PAIS POEMA

Libros de carolina coronado

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carolina coronado

a alfonso de lamartine
Libre será la voz, fuerte el aliento; / sonoro el instrumento / que vuestro canto, Alfonso, han sostenido, / cuando torpe y doliente / la humanidad presente / al inaudito son se ha conmovido. / De pueblo en p
a ángela
Ángela, melancólica mi alma / hacia tus brazos encamina el vuelo / ansiosa de encontrar en ellos calma. / Que, siempre son los ángeles del cielo / ésos que nos arrullan blandamente / y nos prestan reposo y
a cádiz
No es sueño, es la verdad ¡oh mar! te veo… / no es sueño, es la verdad, ¡estoy contigo!… / no es sueño, es la verdad, tus ondas sigo / y sacio en contemplarte mi deseo; / aquí está la verdad en que yo cre
a cesarina
¡Que teniendo, Cesarina, / en tu hermosísimo rostro / ojos tan claros y bellos / me mires con malos ojos! / ¡Que siendo risueño y blando / tu semblante para todos, / doncella, para mí sólo / haya de ser duro y
a cuba
Cuando los recios vientos se embravecen, / cuando mugen los mares irritados, / cuando estallan con furia los nublados, / cuando las olas borrascosas crecen, / cuando los buques míseros perecen / por las rev
a dónde estáis, consuelos de mi alma
¿A dónde estáis, consuelos de mi alma, / cantoras de esta edad, hermanas mías, / que os escucho sonar y nunca os veo, / que os llamo y no atendéis mi voz amiga? / ¿A dónde estáis, risueñas y lozanas / juven
a elisa
En buen hora llegaste, compañera, / la desdeñosa irónica sonrisa / que tan amarga para el alma era / cesa ya de afligir a la poetisa; / rompimos el concierto muy aprisa / sin aguardar compás en nuestra era /
a emilio dormido
¡Cuál brilla su alba frente / de angélica pureza!… / ¡Cuál vierte su mejilla / el candor infantil! / Exhalan el aliento / sus labios bulliciosos / más dulce que las auras / del aromado abril. / Entre rosado velo /
a españa
¿Qué hace la negra esclava, canta o llora? / Tú, Europa, gran señora, / que a tu servicio espléndido la tienes, / responde, ¿llora, canta, / o dormida a tu planta / apoya ora en tus pies sus tristes sienes?
a herminia
¿No ves qué tierra, qué cielo, / uno azul, otra florida? / ¿No ves qué estrellas, mi vida, / no ves qué luna, qué sol? / ¿No ves qué hermoso es el suelo / donde Dios te ha confinado? / Es fecundo, es dilatado
a isabel la católica
Si alcanzaran los ojos / a descubrir la inmensa pesadumbre / de los luceros rojos, / en la celeste cumbre / te hallaran con la santa muchedumbre. / En resplandor el oro / trocado de la espléndida corola, / que
a la amapola
Yo te vi, triste amapola, / de las flores retirada / mecer la roja corola / entre la espiga dorada.— / Leve el cuello y hechicero / débilmente se agitaba; / y el cefirillo ligero / en tu seno revolaba.— / Del fue
a la comisión de monumentos históricos y artísticos de badajoz
A vosotros que dais a lo pasado / un culto apasionado / arrancando; señores, del olvido / las gloriosas hazañas / del pueblo en sus campañas, / batiendo a los franceses atrevido, / A vosotros que un bello mon
a la invención del globo
Águila altiva, que la nube asaltas / y en la cumbre a mirar al sol te atreves; / águila rauda, que los mares saltas / cuando las alas anchurosas mueves; / águila audaz, que en las regiones altas / la hirien
a la juventud española del siglo xix
¡Salud prole gallarda!, salud hijos / en quienes tiene fijos / sus ojos la nación que en vos confía; / las madres orgullosas / sus frases cariñosas / que os trove ordenan en el arpa mía. / «Doncella, -me dije
a la mariposa
Bien hayan, mariposa, / las bellas alas como el aire leves, / que inquieta y vagarosa / entre las flores mueves, / ostentando tu púrpura preciosa. / De blanda primavera / bien haya la callada y fiel vecina, / l
a la mujer más fea de españa
Venid, señora, a escuchar / la unánime votación / que España acaba de dar: / venid; que os va a coronar / FEA por aclamación. / Monstruos mil se presentaron; / mas con voz solemne y clara / los tribunales falla
a la palma
Alza gallarda tu elevada frente, / hija del suelo ardiente, / y al recio soplo de aquilón mecida, / de mil hojas dorada, / de majestad ornada, / descuella ufana sobre el tallo erguida; / Y arrojando tu sombra
a la señorita de armiño
¿También, nueva cantora, / el arpa juvenil cubres de luto? / ¿Tú desconsoladora / a la musa, que llora, / rindes también tributo / de secas flores y de amargo fruto? / ¡Suave luz del oriente! / ¿Por qué entre n
a la siempreviva
Cuando el alma primavera / con sus joyas peregrinas / engalana la pradera, / los valles y las colinas; / Y las hojas entreabriendo / leve aroma exhala apenas / la rosa, y van descubriendo / su cáliz las azucena
a la soledad
Al fin hallo en tu calma / si no el que ya perdí contento mío, / si no entero del alma / el noble señorío, / blando reposo a mi penar tardío. / Al fin en tu sosiego, / amiga soledad, tan suspirado, / el encendi
a larra
¿Qué voz, pobre Mariano, / de mofa, de sarcasmo de amargura, / al que le ofrezco humano / recuerdo de ternura, / darás riendo en tu morada oscura? / Si la mujer que llora / fue blanco del rigor de tu garganta
a las nubes
¡Cuán bellas sois las que sin fin vagando / en la espaciosa altura, / inmensas nubes, pabellón formando / al aire suspendido, / inundáis de tristura / y de placer a un tiempo mi sentido! / ¡Cuán bellas sois,
a lidia
Error, mísero error, Lidia, si dicen / los hombres que son justos nos mintieron, / no hay leyes que sus yugos autoricen. / ¿Es justa esclavitud la que nos dieron, / justo el olvido ingrato en que nos tien
a luis felipe destronado
¿A dónde vas ¡o rey! con tus pesares? / ¿No sabes que en los mares / aun la roca inmortal de Santa Elena / te brinda con su asilo? / ¿que allí lecho tranquilo / tienes guardado en la caliente arena? / Aun hal
a luisita
Pues eres tú forastera / recién llegada a la vida, / te contaré, mi querida, / lo que tienes que sufrir; / te gané la delantera / de la vida en el camino, / y merced a este destino / he aprendido ya a sentir. / Y
a mi hermano emilio
MEMORIAS DE LA INFANCIA / Ya no es tan joven mi vida / que desde esta cima, hermano, / logre ver distinto el llano / donde quedó mi niñez. / Es la pradera florida / bajo la sombra de un monte, / y por eso es su
a mi tío don pedro romero
Si para entrar en tan difícil vía / el aliento a mi numen no faltara, / ya de la patria nuestra lamentara / los males en tristísima elegía. / Ya la virtud, ya el genio cantaría, / ya el vicio a deprimir me
a napoleón
No es ira, no es amor, no es del poeta / inspiración febril, es más ardiente / la llama que discurre por mi frente, / y el alma absorbe, el corazón me inquieta. / Yo amo la tempestad, amo el estruendo; / cu
a neira. golondrinas, grullas y patos
Ya, Neira, despedí a la golondrina / que en el techo campestre haciendo el nido / mansa inocente mi compaña ha sido / en la estación risueña que termina; / la grulla en cambio ya vino dañina / el fruto a de
a quintana
Buen sabio, ¿de tu tierra y de la mía / tu corazón no ansía / el nombre oír que la memoria encierra / de los pasados años? / ¿O a tu memoria extraños / serán ya los recuerdos de tu tierra? / Yo, Señor, que he
a rioja
Rioja vive en ellas, / Rioja en esas flores / que brillan a mis ojos aún más bellas / porque son de Rioja los amores. / Esos albos jazmines / de su pecho llagado, / por enemigos fieros y ruines / fueron el leni
