / llegaron a gozar. ¡Pureza absurda! / Yo sé que estabas en la carne un día, / cuando yo hilaba aún mi embrión de vida. / Pureza en falda neutra de colegio; / y leche azul d
desnudo en barro
Como horribles batracios a la atmósfera, / suben visajes lúgubres al labio. / Por el Sahara azul de la Sustancia / camina un verso gris, un dromedario. / Fosforece un mohín de sueños crueles. / Y el ciego q
donde nunca llegaremos
Donde, aún sin nuestro pie / llegase a dar por un instante / será, en verdad, como no estarse. / Es ese un sitio que se ve / a cada rato en esta vida, / andando, andando de uno en fila. / Más acá de mí mismo
el pan nuestro
Se bebe el desayuno… Húmeda tierra / de cementerio huele a sangre amada. / Ciudad de invierno… La mordaz cruzada / de una carreta que arrastrar parece / una emoción de ayuno encadenada! / Se quisiera tocar
el poeta a su amada
Amada, en esta noche tú te has crucificado / sobre los dos maderos curvados de mi beso; / y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado, / y que hay un viernes santo más dulce que ese beso. / En esta noche c
en el rincón aquel
En el rincón aquel, donde dormimos juntos / tantas noches, ahora me he sentado / a caminar. La cuja de los novios difuntos / fue sacada, o talvez que habrá pasado. / Has venido temprano a otros asuntos / y
entre el dolor y el placer median tres criaturas
Entre el dolor y el placer median tres criaturas, / de las cuales la una mira a un muro, / la segunda usa de ánimo triste / y la tercera avanza de puntillas; / pero, entre tú y yo, / sólo existen segundas c
epístola a los transeúntes
Reanudo mi día de conejo / mi noche de elefante en descanso. / Y, entre mi, digo: / ésta es mi inmensidad en bruto, a cántaros / éste es mi grato peso, / que me buscará abajo para pájaro / éste es mi brazo / qu
españa, aparta de mí este cáliz
Niños del mundo, / si cae España ?digo, es un decir? / si cae / del cielo abajo su antebrazo que asen, / en cabestro, dos láminas terrestres; / niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas! / ¡qué temprano en e
espergesia
Yo nací un día / que Dios estuvo enfermo. / Todos saben que vivo, / que soy malo; y no saben / del diciembre de ese enero. / Pues yo nací un día / que Dios estuvo enfermo. / Hay un vacío / en mi aire metafísico / q
fresco
Llegué a confundirme con ella, / tanto…! Por sus recodos / espirituales, yo me iba / jugando entre tiernos fresales, / entre sus griegas manos matinales. / Ella me acomodaba después los lazos negros / y bohem
he encontrado a una niña
He encontrado a una niña / en la calle, y me ha abrazado. / Equis, disertada, quien la halló y la halle, / no la va a recordar. / Esta niña es mi prima. Hoy, al tocarle / el talle, mis manos han entrado en
heces
Esta tarde llueve, como nunca; y no / tengo ganas de vivir, corazón. / Esta tarde es dulce. Por qué no ha de ser? / Viste de gracia y pena; viste de mujer. / Esta tarde en Lima llueve. Y yo recuerdo / las c
himno a los voluntarios de la república
Voluntario de España, miliciano / de huesos fidedignos, cuando marcha a morir tu corazón, / cuando marcha a matar con su agonía / mundial, no sé verdaderamente / qué hacer, dónde ponerme; corro, escribo,
hoy me gusta la vida mucho menos
Hoy me gusta la vida mucho menos, / pero siempre me gusta vivir: ya lo decía. / Casi toqué la parte de mi todo y me contuve / con un tiro en la lengua detrás de mi palabra. / Hoy me palpo el mentón en ret
idilio muerto
Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita de junco y capulí; / ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita / la sangre, como flojo cognac, dentro de mí. / Dónde estarán sus manos que en acti
imagen española de la muerte
¡Ahí pasa! ¡Llamadla! ¡Es su costado! / ¡Ahí pasa la muerte por Irún: / sus pasos de acordeón, su palabrota, / su metro del tejido que te dije, / su gramo de aquel peso que he callado ¡si son ellos! / ¡Llam
intensidad y altura
Quiero escribir, pero me sale espuma, / Quiero decir muchísimo y me atollo; / No hay cifra hablada que no sea suma, / No hay pirámide escrita, sin cogollo. / Quiero escribir, pero me siento puma; / Quiero l
