País Poema - Autores

carlos lópez narváez

adoración
Una flor no ha traído jamás la primavera / digna de la embrujada noche de tu cabello / y que en blanda agonía, cercana de tu cuello / bajo el tibio perfume de tu
almena
La tarde como valle macilento / y en ella tú la sonrosada nube; / bruma este amor calladamente sube / del claro río de mi pensamiento. / A tus manos desciende el fi
diafanidad
Sereno el esplendor de nuestro júbilo / en la urdimbre de oros vesperales; / lino tus manos, sedas el murmullo / de la canción y la ternura errantes. / Callada melo
el vago encanto
Bellas, airosas, pálidas, altivas / como tú misma otras mujeres veo; / son reinas victoriosas; su trofeo / es una multitud de almas cautivas. / Su blancura de mármo
en azul
Azul como el delirio, azul como la hora / en que cruza tu sombra mi fiebre desvelada; / azul como el más bello cuento de Scherezada, / azul como la noche de una l
entre ti y el aire
La tarde a tu lado / era una pradera fantástica: / nacía la brisa en tu paso; / era el cielo tu inmensa mirada; / arrebol tu boca franjado de blanco, / y era un céspe
estival ii
Leilah: de tu esplendor rezuma un vino / que es en mis venas sosegado fuego / y arrobada embriaguez cuando te aspiro. / Leilah: con el estío de tu risa / se madura
fanal
Roja dulzura, flor de miel y fuego, / sapiencia al rojo-blanco de tu boca; / lámpara alimentada con la loca / combustión de mi sangre y de tu ruego. / Fulva ensenad
forma cándida
Mi pensamiento es la suspensa forma / de tu presencia; / mi corazón, la forma palpitante. / Como bridones blancos, / mis sentidos galopan en la tierra / de tus cinco
la canción secreta
-¿En qué fondo de sueño vi tu gloria ? / -¿A qué prodigio tu poder me encumbra, / oh mansión ilusoria, / alto amor que traspasas la memoria, / llama sin leño, sol d
luz de llanto
«Para cumplir imaginaria cita » / he de escribir en lágrimas. / Talvez los lentos monosílabos / cálidamente, mudamente digan / lo que ayer no supieron las palabras.
meridiano
Ella está allí, de pie, sobre mis párpados / desplegada la noche de su pelo; / Ella tiene la forma de mis manos ; / Ella tiene el color de mi desvelo. / Y se sume e
narciso
No es el lirio de nieve, no es el pálido lirio / el que refleja dulcemente en mi, su blancura: / en el gélido cáliz de su belleza pura / jamás pudo brindarme ni l
niebla
Te llevo toda en mí, forma y sustancia / susurrante dulzor, roce de sueño, / susurrante dulzor, roce de sueño, / hálito floreal de tu distancia. / Abre el día en tu
ojos sin color
Malignas obsidianas, cábalas siblinas, / pupilas de tormenta: sois el raudo aletazo / de dos cuervos cautivos en el sedeño lazo / tendido en las pestañas vibrátil
pies desnudos
Encanto impresentido de tus plantas desnudas. / Ni de tus labios ante los cárdenos arcanos, / ni ante el pálido y leve prodigio de tus manos / el alma elevó tanta
solamente
Mía sólo en el don de su presencia, / con sus manos sedeñas y sedantes, / con sus ojos -berilos fascinantes– / y sus silencios -cálida cadencia-. / Mía tan sólo en
sonámbula ternura
En ti mi soledad y este silencio, / prisionera tormenta de ternura, / vibrante y pura soledad de amor. / Soledad matinal, dorado golfo / donde recién nacidos pensam
sosiego
Duérme: será dulce tu sueño / igual que sombra de flabelos / perfumada y mullida bajo un árbol, / en tanto que la luna de los parques / alumbra en lloro tenue / las v
sueño vesperal
Te invoco suavemente como si te besara / -suavidad indeleble de tus lejanos besos / soñados dulcemente bajo la tarde clara- / los labios en los labios serenamente
visión nocturna
Fue en el palacio de cristal de un sueño / dulcemente febril, plácida orgía… / Un reír y una voz, la melodía; / y en un regazo mi cojín sedeño. / El mudo esclavo ya
¿a qué?
A qué llevar hacia el azul los pasos; / a qué nombrar las cosas dulcemente, / si para la penumbra confidente / «ya perdieron su arrullo los ocasos». / A qué entreab