a s. m. la reina el día de su salida. la reina que dos veces ha nacido
Madrid aguarda tu triunfal salida / para cubrir de flores tu carrera / como si el pueblo por la vez primera / celebrara en España tu venida; / la fiesta a que gozoso te convida, / cual si de nuevo a coronar
a s. m. la reina madre doña maría cristina de borbón
Aquel nombre primero / que bendijo mi labio balbuciente, / después que prisionero / vi a mi padre inocente, / fue, Señora, tu nombre reverente. / Aquella faz hermosa / que, después de la faz hermosa y santa / d
a santa teresa
Dulce Teresa, virgen adorada / que estás entre los ángeles del cielo, / la que ceñistes el sagrado velo / de las castas esposas del Señor: / tú pasaste tus horas como el justo / en santa paz y religiosa cal
a un amador
Buen joven, en hora aciaga / fijasteis en mí los ojos, / pues los fijasteis risueños / y los apartáis llorosos. / Mal os quieren los amores / cuando eligen en su encono / mi corazón para blanco / de vuestro emp
a un poeta clásico
Pulidísimo poeta, / que siempre os andáis buscando / cefirillos en diciembre / y florecillas en marzo. / Ved que es malogrado tiempo / el que gastáis en cantarnos / esas romanzas melosas / que a vos embelesan t
a un ruiseñor
Ruiseñor, que entre las hojas / de la más florida acacia / has tenido todo mayo / fresca, primorosa estancia, / ¿Por qué picas ese ramo / de menudas flores albas, / que te mece si dormitas, / y te acaricia si c
a un viejo enamorado
No lo toméis a consejo, / pues vos para aconsejado / y yo para consejera / inútiles somos ambos: / vos, señor, porque contáis / con muy razonables años / para poder en la vida / dirigiros ya sin ayo, / y esta hum
a una coqueta
Como aquellas lucecillas / vaporosas y ligeras, / que sin calor a millares / se levantan de la tierra, / Los amores en tu pecho, / fragilísima belleza, / sin que su fuego te abrase / alzan mil llamas diversas: /
a una estrella
Chispa de luz que fija en lo infinito / absorbes mi asombrado pensamiento, / tu origen, tu existencia, tu elemento / menos alcanzo cuanto más medito. / Si eres ardiente, inamovible hoguera, / ¿dónde el cent
a una golondrina
¡Salud, dulce golondrina, / allá en el suelo africano / bella, errante peregrina; / salud, perenne vecina / del ardoroso verano; / Tu cántiga placentera / llevaste a lejanos mares: / la atrevida, la parlera, / bi
a una gota de rocío
Lágrima viva de la fresca aurora, / a quien la mustia flor la vida debe, / y el prado ansioso entre el follaje embebe; / gota que el sol con sus reflejos dora; / Que en la tez de las flores seductora / meci
a una tórtola
Tórtola, que misteriosa / querella de amores cantas, / dolorida, / azorada, temblorosa, / como la lluvia en las plantas / conmovida; / Que levantas arrullando / de tu seno palpitante / la alba pluma, / como el agua
acuérdate de mí
Y cuando ya no veas / las playas españolas / que tan tristes y solas / van a quedar sin ti, / cuando estés en la nave / mirando al Océano, / acuérdate ¡ay!, hermano, / ¡acuérdate de mí! / Si el cielo está sereno /
adiós del año de 1848 (la aurora boreal)
¿Qué es esa claridad que de repente / de la ermita ilumina el campanario, / y del Gévora oscuro la corriente / brillar hace en el campo solitario; / y por qué palidecen de la gente / los rostros al fulgor e
adiós, españa, adiós
¡Ah! cuando a partir vayas / al suelo americano / que para siempre, hermano, / nos separa a los dos, / a orilla de los mares / detente ¡ay!, un momento / y di con triste acento / ¡adiós, España, adiós! / Cuando t
águila altiva, que la nube asaltas…
Águila altiva, que la nube asaltas / y en la cumbre a mirar al sol te atreves; / águila rauda, que los mares saltas / cuando las alas anchurosas mueves; / águila audaz, que en las regiones altas / la hirien
al emperador carlos v
¡Memoria al grande César! Yo le canto. / Si el rayo sacrosanto / del entusiasmo que mi sangre enciende, / alienta la poesía, / ¿cuál mejor que la mía / de Carlos el espíritu comprende? / Alta categoría entre
al emperador don pedro de portugal
Si mi extranjera planta, lusitanos, / gustaseis cortesanos / por la tierra guiar, para mí extraña, / a cantaros iría / una tierna poesía / del gran Pedro en honor, la hija de España. / ¿En dónde yace el capit
al hado
La estrella, el signo… ¡Ideal! / el Hado infausto… locura; / que para todo mortal / propicia, fácil, igual / en el mundo es la ventura. / Para el monarca opulento, / para el mendigo indigente / tiene la vida ig
al jazmín
Orgullo de la enramada, / blanca y leve florecilla, / más que todas delicada, / y más que todas sencilla. / Muestra el lirio temblorosa / la faz cristalina y pura; / y ostenta encendida rosa / la peregrina herm
al liceo de badajoz
Vamos a vindicar de Extremadura / la capital oscura / y a levantar en palmas, extremeños: / que, por Dios es vergüenza, / que otra ciudad nos venga / siendo de igual poder nosotros dueños. / Vamos a leva
al liceo de la habana
Aquí ha vivido al pie de la corriente / conmigo nada más la golondrina; / ¿quién pudo en ese vasto continente / el nombre repetir de Carolina? / ¿quién os dijo que canto tristemente / sino fuera del valle e
al lirio
Leve y plácida sonrisa / de la fresca primavera; / tú que naces con su brisa / de las flores la primera; / Y te engalanas llevando / el color del firmamento, / y esquivas el cuello blando / a las caricias del v
al mismo asunto
¡Ay! la tórtola viuda / llora su bello y muerto compañero, / y ensordece la muda / selva, con su gemido lastimero. / Gime sobre la encina / donde arrulló su amigo antes con ella, / la luna peregrina / pasó, y o
al otoño
Presurosas huyeron / las horas del verano caluroso: / del álamo frondoso / las hojas se cayeron: / otra estación mi vida / cuenta en quejas inútiles perdida. / El tibio sol de octubre / la cabellera blanquecina
altivez
Joven del rubio cabello / y los azulados ojos, / sabed, por la Virgen sacra, / que estáis de remate loco / o se ha vuelto vuestro ingenio / agudo como el del topo / cuando estampáis en papeles / letras que enci
alza gallarda tu elevada frente…
Alza gallarda tu elevada frente, / hija del suelo ardiente, / y al recio soplo de aquilón mecida, / de mil hojas dorada, / de majestad ornada, / descuella ufana sobre el tallo erguida; / Y arrojando tu sombra
amistad de la luna
Esa oscura enfermedad / que llaman melancolía / me trajo a la soledad / a verte, luna sombría. / Ya seas amante doncella, / ya informe, negro montón / de tierra que en forma bella / nos convierte la ilusión, / Ni
amor de los amores
¿Cómo te llamaré para que entiendas / que me dirijo a ti ¡dulce amor mío! / cuando lleguen al mundo las ofrendas / que desde oculta soledad te envío?... / A ti, sin nombre para mí en la tierra / ¿cómo te ll
ángeles peregrinos que habitáis…
Ángeles peregrinos que habitáis / las moradas divinas del Oriente / y que mecidos sobre el claro ambiente / por los espacios del mortal vagáis. / A vosotros un alma enamorada / os pide sin cesar en su lamen
aniversario
Bendita sea la amorosa luna / que derramó en tu cuna / antes que el sol, sus lánguidos fulgores, / y te suspiró, alma pura, / la suave ternura / de sus nocturnos, célicos amores. / ¡Bendito el astro cándido y
ay! transportad mi corazón al cielo
Ángeles peregrinos que habitáis / las moradas divinas del Oriente, / y que mecidos sobre el claro ambiente / por los espacios del mortal vagáis. / A vosotros un alma enamorada / os pide sin cesar en su lame
bendito seas, alberto
