País Poema - Autores

carlos bousoño

alma solitaria
Mira los aires, alma solitaria, / alma triste que sola vas gimiendo. / Asciende, sube. Amor te espera. / La cima es alta. Escaso, el aparejo. / Aleteante, tembloros
amor
Íbamos de camino, / mi cariño en sus brisas te oreaba. / Tu cabello llevado entre los céfiros / era también como brisa del alma. / Eras también como brisa en la bri
camino
Aquí estás, camino de siempre, / hacia adelante, rota / la aspiración rosada, luna / que empalidece toda cosa. / Aquí estás y debes andar, / caminar como el agua abso
canción para un poeta viejo
(Vicente Aleixandre) / Muy cerca de la vida. Así tu hablar. / Llegaste a viejo cual se llega al mar. / Azotado del viento y de los años / fuiste la vida, no sus des
celebración de un cumpleaños
Haber estado fuera de ti mismo, un viaje vertiginoso, y después / la quietud, pordiosero / de tu conciencia, eremita / en el yermo de la inacción, creyendo / solame
corazón partidario
Mi corazón, lo sabes, / no está con el que triunfa o que lo espera, / con el juramento mercader / que acecha el buen provecho, / se agazapa, salta sobre la utilidad
desde la soledad
Desde aquí, solitario, sin ti, te escribo ahora. / Estoy sin ti y tu vida de mi vivir se adueña. / Yo quisiera decirte que en mi pupila mora / tu figurita tan lev
desde lejos
Pasa la juventud, pasa la vida, / pasa el amor, la muerte también pasa, / el viento, la amargura que traspasa / la patria densa, inmóvil y dormida. / Dormida, en su
dime que era verdad aquel sendero
Dime que era verdad aquel sendero / que se perdía entre la paz de un prado; / aquel otero puro que he mirado / yo tantas veces con candor primero. / Dime que era ve
el amante viejo
¡Amabas tanto…! Acaso / con amargura, acaso con tristeza / lo dijiste. ¡Amabas tanto! En el espejo / viste tu faz que se iba haciendo vieja, / y tomaste a decir: «…
el amor
Íbamos de camino. / Mi cariño en sus brisas te oreaba. / Tu cabello llevado entre los céfiros / era también como brisa del alma. / Eras también como brisa en la bri
el ciclón
Tú que me miras, mírame hasta el fondo. / Tú que me sabes, sábeme. / Porque falta muy poco, porque el tiempo / arrecia vendavales / que se llevan ventanas y gemidos
el vivir de la amada
Yo sé que de tu pecho los latidos / están contados. Corazón, haz lento / tu misericordioso movimiento / y leves tus quejidos doloridos / por ese cuerpo, donde mis s
elegía
Te he dicho que los hombres no contemplan / el puro río que pasa, / la dulce luz que invade las riberas / cuando fluye hacia el mar el agua casta. / Te he dicho aye
en este mundo fugaz
Pozo de realidad, nauseabunda / afirmación, nocturno / cerco de sombras. Todo / hasta la muerte. Somos / aciago resplandor insumiso, noche / florecida. Oh miseria / inm
en la muerte
Lo último que dijo fue esto: «La vida es un dolor» / Ojos que vi / tan llenos de dolor / en el último día, cuando faltaba poco / para morir, / y desde el lecho / él rec
eres feliz
Eres feliz. Saber no quieras / lo que brilla en los ojos humanos. / Sonríe tú como mañana fresca, / como tarde colmada en su ocaso. / Porque eres eso, sí: la tarde
españa en el sueño
A Carmen Braga / Desde aquí yo contemplo, tendido, sin memoria / el campo. Piedra y campo, y cielo, y lejanía. / Mis ojos miran montes donde sembró la historia / el
homenaje a san juan de la cruz
(Vía purgativa, iluminativa y unitiva) / Sólo quien se entrega recibe. / Huele, quien renuncia al olfato, / un olor prodigioso. ¡Vive, / misterïoso desacato! / Y
homenaje a santa teresa
(Éxtasis de alta contemplación) / No había ni rastro del día. / (En la región veloz y fría / allí está inmóvil el verano.) / Nada en el alma se sentía / que fuese dol
introducción a la noche
1 / Con la honda mirada / un día contemplaste / tu honda pasión de ser / en vida perdurable. / Hoy contemplas acaso / con mirada más grave / el parpadeo puro / de la noche
invasión de la realidad
I / Y aquí estás verdadero, / Oh déjame tocarte. / Tu piel en donde pones / un límite a los aires. / Tu don de serte vivo, / tu realidad, me baste. / Dejadme que comprueb
irás acaso por aquel camino en el chirriante atardecer
Irás acaso por aquel camino en el chirriante atardecer / de cigarras, cuando el calor inmóvil te impide, como un bloque, respirar. / E irás con la fatiga y el r
juan de la cruz en la noche oscura
Profunda es esta guerra y combate, porque la paz que espera / ha de ser muy profunda; / y el dolor muy delgado / porque el amor de su esperanza / delgado es, e ínti
la mañana
Errante por la luz, en primavera / recóndita y azul y de oro y grana, / mi corazón recoge esta mañana / todo el amor que llueve en lisonjera / tempestad de frescor.
