césar antonio molina
a filo de obsidianaAl borde del antiguo bosque o del lago desecado, / en agosto, tanta lluvia, al atardecer. / Sombras que huyen. / El pájaro carpintero sin llegar. / La calle serpentea lentamente. / Pasé junto con la calle. /
adelaideEra tan hermosa como pude imaginármela. / Los cabellos dorados como el trigo maduro. / Los ojos más profundos que las profundidades / de las aguas tranquilas. / La vi aquella tarde de diciembre / donde son
al tercer díaAllí está larguísimo el camino dorado en su mañana. / A un lado, en medio del boscaje, las ruinas plateadas. / Al otro, ningún pasaje secreto. / Miro a mi alrededor: / allí fui la que soy aquí, / aquí soy l
aunque las olas del río de los sueñosAunque las olas del río de los sueños / crezcan como un maremoto / y la espuma blanquecina / -danzando una infernal zarabanda- / se ilumine con el esperma de una ballena, / remaremos más aprisa antes de que
caminemos entre la blanca nieveCaminemos entre la blanca nieve / atravesando el más afilado silencio / con pasos tan suaves y tan lentos / que nunca dejaremos de caminar. / Pisemos su pecho de gaviota blanca, / de colmillo de ballena sin
cumpleaños¡Oh!, todo estaba encendido. / La música impelía torpemente / hacia adelante y hacia atrás. / Entraban y salían gentes desconocidas. / Y había muchas voces y lenguas diversas. / Pero la que más recuerdo es
dársenaElla pedalea al borde de una dársena seca / recordando los versos de un examen suspenso. / En este puerto, cuando yo era tan joven, / las lanchas que zarpaban y regresaban / casi se tocaban en este mismo
de la serenidad de las cosasCuando nace el sol y es claro, templado, sin nube alguna. / Cuando la luna naciente muestra su luz alrededor / y sus círculos son blancos, amarillos y dorados. / Cuando las estrellas están quietas y muy
destino(variaciones) / I / Quien te ve se vuelve culpable. / Quien no te ve no te deseará. / Pues de todo deseo son los ojos / los culpables. / II / Puse dos yunques a tus pies. / III / Qué mortal tu arco sin flecha / IV / La
en el jardín de ostiaEn el viejo jardín de la casa / se recogían las hojas con rocío. / Las gotas del río celeste / con las que escribir los deseos / atados a las ramas combadas de los sauces. / En el viejo jardín de la casa / po
en el mar de ánforasI / No es el alma la que tiene / alas / sino el deseo. / El duro deseo de durar, / el duro durar del deseo. / Bajo la luna de rápido parto / el horizonte oculta su silueta / en una sábana de cardos. / II / En los tál
fin de año en el frontón madridMe la encontré, / era una camarera en el Frontón Madrid. / Era la encargada, / o tal vez la propietaria. / ¡No lo sé! / El caso es que yo estaba allí / deambulando, / sacado de la cama por unos amigos, / festejan
juncosJuncos del lago Titicaca, / juncos del antiguo Nilo. / Barcos en el desierto / herrados por el óxido. / Mares de arena. / Trigo, espigas, cebada: / aramos con las anclas. / Cómo quisiera no imaginar / a aquél que
la luz del farero(Sisargas) / Desde la torre veletas de bronce dorado. / La campana sonando en la proa. / La vela que se curva en la curva del corazón. / Y el corazón en la flecha del haz de luz. / Aves errantes se estrella
la soufrièreSacudidas. / Rocas y cenizas desde la pasada madrugada. / El lodo hirviente. La caldera. El mar. / El sueño en la agonía de los espejos estrellados, / de las velas fracturadas hasta las primeras horas de
las ruinas del mundoLas ruinas del mundo no mueren, / van apareciendo nuevas, vírgenes, / cada ciertos diluvios. / Escondidas en los grandes cenotes / como luna en noche nublada apareciendo. / Las ruinas del mundo no mueren, / v
lista de esperaDeslumbrante atardecer, pausado y silencioso. / La hora está en reposo, / tranquila / como un escalador que perdió el aliento, / el cordaje, / en su suprema ascensión. / El sol va rodando apacible / sobre un fi
lugar sin nombrePasadizos apoyados en las nervaduras / donde resuena la resolana de la música. / Abandonado, sumergido en el polvo y en la desgracia, / paciente como el más miserable Job / cuya pena interminable, lenta, /
olvido necesarioLugares que me guardan de un olvido necesario. / Palmeras, geranios, sauces que suspiran sobre la / Los días como el óxido que anilla rapaces sobre / Nunca estuve más unido, más próximo a aquella higuer
palomarEl cielo semejante al canoso mar. / Hojas y ramas combándose al peso del fruto. / Reverdecen los árboles que jamás serán cetro. / Los cardos en luna creciente van sembrándose. / Las cepas dañadas por la a
sobre la in(utilidad) de las cosasUn espantapájaros, / en medio de un mar agostado de trigo, / no vigila a nadie / de manera consciente. / Pero no es inútil pues cuida de la ausencia.
todo el peso del mundoTodo el peso del mundo / no puede pesar tanto como el de esta / gata deslizándose por mi espalda / cual doblón de oro entre los dedos / de un verdugo.
torre de hérculesEn la noche siega la hierba de oro. / Siluetas perdidas viven de su vida, / como yo, / y las estrellas fugaces / que van cual surco abierto / en la espuma del mar tras los buques. / Se diría que su ojo, al qu
vienes en la noche de cuzcoVienes en la noche de Cuzco con el humo fabuloso de tu cabellera / Mi mano está sobre el desnudo papel de la mesa / y yo a kilómetros de distancia / en tu túnica de tela real finísima, / transparentes amb