invierno en la batalla de teruel
¡Cae agua de revólveres lavados! / Precisamente, / es la gracia metálica del agua, / en la tarde nocturna en Aragón, / no obstante las construídas yerbas, / las legumbres ardientes, las plantas industriales
la copa negra
La noche es una copa de mal. Un silbo agudo / del guardia la atraviesa, cual vibrante alfiler. / Oye, tú, mujerzuela, ¿cómo, si ya te fuiste, / la onda aún es negra y me hace aún arder? / La tierra tiene
la rueda del hambriento
Por entre mis propios dientes salgo humeando, / dando voces, pujando, / bajándome los pantalones… / Váca mi estómago, váca mi yeyuno, / la miseria me saca por entre mis propios dientes, / cogido con un pali
líneas
Cada cinta de fuego / que, en busca del Amor, / arrojo y vibra en rosas lamentables, / me da a luz el sepelio de una víspera. / Yo no sé si el redoble en que lo busco, / será jadear de roca, / o perenne nacer
los dados eternos
Para Manuel González Prada esta / emoción bravía y selecta, una de / las que, con más entusiasmo me / ha aplaudido el gran maestro. / Dios mío, estoy llorando el ser que vivo; / me pesa haber tomádote tu pa
los heraldos negros
Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! / Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, / la resaca de todo lo sufrido / se empozara en el alma… ¡Yo no sé! / Son pocos; pero son… Abren zanjas o
los mendigos pelean por españa
Los mendigos pelean por España, / mendigando en París, en Roma, en Praga / y refrendando así, con mano gótica, rogante, / los pies de los Apóstoles, en Londres, en New York, en Méjico. / Los pordioseros l
los mineros salieron de la mina
Los mineros salieron de la mina / remontando sus ruinas venideras, / fajaron su salud con estampidos / y, elaborando su función mental / cerraron con sus voces / el socavón, en forma de síntoma profundo. / ¡E
los nueve monstruos
I, desgraciadamente, / el dolor crece en el mundo a cada rato, / crece a treinta minutos por segundo, paso a paso, / y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces / y la condición del martirio, carnívo
los pasos lejanos
Mi padre duerme. Su semblante augusto / figura un apacible corazón; / está ahora tan dulce…; / si hay algo en él de amargo, seré yo. / Hay soledad en el hogar; se reza; / y no hay noticias de los hijos hoy.
masa
Al fin de la batalla, / y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre / y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!» / Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. / Se le acercaron dos y repitiéronle: / «¡No nos dej
mayo
Vierte el humo doméstico en la aurora / su sabor a rastrojo; / y canta, haciendo leña, la pastora / un salvaje aleluya! / Sepia y rojo. / Humo de la cocina, aperitivo / de gesta en este bravo amanecer. / El últ
me moriré en parís con aguacero…
Me moriré en París con aguacero, / un día del cual tengo ya el recuerdo. / Me moriré en París -y no me corro- / tal vez un jueves, como es hoy, de otoño. / Jueves será, porque hoy, jueves, que proso / estos
me viene, hay días, una gana ubérrima
Me viene, hay días, una gana ubérrima, política, / de querer, de besar al cariño en sus dos rostros, / y me viene de lejos un querer / demostrativo, otro querer amar, de grado o fuerza, / al que me odia,
medialuz
He soñado una fuga. Y he soñado / tus encajes dispersos en la alcoba. / A lo largo de un muelle, alguna madre; / y sus quince años dando el seno a una hora. / He soñado una fuga. Un «para siempre» / suspira
mentira
Mentira. Si lo hacía de engaños, / y nada más. Ya está. De otro modo, / también tú vas a ver / cuánto va a dolerme el haber sido así. / Mentira. Calla. / Ya está bien. / Como otras veces tú me haces esto mism
miré el cadáver
Miré el cadáver, su raudo orden visible / y el desorden lentísimo de su alma; / le vi sobrevivir; hubo en su boca / la edad entrecortada de dos bocas. / Le gritaron su número: pedazos. / Le gritaron su amor
nervazón de angustia
Dulce hebrea, desclava mi tránsito de arcilla; / desclava mi tensión nerviosa y mi dolor… / Desclava, amada eterna, mi largo afán y los / dos clavos de mis alas y el clavo de mi amor! / Regreso del desier