Aunque serena y callada / a tus suspiros me veas, / no indiferente me creas; / es que el alma enamorada / diciendo está embelesada / Alberto, bendito seas. / Si a responderte no acierto / cuando me vienes habla
bien hayan, mariposa…
Bien hayan, mariposa, / las bellas alas como el aire leves, / que inquieta y vagarosa / entre las flores mueves, / ostentando tu púrpura preciosa. / De blanda primavera / bien haya la callada y fiel vecina, / l
bien llegados a españa, caballeros…
Bien llegados a España, caballeros. / Esta joven nación, su tierra pura / os brinda a los amigos extranjeros / que lecciones la ofrecen de cultura: / por el terso carril marchen ligeros / los hijos de la ri
bondad de dios
¡Cuán grande, cuán hermosa / es la lumbre del sol que abarca el mundo, / y cuán maravillosa / es la estrella copiosa! / ¡Cuán ancho es el espacio, cuán profundo! / Como a impulso violento / granos de arena cí
canción (con el otoño perdidas)
Con el otoño perdidas / son las claras y lucidas / alboradas, / y las flores del estío / yacen en el valle umbrío, / deshojadas. / De los árboles desnudos / la vestidura luciente / primorosa, / ya de aquilones sañu
canción (cuando la luz de la tarde)
Cuando la luz de la tarde / en occidente se apaga, / y la reina de las sombras / con ligero paso avanza; / En esas horas tranquilas, / inspiradoras del alma; / cuando en las alas del viento / el silencio se der
canción (mis ojos, laura, vertieron)
Mis ojos, Laura, vertieron / mil veces lloro a raudales, / mas nunca lágrimas fueron / a estas lágrimas iguales. / El tierno y bello cantor / que en dulcísima querella / trova las penas de amor…, / —¿Canta por
canción de emilio
Deja a la tórtola andar / por la mañana perdida / y ensáyame otro cantar / que yo no puedo escuchar / esa canción tan sentida. / Por más que anime el contento / tu linda boca graciosa, / Emilio, mi pensamiento /
cantad, hermosas
Las que sintáis, por dicha, algún destello / del numen sacro y bello, / que anima la dulcísima poesía, / oíd: no injustamente / su inspiración naciente / sofoquéis en la joven fantasía. / Si en el pasado sigl
cantos de una doncella
I / Bella soy, bella soy; mi rostro encanta; / mejor que en el cristal en los semblantes / la copia miró de belleza tanta / reflejada en los ojos anhelantes: / paloma, flor, estrella, ángel y santa / me apell
celos
A LA PRINCESA DE S… / Dejad que despacio os vea / esa belleza tan rara, / pesadilla de mis sueños, / enemiga de mi alma. / ¡Por Jesús, que ansiosa vengo / de miraros esa cara / blanca aurora para alguno, / para m
cienfuegos
No he menester ingenio, el arte es vano, / de más están las musas y la lira, / sobra la indignación que en mí respira / para cantar al vate castellano; / tendí mis ojos, y busqué en el llano / su tumba ilus
cómo, señor, no he de tenerte miedo
Yo te olvidaba ya; ni una alabanza / a la gloriosa bóveda te envía / la cantora sin fe; sin confianza / enmudece, Señor, el alma mía; / horas de ingratitud donde no alcanza / el reflejo inmortal de tu poesí
dejas apenas la risueña infancia…
Dejas apenas la risueña infancia; / juegos, placeres de su edad dejaste. / Ya el dulce brillo de los quince mayos / cerca tus sienes. / Niña aún graciosa, la infantil sonrisa / bulle en tus labios, como el
despedida al año de 1843
Adiós, el que caminas / a hundirte en lo pasado: / mis ojos con tristeza / te ven desparecer; / Tus días a mi vida, / crueles, han dejado / más lágrimas que risa, / más penas que placer. / Y tú los años míos / con
el amor constante
¡Ay abuela! este cariño / a que osáis vos llamar sueño, / ha nacido con mi lira, / ha crecido con mi cuerpo… / seis veces del sol en torno / fue girando el globo nuestro: / pasan soles, mueren lunas, / vienen M
el amor de mis amores
I / ¿Cómo te llamaré para que entiendas / que me dirijo a ti ¡dulce amor mío! / cuando lleguen al mundo las ofrendas / que desde oculta soledad te envío?… / A ti, sin nombre para mí en la tierra / ¿cómo te ll
el año de la guerra y del nublado
Antes apareció rojo cometa / y sobre España levantó su vuelo, / y una noche sombría por el cielo / le salió a contemplar la gente inquieta; / y entonces anunció el vulgo-profeta, / en confusión y vago desco
el corazón, amigos, palpitante…
El corazón, amigos, palpitante / como otras veces en mi pecho siento; / mas al oír vuestro piadoso acento / sobre las nubes me soñé un instante. / Juzgué más claro el sol, menos distante, / vi espíritus cel
el dolor de los dolores
DESPEDIDA A MI HERMANO ÁNGEL / Ser, aun, niño y sentir la lozanía / que da el rocío de la edad temprana, / es dudar la desdicha de mañana, / es ser dichosos, Ángel, todavía; / es la fe, la esperanza, la ale
el espino
Yo no quiero de los campos / los árboles ni las parras / ni la multitud vistosa / de sus bellísimas plantas; / Pero un espino florido / que hay, Emilio, entre las zarzas, / es la envidia de mis ojos / la codici
el girasol
¡Noche apacible!, en la mitad del cielo / brilla tu clara luna suspendida. / ¡Cómo lucen al par tus mil estrellas! / ¡Qué suavidad en tu ondulante brisa! / Todo es calma: ni el viento ni las voces / de las
el juego del niño
Emilio, no le atormentes, / deja al insecto en reposo / que es juego muy doloroso / ése que tomas con él; / ambas alas transparentes / prenderle, y después burlarse / porque no puede escaparse, / es, Emilio, ¡b
el marido verdugo
¿Teméis de ésa que puebla las Montañas / turba de brutos fiera el desenfreno?… / ¡más feroces dañinas alimañas / la madre sociedad nutre en su seno! / Bullen, de humanas formas revestidos, / torpes viviente
el mundo codicioso
Las nuevas de este mundo tormentoso / ven a escuchar sentado en mis rodillas, / y cuenta, Emilio, tú las maravillas / de tu país tranquilo y delicioso; / yo te diré cómo el dolor penoso / hace saltar el lla
el mundo desgraciado
Hay escrito un cantar muy doloroso / en una historia triste que poseo, / para cuando el alegre balbuceo / deje, Emilio, tu labio bullicioso; / para cuando del álamo frondoso / que tan lejano de tu frente ve
el pájaro perdido
¡Huyó con vuelo incierto, / y de mis ojos ha desparecido! / ¡Mirad si a vuestro huerto / mi pájaro querido, / niñas hermosas, por acaso ha huido! / Sus ojos relucientes / son como los del águila orgullosa; / pl
el ramillete, o a la primavera
¡Salve, rayo del sol de primavera / por densas nubes fúlgido rompiendo!— / Brilló su luz primera, / la tierra embelleciendo!— / Mostró su faz, y de la blanca sierra / las nieves en raudal se precipitan. / Hie
el salto de léucades
El sol a la mitad de su carrera / rueda entre rojas nubes escondido; / contra las rocas la oleada fiera / rompe el Leucadio mar embravecido. / Safo aparece en la escarpada orilla, / triste corona funeral ci
el siglo de las reinas
AL NACIMIENTO DE LA PRINCESA DE ASTURIAS / ¿Quién nos llora?… un dulcísimo lamento / en el lejano viento / me parece escuchar… ¿Resuena un lloro, / o es el gemido blando / que en las peñas rodando / alza el a
el tiempo
Yo aparezco a la luz de nuestro ciclo / palpitando al compás de una armonía; / yo he venido a ascender con nuevo anhelo / sobre el candente sol de la poesía: / y allí en su disco abreviaré mi duelo / en lla
el último día del año y el primero
Aquí tienes al anciano / terminando su agonía, / y al niño en el mismo día / empezando su vivir. / Escucha cual suena, hermano, / de ése que viene el gemido / con el adiós confundido / del otro que va a partir.
