carlos guido y spano
amira¿Conocéis a la rubia y tierna Amira? / ¡Qué belleza, qué flor, qué luz, qué fuego! / Su andar se ajusta al ritmo de la lira, / Hay en su voz la suavidad de un ruego. / El flamenco nadando en la laguna / Ent
en los guindosTenía yo dieciocho años, y ella / Apenas dieciséis; rubia, rosada. / No es por cierto más fresca la alborada / Ni más viva una fúlgida centella. / Un día Adriana bella / Conmigo fue al vergel buscando fruta
flor de la vidaEsta noble sentencia / Que tengo en blanco mármol ya esculpida, / me dijo un sabio de ática elocuencia / Que recuerda a Platón: «la inteligencia / Es la flor de la vida».
hojas al viento¡Allá van! son hojas sueltas / De un árbol escaso en fruto; / Humildísimo tributo / Que da al mundo un corazón. / Allá van, secas, revueltas / En confuso torbellino, / Sin aroma, sin destino, / A merced del aqu
musgoTorné a ver la vieja ermita, / se halla todo en su lugar: / la lámpara moribunda, / la flor mustia en el altar. / Doquier quedan las señales / de la dulce, antigua fe: / allí está la Dolorosa, / allí el Cristo
neniaCanción Fúnebre / En idioma guaraní, / una joven paraguaya / tiernas endechas ensaya / cantando en el arpa así, / en idioma guaraní: / ¡Llora, llora urutaú / en las ramas del yatay, / ya no existe el Paraguay / don
sensualismo¿Será un crimen rasgar la tenue gasa / con que oculta el amor gracias terrenas, / o en la pomposa viña las ajenas / uvas gustar y el bien que raudo pasa? / Cuando el amor el alma nos abrasa, / que Venus ard
soledad¡Oh soledad! ¡Oh murmurante río, / A cuya margen espontáneos crecen / Los árboles frondosos, que el otoño / Despoja ya de su hojarasca verde! / Huésped errante de la selva oscura / Di en estas limpias aguas
soneto at home¡Hijos queridos! En la paz bendita / del heredado hogar hallad defensa / contra el violento entorno que nos tensa / contra el combate cruel que nos agita. / Como en vuestros abuelos se condensa / reconoced
trovaHe nacido en Buenos Aires / ¡qué me importan los desaires / con que me trate la suerte! / Argentino hasta la muerte / he nacido en Buenos Aires. / Tierra no hay como la mía; / ¡ni Dios otra inventaría / que más