nochebuena
Al callar la orquesta, pasean veladas / sombras femeninas bajo los ramajes, / por cuya hojarasca se filtran heladas / quimeras de luna, pálidos celajes. / Hay labios que lloran arias olvidadas, / grandes li
nómina de huesos
Se pedía a grandes voces: / -Que muestre las dos manos a la vez. / Y esto no fue posible. / -Que, mientras llora, le tomen la medida de sus pasos. / Y esto no fue posible. / -Que piense un pensamiento idént
para el alma imposible de mi amada
Amada: no has querido plasmarte jamás / como lo ha pensado mi divino amor. / Quédate en la hostia, / ciega e impalpable, / como existe Dios. / Si he cantado mucho, he llorado más / por ti ¡oh mi parábola exce
parís, octubre 1936
De todo esto yo soy el único que parte. / De este banco me voy, de mis calzones, / de mi gran situación, de mis acciones, / de mi número hendido parte a parte, / de todo esto yo soy el único que parte. / De
pequeño responso a un héroe de la república
Un libro quedó al borde de su cintura muerta, / un libro retoñaba de su cadáver muerto. / Se llevaron al héroe, / y corpórea y aciaga entró su boca en nuestro aliento; / sudamos todos, el hombligo a cuest
piedra negra sobre una piedra blanca
Me moriré en París con aguacero, / un día del cual tengo ya el recuerdo. / Me moriré en París ?y no me corro? / tal vez un jueves, como es hoy, de otoño. / Jueves será, porque hoy, jueves, que proso / estos
piensan los viejos asnos
Ahora vestiríame / de músico por verle, / chocaría con su alma, sobándole el destino con mi mano, / le dejaría tranquilo, ya que es un alma a pausas, / en fin, le dejaría / posiblemente muerto sobre su cuer
pienso en tu sexo
Pienso en tu sexo. / Simplificado el corazón, pienso en tu sexo, / ante el hijar maduro del día. / Palpo el botón de dicha, está en sazón. / Y muere un sentimiento antiguo / degenerado en seso. / Pienso en tu
poema para ser leído y cantado
Sé que hay una persona / que me busca en su mano, día y noche, / encontrándome, a cada minuto, en su calzado. / ¿Ignora que la noche está enterrada / con espuelas detrás de la cocina? / Sé que hay una perso
redoble fúnebre a los escombros de durango
Padre polvo que subes de España, / Dios te salve, libere y corone, / padre polvo que asciendes del alma. / Padre polvo que subes del fuego, / Dios te salve, te calce y dé tu trono, / padre polvo que estás e
romería
Pasamos juntos. El sueño / lame nuestros pies qué dulce; / y todo se desplaza en pálidas / renunciaciones sin dulce. / Pasamos juntos. Las muertas / almas, las que, cual nosotros, / cruzaron por el amor, / con
sauce
Lirismo de invierno, rumor de crespones, / cuando ya se acerca la pronta partida; / agoreras voces de tristes canciones / que en la tarde rezan una despedida. / Visión del entierro de mis ilusiones / en la
setiembre
Aquella noche de setiembre, fuiste / tan buena para mí… hasta dolerme! / Yo no sé lo demás; y para eso, / no debiste ser buena, no debiste. / Aquella noche sollozaste al verme / hermético y tirano, enfermo
si te amara... qué sería
¿ . . . / -Si te amara… qué sería? / -Una orgía! / -Y si él te amara? / Sería / todo rituario, pero menos dulce. / Y si tú me quisieras? / La sombra sufriría / justos fracasos en tus niñas monjas. / Culebrean latig
solía escribir con su dedo grande en el aire
Solía escribir con su dedo grande en el aire: / «¡Viban los compañeros! Pedro Rojas», / de Miranda de Ebro, padre y hombre, / marido y hombre, ferroviario y hombre, / padre y más hombre. Pedro y sus dos m
tiempo, tiempo
Mediodía estancado entre relentes. / Bomba aburrida del cuartel achica / tiempo tiempo tiempo tiempo. / Era Era. / Gallos cancionan escarbando en vano. / Boca del claro día que conjuga / era era era era. / Maña
trilce
Hay un lugar que yo me sé / en este mundo, nada menos, / adonde nunca llegaremos. / Donde, aun si nuestro pie / llegase a dar por un instante / será, en verdad, como no estarse. / Es ese sitio que se ve / a cad
trilce: poema i – quién hace tanta bulla y ni deja