emigración de las aves
Turbose el azul del cielo. / Y las lluvias anegaron / las semillas que en el suelo / los labradores dejaron. / Huéspedas de mi patria en el verano, / buscad ya lejos de la tierra mía, / en otro cielo, en otro
en el álbum de la ciega
EN EL ÁLBUM DE LA CIEGA DE MANZANARES DONDE HABÍAN EMPEZADO A ESCRIBIR POR EL REVÉS / Bien se conoce que es / ciega del álbum la dueña. / Cuando el que escribe se empeña / en ponérselo al revés. / Y aunque
en el álbum de la señorita armiño
Existe entre ti y mi alma / una dulce inteligencia, / mitad cariño en su esencia / y celos la otra mitad, / Yo no sé, niña graciosa, / cuál de entrambas es más fuerte: / sé que las dos de igual suerte / dominan
en el álbum de tomasa bretón de los herreros
¡Una corona y de laurel, Señora! / No fue contigo la fortuna avara / cuando te adorna la preciosa cara / con diadema tan rica y seductora. / ¡Por Dios que risa te darán ahora / la pluma y cinta y flor y pie
en el álbum de un clásico moderno
¡Gracias, señor, gracias mil! / ¡Ah siglo… dichosa suerte! / Ya nuestra edad se convierte / en bella edad infantil. / Ya en vez de los lagrimones / de romántico dolor, / los ojos del trovador / brotan risa a bo
en el álbum de un pedante
Aqueses mountinos / Qui tá haütes soun. / Doundines, / Qui tá haütes soun, / Doundoun, / M’empechen de béde / Mas amours oüin soun, / Doundene / Mas amours oün soun, / Doundoun. / Buen lector, si
en el álbum de una amiga ausente
No, los recuerdos que en el mar se escriben / no los borran el tiempo ni la ausencia; / allá en las olas resonando viven. / ¿Qué es olvidar? ¿qué fuera la existencia, / si hasta el recuerdo de amistad que
en el álbum de una dama
EN EL ÁLBUM DE UNA DAMA PARA LA CUAL SE PIDAN ELOGIOS SIN CONOCERLA / De tus ojos, bella Flora, / muy bella será la llama, / cuando aquí llega la fama / de su brillo y su beldad, / Y cuando yo desdeñando / de
en el álbum de una que no quería más que la firma
Ruéganme que sin enojo / estampe mi firma aquí; / tomo la pluma, la mojo, / sacúdola y hago así.
en el álbum de una señora muy simpática
Tiene a veces el alma un sentimiento / que sabe comprender, mas no explicar, / no es amor, no es pasión y es este afecto / más que interés y menos que amistad; / Es vaga inclinación que nos inspira / entre
en el álbum de una señora que deseaba
EN EL ÁLBUM DE UNA SEÑORA QUE DESEABA QUE SE PUSIERA SU NOMBRE DENTRO DE UNA OCTAVA / Para ponerte, como pides dentro, / sin que te escapes de la floja octava, / es preciso mirar cómo se clava / tu nombre
en el álbum de una señora que pedía versos largos y cortos
Los versos más largos y aquéllos más cortos / que tengan del arte las reglas concisas, / señora, aunque sean horribles abortos / decís que queréis en letras precisas; / Vos / Ni / Dios / A / Mi musa ignorante de
en el álbum de una señora que quería que acabasen los consonantes en ío y en ía
Señora, un Álbum cuando yo me río / por la extraña y ridícula manía, / de escribir en los Álbumes poesía / teniendo tan mal genio como el mío; / ya que no encuentre consonante en ío, / ya que no acierte a r
en el álbum fúnebre
¡Nadie se muere de amor! / ¡Cómo habías de vivir / si amando, pobre mujer, / tenemos que combatir, / y el luchar nunca es vencer, / el luchar siempre es morir! / Cuando entre galas y flores / amor te daba la pa
en el castillo de salvatierra
¿Por qué vengo a estas torres olvidadas / a hollar de veinte siglos las ruinas / espantando al subir con mis pisadas / las felices palomas campesinas? / ¡Oh Walia! ¿no es verdad que prisioneras / la esclava
en la catedral de sevilla
Sólo en el pobre altar del pueblo mío / adoré yo al Señor —una mañana: / un templo veo junto a hermoso río / que embelesada miro… no es Guadiana… / De árboles tiene pabellón sombrío, / y por su orilla vi, c
en la muerte de lista
No le lloréis, amigos, ese canto, / himno de gloria al sueño de la muerte, / era la inspiración del alma fuerte / de aquel varón tan apacible y santo; / ya fatigado de enseñaros tanto, / y ya sintiendo su e
en la muerte de una amiga
¿Dónde la amiga mía, / en dónde está la hermosa compañera / de tanta lozanía / y tanta gallardía / que daba envidia a la gentil palmera? / ¿Adónde te hallaremos / si en esta soledad no te encontramos / por más
en la última hoja del álbum
El fin de todo busca el alma mía / porque en esta existencia pasajera / del más hermoso y regalado día / siempre viene a turbarnos la alegría / el miedo del dolor que nos espera. / Si fe tenéis en la amista
en otro (cuando cantaba yo de ésas que crecen)
Cuando cantaba yo de ésas que crecen / flores de abril, la vida perfumada, / entre tantos que flores os ofrecen / pude daros a vos la más preciada; / pero, señora, ya no canto nada, / sino las propias penas
en otro (el jilguero y la flor del agua)
Escúchame, poeta / un gracioso jilguero / joven, vivo y ligero / más que brisa coqueta. / Después de haber corrido / del valle a la colina / tras cada peregrina / yerbecilla perdido, / Después de haber cruzado / ci
en otro (fábula. el egoísmo)
Tenía Pablo en un rincón / de su corral un granado / que era de aquel vecindado / envidia y admiración; / Pero tan pegado estaba / a la tapia que ceñía / el corral, que la vestía / con su verde y la entoldaba. /
en otro (fábula. la poetisa y la araña)
Una noche de enero tempestuosa / a la luz que agitaba recio el viento / trasladaba al papel su pensamiento / una mujer, con mano presurosa. / A veces dél la blanca pluma alzaba, / y en alta voz lo escrito r
en otro (traducido de pastorini)
Si con tranquila faz, Génova mía / tu bello cuerpo destrozado miro, / no es por ingratitud, es que un suspiro / me parece en tus hijos cobardía. / Trofeos de constancia y valentía / en tus ruinas orgullosa
en otro (traducido del dante)
¡Eh!… peregrino que por esta vía / atraviesas con planta indiferente, / ¿Vienes tal vez de tan remota gente / que el duelo ignoras de la patria mía? / ¿Cómo no lloras ¡ay! cuando sombría / cruzas por medio
en otro (un doctor muy afamado)
Un doctor muy afamado / mandó hacer una sangría / y después que hubo pasado / ¿se ha sangrado usted, decía? / —Sí, señor, ya me he sangrado.— / Que se repita mayor. / Repuso, y volvió después, / —Se repitió— sí
en otro (verdad que es triste)
¿Verdad que es triste que en el mundo todo / ceda a la ley de su exterminio fija; / No es verdad que es muy triste que se acaben / la juventud y la pasión, la vida / que la beldad perezca y los amores / y q
en un álbum de una dama con genio y sin pretensión
De ti, señora, me contó la fama / que con ingenio vivo y alma inquieta / renuncias a la gloria del poeta / por no arriesgar el de modesta dama: / Pero dicen también que el Dios del arte / al verte abandonar
en un álbum de una dama de lisboa. el terremoto de lisboa
Las torres han temblado sacudidas, / las casas se han movido en sus cimientos, / las piedras y columnas desprendidas / hieren los inseguros pavimentos. / ¡Mirad!… Mirad los templos derrumbarse / en masas en
en un álbum de una dama descreída. nada creo
I / Señora, os amo con igual ternura / que en el hora en que os dije mi deseo, / jamás, jamás hallé en mí devaneo / rival a vuestro genio y hermosura… / —Será verdad, garzón, mas no lo creo. / —Alejéme de vos
en un álbum de una princesa italiana
Veggo ardente nel cielo sffolgorare / de sua corona l’ornamento chiaro, / quel chi la luce dá superbo faro / e quel chi fá le piante germinare. / Veggo in la schezzia il pianto scintillare / de la matina, c
en un álbum de una señora
EN UN ÁLBUM DE UNA SEÑORA QUE QUERÍA QUE SE DIJESE ALGO ACERCA DE LA DESGRACIA DE SER MUJER / ¡Oh Dios! nacer mujer es triste cosa, / desventurada suerte nos rodea, / ¡Ay infeliz de la que nace hermosa!
