césar dávila andrade
canción a la bella distanteNo era mi poesía. Mis poemas no eran. / Eras tú solamente, perfecta como un surco / abierto por palomas. / Eras tú solamente como un hoyo de lirios / o como una manzana que se abriera el corpiño. / Eras tú,
canción a la cadena del blanco amorAyer te volví a ver, barrio de mis once años / y encontré la mitad de mi nostalgia / apoyada en una clara cruz de malva, / custodiando una sal de blanca usanza, / sobre el delgado muro de tu casa. / Miré tu
canción a teresitaPálida Teresita del Infante Jesús, / quién pudiera encontrarte en el trunco paisaje / de las estalactitas, / o en esa nube que baja, de tarde, a los dinteles, / entre manzanas blancas, en una esfera azul.
canción espiritual del árbol derribadoNo fue el ciclón con sus campanas desgarradas. / Fueron los hombres que viven a tu sombra. / Trajeron hachas finas por el aire. / Trajeron siete hachas por el aire. / Siete delgadas concubinas de odio. / Fu
canción para una muchacha de ojos verdesMujer de ojos verdes, como el recuerdo dulce de la vida campestre. / Arbolillos de leche tiemblan en tu retina / junto a islas de verde sustancia evaporada. / El más pálido aire, reverdece a tu paso; / co
carta a una colegialaPara leer esta carta / baja hasta nuestro río. / Escucharás, de pronto, una cosecha de aire / pasar sollozando en la corriente. / Escucharás la desnudez unánime / del agua y el sonido. / Y el rumor del minuto
carta de la ternura distanteEstoy solo. La niñez vuelve a veces / con sus blancos cuadernos de ternura. / Oigo entonces el ruido del molino / y siento el peso de los días caer desde la torre de la iglesia / con un sonido de aves de
después de nosotrosMañana, después de nosotros, / volverá a la pradera, en dulce péndulo / a recorrer la música, un delirante festival. / Las alcobas cerradas / pasarán cabeceando hacia los arrecifes / de una ancha rosa azul.
elogio de la gracia iluminadaCuando vagamos en las hondas criptas, / en la imprecisa antípoda del sueño; / con purpúreo sonido de espejos encendidos / aparece ella en la impaciente libertad de la pupila. / Viene de un mundo de blanca
en qué lugarQuiero que me digas; de cualquier / modo debes decirme, / indicarme. Seguiré tu dedo, o / la piedra que lances / haciendo llamear, en ángulo, tu codo. / Allá, detrás de los hornos de quemar cal, / o más allá
encuentrosNuestros encuentros no tienen mundo. / Se hacen / de pensamiento a pensamiento / en el éter / o en la vivacidad de los sepulcros, / a mil insectos por centímetro. / Nuestros encuentros se sirven / de microorgan
esferoidalAntes de llegar a ser y antes de llegar / a hogar alguno, / su alma, con un dedo sobre los labios, / y todo él en blanco, / como la noción del invierno / que desborda las capas de nieve. / Su larga espera de
espacio, me has vencidoEspacio, me has vencido. Ya sufro tu distancia. / Tu cercanía pesa sobre mi corazón. / Me abres el vago cofre de los astros perdidos / y hallo en ellos el nombre de todo lo que amé. / Espacio, me has venc
infancia muertaAquellas alas, dentro de aquellos días. / Aquel futuro en que cumplí el Estío. / Aquel pretérito en que seré un niño. / Desierto, tú quemaste la quilla de mi cuna / y detuviste a mi Angel en su Agraz. / La
la casa abandonada(Entré al atardecer, con sol perdido) / El patio lloraba una estatua vacía. / Profundos caballos de polvo viajaban / hacia los lugares más vagos del moho. / Un hoyo remoto pasaba a la nada. / El vacío entra
poemaSi ahora vuelve, niégale. Preséntale a su mar. / Así, vestido ya de algún espejo, se alejará. / Hay que madurar. Oscurécete. / Si golpea, escúchale. Tiene una forma / cuando queda fuera. / La lluvia le ciñe
poema número unoAhora sí. Tú puedes ya mirarme. / Soy compañero de los ofendidos; / de las almas oscuras que transitan / la profunda llanura de la noche, / amando tristemente los abismos / y las jaurías cárdenas del vino. /
profesión de feNo hay angustia mayor que la de luchar envuelto / en la tela que rodea / la pequeña casa del poeta durante la tormenta. / Además, / están ahí las moscas, / veloces en su ociosidad, / buscando la sabor adulter
tiempo imperceptibleHasta cuándo, Noviembre, buscas / en los días / aquello que se da en el agua, / sin que a nadie humedezca dentro / ni se releje fuera. / Aquello que permanece / cuando, después de la evaporación, / manos ya sól
tú, la furiosa y maternal amada!Esta tierra muerde a sus hijos mientras los dioses / consultan cartas estelares, cerraduras volcánicas, / o agrupan nuevas águilas en el ramaje / de los diluvios y las catedrales. / Esta tierra atrapa al
variaciones del anhelo infinitoSi alguna azul mañana de febrero, / tras una larga noche de tormenta, / encontraran tus manos / el cadáver de un ángel en el campo. .. / Si alguna vez, hacia la media noche, / con tu sagrado sxo en las tini