Quién hace tanta bulla y ni deja / Testar las islas que van quedando. / Un poco más de consideración / en cuanto será tarde, temprano, / y se aquilatará mejor / el guano, la simple calabrina tesórea / que bri
trilce: poema ii – tiempo tiempo
Tiempo Tiempo. / Mediodía estancado entre relentes. / Bomba aburrida del cuartel achica / tiempo tiempo tiempo tiempo. / Era Era. / Gallos cancionan escarbando en vano. / Boca del claro día que conjuga / era er
trilce: poema iii – las personas mayores
Las personas mayores / ¿a qué hora volverán? / Da las seis el ciego Santiago, / y ya está muy oscuro. / Madre dijo que no demoraría. / Aguedita, Nativa, Miguel, / cuidado con ir por ahí, por donde / acaban de p
trilce: poema iv – rechinan dos carretas, contra los martillos
Rechinan dos carretas, contra los martillos / hasta los lagrimales trifurcas, / cuandonunca las hicimos nada. / A aquella otra sí, desamada, / amargurada bajo túnel campero / por lo uno, y sobre duras ájida
trilce: poema ix – vusco volvvver de golpe el golpe
Vusco volvvver de golpe el golpe. / Sus dos hojas anchas, su válvula / que se abre en suculenta recepción / de multiplicando a multiplicador, / su condición excelente para el placer, / todo avía verdad. / Bus
trilce: poema l – el cancerbero cuatro veces
El cancerbero cuatro veces / al día maneja su candado, abriéndonos / cerrándonos los esternones, en guiños / que entendemos perfectamente. / Con los fundillos lelos melancólicos, / amuchachado de trascenden
trilce: poema li – mentira. si lo hacía de engaños
Mentira. Si lo hacía de engaños, / y nada más. Ya está. De otro modo, / también tú vas a ver / cuánto va a dolerme el haber sido así. / Mentira. Calla. / Ya está bien. / Como otras veces tú me haces esto mism
trilce: poema lii – y nos levantaremos cuando se nos dé
Y nos levantaremos cuando se nos dé / la gana, aunque mamá toda claror / nos despierte con cantora / y linda cólera materna. / Nosotros reiremos a hurtadillas de esto, / mordiendo el canto de las tibias col
trilce: poema liii – quién clama las once no son doce
Quién clama las once no son doce! / Como si las hubiesen pujado, se afrontan / de dos en dos las once veces. / Cabezazo brutal. Asoman / las coronas a oír, / pero sin traspasar los eternos / trescientos sesen
trilce: poema liv – forajido tormento, entra, sal
Forajido tormento, entra, sal / por un mismo forado cuadrangular. / Duda. El balance punza y punza / hasta las cachas. / A veces doyme contra todas las contras, / y por ratos soy el alto más negro de los áp
trilce: poema lix – la esfera terrestre del amor
La esfera terrestre del amor / que rezagóse abajo, da vuelta / y vuelta sin parar segundo, / y nosotros estamos condenados a sufrir / como un centro su girar. / Pacifico inmóvil, vidrio, preñado / de todos lo
trilce: poema lv – samain diría el aire es quieto y de una contenida tristeza
Samain diría el aire es quieto y de una contenida tristeza. / Vallejo dice hoy la Muerte está soldando cada lindero a / cada hebra de cabello perdido, desde la cubeta de un frontal, / donde hay algas, t
trilce: poema lvi – todos los días amanezco a ciegas
Todos los días amanezco a ciegas / a trabajar para vivir; y tomo el desayuno, / sin probar ni gota de él, todas las mañanas. / Sin saber si he logrado, o más nunca, / algo que brinca del sabor / o es sólo c
trilce: poema lvii – craterizados los puntos más altos, los puntos
Craterizados los puntos más altos, los puntos / del amor, de ser mayúsculo, bebo, ayuno ab- / sorbo heroína para la pena, para el latido / lacio y contra toda corrección. / ¿Puedo decir que nos han traici
trilce: poema lviii – en la celda, en lo sólido, también
En la celda, en lo sólido, también / se acurrucan los rincones. / Arreglo los desnudos que se ajan, / se doblan, se harapan. / Apéome del caballo jadeante, bufando / líneas de bofetadas y de horizontes; / esp
trilce: poema lx – es de madera mi paciencia
Es de madera mi paciencia, / sorda, vejetal. / Día que has sido puro, niño, inútil, / que naciste desnudo, las leguas / de tu marcha, van corriendo sobre / tus doce extremidades, ese doblez ceñudo / que despu