en un álbum donde había escrito dumas este verso francés
La palabra que Dumas no encontraba / es el nombre de ingrato, que merece; / España a Dumas de favor colmado / y él en pago la insulta y la escarnece.
en un álbum donde hallé la firma de hartzenbusch
Huéspeda en la risueña Andalucía, / hoy hallo con placer inesperado / tu nombre, buen maestro, aquí grabado / con el sello inmortal de tu poesía: / Y del pájaro igual no es la alegría / si solo, triste, inc
en un álbum donde hartzenbusch había escrito
«Quiero escribir —mi insuficiencia toco / principio y ceso— de lo malo poco». / Y yo que no sé hacer dos versos buenos / aún debo escribir menos.
en un álbum donde quería
EN UN ÁLBUM DONDE QUERÍA QUE LE EXPRESARA QUIÉN FUE EL INVENTOR DEL ÁLBUM / ¿Quién inventó la poesía? / Y ¿quién los Álbumes hizo? / A la primera el demonio, / a los segundos su hijo.
en un álbum perdido y recobrado
Al recobrar la que lloré perdida / prenda de la amistad, con tanta pena / del hallazgo dichoso me enajena / el contento más dulce de mi vida; / Yo juré recobrarla, aunque escondida / del desierto se hallase
en un álbum poético
EN UN ÁLBUM POÉTICO PARA UNA NIÑA QUE SE AHOGÓ EN EL MAR / Tú pensaste que el mar era tu cuna / y te adormiste en él tranquilamente, / no ha sido para ti poca fortuna / despertar en la gloria de repente. /
en un álbum portugués (la amapola de la raya)
Siempre al tender mi vista por el llano / del ámbito campestre que me encierra, / he visto el horizonte lusitano / lindando con los prados de mi tierra; / y he dibujado con mi propia mano / su hermoso valle
en un álbum que llegó después de haber firmad
EN UN ÁLBUM QUE LLEGÓ DESPUÉS DE HABER FIRMADO OTROS CUATRO AQUEL DÍA / ¡Vive Dios que es el siglo diez y nueve / de Álbumes tan fecundo semillero, / que a formarlos parece que se atreve, / el mismo Satan
en un álbum que me presentaron
EN UN ÁLBUM QUE ME PRESENTARON CUANDO ESTABA CONTEMPLANDO UNA HERMOSA TARDE / La tarde va a expirar… lejano y tibio / el sol ya terminando su carrera / en las tranquilas aguas reverbera / su postrimera lu
en un álbum que tenía una lámina
EN UN ÁLBUM QUE TENÍA UNA LÁMINA QUE REPRESENTABA A LOS ÁNGELES MIRANDO LOS CLAVOS DEL SEÑOR / ¡Ved los hombres cuál son, ved qué inhumanos! / Un Redentor el cielo les envía / y en la terrible cruz, dul
en un álbum una de cuyas páginas
EN UN ÁLBUM UNA DE CUYAS PÁGINAS SE REPRESENTABA A LA MAGDALENA EN ACTITUD DE CLAMAR AL CIELO / ¡Piedad!… Virgen, arráncame y levanta / de entre estas rocas donde estoy hundida: / hieren sus filos mi de
en varios álbumes
EN UN ÁLBUM UNA DE CUYAS PÁGINAS REPRESENTABA EL NACIMIENTO DE JESÚS / Venid, pastoras, el milagro hermoso / del niño Dios a ver; posa en el heno / tiene inclinado el rostro albo y sereno / sobre su descu
epitafio a un niño
Duerme, Niño, el sueño blando / en esta cuna escondida, / aunque tu madre llorando / por tu existencia llamando / quiera volverte a la vida. / Porque en la noche sombría / de nuestra vida ilusoria / no has de e
espronceda
Rompió el divino sol por Oriente, / engalanado en nuevos resplandores, / hervía el prado en olorosas flores, / rebosaba en perfumes el ambiente, / trinaba el ruiseñor más dulcemente, / acrecentaba el agua s
estrenando un álbum por la última página
Yo elijo la postrera de tus hojas, / yo voy a anticipar tu despedida; / ya blanco libro, que mi nombre alojas: / sabes cuál es tu término en la vida. / ¡Ay! si también pudiera el alma herida / anticipar el
fantasías (la encina de bótoa)
En la raya que divide / el Portugal de la España, / al lado de un regatillo / a unas encinas pegada, / como a un cardo un caracol / tiene D. Diego una casa / a donde a veces le lleva / más que su amor a la caza
flor de pureza
¡Oh de la madre tierra / hija mimada, fruto delicioso, / que en su espíritu encierra / hechizo venturoso, / divino ardor, perfume glorioso! / Flor a mí consagrada, / corona de mis sienes, perla mía, / la sola g
gloria de las flores
Si las flores del jardín / mueren, joven, con el día, / también las de mi poesía / muerte igual tendrán al fin / aunque un poco más tardía. / De abejas la turba ahora / el ramillete florido / de mis cantares ad
gloria de las glorias
Es dulce recordar sueños de niño, / el vago acento de la edad primera / que en nuestro oído resonar hiciera / el ángel que anunció nuestro cariño; / cuando figuro que tu cuello ciño / en esa edad tranquila
gloria del sentimiento
¡Qué hermoso es Dios, qué hermosa su cabeza! / ¡Qué gallardo su andar, su voz qué suave! / Rasgos los cielos son de su belleza, / pasos los siglos de su marcha grave; / la voz de la inmortal naturaleza / de
himno al nacimiento de la princesa
HIMNO AL NACIMIENTO DE LA PRINCESA DE ASTURIAS, CANTADO POR LA SECCIÓN LÍRICA DEL LICEO DE BADAJOZ / «Viva, viva, la tierna heredera / que ha nacido a la Reina Isabel, / la hermosura hemos visto que imp
improvisada en el liceo de madrid
Del íntimo del alma agradecida / una voz exhalar sólo quisiera, / una voz tan profunda y tan sentida, / que cual yo me conmuevo, os conmoviera; / pero a bondad tan dulce sorprendida, / yo no puedo cantar po
inspiraciones de la soledad
NO MUERA DE TUS OJOS APARTADA / Al recordar, señor, que no he cantado / mis himnos a tu nombre todavía, / siento que de la débil arpa mía / las más sonoras cuerdas no han vibrado; / primero que mi espíritu
invitación
¿Queréis formar un coro, / hermosas las del canto peregrino, / más dulce, más sonoro / que el rumor argentino / del agua y de los pájaros el trino? / ¿No veis cómo las aves / cantan en amigable compañía / a uno
la adoración de los pastores
Sí; los cimientos del antiguo mundo / a estremecerse van: sonó la hora.— / Grecia exhala gemido moribundo, / y corónase Roma vencedora. / ¡Vana corona! espíritu infecundo, / la religión cruel y destructora /
la alegría del poeta escribiendo en un álbum
Levanta lira caída; / ven, que el dolor te convida / con mil tonos acordados / tengan también en la vida / su fiesta los desdichados. / No temas ¡oh!que en tu acento / vaya el mundo a sorprender / vuestro ignor
la aurora de 1848
Ya se presenta allí, ya nos aguarda: / decid, ¿no os acobarda, / corazones humanos, su venida? / ¿hay alguno que inquieto / no esté con el secreto / que esconde el porvenir para su vida? / Yo os conjuro a mir
la aurora de san alberto
Días hay en nuestra vida / más grandes que los demás, / en que el alma suspendida / mira la extensión perdida / que vamos dejando atrás. / En ellos nos detenemos / para ver los desengaños / que del camino traem
la clavellina
Entre el musgo de mi huerto / germina una hermosa planta / coronada de flor tanta / que su tronco no se ve; / muestra el capullo entreabierto / ya su primer florecilla / y la octava maravilla / son cáliz, hojas
la desgracia de ser hijos de españa
Esta serenidad de la campiña, / la virginal vegetación del suelo / que a nuestros ojos representa niña / la vieja tierra; el canto, el manso vuelo / del bando de aves que hacia aquí se apiña: / la vaca dand
la esperanza en ti
Nunca se clama en vano / cuando se clama al cielo en esta lucha / del existir humano; / todo, Señor, lo escucha / la gracia de tu oído soberano. / En medio a las estrellas / tu reposado caminar suspendes, / y o
la fe loca