la tristeza
Tal vez el mundo sea bello, / cuando el sol claro lo ilumina, / pero yo sé que hay hombres tristes / como la lluvia gris y fría. / Yo sé que hay hombres sobre cuyas
letanía del ciego
Y tú que tanto amas, tanto ríes, / tanto adivinas y conoces tanto, / ¿dónde el escudo para que te fíes, / dónde el pañuelo de enjugar tu llanto? / ¿Dónde el camino
letanía para decir cómo me amas
Me amas como una boca, como un pie, como un río. / Como un ojo muy grande, en medio de una frente solitaria. / Me amas como el olfato, los sollozos, / las desazon
más allá de esta rosa
(Meditación de postrimerías) / 1 / Una rosa se yergue. / Tú meditas. Se hincha / la realidad, y se abre, se recoge, se cierra. / Cuando miras, entierras. Oh pompa / fún
muchacha dulce: no me amas
Muchacha dulce: no me amas. / Tú no conoces mi figura, / mi triste rostro que lejano vela / tu faz borrosa entre la lluvia. / Muchacha dulce: aquí en mis ojos / brill
mucho te quise
Mucho te quise y con dolor te miro / cuando aquí pasas con tu sueño a cuestas. / Mas para siempre, desde lejos, hondos / mis ojos te recuerdan. / Aquí en la tarde t
mujer ajena
¡Oh realidad sin gozo y sin aurora! / Era la noche entera entre tus brazos. / Yo te tenía y sostenía. Abrazos / nos daba el sufrimiento a cada hora. / Viví contigo
noche del sentido
El olfato no huele, ojo no mira. / Ni gusta lengua ni conoce el seso. / Eso sabemos, corazón que aspira. / Tan sólo eso. / Quién pudiera cual tú mirar tan leve / esta
oda a la ceniza (fragmento)
…Tú, mi compañero, / triste de acontecer, / tú que como yo mismo ansías lo que ignoras y tienes / lo que acaso no sabes, / dame la mano en la desolación, / dame la ma
odas celestes
No cantaré, no, la tristeza. / No puedo, no. No he de cantarla, / sino alegría que me sube / en una ola dulce y casta. / Me desarraigo de la tierra. / Voy como un sue
palabras dichas en voz baja
I / No es vino exactamente lo que tú y yo apuramos / con tanta lentitud en esta hora / pulcra de la verdad. No es vino, es el amor. / No se trata, por tanto, de una
palabras en la noche
Cecilia, dulce amiga. Hoy yo quisiera hablarte / con la verdad que nace de un corazón pequeño. / Decirte cómo un día yo quise condenarte. / A ti que fuiste sólo l
pero cómo decírtelo si eres
Pero cómo decírtelo si eres / tan leve y silenciosa / como una flor. Cómo te lo diré / cuando eres agua, / cuando eres fuente, manantial, sonrisa, / espiga, viento, / c
poeta en un abordaje con el mar en calma
Guerreaste en mar sedoso, / te hiciste, te rehiciste, / te creciste en el acoso, / y, al luchar, te malheriste. / Y luego, ¿qué es lo que queda? / En la memoria cruel
reflexiones últimas
A Antonio Carvajal / Mar en calma. Con energía / desafiante asume el reto / de entender la sabiduría / inmortal de quedarse quieto. / Más allá de pena y de goce, / ¡inf
reloj de arena
A Emilio Lorenzo / Un diálogo consigo mismo es lo que consigue el hombre / al atardecer, / contemplando el reloj de la arena que cae. / Un monólogo, una susurrante
rememoraciones de incidentes
En una cueva de la memoria, en su larga llanura oxidada, / en su estéril cardenillo verdoso, en su desolado atardecer, / lento y un poco oscurecido como si fues
salmo desesperado
Como el león llama a su hembra, y cálido / al aire da su ardiente dentellada, / yo te llamo, Señor. Ven a mis dientes / como una dura fruta amarga. / Mírame aquí si
salvación de la vida
Ven para acá. Qué puedes decir. Reconoces / tácitamente a la aurora. / El aire se ensancha en irradiaciones o en círculos / y todo queda listo para una eternidad
salvación en la palabra
A Jorge Guillén / 1 / Dejad que la palabra haga su presa lóbrega, / se encarnice en la horrenda miseria / primaveral, hoce del destino, cual negra teología / corrupta
sosténme tú
Sosténme tú… Sosténme en esta espuma, / en tan dudosa espuma, en tan extraño / vivir; en este sueño, en este engaño, / en esta incertidumbre, en esta bruma… / Pero
tú y yo
Tú y yo, los dos, bajo la luz del día, / bajo la luz que dura en lo inocente, / ¡Oh, sí, los dos, bajo la luz riente / queremos ser! Queremos… Yo querría. / Contra
vale la pena
Vale la pena, vale la condena / contemplar en la tarde que se inclina / a poniente la paz de esta colina, / dulce en la hora de la luz serena. / Vale la pena contem
ven hacia mí
Algo en mi sangre espera todavía. / Algo en mi sangre en que tu voz aún suena. / Pero no. Inútilmente yo te llamo. / Aquella voz que te llamaba es ésta. / Ven hacia
verdad, mentira
Con tu verdad, con tu mentira a solas, / con tu increíble realidad vivida, / tu inventada razón, tu consumida / fe inagotable, en luz que tú enarbolas; / con la tri
y tu amargura que me importa tanto
Y tu amargura que me importa tanto / vale la pena. Vale el mundo todo: / vale la piedra oscura, el sucio lodo, / y la pureza con su turbio manto. / Aquí estamos los
y yo te quise más
Yo iba contigo. Tú, con tristes ojos / parecías la tarde en la mañana. / Mi amor, al verte triste, atardecía. / Atardecía, pero alboreaba. / Pues yo te quise más. P
yo iba contigo
Yo iba contigo. Tú con tristes ojos / parecías la tarde en la mañana. / Mi amor, al verte triste, atardecía. / Atardecía, pero alboreaba. / Pues yo te quise más. Pa