trilce: poema lxi – esta noche desciendo del caballo
Esta noche desciendo del caballo, / ante la puerta de la casa, donde / me despedí con el cantar del gallo. / Está cerrada y nadie responde. / El poyo en que mamá alumbró / al hermano mayor, para que ensille
trilce: poema lxii – alfombra
Alfombra / Cuando vayas al cuarto que tú sabes, / entra en él, pero entorna con tiento la mampara / que tánto se entreabre, / cása bien los cerrojos, para que ya no puedan / volverse otras espaldas. / Corteza
trilce: poema lxiii – amanece lloviendo. bien peinada
Amanece lloviendo. Bien peinada / la mañana chorrea el pelo fino. / Melancolía está amarrada; / y en mal asfaltado oxidente de muebles hindúes, / vira, se asienta apenas el destino. / Cielos de puna descora
trilce: poema lxiv – hitos vagarosos enamoran, desde el minuto montuoso que obstetriza
Hitos vagarosos enamoran, desde el minuto montuoso que obstetriza / y fécha los amotinados nichos de la atmósfera. / Verde está el corazón de tánto esperar, y en el canal de Panamá / ¡hablo con vosotras
trilce: poema lxix – qué nos buscas, oh mar, con tus volúmenes
Qué nos buscas, oh mar, con tus volúmenes / docentes! Qué inconsolable, qué atroz / estás en la febril solana. / Con tus azadones saltas, / con tus hojas saltas, / hachando, hachando en loco sésamo, / mientra
trilce: poema lxv – madre, me voy mañana a santiago
Madre, me voy mañana a Santiago, / a mojarme en tu bendición y en tu llanto. / Acomodando estoy mis desengaños y el rosado / de llaga de mis falsos trajines. / Me esperará tu arco de asombro, / las tonsurad
trilce: poema lxvi – dobla el dos de noviembre
Dobla el dos de Noviembre. / Estas sillas son buenas acojidas. / La rama del presentimiento / va, viene, sube, ondea sudorosa, / fatigada en esta sala. / Dobla triste el dos de Noviembre. / Difuntos, qué bajo
trilce: poema lxvii – canta cerca el verano, y ambos
Canta cerca el verano, y ambos / diversos erramos, al hombro / recodos, cedros, compases unípedos, / espatarrados en la sola recta inevitable. / Canta el verano, y en aquellas paredes / endulzadas de marzo,
trilce: poema lxviii – estamos a catorce de julio
Estamos a catorce de Julio. / Son las cinco de la tarde. Llueve en toda / una tercera esquina de papel secante. / Y llueve más de abajo ay para arriba. / Dos lagunas las manos avanzan / de diez en fondo, / de
trilce: poema lxx – todos sonríen del desgaire con que voyme a fondo, celular de comer
Todos sonríen del desgaire con que voyme a fondo, celular de comer / bien y bien beber. / Los soles andan sin yantar? O hay quien / les da granos como a pajarillos? Francamente, / yo no sé de esto casi na
trilce: poema lxxi – serpea el sol en tu mano fresca
Serpea el sol en tu mano fresca, / y se derrama cauteloso en tu curiosidad. / Cállate. Nadie sabe que estás en mí, / toda entera. Cállate. No respires. Nadie / sabe mi merienda suculenta de unidad: / legión
trilce: poema lxxii – lento salón en cono, te cerraron, te cerré
Lento salón en cono, te cerraron, te cerré, / aunque te quise, tú lo sabes, / y hoy de qué manos penderán tus llaves. / Desde estos muros derribamos los últimos / escasos pabellones que cantaban. / Los verd
trilce: poema lxxiii – ha triunfado otro ay. la verdad está allí
Ha triunfado otro ay. La verdad está allí. / Y quien tal actúa ¿no va a saber / amaestrar excelentes dijitígrados / para el ratón Sí ...No ... ? / Ha triunfado otro ay y contra nadie. / Oh exósmosis de agua
trilce: poema lxxiv – hubo un día tan rico el año pasado…
Hubo un día tan rico el año pasado... ! / que ya ni sé qué hacer con él. / Severas madres guías al colegio, / asedian las reflexiones, y nosotros enflechamos / la cara apenas. Para ya tarde saber / que en a
trilce: poema lxxv – estáis muertos
Estáis muertos. / Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría no lo / estáis. Pero, en verdad, estáis muertos, muertos. / Flotáis nadamente detrás de aquesa membrana que, péndula del / zenit
trilce: poema lxxvi – de la noche a la mañana voy