Y en tanto que la turba descreída / se mofa de lo bello y de lo santo, / Mi loca fe, mi fanatismo es tanto, / que de error en error desvanecida / tomo por bella flor la hoja caída, / por diamante pulido el
la fe perdida
¡Permitidme reír!… brotan mis labios / manantiales de risa bullidora, / que romper no me deja por ahora / en el llanto hacia vos, jóvenes sabios. / Perdonad a la Musa que no llora, / si tal vez en reír os h
la flor del agua
¿Por qué tiembla? —No lo sabe. / ¿Qué aguarda en el lago? —Nada.— / De las aguas enlazada / a los hilos su raíz, / el movimiento suave / de la linfa va siguiendo, / la cabeza sumergiendo / del agua, al menor de
la luna es una ausencia
Y tú ¿quién eres de la noche errante / aparición que pasas silenciosa / cruzando los espacios ondulante / tras los vapores de la nube acuosa? / Negra la tierra, triste el firmamento, / ciegos mis ojos sin t
la luz de la primavera
Ya el almendro de flor está cubierto; / ya he visto a la primera golondrina / de su antigua morada tras la ruina / cruzar por mi ventana en vuelo incierto; / ya ha brotado en el césped de mi huerto / una te
la muerta agradecida
A LOS QUE LAMENTARON MI SUPUESTA MUERTE / El corazón, amigos, palpitante / como otras veces en mi pecho siento; / mas al oír vuestro piadoso acento / sobre las nubes me soñé un instante. / Juzgué más claro
la nueva infantil
Emilio, ¿qué ha sucedido? / ¿qué me tienes que decir? / ¿qué ha pasado? ¿qué has oído? / ¿dónde anduviste perdido? / ¿cómo tardaste en venir? / ¡Nada tienes que contarme! / ¡no tiene, Emilio, tu boca / un tiern
la página en blanco
Una tan sola reservó el destino / página en blanco para mí guardada; / y en dejar a mi musa limitada / la intención de los hados adivino. / Dice el sabio Hartzenbusch, a quien invoco / siempre que de consej
la planta del valle
Alberto, la débil planta / en campo estéril nacida, / ni tiene muy larga vida / ni puede medrar en él; / no es como el pájaro libre / que, en sus alas trasportado, / si le enoja hoy este prado / habita mañana a
la poetisa del pueblo
“¡Ya viene, mírala! ¿Quién? / – Esa que saca coplas. / –Jesús que mujer más rara. / –Tiene los ojos de loca”. / “Más valía que aprendiera / a barrer que a decir coplas. / -Vamos a echarla de aquí. / -¿Cómo? -Ri
la primavera anticipada
Oigo voces en torno alborozadas / que saludan la nueva primavera: / yo no sé si su hielo a la ribera / le faltó, y a las sierras elevadas; / yo no he visto si están ya disipadas / las nieblas del invierno p
la rosa blanca
Antes que por la lluvia fecundada / arde la tierra al sol de primavera, / que apresurando su veloz carrera, / muestras la luz de mayo anticipada; / queda la yerba mísera abrasada / antes de desplegarse en l
la rosa blanca (soneto)
¿Cuál de las hijas del verano ardiente, / cándida rosa, iguala a tu hermosura, / la suavísima tez y la frescura / que brotan de tu faz resplandeciente? / La sonrosada luz de alba naciente / no muestra al de
la virgen de murillo
Hombres, hacia la tierra humildemente, / la cabeza inclinad respetuosa: / que voy a pronunciar maravillosa / palabra, grande voz, nombre eminente: / hay un genio español que alzó su mente / tan alta, que a
la voz de una hija
Imagen pura, deliciosa y tierna, / constante amiga de mi blando sueño: / tú la que ofreces a la vida mía / paz y ventura; / Imagen bella de la dulce madre, / que un Dios me diera, de mi bien celoso: / nunca d
lágrima viva de la fresca aurora…
Lágrima viva de la fresca aurora, / a quien la mustia flor la vida debe, / y el prado ansioso entre el follaje embebe; / gota que el sol con sus reflejos dora; / Que en la tez de las flores seductora / meci
las dos palmeras
Allá entre las tinieblas / de la noche perdido, / ¿no oís algunas veces / vago, triste rumor, / Como el eco lejano / del pájaro oprimido, / que estrecha entre sus garras / sacre devorador? / Es la voz de la virge
las tormentas de 1848
¿También aquí, Señor, en las entrañas / del solitario monte a los oídos / vienen a resonar voces extrañas, / gritos de guerra y ecos de gemidos? / Negra sombra desciende a las cabañas: / lanza el perro medr
libertad
Risueños están los mozos, / gozosos están los viejos / porque dicen, compañeras, / que hay libertad para el pueblo. / Todo es la turba cantares, / los campanarios estruendo, / los balcones luminarias, / y las p
los cantos de safo
Como el aura suavísima resbala / de placer en placer fácil mi vida: / entre el amor y gloria dividida, / ¿cuál es la dicha que a mi dicha iguala? / Al lado de Faón, su amor cantando; / con la luz de sus ojo
los quince años
Dejas apenas la risueña infancia; / juegos, placeres de su edad dejaste. / Ya el dulce brillo de los quince mayos / cerca tus sienes. / Niña aún graciosa, la infantil sonrisa / bulle en tus labios, como el
los recuerdos
Auras, perfumes de junquillo, trino / de aves amigas, rodeadme: siento / el antiguo placer, aquel contento / que en tiempo a mis amores; imagino / de mi joven cantor sonar vecino / el palpitante, apasionado
magdalena
I / Pálida está Magdalena, / grande pena sufrirá, / los ojos hundidos tiene / reventando por llorar. / El talle encorvado al suelo / cual en mustia ancianidad / parece que por la tierra / busca su atento mirar / la
melancolía
Emilio, ¡cómo apuras / loco de risa el tiempo en la alegría! / no hay tregua a tus venturas, / como en la pena mía / no hay tregua a la infeliz melancolía. / Anima tu contento / la primavera, y mi tristeza ac
memoria a los héroes y a los reyes
A HERNÁN CORTÉS / Llevadme a contemplar su estatua bella, / llevadme a su soberbio mausoleo… / ¡Ah! que olvidaba, Hernán, en mi deseo / que éste es mezquino e ilusoria aquélla; / ¿y en tu patria por qué? ¿q
memoria a los héroes y a los reyes – a hernán cortés
Llevadme a contemplar su estatua bella, / llevadme a su soberbio mausoleo… / ¡Ah! que olvidaba, Hernán, en mi deseo / que éste es mezquino e ilusoria aquélla; / ¿y en tu patria por qué? ¿qué diste a ella /
mérida
¡Cómo en tierra postrada / sin fuerzas yace, quebrantada llora / y sola y olvidada / en su tristeza ahora, / la que opulenta fue, grande y señora! / ¡Cómo yace abatida / Emérita infeliz, ya su cabeza / en polvo
nada resta de ti
Nada resta de ti… te hundió el abismo… / te tragaron los monstruos de los mares.— / No quedan en los fúnebres lugares / ni los huesos siquiera de ti mismo. / Fácil de comprender, amante Alberto, / es que pe
nada resta de ti… te hundió el abismo…
Nada resta de ti… te hundió el abismo… / te tragaron los monstruos de los mares. / No quedan en los fúnebres lugares / ni los huesos siquiera de ti mismo. / Fácil de comprender, amante Alberto, / es que per
no es ira, no es amor, no es del poeta…
«No es ira, no es amor, no es del poeta / inspiración febril, es más ardiente / la llama que discurre por mi frente, / y el alma absorbe, el corazón me inquieta. / »Yo amo la tempestad, amo el estruendo; /
no es sueño, es la verdad ¡oh mar! te veo…
No es sueño, es la verdad ¡oh mar! te veo… / no es sueño, es la verdad, ¡estoy contigo!… / no es sueño, es la verdad, tus ondas sigo / y sacio en contemplarte mi deseo; / aquí está la verdad en que yo cre
no hay nada más triste que el último adiós
Si dos con el alma se amaron en vida / y al fin se separan en vida los dos. / ¿Sabéis que es tan grande la pena sentida / que nada hay más triste que el último adiós! / En esa palabra que breve murmuran, /
