carlos murciano
aquí palomas pares y gemelasDonde el poeta pide a la amada que no se ruborice por el motivo de su soneto / Aquí palomas pares y gemelas / una mañana se posaron. Mira / cómo mi mano torpe se retira / cuando con tu desdén las arcangel
baladilla del posadero de belénTan cerca como le tuve / y dejé que se me fuera. / Malhaya la posadera. / Y eso que les vi la luz / nimbando sus sienes, pero… / Malahaya sea el posadero. / Malhaya la posadera / que me dijera que no / abriera. M
dios encontradoDios está aquí, sobre esta mesa mía / tan revuelta de sueños y papeles; / en esta vieja, azul fotografía / de Grindelwald cuajada de claveles. / Dios está aquí. O allí: sobre la alfombra, / en el hueco senc
dios te salve, ternuraDonde el poeta compone, de otras muchas, una oración por la amada y el hijo que esperan / Dios te salve, ternura, que ahora me llevas a la / derecha de mi vida; adonde ella me crece, / ala mía derecha,
donde el poeta comparte su lecho por vez primeraGuardo la primavera / bajo mi blanca sábana. / Toco sus manos niñas, / su cintura perfecta, / sus senos como claras / palomas asustándose, / rozo sus hombros tersos, / redondos como frutos / y pronuncio en su boc
donde el poeta termina venciéndose a su amadaLa soledad, mi mala consejera, / vuelve otra vez a hablarme en el oído: / Para habitar la bruma o el olvido / basta morirse de cualquier manera. / Lo mismo da morirse en primavera / de una corazonada, que m
el relojEsto de no ser más que tiempo espanta. / La solución bajo el costado izquierdo: / un fiel reloj al que jamás me acuerdo / de darle cuerda y, sin embargo, canta. / Canta con un martillo en la garganta, / mas
en la casaIba abriendo las últimas estancias. / Nada turbaba el polvo gris del suelo. / Triste la luz, sobre los altos muros, / acuchillaba el tiempo. / Nadie pisaba. Nadie turbia. (¿Nadie / pisaba las orillas del si
era con solEra con sol. Corríamos. / Temblaba el mundo con nosotros. / Era con sol. Hablaban ruiseñores, / hablaban claros álamos; / desnudaba alegría la mañana. / Yo te decía: amor, amiga, escucha: / tú tienes unas man
eres tú, no las olasEl mar es como un niño consentido: / sobre la arena arroja a las gaviotas / y echa a rodar entre las olas rotas / los últimos recuerdos del olvido. / Arrastra ya el verano, malherido, / la desesperación de
este claro silencioEste claro silencio. Y este gozo. / Y este rumor de noche. Y esta pena. / Y esta destrozadísima cadena / que te desencadena el alborozo. / Y este muro infinito. Y este trozo / de soledad. y este montón de a
hablando claroLas cosas claras, Dios, las cosas claras. / ¿Acaso te pedí que me nacieras, / que de dos voluntades verdaderas, / de barro y llanto, Dios, me levantaras? / ¿Acaso te pedí que me dejaras / en mitad de la cal
hoy has venido a compartirHoy has venido a compartir / mi soledad de estar contigo. / Partiste el pan, tomaste un sorbo / de vino nuevo, te llevaste / hasta los labios la manzana / y allí quedó tu mordedura, / la viva huella de tu sed
las blancas para ti luego tú salesDonde el poeta juega ajedrez con su amada y cuenta cómo pierde la partida / Las blancas para ti -luego tú sales- / y para mí las negras. Lo sabía. / Palabra, amor, palabra que tenía / negras la consonante
llegaron juntas a la pena míaDonde el poeta habla a la amada por vez primera de sus dos hijas / Llegaron juntas a la pena mía / como desde tu vientre hasta la cuna. / Te quise mucho en el dolor. Alguna / vez te podré decir lo que sen
momentoSalta el botón, y la seda / de la blusa se desliza / sobre tus hombros. Ceniza / es el momento. No queda / ni un pájaro en la alameda / y el poniente ha dicho adiós. / Sueltas tu falda. Los dos / temblamos. Pál
muerte de jesúsYa no va más. La voz ha enmudecido. / El envite final se ha consumado. / Varón mortalecido, / Cristo comienza su reinado. / Jugó y perdió. Ganó, sencillamente. / De la cruz pende el Hombre, de la pena / pende
mujer que pasaLlueve silencio, Pasas. Hace hastío. / Hace sueño esta noche. Pasas. Queda / un retazo de ti. Por ti la seda / del alma se desdora. Llueve frío. / ¿Vienes o vas? ¿Retorna tu desvío, / peregrino de azul, por
por estas tierras de mi andalucía cruza un ríoPor estas tierras de mi Andalucía cruza un río. / No es el Guadalquivir, con mirtos y naranjas, / Ni el Genil hortelano, ni el Darro oscuro, ni el Guadalete olvidadizo y manso, / Ni el Tinto tinto, ni e
serenamenteSerenamente digo: / «Empiezo.» La mañana / se desnuda. Testigo / único, la campana. / Su son, su son lejano / me salva, me convoca. / Plenitud del verano: / la flor sobre la roca. / Cielo malva, luz pura. / El agua
si en brumas me hablas, callo y no te digoSi en brumas me hablas, callo y no te digo / que en bruma no comprendo tu llamada, / ni conozco tu voz, ni la delgada / gracia de la cintura te persigo. / Si en bruma me acaricias, sumo y sigo: / caricia, m