De la noche a la mañana voy / sacando lengua a las más mudas equis. / En nombre de esa pura / que sabía mirar hasta ser 2. / En nombre de que la fui extraño, / llave y chapa muy diferentes. / En nombre della
trilce: poema lxxvii – graniza tánto, como para que yo recuerde
Graniza tánto, como para que yo recuerde / y acreciente las perlas / que he recogido del hocico mismo / de cada tempestad. / No se vaya a secar esta lluvia. / A menos que me fuese dado / caer ahora para ella,
trilce: poema v – grupo dicotiledón. oberturan
Grupo dicotiledón. Oberturan / desde él petreles, propensiones de trinidad, / finales que comienzan, ohs de ayes / creyérase avaloriados de heterogeneidad. / ¡Grupo de los cotiledones! / A ver. Aquello sea
trilce: poema vi – el traje que vestí mañana
El traje que vestí mañana / no lo ha lavado mi lavandera: / lo lavaba en sus venas otilinas, / en el chorro de su corazón, y hoy no he / de preguntarme si yo dejaba / el traje turbio de injusticia. / A hora q
trilce: poema vii – rumbé sin novedad por la veteada calle
Rumbé sin novedad por la veteada calle / que yo me sé. Todo sin novedad, / de veras. Y fondeé hacia cosas así, / y fui pasado. / Doblé la calle por la que raras / veces se pasa con bien, salida / heroica por
trilce: poema viii – mañana esotro día, alguna
Mañana esotro día, alguna / vez hallaría para el hifalto poder, / entrada eternal. / Mañana algún día, / sería la tienda chapada / con un par de pericardios, pareja / de carnívoros en celo. / Bien puede afincar
trilce: poema x – prístina y última piedra de infundada
Prístina y última piedra de infundada / ventura, acaba de morir / con alma y todo, octubre habitación y encinta. / De tres meses de ausente y diez de dulce. / Cómo el destino, / mitrado monodáctilo, ríe. / Có
trilce: poema xi – he encontrado a una niña
He encontrado a una niña / en la calle, y me ha abrazado. / Equis, disertada, quien la halló y la halle, / no la va a recordar. / Esta niña es mi prima. Hoy, al tocarle / el talle, mis manos han entrado en
trilce: poema xii – escapo de una finta, peluza a peluza
Escapo de una finta, peluza a peluza. / Un proyectil que no sé dónde irá a caer. / Incertidumbre. Tramonto. Cervical coyuntura. / Chasquido de moscón que muere / a mitad de su vuelo y cae a tierra. / ¿Qué d
trilce: poema xiii – pienso en tu sexo
Pienso en tu sexo. / Simplificado el corazón, pienso en tu sexo, / ante el hijar maduro del día. / Palpo el botón de dicha, está en sazón. / Y muere un sentimiento antiguo / degenerado en seso. / Pienso en tu
trilce: poema xiv – cual mi explicación
Cual mi explicación. / Esto me lacera de tempranía. / Esa manera de caminar por los trapecios. / Esos corajosos brutos como postizos. / Esa goma que pega el azogue al adentro. / Esas posaderas sentadas para
trilce: poema xix – a trastear, hélpide dulce, escampas
A trastear, Hélpide dulce, escampas, / cómo quedamos de tan quedarnos. / Hoy vienes apenas me he levantado. / El establo está divinamente meado / y excrementido por la vaca inocente / y el inocente asno y e
trilce: poema xl – quién nos hubiera dicho que en domingo
Quién nos hubiera dicho que en domingo / así, sobre arácnidas cuestas / se encabritaría la sombra de puro frontal. / (Un molusco ataca yermos ojos encallados, / a razón de dos o más posibilidades tantálic
trilce: poema xli – la muerte de rodillas mana
La Muerte de rodillas mana / su sangre blanca que no es sangre. / Se huele a garantía. / Pero ya me quiero reír. / Murmúrase algo por allí. Callan. / Alguien silba valor de lado, / y hasta se contaría en par /
trilce: poema xlii – esperaos. ya os voy a narrar
Esperaos. Ya os voy a narrar / todo. Esperaos sossiegue / este dolor de cabeza. Esperaos. / ¿Dónde os habéis dejado vosotros / que no hacéis falta jamás? / Nadie hace falta! Muy bien. / Rosa, entra del último
trilce: poema xliii – quién sabe se va a ti. no le ocultes
Quién sabe se va a ti. No le ocultes. / Quién sabe madrugada. / Acaríciale. No le digas nada. Está / duro de lo que se ahuyenta. / Acaríciale. Anda! Cómo le tendrías pena. / Narra que no es posible / todos di
trilce: poema xliv – este piano viaja para adentro