no hay reina querida tanto como tú
Flor del Mediodía, hermosa y lozana / semilla temprana, germen de virtud, / madre venturosa, alma bendecida, / no hay Reina querida tanto como Tú. / De Reinas hermosas el trono fecundo / ostenta en el mundo
oh, cuál te adoro
¡Oh, cuál te adoro! con la luz del día / tu nombre invoco apasionada y triste, / y cuando el cielo en sombras se reviste / aún te llama exaltada el alma mía. / Tú eres el tiempo que mis horas guía, / tú ere
oración a la virgen que cantan los niños en una escuela
Hazme buena, Madre mía, / dame paciencia y virtud, / porque tú Santa María / has de ser la mejor guía / que tenga mi juventud. / Del corazón inocente / protege tú los amores, / y antes que empañen mi frente, / qu
para el álbum poético. a la memoria del sr. d. nicolás de azara
Corona ciñe el triunfador guerrero / ¡Ay! ¡más corona a las naciones cara / es ésa que la gloria le prepara / con la punta sangrienta de su acero! / Tú, modelo del noble caballero, / orgullo y honra de tu e
para el alma no hay distancias
Almas esposas seremos; / unidas existiremos / aunque tú vivas lejano, / que el mundo no puede, hermano, / lograr que nos separemos. / Misteriosa inteligencia / que no alcanzan de la ciencia / a explicarnos las
para los alumnos del colegio de san fernando en la comunión
El bueno, el justo, el santo, / nos da dulce convite, / alcemos nuestro canto / de eterna gratitud: / por este pan suave / que nuestro labio toca / y abrasa nuestra boca / en llamas de virtud. / Cantemos de rodil
para un obelisco en honor de la princesa de asturias
Hoy princesa inocente el bravo Marte, / en holocausto a tu brillante suerte / como ha sido el primero en anunciarte, / es también el primero en protegerte. / El cañón que resuena al aclamarte / sólo sabrá s
pasión
Ya no veo la alegría, / de tristeza me sustento; / no hay dentro del alma mía / más que amor y abatimiento. / Me acobarda mi pasión; / ni luchar con ella puedo: / yo me tengo compasión; / yo a mí misma me doy m
poniendo al revés un álbum que principiaba con unos malos versos
Empezar por la página primera, / capricho inútil de los hombres es, / pues ha de ser del Álbum la postrera. / Si se toman los libros al revés. / El primero que el Álbum haya abierto / puede en verdad decir
por bajo de una lámina que representaba a la virgen
Escucha, madre mía, / la de el velo de estrellas; bienhechora, / dulce y bella María. / Escucha la que implora / dolorido y mortal; madre y Señora. / Si a mi débil acento / romper los aires y turbar es dado / a
porque es tu amor amor de los amores
No es posible, Señor, que a quien te ama / no vuelvas la mirada enternecido; / pasión ninguna el corazón inflama / que tu aliento, Señor, no haya encendido: / no es posible, Señor, que quien me llama / me c
porque quiero vivir siempre contigo
Sí, yo te creo; viva mi fortuna / y viva el canto de mi humilde boca / si abrasada en tu amor mi alma no invoca / para cantar la fe musa ninguna: / de las musas el arte importuna / cuando tu amor me abrasa
primavera invisible
¡Qué caso tan peregrino / un año sin primavera!… / Pasó sin que yo la viera / ¿o es tal vez mi desatino? / ¿Qué bandos de ruiseñores / en la arboleda cantaron / y que a millares brotaron / y se agostaron las fl
recuerdos del liceo de madrid
Me acuerdo bien del venturoso instante / cuando vi yo la luz en vuestro oriente. / ¡Cuánta luz, cuántas llores, cuánta gente / y qué mundo tan bello y tan brillante! / ¿Por qué no estaba alegre tu semblan
réplica a una impugnación al nada creo
¡Jesús! la tremenda guerra / que movéis a mis canciones / me maravilla y me aterra. / ¿No salen en nuestra tierra / por las damas campeones / y salen por los garzones? / Vaya en gracia, caballero, / de persegui
respuesta a un poeta
Cuando exhala de esa suerte / vuestra Lira dormitando / un eco tan dulce y blando / ¿a qué queréis que despierte? / Dejadlo siempre soñando. / Ni vos debéis lamentar / que estén sus cuerdas rompidas, / pues que
romances (la poetisa en un pueblo)
¡Ya viene, mírala! ¿Quién? / —Ésa que saca las copias. / —Jesús, qué mujer tan rara. / —Tiene los ojos de loca. / Diga V., don Marcelino, / ¿será verdad que ella sola / hace versos sin maestro? / —¡Qué locura!,
rosablanca
La luz del día se apaga; / rosa blanca, sola y muda / entre los álamos vaga / de la arboleda desnuda, / Y se desliza tan leve, / que el pájaro adormecido / toma su andar por ruido / de hoja que la brisa mueve, /
salutaciones y despedidas
AL SEÑOR DON JOSÉ MARÍA CLAROS / O no hay tierra ni ser, o hay Dios y cielo; / tal cuando niña discurrió la mente, / llevada del amor que hace al viviente, / buscar a Dios con instintivo anhelo; / luego de
salutaciones y despedidas al señor don josé maría claros
O no hay tierra ni ser, o hay Dios y cielo; / tal cuando niña discurrió la mente, / llevada del amor que hace al viviente, / buscar a Dios con instintivo anhelo; / luego de joven al cruzar el cielo, / hirió
se ha deshecho el alma mía
Brillaba el sol aquel día / con luz clara, pura, hermosa; / yo no sé qué presentía, / pero estaba el alma mía / agitada y recelosa. / Antes de ver la tormenta / el Alción la pronostica: / así una emoción violen
se va mi sombra pero yo me quedo
A MIS AMIGOS DE MADRID / ¡Oh generosa luz, oh hermoso Oriente / del pensamiento que buscaba el mío, / siempre confuso y ciego en el sombrío / y solitario claustro de mi mente! / ¡Oh luz amada, luz resplande
seoane
RESPUESTA AL EXCMO. SR. D. MATEO SEOANE / Pálida insomne, lánguida doliente, / sombra tan sólo de criatura humana / ya consumida por la fiebre ardiente / viene de las orillas del Guadiana. / La copa de cris
seoane. respuesta al excmo. sr. d. mateo seoane
Pálida insomne, lánguida doliente, / sombra tan sólo de criatura humana / ya consumida por la fiebre ardiente / viene de las orillas del Guadiana. / La copa de cristal donde bebía / el agua, que a mi sed si
si para entrar en tan difícil vía…
Soneto / Si para entrar en tan difícil vía / el aliento a mi numen no faltara, / ya de la patria nuestra lamentara / los males en tristísima elegía. / Ya la virtud, ya el genio cantaría, / ya el vicio a depri
siempre tú
La niebla del diciembre quebrantaba / del sol los melancólicos fulgores / cuando en mi corazón de tus amores / el acento primero resonaba. / El segundo diciembre se acercaba / trayendo para mí nieblas mayor
sobre la construcción de nuevas plazas de toros en españa
¡Bravo!… generación; rauda caminas / a modelar tus hombres con las fieras; / ¡bien tus nobles misiones adivinas, / te escapas de las cátedras latinas / y en las plazas de toros te atrincheras! / Nuevos camp
sobre la guerra
Nos ha dado el Señor cielos hermosos / con luz, por que los ojos alumbremos, / y nosotros los pueblos ingeniosos / con humo del cañón la oscurecemos. / Nos ha dado unas tierras deliciosas / donde las vidas
soneto
¿Mi vida, Carolina, escribir quieres? / Deja por Dios tan peregrina idea / que podrás sólo hacer que el mundo vea / en vez de lo que soy lo que tú eres. / Digno de ti será lo que escribieres / a tu alma har
temor del mundo
Alberto, si lloro o canto / siempre con voz dolorida, / no es que tenga de la vida / recuerdos el corazón; / Es que el dolor presintiendo / antes que el dolor le hiriera, / como en pena verdadera / he sufrido e
