carlos sahagún
a estas horasEn las bocas del metro nadie espera / a nadie. Solamente se ven manos, / extremidades mutiladas. Bajo / la tierra se oyen trenes y zozobras, / se oyen detonaciones
a imagen de la vidaQué niño irá a caballo pensativo / hacia el mar insondable / para contarnos una dura historia / de despojos guerreros y de hambre / como aquel mediodía que revive / a
aquí empieza la historiaAquí empieza la historia. Fue una tarde / en que se habían puesto las palomas / más blancas, más tranquilas. como siempre / salí al jardín. Alrededor no había / nad
árbol en galdarInútil experiencia / de libertad, el drago / irrumpe sometido / al cemento. Raíces / fascinantes o tercas, / pura ansiedad vencida, / quien buscó la palabra / que acompañ
aula de químicaSi vuelvo la cabeza, / si abro os ojos, si / echo las manos al recuerdo, / hay una mesa de madera oscura, / y encima de la mesa, los papeles inmóviles del tiempo, / y
canción de infanciaPara que sepas lo que fui de niño / voy a decirte toda la verdad. / Para que sepas cómo fui, aún guardo / mi retrato de entonces junto al mar. / Playa de arena, cor
claridad del díaTe digo que ésta ha sido la primera / vez que amé. Si la tierra que ahora pisas / se hundiera con nosotros, si aquel río / que nos vigila detuviera el paso, / sabrí
cosas inolvidablesPero ante todo piensa en esta patria, / en estos hijos que serán un día / nuestros: el niño labrador, el niño / estudiante, los niños ciegos. Dime / qué será de ell
cuerpo desnudoY vienes y te quedas / blanca, casi de mármol, / como un escalón puro para subir a Dios. / No sé qué hacer, dónde buscar / mis palabras más verdaderas, cómo decirte
desembarcoPerdida la ocasión en las batallas, / años después, hombres y niños esperábamos / un desembarco salvador. / Se poblaban las playas de miradas, / los sueños, de naví
deseo de madrugadaAhora la madrugada trae un ramo / de rosas blancas. Pero no las quiero. / Yo no he venido aquí para estas rosas / sino para el aroma de tu cuerpo. / Despierto estoy
en el principio, el aguaEn el principio, el agua / abrió todas las puertas, echó las campanas al vuelo, / subió a las torres de la paz -eran tiempos de paz-, / bajó a los hombros de mi p
epitafio sin amorMientras vivió, permaneció en lo alto. / Hoy quedan retratos pisoteados, / libros y panegíricos, / y algo como un horror en la conciencia / colectiva. Su nombre, po
insomnioInsaciable, / entré en tu edad madura, en la maleza, / busqué el tenso bambú, la carne cimbreante, / con el designio de un tardío acoso, / y como el sueño no era si
invierno y barroSé que, por mucho fuego que ahora ponga, / la adolescencia transcurrió conmigo / y del fragor de sus mitologías, / frente a los altos muros combatidos, / sólo queda
junioAbrazado a tu tierra, / cuerpo en flor, / a tus praderas para galoparlas, / junio entraría en nosotros como la luz entre / estos pinos. / Entraría radiante, viniendo
lluvia en la nocheA veces voy por un camino, / y el aire huele a lluvia, / y pasa un niño abandonado y llora, / como si recordara los árboles en sombra, / los pasillos en sombra, los
noche cerradaFue en la infancia, a la vera de los caminos, en el humo perdido / de los barcos que se alejaron. / Con ellos se marchaba mi corazón, con rumbo cierto / de eterni
para este otoño súbitoHa muerto, está la losa confirmando / su descenso al infierno, un largo epílogo / de ávidos bisturíes y transfusiones. / Mas no bajan con él los días aciagos / y un
playas de exmouthMe pregunto si un hombre, ante estas playas, / tiene derecho a que se acuerden / de su amor, de lo que antes pronunciaron / sus labios, de sus pasos por los camin
quede mi nombreQue mi reino no sea / la soledad del héroe pensativo, / sino tu fortaleza amurallada. / Hallen en ti refugio los días claros, / roto ya por mil flancos / el combatido
renuncio a morirEra el otoño y la hoja de aquel árbol / temblaba. También yo, también nosotros / teníamos un temblor nuevo, una nueva / y enfebrecida tarde. Como el mar / que rompe
sonetoEstán doblando a madre las campanas / y el corazón está sonando a llanto. / Un niño, en los senderos del espanto, / huye a unas faldas limpias y lejanas. / El pasad
tal vez naciste para ser motivoTal vez naciste para ser motivo / de estos versos y no sustancia mía, / fuego de mis palabras, no madera / de aquellos bosques donde tantas veces, / hijos del alba,
un largo adiósEse tren que cruza Castilla / de madrugada, ese tren largo y perezoso / que se detiene acá y allá, en lugares previstos pero desconocidos, / que se mueve en la no
un manifiesto (febrero 1848)Fue en la calle de Liverpool, en Londres, / en las prensas de un tal Burghard. Aquel día / la tinta estaba aún fresca, recién creado / el libro, el arma. / Cómo lla
un niño miraba el marDe tierra adentro tu ancho corazón, / tu estar serena. ¿Pero has visto el mar? / Te contaré que soy el mar y puedes / creerme. Allá en mi patria, cuando había / un
vegetalesEstamos en el bosque, / amor mío, / en la espesura de los años / vividos duramente / bajo la tiranía de las frondas, / en situación de seres vegetales. / Entre tú y yo