Este piano viaja para adentro, / viaja a saltos alegres. / Luego medita en ferrado reposo, / clavado con diez horizontes. / Adelanta. Arrástrase bajo túneles, / más allá, bajo túneles de dolor, / bajo vértebr
trilce: poema xlix – murmurado en inquietud, cruzo
Murmurado en inquietud, cruzo, / el traje largo de sentir, los lunes / de la verdad. / Nadie me busca ni me reconoce, / y hasta yo he olvidado / de quién seré. / Cierta guardarropía, sólo ella, nos sabrá / a to
trilce: poema xlv – me desvinculo del mar
Me desvinculo del mar / cuando vienen las aguas a mi. / Salgamos siempre. Saboreemos / la canción estupenda, la canción dicha / por los labios inferiores del deseo. / Oh prodigiosa doncellez. / Pasa la brisa
trilce: poema xlvi – la tarde cocinera se detiene
La tarde cocinera se detiene / ante la mesa donde tú comiste; / y muerta de hambre tu memoria viene / sin probar ni agua, de lo puro triste. / Mas, como siempre, tu humildad se aviene / a que le brinden la
trilce: poema xlvii – ciliado arrecife donde nací
Ciliado arrecife donde nací, / según refieren cronicones y pliegos / de labios familiares historiados / en segunda gracia. / Ciliado archipiélago, te desislas a fondo, / a fondo, archipiélago mío! / Duras tod
trilce: poema xlviii – tengo ahora 70 soles peruanos
Tengo ahora 70 soles peruanos. / Cojo la penúltima moneda, la que suena / 69 veces púnicas. / Y he aquí, al finalizar su rol, / quemase toda y arde llameante, / llameante, / redonda entre mis tímpanos alucina
trilce: poema xv – en el rincón aquel, donde dormimos juntos
En el rincón aquel, donde dormimos juntos / tantas noches, ahora me he sentado / a caminar. La cuja de los novios difuntos / fue sacada, o talvez qué habrá pasado. / Has venido temprano a otros asuntos, / y
trilce: poema xvi – tengo fe en ser fuerte
Tengo fe en ser fuerte. / Dame, aire manco, dame ir / galoneándome de ceros a la izquierda. / Y tú, sueño, dame tu diamante implacable, / tu tiempo de deshora. / Tengo fe en ser fuerte. / Por allí avanza cónc
trilce: poema xvii – destílase este 2 en una sola tanda
Destílase este 2 en una sola tanda, / y entrambos lo apuramos. / Nadie me hubo oído. Estría urente / abracadabra civil. / La mañana no palpa cual la primera, / cual la última piedra ovulandas / a fuerza de se
trilce: poema xviii – oh las cuatro paredes de la celda
Oh las cuatro paredes de la celda. / Ah las cuatro paredes albicantes / que sin remedio dan al mismo número. / Criadero de nervios, mala brecha, / por sus cuatro rincones cómo arranca / las diarias aherroja
trilce: poema xx – al ras de batiente nata blindada
Al ras de batiente nata blindada / de piedra ideal. Pues apenas / acerco el 1 al 1 para no caer. / Ese hombre mostachoso. Sol, / herrada su única rueda, quinta y perfecta, / y desde ella para arriba. / Bulla
trilce: poema xxi – en un auto arteriado de círculos viciosos
En un auto arteriado de círculos viciosos / torna diciembre qué cambiado, / con su oro en desgracia. Quién le viera: / diciembre con sus 31 pieles rotas, / el pobre diablo. / Yo le recuerdo. Hubimos de espl
trilce: poema xxii – es posible me persigan hasta cuatro
Es posible me persigan hasta cuatro / magistrados vuelto. Es posible me juzguen pedro. / ¡Cuatro humanidades justas juntas! / Don Juan Jacobo está en hacerio, / y las burlas le tiran de su soledad, / como a
trilce: poema xxiii – tahona estuosa de aquellos mis bizcochos
Tahona estuosa de aquellos mis bizcochos / pura yema infantil innumerable, madre. / Oh tus cuatro gorgas, asombrosamente / mal plañidas, madre: tus mendigos. / Las dos hermanas últimas, Miguel que ha muer
trilce: poema xxiv – al borde de un sepulcro florecido
Al borde de un sepulcro florecido / transcurren dos marías llorando, / llorando a mares. / El ñandú desplumado del recuerdo / alarga su postrera pluma, / y con ella la mano negativa de Pedro / graba en un dom
trilce: poema xxix -zumba el tedio enfrascado
Zumba el tedio enfrascado / bajo el momento improducido y caña. / Pasa una paralela a / ingrata línea quebrada de felicidad. / Me extraña cada firmeza, junto a esa agua / que se aleja, que ríe acero, calla.