tristeza del otoño
Hechas polvo caen, hermano, / las flores del jazminero / y ha perecido el postrero / pimpollo de aquel rosal, / cuyo vástago lozano / tantos hijos sostenía, / que ignoro cómo vivía / la gran planta maternal. / Em
tú me pides querer y te he querido
Si clamo a ti, Señor, ¿no has de escucharme / tú de quien es la inmensidad oído? / ¿Tú que la hirviente mar has contenido, / no has de poder el corazón calmarme? / ¿Un átomo de luz no podrá darme / ése que
última réplica a otra contestación a la anterior
¡Extremada bizarría! / ¡Rendimiento cortesano! / ¡Bondad la del castellano / consumadísima es, / pues con una dama altiva / mueve altivo una querella, / por que logre el triunfo ella / de que se rinda a sus pie
última tarde en andalucía
En despedidas nuestra vida pasa / cada día un adiós ¡ay triste vida! / ¡que siendo vida en tiempo tan escasa, / la hayamos de pasar tan afligida! / Aun el de ayer nuestra mejilla abrasa / llanto de la postr
último canto
Emilio, mi canto cesa; / falta a mi numen aliento. / Cuando aspira todo el viento / que circula en su fanal, / el insecto que aprisionas / en su cóncavo perece / si aire nuevo no aparece / bajo el cerrado crist
un año más
¡Un año más!… un año, Ángela mía, / y aún no ha mudado mi horizonte triste, / y de tan ancha tierra como existe / no he descubierto un palmo todavía; / ¡un año más!… un año día tras día / lentos conté, y en
un encuentro en el valle
Tórtola, te vuelvo a hallar; / roncas ambas de cantar / nos encontramos las dos: / ¿te ha dado ventura Dios? / ¿Cómo te fue en el amar? / Cual yo enamorada y niña / te abandoné en la campiña / cantando en son p
un otro con igual asunto
Abrid los ojos, célica María, / más que la luna del enero, claros, / abrid los ojos y mirad cuán raros / son los dones que Dios tierno os envía: / el serafín más bello que tenía / entre sus dulces serafines
un paisaje
Yo vi lucir los albores / de esa purísima atmósfera, / y brotar las claras aguas / de aquella ribera hermosa, / y nacer de su arboleda / una por una las hojas. / Yo he visto esas altas sierras / ir subiendo ent
una despedida
Escuchad mis querellas, / recinto y flores del placer abrigo, / imágenes tan bellas / como ese cielo que os protege amigo. / Asilo de inocencia, / consuelo del dolor, bosque sombrío, / ir quiero a tu presenci
una fiesta dedicada a la reina gobernadora
Ya el enemigo de la patria mía, / el genio de la guerra destructora / dobla rabioso la falange impía / ante la paz gloriosa y vencedora. / Cesó el llanto y la sangre y la agonía / que derramó la espada veng
versos improvisados con varios motivos
LA EMPRESA DEL FERROCARRIL DE EXTREMADURA / Bien llegados a España, caballeros. / Esta joven nación, su tierra pura / os brinda a los amigos extranjeros / que lecciones la ofrecen de cultura: / por el terso
y llévame contigo a tu morada
¡Qué abatida estará, Señor, mi vida / cuando no te consagro ni un acento! / ¡Qué hundido debe estar mi pensamiento / cuando así te abandona, así te olvida! / Preséntasme la tierra florecida, / resplandecien
ya no es tan joven mi vida…
Ya no es tan joven mi vida / que desde esta cima, hermano, / logre ver distinto el llano / donde quedó mi niñez. / Es la pradera florida / bajo la sombra de un monte, / y por eso es su horizonte / más delicioso
yo no puedo seguirte con mi vuelo
Tú, huéspeda de villa populosa, / yo de valle pacífico vecina, / tú por allá viajera golondrina, / yo por aquí tortuga perezosa: / tú del jardín acacia deliciosa, / yo del arroyo zarza campesina, / ¿qué indef
yo te olvidaba ya; ni una alabanza…
Yo te olvidaba ya; ni una alabanza / a la gloriosa bóveda te envía / la cantora sin fe; sin confianza / enmudece, Señor, el alma mía; / horas de ingratitud donde no alcanza / el reflejo inmortal de tu poesí
yo te vi, triste amapola…
Yo te vi, triste amapola, / de las flores retirada / mecer la roja corola / entre la espiga dorada. / Leve el cuello y hechicero / débilmente se agitaba; / y el cefirillo ligero / en tu seno revolaba. / Del fuego
yo tengo mis amores en el mar
¡Hijo del mar, espíritu querido!, / alto ingenio inmortal de la poesía, / escucha desde el mar este gemido / que mi amoroso corazón te envía: / yo te adoro en el mar, y yo he venido / a escuchar en sus hond
¡bravo!… generación; rauda caminas…
¡Bravo!… generación; rauda caminas / a modelar tus hombres con las fieras; / ¡bien tus nobles misiones adivinas, / te escapas de las cátedras latinas / y en las plazas de toros te atrincheras! / Nuevos camp
¡cuán bellas sois las que sin fin vagando!…
/ ¡Cuán bellas sois las que sin fin vagando / en la espaciosa altura, / inmensas nubes, pabellón formando / al aire suspendido, / inundáis de tristura / y de placer a un tiempo mi sentido!
¡oh generosa luz, oh hermoso oriente!…
¡Oh generosa luz, oh hermoso Oriente / del pensamiento que buscaba el mío, / siempre confuso y ciego en el sombrío / y solitario claustro de mi mente! / ¡Oh luz amada, luz resplandeciente, / en cuyos rayos
¡qué hermoso es dios, qué hermosa su cabeza!…
¡Qué hermoso es Dios, qué hermosa su cabeza! / ¡Qué gallardo su andar, su voz qué suave! / Rasgos los cielos son de su belleza, / pasos los siglos de su marcha grave; / la voz de la inmortal naturaleza / de
¿a dónde vas ¡oh rey! con tus pesares?…
¿A dónde vas ¡oh rey! con tus pesares? / ¿No sabes que en los mares / aun la roca inmortal de Santa Elena / te brinda con su asilo? / ¿que allí lecho tranquilo / tienes guardado en la caliente arena? / Aun ha
¿cómo te llamaré para que entiendas…
I / ¿Cómo te llamaré para que entiendas / que me dirijo a ti ¡dulce amor mío! / cuando lleguen al mundo las ofrendas / que desde oculta soledad te envío?… / A ti, sin nombre para mí en la tierra / ¿cómo te ll
¿cuál tu grandeza es? ¿cuál es tu ciencia?
Siempre en la noche, compañeros míos / los árboles, la luna, los luceros, / mas ninguno de tantos compañeros / me demanda jamás ¿por qué suspiro? / A la luna le cuento mi cuidado / y sigue inestable y muda
¿por qué tiembla? —no lo sabe…
¿Por qué tiembla? —No lo sabe. / ¿Qué aguarda en el lago? —Nada. / De las aguas enlazada / a los hilos su raíz, / el movimiento suave / de la linfa va siguiendo, / la cabeza sumergiendo / del agua, al menor des
¿qué voz, pobre mariano?…
¿Qué voz, pobre Mariano, / de mofa, de sarcasmo, de amargura, / al que le ofrezco humano / recuerdo de ternura, / darás riendo en tu morada oscura? / Si la mujer que llora / fue blanco del rigor de tu gargant
¿queréis formar un coro?…
¿Queréis formar un coro, / hermosas las del canto peregrino, / más dulce, más sonoro / que el rumor argentino / del agua y de los pájaros el trino? / ¿No veis cómo las aves / cantan en amigable compañía / a uno
¿también, nueva cantora?…
¿También, nueva cantora, / el arpa juvenil cubres de luto? / ¿Tú desconsoladora / a la musa, que llora, / rindes también tributo / de secas flores y de amargo fruto? / ¡Suave luz del oriente! / ¿Por qué entre n
¿teméis de esa que puebla las montañas?…
¿Teméis de esa que puebla las Montañas / turba de brutos fiera el desenfreno?… / ¡más feroces dañinas alimañas / la madre sociedad nutre en su seno! / Bullen, de humanas formas revestidos, / torpes viviente