trilce: poema xxv – alfan alfiles a adherirse
Alfan alfiles a adherirse / a las junturas, al fondo, a los testuces, / al sobrelecho de los numeradores a pie. / Alfiles y cadillos de lupinas parvas. / Al rebufar el socaire de cada caravela / deshilada s
trilce: poema xxvi – el verano echa nudo a tres años
El verano echa nudo a tres años / que, encintados de cárdenas cintas, a todo / sollozo, / aurigan orinientos índices / de moribundas alejandrías, / de cuzcos moribundos. / Nudo alvino deshecho, una pierna por
trilce: poema xxvii – me da miedo ese chorro
Me da miedo ese chorro, / buen recuerdo, señor fuerte, implacable / cruel dulzor. Me da miedo. / Esta casa me da entero bien, entero / lugar para este no saber dónde estar. / No entremos. Me da miedo este f
trilce: poema xxviii – he almorzado solo ahora, y no he tenido
He almorzado solo ahora, y no he tenido / madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua, / ni padre que, en el facundo ofertorio / de los choclos, pregunte para su tardanza / de imagen, por los broches mayores d
trilce: poema xxx – quemadura del segundo
Quemadura del segundo / en toda la tierna cabecilla del deseo, / picadura de ají vagoroso, / a las dos de la tarde inmoral. / Guante de los bordes borde a borde. / Olorosa verdad tocada en vivo, al conectar
trilce: poema xxxi – esperanza plañe entre algodones.
Esperanza plañe entre algodones. / Aristas roncas uniformadas / de amenazas tejidas de esporas magníficas / con porteros botones innatos. / ¿Se luden seis de sol? / Natividad. Cállate, miedo. / Cristiano espe
trilce: poema xxxii – 999 calorías
999 calorías / Rumbbb...Trrrapprrr rrach...chaz / Serpentínica u del dizcochero / engirafada al tímpano. / Quién como los hielos. Pero no. / Quién como lo que va ni más ni menos. / Quién como el justo medio. /
trilce: poema xxxiii – si lloviera esta noche, retiraríame
Si lloviera esta noche, retiraríame / de aquí a mil años. / Mejor a cien no más. / Como si nada hubiese ocurrido, haría / la cuenta de que vengo todavía. / O sin madre, sin amada, sin porfía / de agacharme a
trilce: poema xxxiv – se acabó el extraño, con quien, tarde
Se acabó el extraño, con quien, tarde / la noche, regresabas parla y parla. / Ya no habrá quien me aguarde, / dispuesto mi lugar, bueno lo malo. / Se acabó la calurosa tarde; / tu gran bahía y tu clamor; la
trilce: poema xxxix – quién ha encendido fósforo!
Quién ha encendido fósforo! / Mésome. Sonrío / a columpio por motivo. / Sonrío aún más, si llegan todos / a ver las guías sin color / y a mí siempre en punto. Qué me importa. / Ni ese bueno del Sol que, al mo
trilce: poema xxxv – el encuentro con la amada
El encuentro con la amada / tánto alguna vez, es un simple detalle, / casi un programa hípico en violado, / que de tan largo no se puede doblar bien. / El almuerzo con ella que estaría / poniendo el plato q
trilce: poema xxxvii – he conocido a una pobre muchacha
He conocido a una pobre muchacha / a quien conduje hasta la escena. / La madre, sus hermanas qué amables y también / aquel su infortunado “tú no vas a volver”. / Como en cierto negocio me iba admirablemen
un hombre está mirando a una mujer
Un hombre está mirando a una mujer, / está mirándola inmediatamente, / con su mal de tierra suntuosa / y la mira a dos manos / y la tumba a dos pechos / y la mueve a dos hombres. / Pregúntome entonces, oprimi
varios días el aire, compañeros
Varios días el aire, compañeros, / muchos días el viento cambia de aire, / el terreno, de filo, / de nivel el fusil republicano. / Varios días España está española. / Varios días el mal / moviliza sus órbitas
verano
Verano, ya me voy. Y me dan pena / las manitas sumisas de tus tardes. / Llegas devotamente; llegas viejo; / y ya no encontrarás en mi alma a nadie. / Verano! Y pasarás por mis balcones / con gran rosario de
y si después de tantas palabras
¡Y si después de tántas palabras, / no sobrevive la palabra! / ¡Si después de las alas de los pájaros, / no sobrevive el pájaro parado! / ¡Más valdría, en verdad, / que se lo coman todo y acabemos! / ¡Haber n
yeso
Silencio. Aquí se ha hecho ya de noche, / ya tras del cementerio se fue el sol; / aquí se está llorando a mil pupilas: / no vuelvas; ya murió mi corazón. / Silencio. Aquí ya todo está vestido / de dolor rig
¡cuídate, españa, de tu propia españa!
¡Cuídate, España, de tu propia España! / ¡Cuídate de la hoz sin el martillo, / cuídate del martillo sin la hoz! / ¡Cuídate de la víctima a pesar suyo, / del verdugo a pesar suyo / y del indiferente a pesar
¿quién hace tanta bulla?
I / Quién hace tanta bulla, y ni deja / testar las islas que van quedando. / Un poco más de consideración / en cuanto será tarde, temprano / y se aquilatará mejor / el guano, la simple calabrina tesórea / que b